21 de març 2025

NEGOCIACIÓN O ACEPTACIÓN

A nadie debería extrañarle que los dos principales líderes mundiales mantengan una conversación telefónica para tratar de llegar a un acuerdo y parar una guerra dónde están muriendo decenas de miles de personas. Es más, yo diría que es deseable ese tipo de contactos. Siempre será más fácil negociar desde la calidez de la palabra viva y la cercanía que desde la lontananza y la lejanía con documentos de por medio como vehículos de contacto.

Ahora bien, eso es una cosa y otra muy distinta que pretendan llegar a algún pacto para restablecer la paz, sin que en la mesa de negociación estén Ucrania (parte directísimamente afectada) y sus socios de la UE; sin ellos ni puede haber mesa ni puede haber acuerdo y, por lo tanto, no puede haber paz justa y duradera. Otra cosa sería un insulto, no solo a la inteligencia, que sí, sería una tremenda falta de respeto a la dignidad de los pueblos.

Este breve razonamiento viene a colación después de la conversación de casi tres horas que mantuvieron Donald Trump y Vladimir Putin, para alcanzar un alto el fuego en Ucrania y/o lograr grandes progresos hacia un acuerdo de paz. Desde luego, la información ha sido más bien escasa. Pero según informaron los respectivos gobiernos, los dos líderes pactaron una tregua parcial, por la que Moscú se abstendrá de atacar infraestructuras e instalaciones energéticas y que, durará 30 días. O sea, en ese tiempo Rusia solo matará personas, pero respetará aquellos equipamientos que tienen un alto coste de reconstrucción. Además, Putin anunció un intercambio de prisioneros, de 175 personas por bando (algo que ya se ha llevado a cabo). No obstante, Vladimir Putin mantiene un listado de exigencias que reclama para dar el visto bueno a un cese de los combates más prolongado en el tiempo. Entre ellas exige el fin de la ayuda militar y del suministro de inteligencia extranjera a Ucrania y que el país permanezca neutral, es decir, que su gobierno se comprometa a no entrar en la OTAN.

Pues bien, en opinión de Trump la conversación fue muy provechosa. Poco después de la difusión de los comunicados de los respectivos gobiernos, el presidente estadounidense, en un mensaje en su red social, Truth, calificó la llamada de “muy buena y productiva”. “Hemos acordado un alto el fuego inmediato para toda la infraestructura y energía, con el entendimiento de que trabajaremos muy rápido para una tregua completa y, finalmente, el fin de esta horrible guerra... ¡el proceso está en pleno efecto y por el bien de la humanidad, conseguiremos terminarlo!”, sostuvo.

Más tarde, se hizo público un breve comunicado de la Casa Blanca según el cual es muy posible que próximas conversaciones sobre este conflicto se lleven a cabo en Arabia Saudí, el país que ya acogió las primeras rondas de diálogo entre los representantes de Estados Unidos y delegaciones de Rusia y Ucrania, respectivamente hace unas semanas. En el comunicado no se precisa si esas negociaciones se desarrollarían entre Estados Unidos y Moscú o si también estarían incluidos Kiev y los aliados europeos.

Seamos realistas, Rusia no está aislada. No solo gobiernos que suponen la mayoría de la población mundial no aplican sanciones, sino que los más importantes cooperan sin ningún rubor con los rusos. Los mercados de energía de la mayor parte del mundo han seguido abiertos a las exportaciones rusas, en estos tres años largos de guerra, y se benefician del embargo parcial de Europa. Los aumentos de precio provocados por el boicot occidental explican que Rusia reciba el doble de ingresos que antes de la guerra. Los mayores perjuicios para la economía rusa, se encuentran en los mercados financieros y en importaciones de alta tecnología, pero de momento, los están sorteando francamente bien.

Vladimir Putin no puede perder la guerra que él mismo provocó en Ucrania. En ello le va el futuro, es decir, la vida. Ni su guardia de corps política ni la oposición rusa admitirán nunca otra cosa que no sea una victoria en tierras europeas. Eso es algo que cualquier negociador que se siente a la mesa para hablar con Rusia sobre el futuro de los ucranianos debería tener muy claro; de no hacerlo, el fracaso del diálogo está garantizado.

Así pues, se debería plantear una negociación o aceptación realista de la situación en la que los ucranianos prorrusos conserven el territorio ocupado por los rusos a cambio de paz en Europa (a riesgo de ser tachado de pesimista, creo que esa opción será la que acabará imponiéndose). Las guerras que no se pueden ganar siempre y cuando la victoria no es posible, acaban con negociación o aceptación. No veo más posibilidades.

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Còrtum 20/03/2025

 

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