En el último Festival de cine de
Venecia, celebrado recientemente, el documental NAZA dirigido por los cineastas
y periodistas de investigación israelíes, Yuval Abraham y Rachel Szor, ha
alcanzado el Premio Especial del Jurado, tras su estreno mundial en la Sala
Grande del Palazzo del Cinema. El filme recibió una ovación del público, puesto
en pie, de casi 25 minutos. Ha sido el aplauso más largo registrado en la
historia del Festival de Venecia, superando récords anteriores.
El título del largometraje proviene
del término "Naza", una palabra utilizada por los mandos de
inteligencia militar para referirse a los daños o "víctimas
colaterales" civiles de los bombardeos. El documental aborda las
operaciones militares en la Franja de Gaza. La producción recopila los
testimonios anónimos de 24 soldados y miembros de la inteligencia de Israel que
detallan el uso de sistemas tecnológicos y de inteligencia artificial en la
toma de decisiones militares. Como no podía ser de otra manera, ha generado una
enorme controversia política y el rechazo oficial de las autoridades gubernamentales
y del ejército israelí.
“Algunos bombardeos mataron a 20, 30,
o incluso a 300 personas”, dice uno de los entrevistados en la película. Ese
mismo interlocutor explica que se rastrean barrios gazatíes, con información
sobre los inquilinos de cada hogar y las consecuencias que acarrearía cada
ataque. “Una vez se aprobó un bombardeo que (se preveía que) causara 500
víctimas mortales”, responde el soldado, al ser preguntado por el mayor número
de muertos que recuerda en un solo ataque.
Los autores del film sostienen que “es
su responsabilidad como israelíes denunciar los crímenes de Estado que se están
cometiendo sistemáticamente”, y lamentan las reacciones de algunos funcionarios
que: “No solo no niegan los crímenes y las atrocidades, sino que las justifican
y aplauden”.
Pero no es solo el Gobierno de
Netanyahu y sus adlátares los que niegan la realidad, personajes como Benny
Gantz, miembro de la oposición que durante una campaña electoral en 2019
proclamó que, cuando fue el jefe del ejército durante la guerra de 2014, había
devuelto partes de Gaza “a la Edad de Piedra”, para él NAZA es una
mentira: “Ningún ejército del mundo ha luchado en un entorno urbano evitando el
uso de las armas como lo hace el israelí”. También Avigdor Lieberman, antiguo
ministro de Defensa, y Naftali Bennet, ex primer ministro, ambos con opciones
de participar en un, hipotético, próximo Ejecutivo de coalición han vinculado
el documental con una campaña de difamación contra Israel.
O sea, negacionistas genocidas como el
descerebrado Miki Zohar, ministro de Cultura, del actual Gobierno de Netanyahu que
ha acusado a los cineastas de estar “dispuestos a dañar a su patria para
recibir aplausos de los antisemitas del mundo” y les ha amenazado con
retirarles la nacionalidad.
De manera prácticamente simultánea al
triunfo de NAZA, la ONG israelí B’Tselem hacía público un documento en el que
acusa a las autoridades israelíes de combinar la violencia, las barreras a la
movilidad y la asfixia económica para desmantelar “las condiciones necesarias
para la existencia colectiva palestina” en el territorio ocupado. En ese
informe se identifican cinco ámbitos básicos de acción con los que Israel
implementa su proyecto: violencia e intimidación; restricciones de movimiento;
estrangulamiento económico; destrucción sociopolítica; limpieza étnica y
apoderamiento territorial. Y subraya que “operan simultáneamente y están
interconectados implementándose unos a otros y formando un mismo proyecto.
Esa película y el documento de
B’Tselem me han recordado el libro de Hanna Arendt “Eischmann en Jerusalén”,
pero más que el libro en sí, la polvareda intelectual que levantó su
publicación; entre otras cosas porque puso de manifiesto que la verdad casi
nunca es cómoda. Tal vez por eso, me parece genial aquella reflexión de Arendt
que dice: “Puedes engañar a alguna gente todo el tiempo, y a toda la gente
algún tiempo, pero no puedes engañar a toda la gente todo el tiempo”. En consecuencia,
estoy convencido de que más pronto o más tarde acabaremos sabiendo la verdad de
todas las barbaridades que el Gobierno israelí está cometiendo en Cisjordania.
No tengo nada claro, sin embargo, que los genocidas Netanyahu & CIA acaben
delante de un tribunal.
Más allá del valor intrínseco del
film NAZA y el documento de B’Tselem —que es mucho—, esas denuncias ponen de
manifiesto que una parte de la sociedad israelí rechaza las atrocidades del
Estado judío al pueblo palestino. Además, resulta estimulante ver que aún
quedan personas dispuestas a jugarse su integridad y su futuro para denunciar
algo que consideran injusto.
Bernardo Fernández
Publicado en Catalunya Press
21/09/2026

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