04 de novembre 2015

EL OASIS, LA CIÉNAGA Y EL CAOS

Durante más de 25 años los catalanes de buena fe, que somos la mayoría, hemos vivido en la inopia. Nos hicieron creer que Cataluña era diferente, y aquí nunca ocurrirían casos de corrupción tan vergonzantes como, por ejemplo,  el de la operación Malaya (¿Recuerdan? El expolio del Ayuntamiento de Marbella, con su cerebro, Juan Antonio Roca, que  tenía valiosas obras de arte colgadas en el cuarto de baño), o las mordidas  del que fue Director de la Guardia Civil, Luís Roldán. Mientras que en el resto de España menudeaba la perversión y el capitalismo de amiguetes, esto era un oasis.
El oasis catalán nos decían. Pues bien, con el tristemente célebre 3% y todo lo que de ahí se deriva, más la familia Pujol al completo, han convertido Cataluña en una auténtica ciénaga. Todo ello con un hilo conductor imprescindible: Convergencia Democrática de Cataluña.
La relación de mordidas, corruptelas y comisiones ilegales es larga y probablemente nunca se conocerá en su totalidad. No obstante,   conviene señalar que fue Pasqual Maragall quien puso el dedo en la llaga y por primera vez, en sede parlamentaria, habló del 3%.
En ese gran entramado de corrupción la familia Pujol Ferrusola tiene un papel preponderante. Tanto es así que los investigadores la consideran una trama familiar delictiva que ha acumulado importantes cantidades de dinero de origen ilícito en cuentas en el extranjero, principalmente en Andorra.
Por si todo esto fuera poco, el caos y la paranoia llegaron a la política catalana con la constitución del nuevo Parlament.  La flamante presidenta de la cámara, Carme Forcadell, cerró su discurso de investidura  con un “viva la república catalana”. Acto seguido, las dos formaciones independentistas del mismo, Junts pel Sí y la CUP, presentaban una propuesta de resolución en la que se declara “solemnemente” el inicio de “un proceso de creación del Estado catalán en forma de república”. Ahí es nada.
Es evidente que tanto si prospera como si no esta iniciativa parlamentaria, el “procés” ha perdido toda legitimidad, si es que alguna vez la tuvo. Además, sus impulsores han puesto de manifiesto su más absoluta incompetencia y miopía política. Ni Lluís Companys llegó tan lejos en octubre del 34.
Como consecuencia de todo esto, hoy Cataluña proyecta al mundo una imagen de corrupción sistémica y desvarío político colosal. Lamentablemente, esa es la realidad.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 04/11/15