14 de desembre 2015

EMERGENTES EN ASCENSO

Según indican todos los sondéos, las elecciones generales del próximo 20 de diciembre pondrán fin al bipartidismo imperfecto que ha regido nuestro sistema electoral hasta el momento. El mapa político de nuestro país está más fragmentado que nunca.  Además, y según una reciente encuesta del CIS, los indecisos superan el 40% del total del censo; por tanto, todo es posible.
Las formaciones políticas emergentes han irrumpido con fuerza y están comiendo terreno a los partidos tradicionales. Si las encuestas no erran vamos camino del cuatripartidismo. De confirmarse estas predicciones, formar gobierno a partir del 21 D, sin una mayoría propia en el Congreso, puede resultar harto complicado.
Fue Podemos quien con unos resultados inesperados en la elecciones europeas abrió la caja de Pandora de nuestro mapa electoral. Después, tras  los comicios de Andalucía y las municipales de mayo, el balance estuvo  bastante por debajo de lo esperado. Eso,  sumado a alguna rebelión interna y otras yerbas, ha hecho que la formación de Pablo Iglesias trastabille  un poco.
Sin embargo, Ciudadanos, la formación de Albert Rivera que nació hace 10 años como una plataforma cívica, desde las autonómicas andaluzas  está subiendo como la espuma y, a día de hoy, se codea en las encuestas con PP y PSOE.  Mientras, Podemos, siempre según los mismos sondeos, está quedando algo por descolgado.
Con ese panorama de fondo, en nuestro país se abren unas perspectivas políticas inéditas hasta la fecha. El dialogo, la negociación y el pacto, serán más necesarios que nunca, primero para escoger un presidente que forme gobierno y después  para lograr la imprescindible estabilidad parlamentaria con la que llevar a cabo las ineludibles reformas que hay que acometer para no quedar varados en una cuneta de la historia.
Sea del color que sea el gobierno que el próximo 20 D salga de las urnas, deberá afrontar con prontitud y decisión las tres grandes cuestiones que hay sobre la mesa: regeneración democrática, Estado del bienestar y problema territorial. A buen seguro que esos serán los ejes que vertebren la política española en los próximos años.
Resulta absolutamente imprescindible llevar a cabo una regeneración democrática que no sea tan solo un cambio de nombres y caras. Hace falta un cambio de talante que acerque la política a los ciudadanos y que ésta sea comprensible para ellos. Asimismo, es preciso luchar decididamente contra la corrupción y ser implacables con aquellos que utilizan situaciones de privilegio para realizar trapacerías.
En segundo lugar, pero no por eso menos importante, es necesario recuperar el Estado del bienestar que se ha desballestado utilizando la crisis económica como pretexto. Además se deberá ampliar y consolidar. La ciudadanía espera acciones concretas que disminuyan la precarización del mercado laboral, que se creen puestos de trabajo, que la sanidad y la educación sean unos servicios públicos de calidad y que se dote a la dependencia de  recursos suficientes, entre otras muchas cuestiones. De la misma forma que espera que se afronte, de una vez,  una reforma tributaria que sea equitativa.
Por otra parte, no se puede demorar por más tiempo la reforma del Estado de las autonomías. Soy de la opinión que el camino en este ámbito es una reforma federal de la Constitución. Quizás para muchos ciudadanos  este no sea el problema más acuciante y no les faltará razón, pero si es consustancial para un parte importante de la población que espera respuestas, especialmente en Cataluña, Euskadi  y otros lugares del Estado, Ignorarlo sin más, pienso que es un error que más pronto que tarde pagaremos todos.
Es posible que a partir del 21D entremos en una etapa de mayor zozobra parlamentaria. De ser así, la gobernabilidad será más difícil. Tal vez vamos a una etapa de menor estabilidad. Eso obligará a  dialogar, negociar y pactar. Al fin y al cabo, esa es una de las esencias de la democracia.  Y el acuerdo siempre es preferible a la imposición.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 12/12/15

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