23 de setembre 2026

NEGACIONISTAS GENOCIDAS


 

En el último Festival de cine de Venecia, celebrado recientemente, el documental NAZA dirigido por los cineastas y periodistas de investigación israelíes, Yuval Abraham y Rachel Szor, ha alcanzado el Premio Especial del Jurado, tras su estreno mundial en la Sala Grande del Palazzo del Cinema. El filme recibió una ovación del público, puesto en pie, de casi 25 minutos. Ha sido el aplauso más largo registrado en la historia del Festival de Venecia, superando récords anteriores.

El título del largometraje proviene del término "Naza", una palabra utilizada por los mandos de inteligencia militar para referirse a los daños o "víctimas colaterales" civiles de los bombardeos. El documental aborda las operaciones militares en la Franja de Gaza. La producción recopila los testimonios anónimos de 24 soldados y miembros de la inteligencia de Israel que detallan el uso de sistemas tecnológicos y de inteligencia artificial en la toma de decisiones militares. Como no podía ser de otra manera, ha generado una enorme controversia política y el rechazo oficial de las autoridades gubernamentales y del ejército israelí.

“Algunos bombardeos mataron a 20, 30, o incluso a 300 personas”, dice uno de los entrevistados en la película. Ese mismo interlocutor explica que se rastrean barrios gazatíes, con información sobre los inquilinos de cada hogar y las consecuencias que acarrearía cada ataque. “Una vez se aprobó un bombardeo que (se preveía que) causara 500 víctimas mortales”, responde el soldado, al ser preguntado por el mayor número de muertos que recuerda en un solo ataque.

Los autores del film sostienen que “es su responsabilidad como israelíes denunciar los crímenes de Estado que se están cometiendo sistemáticamente”, y lamentan las reacciones de algunos funcionarios que: “No solo no niegan los crímenes y las atrocidades, sino que las justifican y aplauden”.

Pero no es solo el Gobierno de Netanyahu y sus adlátares los que niegan la realidad, personajes como Benny Gantz, miembro de la oposición que durante una campaña electoral en 2019 proclamó que, cuando fue el jefe del ejército durante la guerra de 2014, había devuelto partes de Gaza “a la Edad de Piedra”, para él NAZA es una mentira: “Ningún ejército del mundo ha luchado en un entorno urbano evitando el uso de las armas como lo hace el israelí”. También Avigdor Lieberman, antiguo ministro de Defensa, y Naftali Bennet, ex primer ministro, ambos con opciones de participar en un, hipotético, próximo Ejecutivo de coalición han vinculado el documental con una campaña de difamación contra Israel.

O sea, negacionistas genocidas como el descerebrado Miki Zohar, ministro de Cultura, del actual Gobierno de Netanyahu que ha acusado a los cineastas de estar “dispuestos a dañar a su patria para recibir aplausos de los antisemitas del mundo” y les ha amenazado con retirarles la nacionalidad.

De manera prácticamente simultánea al triunfo de NAZA, la ONG israelí B’Tselem hacía público un documento en el que acusa a las autoridades israelíes de combinar la violencia, las barreras a la movilidad y la asfixia económica para desmantelar “las condiciones necesarias para la existencia colectiva palestina” en el territorio ocupado. En ese informe se identifican cinco ámbitos básicos de acción con los que Israel implementa su proyecto: violencia e intimidación; restricciones de movimiento; estrangulamiento económico; destrucción sociopolítica; limpieza étnica y apoderamiento territorial. Y subraya que “operan simultáneamente y están interconectados implementándose unos a otros y formando un mismo proyecto.

Esa película y el documento de B’Tselem me han recordado el libro de Hanna Arendt “Eischmann en Jerusalén”, pero más que el libro en sí, la polvareda intelectual que levantó su publicación; entre otras cosas porque puso de manifiesto que la verdad casi nunca es cómoda. Tal vez por eso, me parece genial aquella reflexión de Arendt que dice: “Puedes engañar a alguna gente todo el tiempo, y a toda la gente algún tiempo, pero no puedes engañar a toda la gente todo el tiempo”. En consecuencia, estoy convencido de que más pronto o más tarde acabaremos sabiendo la verdad de todas las barbaridades que el Gobierno israelí está cometiendo en Cisjordania. No tengo nada claro, sin embargo, que los genocidas Netanyahu & CIA acaben delante de un tribunal.

Más allá del valor intrínseco del film NAZA y el documento de B’Tselem —que es mucho—, esas denuncias ponen de manifiesto que una parte de la sociedad israelí rechaza las atrocidades del Estado judío al pueblo palestino. Además, resulta estimulante ver que aún quedan personas dispuestas a jugarse su integridad y su futuro para denunciar algo que consideran injusto.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 21/09/2026

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