03 d’octubre 2015

A LOS INDECISOS

En las últimas semanas han proliferado en los medios de comunicación cartas a los catalanes, a los españoles y al sursuncorda. Esa epístolas tienen por objeto poner de relieve las grandes ventajas o los graves inconvenientes del proceso soberanista catalán, en función, claro está, del criterio de sus autores.
Yo, muchísimo más modesto y limitado en términos políticos y  literarios que los firmantes de las misivas, me quiero dirigir a ese millón largo de indecisos que según dicen los sondeos de opinión, aún no han decidido que harán con su voto el próximo domingo, día de las elecciones al Parlament. Quizá ellos no lo saben, pero en sus manos, es decir, en su papeleta puede estar el futuro de Cataluña.
En esencia, se nos proponen tres opciones. Una, la de aquellos que han decidido tirar el carro por el pedregal y no se paran en barras. Tanto les da tergiversar la historia, hacer caso omiso de la corrupción, excluirnos de los organismos internacionales -como la UE, la ONU o la OTAN- o poner en riesgo las pensiones de nuestros mayores. Todo vale para llegar a la Arcadia feliz, aunque sea de la mano de un vendedor de humo como Artur Mas.
La segunda opción es la de aquellos que quieren hacer del inmovilismo virtud. El statu quo actual ya les va bien y piensan que con decir no y apelar al cumplimiento de la ley es suficiente.
Y entre estos dos posicionamientos enrocados, emerge una tercera alternativa que va ganando adeptos aquí y allá. Esa tercera posibilidad es una apuesta por una reforma federal de la Constitución. Una reforma que debería reconocer, para Cataluña,  competencias exclusivas en lengua, educación y cultura, así como un acuerdo fiscal justo que respete el principio de ordinalidad, A ese conjunto de propuestas de nítida orientación federalizante algunos lo llaman Tercera Vía. Tanto da, el nombre no hace la cosa.
En cualquier caso, es evidente que esa es la mejor manera para seguir avanzando y preservar la unidad civil de la sociedad catalana.
De todos modos, ha de quedar claro que tenemos tanto derecho de ir a votar como de quedarnos en casa. Tan legítimo es lo uno como lo otro. Ahora bien, el domingo por la noche se contarán votos y  asignarán diputados que luego tomarán decisiones; y como dice un viejo amigo: a lo hecho, pecho.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 24/09/15