02 de setembre 2015

LAS VERDADES DEL BARQUERO

Un prestigioso medio de comunicación de ámbito estatal publicaba el pasado domingo, 29 de agosto, una carta abierta a los catalanes del ex presidente de gobierno Felipe González.
La misiva hablaba de cosas tan lógicas como que “Cataluña de seguir por el camino del independentismo podría convertirse en la Albania del siglo XXI” o que “España dejará de serlo sin Cataluña, y Cataluña no sería lo que es, separada y aislada”.  Asimismo, el ex presidente decía, entre otras muchas cosas,  que “Artur Mas miente cuando dice que el derecho a decidir sobre el espacio público que compartimos como Estado nación se puede fraccionar arbitraria e ilegalmente”.
De hecho, la mencionada carta no viene a decir nada demasiado diferente de aquello que decimos los que estamos en contra de la ruptura de la cohesión social, a favor de la legalidad y pensamos que hay caminos que vale la pena explorar. La diferencia radica, sobre todo, en que González además de argumentar perfectamente, ha tenido un magnífico altavoz y nosotros tenemos vedados los medios de comunicación públicos catalanes, así como los subvencionados, que son mayoría, salvo honrosas excepciones.
Como se podía esperar, a los subalternos de Mas y a sus voceros, el artículo les ha sentado como una patada en salva sea la parte. Su respuesta no se ha hecho esperar. Lógico. Pero resulta patético que, lo que era una llamada a la cordialidad y un llamamiento a buscar “formas pactadas que garanticen los hechos diferenciales sin romper la unidad”, no haya sido rebatido con argumentos, si no con descalificaciones personales o hurgando en viejas historias.
De todos modos, esta actitud desafiante y un punto petulante de los nacional soberanistas no nos debería extrañar. Es la misma pose utilizada días atrás cuando la Guardia Civil registró la  sede de CDC y la Catdem, su fundación afín, buscando pruebas del pago del 3% a Convergencia.
Por otra parte, está bien que el gobierno de Rajoy se felicite por la carta. Ahora bien,  González dice en la misma que no está de acuerdo con “el inmovilismo del gobierno de la nación, cerrado al diálogo y a la reforma”.
No hay duda que el responsable de este desaguisado es Artus Mas. Pero quizás si al otro lado hubiera habido alguien dispuesto a  escuchar y a dialogar no hubiéramos llegado hasta aquí. Por eso, que cada palo aguante su vela.

Bernardo Fernández
Publicado en ABC 02/09/15