13 de gener 2016

TRANSFUGUISMO INDEPENDENTISTA

Raúl Romeva, portavoz oficioso de los negociadores de Junts pel Sí con la CUP para lograr un pacto de legislatura, había dicho hasta la saciedad que la investidura de Artur Mas no era negociable. El propio Mas, cuando ya se agotaban los plazos para llevar a cabo esa investidura, manifestaba que la CUP podía forzar unas elecciones, pero no cambiar el presidente de la Generalitat.
Sin embargo, cuando todo indicaba que los catalanes seríamos convocados a unas nuevas elecciones, el presidente en funciones cambió de planteamientos y dando un giro copernicano, casi en tiempo de descuento,  anunció que daba un paso atrás y proponía como candidato a la presidencia de la Generalitat a Carles Puigdemont, alcalde de Girona y presidente de la Associaicó de Municipis Independentistes (AMI).
Con su renuncia y esa designación Artur Mas ha logrado cerrar un pacto con la CUP que ha de permitir tener un govern estable para llevar a cabo la ardua tarea de desarrollar unas estructuras de Estado  que permitan en su momento la “desconexión” de España. Poco importa que ese nuevo ejecutivo este asentado  en un  acuerdo parlamentario basado en el transfuguismo, aunque se haya disimulado con el eufemismo de que “2 diputados de la CUP se incorporan a Junts pel SÍ”. Un acuerdo vergonzante para los cuperos porque además de ceder diputados les desactiva, ya que se comprometen a no votar con la oposición. O sea que ríanse ustedes del estalinismo, cosa de niños comparado con este acuerdo. La oposición ya puede pretender la conquista del cielo que si la mayoría  dice que no la CUP dirá no sin pestañear. Y después dirán que quieren hacer la revolución y su socialismo es inmaculado.
Artur Mas ha hecho de la necesidad virtud. Sabía que de ir a unas nuevas elecciones, la reedición de Junts pel Sí sería poco menos que misión imposible. ERC  no está por la labor. En esas circunstancias presentarse ante el electorado sin el salvavidas de los republicanos podría haber significado una auténtica debacle para Convergencia.
Artur Mas es astuto, se ha retirado de la carrera por la presidencia cuando ha visto que pintaban bastos, pero no se va de la política. Ahora, se dedicará  a la refundación de su partido y muy probablemente su sucesor le premiara con alguna embajada volante para explicar por el mundo las excelencias del procès. Ver para creer.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 13/01/16