A nadie debería extrañarle que los
dos principales líderes mundiales mantengan una conversación telefónica para
tratar de llegar a un acuerdo y parar una guerra dónde están muriendo decenas
de miles de personas. Es más, yo diría que es deseable ese tipo de contactos.
Siempre será más fácil negociar desde la calidez de la palabra viva y la
cercanía que desde la lontananza y la lejanía con documentos de por medio como
vehículos de contacto.
Ahora bien, eso es una cosa y otra
muy distinta que pretendan llegar a algún pacto para restablecer la paz, sin
que en la mesa de negociación estén Ucrania (parte directísimamente afectada) y
sus socios de la UE; sin ellos ni puede haber mesa ni puede haber acuerdo y,
por lo tanto, no puede haber paz justa y duradera. Otra cosa sería un insulto,
no solo a la inteligencia, que sí, sería una tremenda falta de respeto a la
dignidad de los pueblos.
Este breve razonamiento viene a
colación después de la conversación de casi tres horas que mantuvieron Donald
Trump y Vladimir Putin, para alcanzar un alto el fuego en Ucrania y/o lograr
grandes progresos hacia un acuerdo de paz. Desde luego, la información ha sido más
bien escasa. Pero según informaron los respectivos gobiernos, los dos líderes
pactaron una tregua parcial, por la que Moscú se abstendrá de atacar
infraestructuras e instalaciones energéticas y que, durará 30 días. O sea, en
ese tiempo Rusia solo matará personas, pero respetará aquellos equipamientos
que tienen un alto coste de reconstrucción. Además, Putin anunció un
intercambio de prisioneros, de 175 personas por bando (algo que ya se ha
llevado a cabo). No obstante, Vladimir Putin mantiene un listado de exigencias
que reclama para dar el visto bueno a un cese de los combates más prolongado en
el tiempo. Entre ellas exige el fin de la ayuda militar y del suministro de
inteligencia extranjera a Ucrania y que el país permanezca neutral, es decir,
que su gobierno se comprometa a no entrar en la OTAN.
Pues bien, en opinión de Trump la
conversación fue muy provechosa. Poco después de la difusión de los comunicados
de los respectivos gobiernos, el presidente estadounidense, en un mensaje en su
red social, Truth, calificó la llamada de “muy buena y productiva”. “Hemos
acordado un alto el fuego inmediato para toda la infraestructura y energía, con
el entendimiento de que trabajaremos muy rápido para una tregua completa y,
finalmente, el fin de esta horrible guerra... ¡el proceso está en pleno efecto
y por el bien de la humanidad, conseguiremos terminarlo!”, sostuvo.
Más tarde, se hizo público un breve
comunicado de la Casa Blanca según el cual es muy posible que próximas
conversaciones sobre este conflicto se lleven a cabo en Arabia Saudí, el país
que ya acogió las primeras rondas de diálogo entre los representantes de
Estados Unidos y delegaciones de Rusia y Ucrania, respectivamente hace unas
semanas. En el comunicado no se precisa si esas negociaciones se desarrollarían
entre Estados Unidos y Moscú o si también estarían incluidos Kiev y los aliados
europeos.
Seamos realistas, Rusia no está
aislada. No solo gobiernos que suponen la mayoría de la población mundial no
aplican sanciones, sino que los más importantes cooperan sin ningún rubor con
los rusos. Los mercados de energía de la mayor parte del mundo han seguido
abiertos a las exportaciones rusas, en estos tres años largos de guerra, y se
benefician del embargo parcial de Europa. Los aumentos de precio provocados por
el boicot occidental explican que Rusia reciba el doble de ingresos que antes
de la guerra. Los mayores perjuicios para la economía rusa, se encuentran en
los mercados financieros y en importaciones de alta tecnología, pero de
momento, los están sorteando francamente bien.
Vladimir Putin no puede perder la
guerra que él mismo provocó en Ucrania. En ello le va el futuro, es decir, la
vida. Ni su guardia de corps política ni la oposición rusa admitirán nunca otra
cosa que no sea una victoria en tierras europeas. Eso es algo que cualquier
negociador que se siente a la mesa para hablar con Rusia sobre el futuro de los
ucranianos debería tener muy claro; de no hacerlo, el fracaso del diálogo está
garantizado.
Así pues, se debería plantear una
negociación o aceptación realista de la situación en la que los ucranianos
prorrusos conserven el territorio ocupado por los rusos a cambio de paz en
Europa (a riesgo de ser tachado de pesimista, creo que esa opción será la que
acabará imponiéndose). Las guerras que no se pueden ganar siempre y cuando la
victoria no es posible, acaban con negociación o aceptación. No veo más
posibilidades.
Bernardo Fernández
Publicado en Còrtum 20/03/2025
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