10 de juliol 2023

¿QUÉ CLASE DE GOBIERNO NOS CONVIENE A LOS CIUDADNOS DE A PIE?

 

Doy por sentado que, la inmensa mayoría de personas que leen las columnas que me publican en e notícies , son buena gente. Hombres y mujeres que se levantan cada mañana para ganar para los suyos un remanso de dignidad y paz; desde donde porfiar por un mañana más justo e igualitario. Es decir, me dirijo a ese sector difuso de la sociedad que llamamos clases medias y clases populares. Para ellos, pues, es esta humilde reflexión.

El próximo 23 de julio, elegiremos, entre todos, unas nuevas Cortes y esas Cortes elegirán, a su vez, un nuevo presidente de Gobierno. Se mantendrán, con toda probabilidad, alrededor de 50 candidaturas, pero tan solo Pedro Sánchez o Alberto Núñez Feijoo tienen posibilidades de ser el nuevo inquilino de La Moncloa, el resto de los candidatos serán actores secundarios de ese gran espectáculo que es la política Nacional.

Sobre la acción de Gobierno de Pedro Sánchez y su equipo no me extendé ya la he tratado con cierta amplitud porque en las semanas anteriores y no quiero ser repetitivo. Todos tenemos memoria y es fácil consultar las hemerotecas.

Quisiera, sin embargo, analizar, con cierto detenimiento, el programa del Partido Popular, pero me temo que no va a ser posible, porque o no tienen proyecto para España, o, lo que es peor, es un proyecto oculto que no quieren que conozcamos.

Hasta el momento, Feijóo solo ha hablado de “Derogar el sanchismo”o lo que es lo mismo: eliminar el incremento de las pensiones, el salario mínimo, la reforma laboral, las políticas de igualdad, la creación de empleo, el crecimiento de nuestra economía, la bajada de los precios de la energía y todas las políticas de progreso que ha puesto en marcha el actual Ejecutivo. Pero eso no es un programa político. Los ciudadanos necesitamos que los candidatos den explicaciones concretas y precisas sobre sus planes para este país. Hemos de saber cómo quieren, nuestros gobernantes, que evolucionamos en cuestiones tan sensibles como la economía, la crisis climática, las transformaciones inherentes a la revolución digital, la sanidad, la educación, el envejecimiento de la población o los nuevos derechos sociales derivados de todos estos cambios. El mundo entero enfrenta estos desafíos en un momento de transformaciones profundas, y los próximos años serán decisivos. Por consiguiente, los aspirantes a presidir el Gobierno de España, en ese período tan trascendental, tienen la obligación de explicarse.

Lo que sí estamos viendo estos días es que los populares no tienen ningún reparo en pactar con Vox y ceder en lo que sea para lograr el poder. El caso más paradigmático es, sin duda, el de Extremadura. “o la palabra o el gobierno”, fue en un momento el dilema de la candidata del PP, María Guardiola, y ha quedado claro que lo que importa es el poder. En muy pocos días, Guardiola que estaba dispuesta a ir a unas nuevas elecciones, cambió de opinión. Después de rechazar de plano la entrada de Vox en el Ejecutivo extremeño, María Guardiola  dio un giro copernicano al pactar  un Gobierno de coalición con los ultras. La candidata había sentenciado que no regalaría consejerías a la extrema derecha“Yo no puedo dejar entrar en mi Gobierno a aquellos que niegan la violencia machista, a quienes usan el trazo gordo, a quienes están deshumanizando a los inmigrantes, ya quienes despliegan una lona y tiran a una papelera la bandera LGTBI […]Mi promesa y mi tierra no son moneda de cambio de nada”, sentencia tras dar el portazo a Vox. Sin embargo, después de “una profunda reflexión” todo lo citado ha quedado en agua de borrajas y cede a los ultras la consejería de Gestión Forestal y Mundo Rural, que asumirá las competencias de infraestructuras rurales, control de incendios, patrimonio natural, caza, pesca y toros.

La gestión de los pactos entre PP y Vox está resultando mucho más desastrosa de lo que se podría suponer. Se está poniendo de manifiesto la falta de un criterio político unificado que no sea el poder a cualquier precio. Las primeras señales de regresión no se han hecho esperar. Ya hemos visto como en las fachadas de algunas Instituciones, donde la ultraderecha tiene poder, prohíben la bandera LGTBI, y esto no ha hecho más que empezar.

Ante esta situación, nos corresponde a los ciudadanos de a pie qué clase de gobierno nos conviene más para los próximos años: Si hay que perseverar en las políticas sociales; es decir, una acción inequívocamente socialdemócrata, basada en la redistribución de riqueza, en plena sintonía con las directrices y posiciones de Bruselas. Actitud que, por cierto, parece la primera más adecuada en esta época de fuertes convulsiones económicas ocasionadas por la pandemia y después por la guerra en el patio trasero de Europa. O bien, nos conviene replegarnos sobre nosotros mismos y volver a las políticas que ya padecimos de la mano de Mariano Rajoy.

Pase lo que pase el 23 J, el mundo no se va a acabar y la Tierra seguirá girando entorno al Sol. Ahora bien, con un gobierno de derechas, lo más probable es que los presupuestos para Sanidad, educación y Servicios Sociales mengüen y, por consiguiente, la Atención Primaria tendrá menos recursos y eso se traducirá en menos centros de salud y peor atendidos, más listas de espera para las visitas de especialistas, una atención quirúrgica degradada y una educación de menor calidad para nuestros hijos. O sea, el Estado de bienestar sufrirá recortes y, en paralelo, las libertades se reducirán.

Por todo eso, creo que antes de meter la papeleta en la urna nos conviene hacer una reflexión serena y después tomar la decisión que creamos más adecuada. El 23 J tendremos el futuro en nuestras manos. No nos equivoquemos.

 

 

Bernardo Fernandez

Publicado en Noticias 07/06/2023

 

 

03 de juliol 2023

EL MUNDO AL REVÉS


 

Vivimos tiempos convulsos. La lógica y el sentido común que nos ha servido como guía y referente en las últimas décadas están quedando obsoletos. Situaciones que parecían incuestionables hoy se ponen en tela de juicio. Así, por ejemplo, si se hubieran convocado elecciones generales, en nuestra historia democrática más reciente, con una situación socioeconómica como la actual, tanto en los medios de comunicación, como en las tertulias o en los cenáculos políticos se debatiría por cuantos escaños de diferencia iba a ganar el Gobierno. Sin embargo, ahora, tras los resultados del 28 M la derecha está eufórica y la izquierda descolocada. Eso ha generado que buena parte de la ciudadanía tenga la sensación qué si los conservadores gobiernan, podamos entrar en una etapa de regresión y perder conquistas sociales que han costado mucho conseguir.

La coyuntura es sorprendente. El actual Gobierno, desde su toma de posesión, ha tenido que lidiar con situaciones harto difíciles. Primero fue la pandemia y sin solución de continuidad la guerra de Ucrania, sin olvidar que, de por medio, el volcán de la isla de La Palma entró en erupción y estuvo 85 días vomitando fuego y cenizas.

Pues bien, a pesar de esos hándicaps, o, quizás, debido a esos graves inconvenientes, este Ejecutivo ha sacado adelante casi un par de centenares de iniciativas legislativas, la mayoría, de las cuales, tienen un claro acento social.  Los datos hablan por sí solos: El salario mínimo interprofesional ha subido cerca de un 50%, es decir a 1.080 euros en catorce pagas, como fruto de la reforma laboral, en estos momentos hay en nuestro país más trabajadores fijos que nunca, estamos muy cerca de los 21 millones de afiliados a la Seguridad Social, una cifra récord en nuestra historia. Las pensiones contributivas han subido este año un 8,5% y las más bajas, no contributivas, en algunos casos, se han incrementado hasta un15%. Por otra parte, la economía española ha cerrado 2022 con un crecimiento del PIB superior al 5%; estamos en unos niveles de actividad económica iguales a la etapa anterior a la pandemia; En el primer trimestre de 2023 se han creado 426.000 puestos de trabajo a jornada completa. Junto los ciudadanos portuguese pagamos la electricidad y el gas más baratos de la zona euro. Además, el Gobierno aprobó hasta cinco paquetes de medidas para frenar la inflación, por lo que se movilizaron más de 30.000 millones de euros entre rebajas de impuestos, subvenciones a los carburantes y ayudas a las familias y empresas. Esas iniciativas económicas, han hecho posible que hoy la inflación en nuestro país sea la mitad que en Alemania.

A principios de mayo, los sindicatos CCOO y UGT y la patronal CEOE-Cepyme firmaron un nuevo acuerdo para el empleo y la negociación colectiva (AEN C), que establecía una subida de salarios del 4% en 2023 y del 3% en 2024 y 2025, así como una cláusula de revisión del 1 % en función de la inflación y, con esa firma, se garantizaba la paz social: un objetivo largamente perseguido por el Gobierno.

En contrapartida, estamos viendo como el Partido Popular no se sonroja cuando pacta con Vox. Ya han cerrado acuerdos en 140 ayuntamientos y en la Comunidad Valenciana. Valencia es el caso más paradigmático, pero no el único, ahí están los acuerdos en Baleares o Aragón y la líder del PP extremeño, María Guardiola ya ha empezado a reconsiderar su actitud con Vox y, más pronto que tarde, la derecha y la derecha extrema pactarán también en Extremadura. Y lo peor:  todas estas alianzas abren la posibilidad de un posible pacto en La Moncloa con Santiago Abascal como vicepresidente. Y si no, tiempo al tiempo.

Es obvio que los populares tienen un programa electoral oculto y no lo va a desvelar, pero ya han apuntado que derogarán leyes como la de memoria democrática, la ley trans o la de educación; y “ajustarán” la de eutanasia. También el presidente del PP ha anunciado que eliminará, entre otros, los Ministerio, de Consumo y de Igualdad , este último, una de las grandes enseñas del feminismo.

Sin embargo, aún no sabemos cuáles serán las iniciativas propositivas de los populares. Desconocemos cosas tan importantes para nuestra calidad de vida como, por ejemplo, qué pasarán con las pensiones, si seguirán la evolución del IPC o se quedarán en un misérrimo 0,25% como hizo Rajoy, si se derogará la reforma laboral y volveremos a los contratos basura y la precariedad o si se suprimirá el Ingreso Mínimo Vital; entre otras muchas cuestiones sobre las que el PP no se pronuncia.

“Toda la vida habíamos pensado que la clave de todo en la política española es el empleo. Siempre ha sido el principal indicador para saber cómo estaba un Gobierno. Y jamás hemos tenido unos niveles de ocupación como estos. La Semana Santa ha sido impresionante y el verano lo será aún más. Por eso no nos creemos los sondeos que hablan de una caída del PSOE o de una gran ola de derechas. No tendría ningún sentido qué con estos datos, y con una gestión que la mayoría de los ciudadanos apoya, el resultado de las autonómicas fuera catastrófico”, decía un miembro del Ejecutivo a mediados del mes de mayo. Visto lo visto, el alto cargo muy acertado no estuvo en su análisis. No obstante, mi opinión, en este momento, es que más que error de cálculo del político que, sin duda, lo fue, es que estamos entrando en una etapa de reacciones sociales imprevisibles que nos hacen pensar en el mundo al revés.

 

 

 

Bernardo Fernández

29/06/2023

20 de juny 2023

EL PAISAJE TRAS LAS INVESTIDURAS


 

La escasez de la mayoría suficientes, tras las elecciones municipales del 28 M, para lograr investiduras, ha hecho que se alcanzasen un sinfín de acuerdos de todo tipo para lograr alcaldías. Desde los más lógicos y razonables por afinidad ideológica, hasta los más estrambóticos y contra natura que se pueden imaginar.

Eso es algo que ocurre desde siempre en la política local. En ese ámbito, a menudo, pesa más la relación entre las personas y el “feeling” entre los aspirantes a alcalde que los grandes ejes programáticos de los partidos. Y eso es más frecuente cuando menos habitantes hay en una población. En las grandes ciudades es distinta y ahí se suelen imponer los criterios de los partidos para obtener las codiciadas varas de mando.

Son muchas las lecturas que podemos hacer de las alianzas que se tejieron el 17 de junio: una es la entrada masiva de la derecha extrema en la mayoría de los ayuntamientos de España; se calcula que gobernará en coalición con el PP en unos 150; para que vayamos tomado nota de cara al 23 J.

En Cataluña la situación no es muy diferente: Aquí, además de la entrada de Vox en un buen puñado de consistorios, la ultraderecha local, Aliança Catalana, se ha hecho con la alcaldía de Ripoll tras sortear la mayoría insuficiente que habían trabado ERC, PSC y CUP, a la que no se sumaron los concejales de Junts, lo que ha permitido que Silvia Orriols, lideresa de los ultras, alcancese la vara de mando y que en su discurso de toma de posesión dijese “que son la esperanza de Cataluña ” .

Otra de las lecturas que hemos de hacer de esas investiduras es constatar el éxito del PSC. Los socialistas gobernarán en tres de las cuatro capitales catalanas; además de conservar las de Sabadell, Mataró, l'Hospitalet de Llobregat, Vilafranca del Penedès o Blanes entre otras y recuperar Vilanova i la Geltrú y Reus.

También está vinculado al PSC la candidatura de Gael Rodríguez en Portbou (Girona), que el pasado sábado se convirtió, con 19 años, en el alcalde más joven de Europa.

En Girona, la CUP precisó la alcaldía gracias a un pacto independentista. A pesar de que la candidata socialista Sílvia Paneque fue la alcaldable más votada en las elecciones, pero ese pacto la deja en la oposición.

No cabe duda de que Esquerra Republicana fue la gran dagnificada en las elecciones del 28 de mayo, perdió más de 300.000 votos. Por eso, el día de las investiduras los republicanos no estaban para celebraciones. Gobernarán en Amposta, Sitges o Falset como poblaciones destacadas y también en Manresa, gracias a un pacto con el PSC. Por cierto que el alcalde de ERC, Marc Aloy, fue abucheado y tildado de “botifler” durante la investidura.

Junts per Catalunya ha perdido Girona y Tortosa, pero ha recuperado Sant Cugat del Vallès, Figueres y Santa Coloma de Farners, a la vez que conservan Vic, aunque en mínimas, tras la marcha de Anna Erra del consistorio para presidir el Parlament.

Pero, como era no podía ser de otra forma, el foco mediático estaba puesto en Barcelona. Tanto Junts como ERC querían suavizar su batacazo del 28 M con la gobernanza de la capital. Cuando lo lógico hubiera sido un gobierno progresista porque entre PSC, comuns y republicanos sumaban 24 concejales, pero una vez más a ERC le ha podido su alma identitaria por encima de la de izquierdas y de progreso. 

La cuestión es que, hasta bien entrado el mediodía del sábado, casi todo el mundo daba por hecho que la coalición de Trías per Barcelona y los republicanos gobernarían la capital catalana, pero hete aquí la reconsideración de Barcelona en Comú de apoyar al candidato socialista sin integrarse en su Gobierno, abrió la puerta a que el Partido Popular hizo lo que había apuntado los últimos días: apoyar a Collboni siempre que se comprometiera a no incorporar a los de Colau a su Ejecutivo.

Pero claro, Xavier Trias montó en cólera y al ver que la alcaldía se le esfumaba y reaccionó con un “que us bombín a tots”.Ernest Maragall no se ha quedado atrás. A su edad, estos pipiolos no han aprendido que la política tiene estas cosas. Trias olvida que en campaña dijo que no pediría los votos del PP, pero si llegaban no los rechazaría. También olvida que del año 2000 al 2004 fue portavoz del grupo parlamentario de CiU en el Congreso y votó 960 veces junto al PP de Aznar que tenía la mayoría absoluta. Y hay que recordarle que en el año 2006, su, entonces jefe de filas, Artur Mas, marchó a Madrid para pactar con Rodríguez Zapatero que en Cataluña gobernase la lista más votada, y mientras aquí, José Montilla pactaba el segundo trtipartito. También habría que recordar a estos jabatos de la política que en la Generalitat hoy gobierna la segunda lista más votada, es decir ERC, lo mismo que ocurre en Girona con la CUP; y eso es perfectamente legítimo,  Encima, que todo un president de Cataluña, en un acto institucional, le diga al alcalde de la capital que “sobre su elección se proyecta una sombra de pacto de Estado”, es, además, de una falta de respeto, una frivolidad inadmisible en la primera autoridad catalana: primero, porque si es un pacto de Estado (que no lo es) ¿qué? Y segundo, nuestro sistema democrático está basado en un sistema parlamentario en el que se escogen parlamentarios (en la variante municipal, concejales) y estos al presidente, en el caso de los municipios al alcalde.

Pero que no cunda el pánico porque los de Trías ya han anunciado que renovarán su acuerdo con el PSC para gobernar la diputación de Barcelona. Tampoco ERC revertirá sus pactos con los socialistas para controlar las diputaciones de Tarragona y Lleida.

Queda claro que, para algunos, la cuestión es gobernar, aunque sea con el demonio.

 

 

Bernardo Fernandez

Publicado en e notícies 20/06/2023

14 de juny 2023

EL FUTURO EN UNA PAPELETA


 

En los últimos cuarenta y cinco años, España ha experimentado una profunda transformación. Hemos pasado de ser un régimen dictatorial y sin futuro, a un Estado social y de derecho homologable a cualquiera de los países más avanzados del planeta.

Ese cambio ha sido posible porque una mayoría de ciudadanos siempre han estado por la transformación, la evolución y el progreso. En ese contexto, el PSOE ha sido el catalizador necesario para que esos anhelos de la sociedad se plasmaran en iniciativas políticas y/o legislativas. Porque si de la derecha hubiera dependido, estaríamos todavía en las cavernas socio políticas previas a la Transición.

No tengo ni tiempo ni espacio para hacer una relación de aquellas iniciativas impulsadas por gobiernos socialistas y que han servido para modernizar este país. Los que tengan interés podrán, sin demasiado esfuerzo, encontrar suficiente información en las hemerotecas. Quiero, sin embargo, hacer una radiografía tan fidedigna como me sea posible del momento político que estamos viviendo y de lo que nos espera a partir del 23 de julio.

A Pedro Sánchez se le puede criticar muchas cosas, pero no arredrarse ante los problemas ni esconderse en las situaciones difíciles. Por eso, tras el batacazo sufrido por la izquierda el pasado 28 M, decidió convocar elecciones generales para el 23 de julio. De esa forma, asume toda la responsabilidad y evita un final de legislatura agónico con especulaciones y rumorología en los próximos meses.

No hace falta ser muy perspicaz para prever que los socialistas basarán su campaña electoral en la acción que ha llevado a cabo el Gobierno. De manera especial en las políticas sociales; es decir, en su acción inequívocamente socialdemócrata, basada en la redistribución de riqueza, en plena sintonía con las directrices y posiciones de Bruselas. Posicionamiento que parece el más adecuado en esta época de fuertes convulsiones económicas ocasionadas primero por la pandemia y después por la guerra en el patio trasero de Europa. Los datos económicos de este período de gestión son claramente positivos , con el empleo a la cabeza, como señalan todos los organismos internacionales independientes.

Por parte de los populares, su líder ya ha apuntado que derogará leyes como la de memoria democrática, la ley trans o la de educación; como, “ajustarán” la de eutanasia —que ya han recurrido ante el Tribunal Constitucional , como antes hicieron con la del aborto o la del matrimonio homosexual--. También el presidente del PP ha anunciado que eliminará, entre otros, los Ministerio, de Consumo y de Igualdad , este último, una de las grandes influencias del feminismo.

Sin embargo, aún no sabemos cuáles serán las iniciativas propositivas de los populares. Por eso, los ciudadanos queremos saber si gobierna la derecha, cosas tan importantes para nuestra calidad de vida como, por ejemplo, qué pasarán con las pensiones, si seguirán la evolución del IPC o se quedarán en un misérrimo 0,25% como hizo Rajoy , si se derogará la reforma laboral y volveremos a los contratos basura y la precariedad o si se suprimirá el Ingreso Mínimo Vital.

Alberto Núñez Feijóo cuenta con la ventaja del viento de cola  tras su victoria en las municipales y autonómicas, en las que superó en más de 700.000 votos al PSOE y le arrebató buena parte de su poder territorial. La tendencia es tan buena, piensa en el PP, que hay que ir a una campaña conservadora, de poca exposición, porque su principal riesgo es echar a perder esa ventaja por cometer errores. El líder popular pretende, también, transitar por la campaña sin mancharse con los acuerdos territoriales con Vox, bien postergándolos todo lo que pueda hasta después del 23 de julio, o bien dejando hacer a sus barones. Sin embargo, los populares demostraron que no ponen vetos a los acuerdos con la formación ultra en los ayuntamientos ni para formar Ejecutivos de coalición. De hecho, Ignacio Garriga (Vox) ya ha anunciado que están negociando en unos 135 municipios para llegar a un acuerdo con los populares. Y en la Comunidad Valenciana El PP y Vox han llegado a un acuerdo para formar un gobierno de coalición.

Propuestas de derogaciones, falta de explicación de programa o, lo que es peor, un programa oculto, unido a los pactos que ya empiezan a cuajar nos puede dar una idea de lo que nos espera si Feijóo se instala en La Moncloa.

Desde luego, la cosa está peluda para la izquierda, pero nada es imposible. El PP solo podrá gobernar si consigue con sus votos y los de Vox la mayoría absoluta. Las políticas de tierra quemada que han practicado los populares con el nacionalismo periférico, hacen ahora imposible cualquier acuerdo con esas formaciones.   Tengamos en cuenta que, de dar unos resultados como los del 28 M, la derecha no tenemos la mayoría absoluta en el Congreso.  Por lo tanto, si el PSOE resiste y Sumar consigue generar ilusión en el electorado y moviliza apoyos perdidos en su ámbito, cualquier cosa puede suceder.

En conclusión, lo que estará en juego el próximo 23 J, son dos modelos de país, dos modelos de sociedad y nosotros con nuestra papeleta tenemos la posibilidad de decir cuál queremos, porque ese día vamos a decidir nuestro futuro en una papeleta.

En nuestras manos está.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en e notícies 14/06/2023

13 de juny 2023

EL GRAN PROBLEMA


 

Estos últimos días hemos dedicado mucho tiempo a especular sobre los motivos que han impulsado, a buena parte de la ciudadanía, a dar la espalda a la izquierda en general y al partido socialista en particular en las recientes elecciones del 28 M y votar por una opción conservadora o, directamente, de extrema derecha. Y, sin embargo, no se ha analizado con la necesidad de atención una constante que se viene dando en nuestros procesos electorales y que, en mi opinión, explica, en buena medida, el mal que nos aqueja en los tiempos últimos: la abstención.

La participación registrada en las elecciones municipales de 28 M se situó en el 63,92%, lo que supone 1,27 puntos menos que en los comicios de 2019, cuando fue del 65,19%, es la cuarta más baja de la democracia . O mar, la abstención fue del 36,07%. Concretamente en Barcelona algo más, el 39, 43% de los censados ​​se quedaron en casa.

Esos datos indican que existe alguna disfunción entre la ciudadanía y sus dirigentes; y estoy convencido de que ese es el gran problema de nuestro sistema político: la desafección que, en modo creciente, está progresando a la política se refleja cada vez más en las urnas y eso es algo que merece nuestra atención porque las consecuencias de ese alejamiento entre electores y electos no augura nada bueno y nos afecta a todos.

Años atrás, los que ahora peinamos canas pensábamos que podíamos cambiar el mundo y el gran debate era como sustituir el capitalismo por otro sistema; hoy esa discusion ni se plantea.   En estos momentos pueden, la cuestión es si los Estados asumen que sus ciudadanos tendrán pensiones dignas y públicas, una buena sanidad, educación adecuada para los hijos, prestaciones por desempleo o una formación superior que no sea prohibitiva. A todo eso, hay que añadir nuestro otro capítulo que va a cambiar manera de entender la vida:  la lucha contra la emergencia climática .

Según un informe del Gabinete Económico de CC OO que dirige Carlos Martín y que se ha hecho público recientemente, durante 2019, hubo una media de 566.000 hogares sin ingresos por trabajo en España. Un año más tarde esa cifra aumentó a 619.000 y en 2021 se mantuvo en 620.000. La incertidumbre es creciente “¿Qué sucederá con mi trabajo y mi familia si me falla el trabajo?” Es una pregunta que cada vez se hacen con más frecuencia tanto asalariados, como autónomos.

Ante las grietas que presenta el sistema, muchos economistas buscan un adjetivo que humanice al capitalismo. Desde “integrador” a “progresista”; pero es evidente que el nombre no hace a la cosa. En Grecia,  parece que los pensadores actuales persiguen una nueva retórica.  “Si pudieran elegir, la mayoría de los capitalistas optarían por un capitalismo inclusivo que generara menos desigualdad, CO2 o injusticia”, apunta Yanis Varoufakis, exministro de Finanzas heleno y parlamentario. “Pero lo cierto es que ninguno hace nada para conseguirlo. E incluso, si alguno, heroicamente, lo intenta, nadie le tiene en consideración. Este tipo de capitalista se extingue. O sea, el capitalismo no puede ser la solución a los fracasos que produce el propio capitalismo”, sostiene el político griego.

El Estado de bienestar fue fruto de un pacto tácito entre dos sistemas encontrados, el capitalismo y el socialismo democrático. Como todos los “acuerdos”, supuso un conjunto de renuncias y de conquistas de manera simultánea para ambas partes. Mientras que los democristianos buscaban ante todo la protección social de los ciudadanos, los socialdemócratas le añadieron el objetivo explícito de que combatiera la desigualdad. Cuando en el año 1989  cayó el muro de Berlín y desapareció el comunismo como sistema alternativo, las fuerzas más conservadoras entendieron que la función principal que para ellos poseía el Estado de bienestar, el apaciguamiento de las clases subalternas había desaparecido, perdieron el miedo y se dispusieron a desmantelar el mayor logro social. No obstante, necesitarán desacreditarlo entre sus beneficiarios ya continuación denunciarlo como ineficaz para lograr su objetivo. En la década de los ochenta, consiguieron que el núcleo duro de su discurso se impusiese en amplias zonas de la población. Así comenzaron las privatizaciones de la sanidad, las pensiones o la educación. Ahora, más de treinta años después siguen perseverando en ello.

Y ese es el panorama que tenemos a dia de hoy. No obstante, no quiero acabar con esta breve reflexión, sin dejar abierta una puerta a la esperanza sensata: El problema es muy complejo, pero la solución existe. Se llama crecimiento, es decir, inversión, incentivos y reglas que vuelvan a propiciar el optimismo y la confianza en que nuestro sistema, pese a sus defectos, es el mejor, y, además, no hay otro razonablemente viable. Y lo es, no porque elimine nuestras diferencias de valores e intereses, sino porque las discrepancias se superan mediante la aceptación de la legitimidad de los procesos de decisión que hace que las políticas sean posibles.

Solo si conseguimos que la ciudadanía crea en la política y entienda que es una herramienta transformadora que nos aporta mayor y mejor calidad de vida podremos empezar a encauzar la cuestión. Claro que para eso se necesitan políticos virtuosos o sobre todo honestos, muy honestos que vengan a resolver problemas y no a nuevos crear, y esos, con demasiada frecuencia, escasean.

 

Bernardo Fernandez

Publicado en e notícies 06/06/2023.

01 de juny 2023

DEL TSUNAMI AZUL A LA POSIBLE AMREA ROJA


 

Esto de la política es un pecado vivir permanente. No habíamos comenzado a decir los resultados del 28 M y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, convoca elecciones generales para el 23 de julio.

El domingo pasado la derecha y la derecha extrema asestaron a la izquierda un golpe muy difícil de encajar. Los populares obtuvieron un éxito incontestable tanto en las elecciones autonómicas como en las municipales. El PSOE perdió, por lo menos, seis de las diez comunidades que gobernaba. Ni la joya de la corona que era Valencia, ni Extremadura, ni la Rioja, ni Baleares, ni Aragón pueden aguantar el empuje de los populares acompañados por Vox.   Tan solo en Castilla la Mancha y Asturias los del puño y la rosa seguirán firmando en el Diario Oficial, mientras que Canarias queda en el aire pendiente de un pacto con Coalición Canaria y en Navarra el Gobierno autonómico pende de un hilo.

Pero no solo eso, en el ámbito municipal las cosas el 28 M no fueron mejores para el socialismo. En ayuntamientos como los de Sevilla, Valencia o Valladolid, Mallorca o Murcia, de la mano de Vox, los populares podrán gobernar sin problemas mayores. Por si todo eso fuera poco, el PP ha arrollado con la mayoría absolutas en Madrid, Málaga, Cádiz o Granada.

Esa situación ha sido posible primero porque PP y Vox han recogido todos los votos que Ciudadanos ha perdido en su hecatombe, segundo, gracias a que los socialistas han perdido, respecto a los comicios de 2019 unos cuatrocientos mil votos y, también, porque IU- Podemos, y esa izquierda diversa y dispersa como Compromís o Más Madrid se ha descalabrado y se ha quedado fuera de casi todas las instituciones.

Ni que decir tiene que, ante esa situación tan poco halagüeña, la noche del 28 al 29 de mayo fue, cualquier cosa, menos relajada y plácida en la Moncloa. Cuando las cosas ya empezaban a estar claras, Sánchez habló con algunas personas de su entorno más inmediato  y convocó en la sede del Gobierno a los más cercanos: María Jesús Montero, número dos del  PSOE ; Félix Bolaños, ministro de la Presidencia; Óscar López, jefe de Gabinete   y Santos Cerdán, secretario de Organización del PSOE.

El encuentro se produjo pasada la medianoche, cuando era ya evidente que  el desastre electoral del PSOE era mucho mayor del esperado  y se perdía casi todas las comunidades en manos de los socialistas. Se pusieron encima de la mesa las posibles salidas que no sacaron el adelanto electoral, desde un cambio profundo en el Gobierno a la más evidente, con la que se especulaba en el PSOE: la ruptura de la coalición con la salida del Ejecutivo de los ministros de Unidas Podemos. Pero Pedro Sánchez tenía claro que esa decisión no conducía más que a una agonía de seis meses de disputas internas y un martirio permanente por parte de la oposición obsesionada por derogar el “sanchismo” —como dicen ellos— y todo lo que tenga que ver con el progreso. En consecuencia, Sánchez tomó la decisión de convocar elecciones.

A Pedro Sánchez se le podrá criticar muchas cosas y, seguramente, tendrá muchos defectos, pero, desde luego, no es un hombre fácil de amedrentar. Por eso, la noche de autos su reacción fue drástica y rápida,   a la mañana siguiente y tras informar al Jefe del Estado, anunciaba, en comparecencia ante los medios, que había decidido adelantar las elecciones generales al 23 de julio ante el riesgo de que un desgaste más largo de su ejecutivo en los próximos meses, con una derecha envalentonada tras  su rotundo éxito electoral,  pudiese acabar con una mayoría absoluta y rotunda del PP y Vox.

Nos quedan, hasta llegar al 23 J, siete semanas que pueden ser de todo menos fáciles y cómodas. Además, venimos de una campaña electoral extensa e intensa y ya tenemos otra a la vista. El presidente nos pone, en especial a los progresistas, ante la tesitura de tener que decidir casi inmediatamente si queremos consolidar el resultado de las elecciones autonómicas y municipales, que entrega casi todo el poder al PP y Vox, y permitir que sea Alberto Núñez Feijóo el que llegue también a La Moncloa, o nos movilizamos para impedirlo.

Como no puede ser de otro modo, llegado el momento, cada cual votará según su manera de ver y entender la vida. Nada que objetar. Ahora bien, seamos conscientes de que en el cajón del Congreso de los diputados quedan casi sesenta leyes por aprobar, la mayoría de gran calado social; si el Gobierno de progreso tiene continuidad se podrá recuperar y sacar adelante, pero si gana la derecha, dormirán el sueño del olvido eterno.

De igual manera, si el PP en julio puede formar gobierno, tanto si es en solitario como con la compañía de Vox, tengamos claro que las pensiones no subirán como el IPC si no un 0,25%, que se derogará le reforma laboral y volveremos a los contratos en precario o que se derogarán leyes como la de la eutanasia o la de la vivienda entre muchas otras. Y es evidente que la tensión entre el independentismo catalán y el Gobierno central subirá de forma exponencial, que es lo mismo que decir que la fractura social entre los catalanes, que aún no ha cicatrizado, volverá a supurar.   

Solo una gran marea roja, preñada de ilusión y ganas de progreso, podrá parar ese tsunami azul que amenaza con llevarse por delante todas las conquistas sociales conseguidas en los últimos años.

 

Bernardo Fernandez

Publicado en e notícies 01/06/2023

24 de maig 2023

LISTAS ELECTORALES E INDECENCIA ÉTICA Y POLÍTICA


 

El PP aznarista del “ váyase señor González” , ha vuelto. Ahora, de la mano de Alberto Núñez Feijóo con la cantinela, “es más generoso con los verdugos que con las víctimas”, en alusión a Pedro Sánchez. E stá claro que a los populares les faltan argumentos para convencer a la opinión pública de la bonanza de su proyecto y les sobran ganas de llegar a la Moncloa y, por eso, emponzoñan la campaña electoral y recurren a clichés estereotipados. 

En esta ocasión, la bronca que le ha montado Núñez Feijóo a Pedro Sánchez es una cuenta de la inclusión de 44 ciudadanos que fueron condenados por colaboración o pertenencia a ETA, entre ellos siete por delitos de sangre, en las más de 300 listas que Bildu presentará en las próximas elecciones municipales en Euskadi y Navarra.

La legalidad de las listas de Bildu es incuestionable, así lo ha  reconocido la Junta Electoral, Los 44 exmilitantes o excolaboradores de ETA ya ajustaron sus cuentas ante la ley y tienen plenamente reconocidos sus derechos, incluido el de presentar como candidato y representar políticamente a los ciudadanos que les voten. Por lo tanto, en el terreno legal no hay nada que decir. Otra cosa es que, la inclusión en las listas del partido abertzalede personas con las manos manchadas de sangre, no deja de ser una indecencia ética y política, porque puede generar más dolor y humillación a las víctimas.

Conviene aclarar que esta situacion no es nueva. La presencia de exetarras en las listas  abertzales ha sido una constante . Josu Ternera, exdirigente de ETA, fue candidato y parlamentario por Euskal Herritarrok en 1998, y Juan Carlos Yoldi, siendo preso etarra, fue candidato a lehendakari por Herri Batasuna en 1987 y debatió en el Parlamento vasco. En 2019, Bildu presentó 24 candidatos con condenas por terrorismo (uno por delitos de sangre). Por consiguiente, menos rasgarse las vestiduras.   La diferencia es que ahora la izquierda  abertzale  está totalmente integrada en la vida política vasca y española. Y Bildu, con sus votos en el Congreso, está facilitando la gobernabilidad en España y eso le escuece al PP.

Ante la alarma que se ha creado, Bildu ha decidido descartar como concejales a los siete candidatos condenados por delitos de sangre presentes en sus listas municipales . Por lo tanto, si Feijóo tuviese sentido común y sensate debería dar por finiquitado el rifirrafe que, de hecho, nunca había tenido que resultó. Pero no, ahora, el siguiente paso (ya los estamos viendo) es presionar a Pedro Sánchez “hasta que Bildu no renuncie a concurrir con los 37 exterroristas restantes en sus listas”, sostienen en el entorno del líder de los populares. Es evidente que Núñez Feijóo es un mamporrero de la política y va a estirar el asunto como un chicle hasta el 28 M para ver si logra algún mísero rédito electoral.

Parece que el equipo de campaña de los populares ha encontrado, en la banda terrorista desaparecida, hace ya 12 años, la poza mágica que les hará ganar estas elecciones, primero y llegará a la Moncloa, después. Hasta el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, uno de los barones más templados de los populares, dijo: “Me gustaría que esa valentía que demostraran algunos en atacar e insultar a Andalucía, la tendrían para criticar que todavía hay 37 colaboradores de ETA en las listas electorales de Bildu”, en respuesta a unas declaraciones de la vicepresidenta tercera, Teresa Ribera, sobre un proyecto urbanístico con campo de golf incluido que la Junta ha autorizado cerca de Doñana,

Sin embargo, la Fiscalía General del Estado descarta instar a la ilegalización de EH Bildu porque entiende que es un partido democrático plenamente integrado en nuestro sistema político. No obstante, Isabel Díaz Ayuso va por libre y, haciendo oídos sordos tanto a la Fiscalía como a su jefe de filas, no desaprovecha cada ocasión que se le presenta para pedir la ilegalización del partido abertzale porque ETA “está viva” y “en el power”. Esa divergencia en el discurso, hace que en el entorno de líder del PP cierren filas y argumenten que“Feijóo está obligado a esa dureza para no dejar espacio a Abascal” (…) “Si hay un tema en el que puede ser contundente, es este”. Llegados aquí la conclusión es sencilla: Feijóo tiene que ir a rueda de Ayuso y hacer un relato apocalíptico y de fin de ciclo sin consistencia real.

Quizás el eje vertebrador de esta campaña lo podamos encontrar en la respuesta que dio Pedro Sánchez a Núñez Feijóo, en el cara a cara que mantuvieron, la semana anterior, en el Pleno del Senado, cuando el presidente le dijo: “Usted prometió pactos y nada de insultos. Prometió centrar a su partido y ha abierto las puertas de par en par a pactos con la ultraderecha. Han pronosticado un apocalipsis que no llega. Lo que llega es la tasa de crecimiento mayor de la zona euro, la paz social que no se dio cuando ustedes estaban en el Gobierno, la creación de empleo. ¿Cuál es la propuesta del PP en vivienda? ETA, oh mar, nada. ¿Y el cambio climático? ETA, oh mar, nada. Para ustedes, ETA es todo”. Es decir, los populares están demostrando que son incapaces de hacer propuestas en positivo sobre aquellas cosas que ocuparon y preocupan a la ciudadanía: sanidad, educación vivienda, servicios sociales y un largo etcétera. Lo han basado todo en el derrotismo y, ahora, con la rectificación de losabertzale s, se han quedado sin argumentos y eso está desquiciando al PP. 

 

Bernardo Fernández

Publicado en e notícies 22/05/2023

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