El mundo nunca ha sido una balsa de
aceite. Los encontronazos bélicos, más o menos intensos, han marcado la
historia de la humanidad. Pero desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca,
no hace todavía un año, los peores fantasmas de la Guerra Fría están volviendo
al escenario de la geopolítica y el planeta se ha convertido en un polvorín. El
problema es que, cualquier día, un descerebrado de esos que tienen bajo su
control armas de destrucción masiva, se levante con el pie izquierdo y monte
una tangana tan monumental que no va a haber dios que lo arregle.
El presidente estadounidense es, en
potencia, uno de esos individuos. Hemos visto como saltándose a la torera el
derecho internacional y la Carta de Naciones Unidas, ha invadido Venezuela y
secuestrado al presidente Nicolás maduro y su esposa Cilia Flores. Nadie
cuestiona que Maduro es un autócrata y Venezuela carece de legitimidad como
Estado, pero eso no le daba derecho al sheriff Donald Trump para saltarse el
ordenamiento jurídico que prohíbe el uso de la fuerza y la intervención en un
país soberano para entrar como si fuera su segunda residencia.
Unas horas después de llevarse a cabo
la operación militar en Venezuela, el sheriff, acompañado de su guardia de corps
hizo una comparecencia vomitiva —confundiendo el culo con las témporas, que
diría el gran Don Camilo—, en la que solo faltaba una alfombra roja y unos
cuantos ramos de flores para obsequiar al señor presidente. Uno tras otro, los
comparecientes, al más puro estilo del far west, se colocaron frente al
micrófono para deshacerse en elogios hacia Trump, el ejército, explicar las
maldades de Maduro y lanzar un aviso para navegantes de que EE UU está
dispuesta a todo contra quién haga falta. Y que el mejor ejército del mundo no
se detendrá ante nada ni ante nadie, pero sin explicar las verdaderas razones
del ataque ni que previsión tiene para el futuro a corto y medio plazo del país
caribeño. Trump tan solo dejó caer que María Corina Machado no será la persona
que lidere el cambio, suponiendo que lo haya.
Más tarde se ha sabido que la exitosa
operación militar se saldó con unos ochenta muertos, entre militares y civiles,
pero, por “suerte”, ningún soldado estadounidense resultó herido, solo resultó
afectado un helicóptero que pudo regresar a la base sin más incidencias. Es lo
que tiene un ejército tan fantástico.
Tanto China como Rusia han condenado
la iniciativa; pero esa acción compromete la implantación de la potencia
asiática en Latinoamérica que ya es el segundo país en inversiones en la
región. De todas formas, ahora los de Xi Jinping tiene las manos mucho más
libres para actuar en Taiwan cuando y como les convenga.
Ante la posibilidad de que, tras el
éxito militar y el secuestro de los Maduro, ya alguien esté diseñando una nueva
operación cuyo objetivo sea Groenlandia, lugar rico en eso que se ha dado en
llamar “tierras raras” y ante las amenazas imperialistas de Trump de
anexionarse Groenlandia, los líderes de los grandes países europeos como
Francia, Alemania, Polonia, Italia, España, el Reino Unido a los que después se
han sumado Portugal y Países Bajos, han emitido un comunicado cerrando filas
con Dinamarca,. Es evidente que EE UU ya no es el socio fiable de las últimas
décadas y Europa está en las antípodas políticas de Estados Unidos; algo que un
personaje tan egocéntrico y simplista como Trump no puede asimilar.
Por otra parte, Cuba, Nicaragua y
Venezuela vienen a ser algo así como el eje del mal en Hispano América para
Washington, por lo que algunos piensan que es cuestión de tiempo que caigan los
otros dos países. Es posible. No obstante, no deberíamos perder de vista que
hay un hecho diferencial entre ellos muy importante: Venezuela posee las
mayores reservas petrolíferas, del mundo, además de importantes recursos
naturales, las otras dos naciones, no; tal vez, ahí se deberían buscar los
auténticos motivos que llevaron a Donald Trump y su adlátares a saltarse las
más elementales normas del derecho internacional y entrar a sangre y fuego en
el país caribeño.
A tenor de cómo han ido los
acontecimientos, resulta lógico pensar que Trump habría pactado con personajes
importantes del régimen de Maduro antes de llevar a cabo su operación militar,
lo cual también explicaría la ausencia de enfrentamientos y disturbios en las
calles, al menos, de momento.
La democracia va para largo en
Venezuela porque no es una prioridad para el trumpismo. De ahí que, Delcy
Rodríguez, la hasta ahora vicepresidenta de Venezuela que, en cuestión de
horas, se ha dado la vuelta como un calcetín, parece la mejor situada para
liderar la nueva etapa. Además, Rodríguez es, también, ministra de
Hidrocarburos y eso es un plus en las actuales circunstancias venezolanas.
Quizás por eso, el secretario de Estado, Marco Rubio, tras la operación anunció
que Estados Unidos está dispuesto a trabajar con los actuales dirigentes de
Venezuela siempre que “tomen las decisiones adecuadas”.
Estamos volviendo al “salvaje oeste”,
pero ahora, en vez de con colts, wínchesteres, caballos y carretas, se utilizan
armas de alta precisión, drones, helicópteros y si conviene misiles Tomahawk.
Sin perder de vista el botón rojo que da acceso a la utilización de armamento
nuclear. Todo vale para que Trump se convierta en sheriff del Salón Global.
Bernardo Fernández
Publicado en Catalunya Press
07/01/2026
