13 de març 2025

PACTO SOBRE INMIGRACIÓN


 

El traspaso o delegación de competencias por parte del Gobierno central a la Generalitat de Catalunya siempre ha generado importantes polvaredas. Si echamos la vista atrás, veremos las polémicas que provocó la cesión del 15% del IRPF primero y después la del 30%, la crítica que se originó por traspasar a la Generalitat la competencia ejecutiva en materia penitenciaria, la cesión a los Mossos d’Esquadra de algunas competencias en la gestión del tráfico y, como no, el Estatut de Catalunya de 2006 que acabó en el Tribunal Constitucional (TC) y aún estamos pagando las consecuencias.

Después de catorce meses de negociaciones discretas, al fin, hay fumata blanca. Días atrás se hizo público el acuerdo alcanzado entre PSOE y Junts por Catalunya, mediante el cual se delegarán competencias del Estado, en materia de inmigración, ampliando las ya vigentes, a la Generalitat. Para hacerlo realidad ambas formaciones presentaron de forma conjunta una propuesta de ley orgánica en el Congreso.

Los tres puntos fuertes de esa iniciativa son: el control de fronteras –la Generalitat participará además en la instrucción de los procesos de expulsiones, que seguirán siendo responsabilidad del Estado–, la gestión de permisos de residencia y el control de los centros de internamiento de ciudadanos extranjeros.

Me parece oportuno señalar que el artículo 149 de la Constitución señala que la inmigración y el control de fronteras son competencias exclusivas del Estado Ahora bien, el 150.2 permite delegarlas, que no transferirlas. Eso significa que las competencias delegadas se podrían recuperar en caso de conflicto, aunque en España nunca ha pasado y toda competencia delegada ha quedado definitivamente en manos de las autonomías.

Como no podía ser de otro modo, no han faltado los tierraplanistas, en cuestiones del Estado de las autonomías, es decir, PP y Vox que han puesto el grito en el cielo y amenazan con llevar la ley, cuando se apruebe, al TC; si es que se aprueba porque, de momento, no toda la mayoría parlamentaria de la investidura está por la labor. Tampoco es de extrañar que algún que otro ilustre barón del PSOE haya salido a descalificar el acuerdo. Para aquellos que tienen una visión jacobina del Estado, esta delegación puede ser un anatema. Sin embargo, no se trata de ceder competencias, en un Estado descentralizado, la cogobernanza no solo es deseable, es necesaria.  No obstante, nunca llueve a gusto de todos porque para algunos independentistas asumir responsabilidades, pero no soberanía no vale la pena.

Sorprende, sin embargo, que un partido como Podemos, que daba soporte a un hipotético referéndum sobre la autodeterminación, ahora diga que no votará a favor de la ley. En opinión de los podemitas Junts pueda llegar a la presidencia de la Generalitat y aplicar el acuerdo con criterios restrictivos hacia la inmigración.  Que me disculpen los amigos de Podemos pero el argumento resulta naif ya que no evalúa el riesgo que supondría una situación inversa, esto es: un presidente del PP con apoyo de Vox en la Moncloa, me parece que si esa hipótesis se hace realidad, los problemas no serán solo en inmigración y quizás esos no serían de los más grave, gobernase quien gobernase en Catalunya.

Con este acuerdo, el Gobierno gana unas semanas de tranquilidad, aunque la derecha monte otra bronca a cuenta de otra hipotética humillación del Estado. Por su parte Junts había perdido presencia mediática tras la cesión de la gestión de los trenes de Rodalies a la Generalitat y la condonación de una parte de la deuda del FLA; además el Govern tuvo el acierto de dar relevancia a ERC a la hora de explicar los logros a los medios. Ante esa situación, el partido de Puigdemont necesitaba protagonismo para salir en las fotos y el traspaso de las competencias sobre inmigración les pareció idóneo para volver a la palestra.

En la dirección de Junts saben que hacen falta logros tangibles para justificar su estrategia de inflexibilidad ante el Gobierno de España. Con todo, este acuerdo no deja de ser una declaración de intenciones; y como ya se ha indicado más arriba, la propuesta presentada en forma de ley orgánica deberá ser aprobada en el Congreso de los diputados para que sea efectiva y, en estos momentos, no está claro que esa mayoría se pueda constituir. 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en CÒRTUM 11/03/2025

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