24 de març 2026

LLEGAR O NO LLEGAR A FINAL DE MES

Me he tomado la libertad de parafrasear el título de la inmortal obra de William Shakespeare, Hamlet, para dar nombre a esta columna.  Y es que somos muchos los ciudadanos que andamos atribulados intentando explicarnos los motivos por los cuales la derecha y/o la derecha extrema crecen en cada proceso electoral.

Lo hemos visto en las tres últimas elecciones autonómicas que se han celebrado en nuestro país: Extremadura, Aragón y Castilla-León, en las tres las derechas han aumentado sus porcentajes y la diferencia respecto a las izquierdas.

Esa realidad, resulta especialmente paradójica en España, porque aquí, a pesar de que tenemos un Gobierno socialdemócrata que, sin ningún género de dudas, es, con diferencia, el que más políticas sociales está llevando a cabo, desde que se recuperó la democracia, vemos, con estupor, que importantes segmentos de la población, se inclinan por otorgar su confianza política  a las derechas, formaciones políticas que siempre han tenido entre poca y ninguna sensibilidad hacia los problemas de las clases populares.

En este contexto, conviene echar un vistazo a nuestro entorno socioeconómico porque a pesar de que la macroeconomía va como un tiro, crecemos muy por encima de lo que lo hacen nuestros vecinos, el paro desciende de forma sistemática y se registran avances incuestionables en materia de derechos sociales, la ciudadanía no percibe esas mejoras. Por lo tanto, algo está fallando, la cuestión es qué.

Me parece que no yerro, si digo que el problema de fondo es que la riqueza que se genera no se redistribuye de forma adecuada y no llega a los bolsillos de los ciudadanos, por lo que estos no ven mejorar sus condiciones de vida.

Según el Instituto Nacional de Estadística los indicadores macroeconómicos regionales muestran que en la foto general Cataluña goza de buena salud: en 2024 el PIB sumó 301.894 millones de euros, un 3,6% más que el año anterior, una décima más que la media de crecimiento de España. Esta cifra también significa que Cataluña aporta un 18,8% del PIB español. Es la segunda comunidad que más aporta, después de la Comunidad de Madrid, que tuvo un PIB de 316.242 millones y supone un 19,7% del total.

Sin embargo, si vamos más al detalle comprobaremos que el PIB es lo que producen todos los habitantes en conjunto, el PIB per cápita es lo mismo pero dividido entre todos los habitantes: es decir, cuánto le tocaría a cada uno de media. Y ahí es donde Cataluña pierde posiciones: con 37.426 euros por cabeza de media en 2024, pasa a la cuarta posición entre las comunidades autónomas, por detrás de Madrid, País Vasco y Navarra. Cataluña sigue estando por encima de la media española (32.633 euros) pero queda por debajo de la media de la Unión Europea (39.870 euros), mientras que Madrid se sitúa por encima (44.755 euros).

El motivo es que cuantas más personas haya, menos tocará a cada uno. Pero ahí se da una cierta incoherencia, porque si el PIB está subiendo en los últimos años no es porque la economía sea más productiva, es decir, que nuestra actividad genera más dinero porque ha logrado más eficiencia. Sino que el PIB crece, precisamente, porque hay crecimiento demográfico; básicamente por la entrada de inmigrantes: más personas trabajando generan más actividad, aunque esta no sea más productiva. La metáfora de la cafetera lo explica: un camarero puede preparar un número determinado de cafés al día, pero hay un límite; varios camareros con varias cafeteras pueden hacer más cafés. Se aumenta el número de la producción en total, pero también el número de personas a repartir.

El PIB, en Cataluña, crece muy rápido en trabajo y muy poco en productividad, eso sucede por nuestra estructura productiva, que está muy escorada hacia el sector servicios y en particular hacia sectores muy intensivos en trabajo pero poco productivos como la hostelería y la restauración. El turismo representa entre el 12% y el 14% del PIB catalán y entre el 13% y el 14% de los empleos.

Entre los años 2010 y 2023, los últimos de los que el Idescat tiene datos disponibles, el salario bruto anual en Cataluña subió un 22% hasta los 29.978 euros de media. En cambio, el aumento del IPC entre 2010 y enero de 2025, según el INE, ha sido del 37%. En el incremento del coste de la vida hay un elemento que no aparece bien reflejado en el IPC, que es el encarecimiento de la vivienda. El alquiler en Cataluña —de media, con incrementos mucho más acusados en ciudades como Barcelona y su área metropolitana— ha subido un 37% en los últimos 15 años, según los datos del Incasol.

Todos estos datos, junto con una tasa AROPE, que mide la proporción de personas en riesgo de pobreza o exclusión social, cronificada alrededor del 24% de la población, hace que no sea creíble el discurso de una economía boyante. Existe cierta desconfianza, porque el crecimiento no llega a ser una realidad para todos; la crisis de 2008 y como salimos de aquello aún está muy presente en el imaginario colectivo. Antes de aquella crisis, el crecimiento del PIB llegaba a la gente por la vía de los salarios y de la ocupación, pero era una economía dopada: gastábamos mucho más de lo que producíamos. Se iba generando déficit exterior y deuda pública y privada.

Con todo, parece que en los últimos tiempos la situación está empezando a cambiar: Los salarios están empezando a mejorar y a crecer por encima de la inflación (con permiso de Donald Trump que con sus veleidades conquistadoras la está poniendo por las nubes). Según los expertos en el tema, para que crezcan los salarios, tiene que aumentar mucho más la productividad. Sin embargo, con la productividad actual los hay que se están haciendo de oro. Por consiguiente, resulta imprescindible que se hagan distribuciones de renta mucho más equitativas entre todos los sectores sociales y no que las ganancias queden en unas pocas manos. Es cuestión de transferir renta de las clases de mayor nivel económico a las menos favorecidas a través de instrumentos fiscales y otras medidas de carácter público, como pueden ser, una mayor progresividad en el impuesto sobre la renta (IRPF), subsidios, pensiones, prestaciones por desempleo y servicios públicos universales.

No pretendo dar lecciones de nada anadie. Soy muy consciente de que los problemas complejos jamás han tenido soluciones sencillas, pero si empezamos a tirar del hilo de los salarios, es muy posible que lleguemos al meollo del asunto.

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en la web de CÒRTUM 23/03/2026

 

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