Tengo sobre la mesa un nuevo libro del
polifacético Joan Ferran que lleva por título: “Un átomo del barrio chino (años
de plomo y Cola Cao)”. Un trabajo que editado por Círculo Rojo, en lo que a
impresión se refiere, por la calidad de papel, encuadernación, tipo de letra,
etcétera resulta una edición muy digna, algo que, en los tiempos que corren, no
suele ser muy habitual.
Para el exdiputado del Parlament, el
Bar Bodega Berenguer de la calle Berenguer el Viejo, 6, conocido como BBB, que
regentaba su familia es el punto de partida y, a la vez, de referencia. Desde
allí, aquel niño travieso y dicharachero comprende, muy pronto, que la vida no
es de color de rosa e intuye lo duro que es vivir y que hay que sudar la
camiseta para comer cada día y veces, ni así.
Con cerca de una veintena de libros
publicados, Joan Ferran ha puesto a funcionar su pluma hábil y experta para perfilar
un buen puñado de personajes que tenían su epicentro en el BBB. De forma
paralela, nos va dejando retazos de su infancia, mientras que dibuja el entorno
social y humano de lo que fue la Barcelona de la posguerra y, más tarde, del
desarrollismo.
A partir de su trinchera (como diría
ahora algún político al uso), que es el Bar Berenguer, Ferran nos relata la
vida y milagro de los clientes más habituales del negocio familiar. Por la pasarela de los recuerdos de la
infancia y primera adolescencia del ex político desfila la fauna más frecuente
de una ciudad de vocación cosmopolita, portuaria por ubicación geográfica y
canalla por tradición histórica, repleta de miseria social y hambre física por
haber salido de una guerra incivil y vivir bajo una dictadura de corte fascista
bendecida por la Iglesia católica.
La fotografía que Joan nos hace en su
relato de lo que fue el barrio es muy fidedigna, pero sin dramatizar. De hecho,
es la consecuencia de una mezcla de orígenes muy diversos que generó una
cultura de gente hacinada que luchaba por sobrevivir. No podía aspirar a mucho
más.
En esa fauna hay individuos de todos
los pelajes: macarras, prostitutas, proxenetas, delincuentes de poca monta,
vividores y un largo etcétera que conviven, en razonable buena armonía, con
honradísimas amas de casa y esforzados cabezas de familia que buscan un poco de
estabilidad y holgura económica para vivir con un mínimo de decencia y
dignidad.
A mi modo de ver, una de las muchas
virtudes literarias de Ferran es su capacidad para contextualizar sus narraciones.
Es decir, no solo ofrece al lector el perfil síquico y/o físico de un personaje
o una determinada escena; también argumenta de manera natural el contexto en el
que un individuo se desenvuelve o se produce una situación en concreto y eso es
una gran ayuda para entender el proceder de alguien y el porqué de muchas
cosas.
Joan Ferran concluye su narración con
un recorrido por la calle Berenguer El Viejo, hoy Berenguer El Vell como él muy
bien explica. Nos hace una descripción detallada de lo que ha encontrado ahora,
allí donde años atrás su familia y él mismo tuvieron casa y negocio, pero
también algo más: un hogar, algo no demasiado frecuente en aquel Barrio Chino.
Ese capítulo del libro que Ferran titula “¿Está bien muerto?” Está preñado de
nostalgia sin amargura ni melancolía porque ya nada es igual y nada es lo que
era. Dónde habían fábricas y talleres ahora hay un edificio de la Seguridad
Social y donde estaba el cabaret La Criolla levantaron un bloque de pisos. “En
la esquina del Paralelo aún queda un trozo de acera, con el mismo granito”, señala
el exdiputado, Y allí fue donde su amigo Ramonet le partió el tabique nasal de
un sopapo, como ya nos había explicado Ferran en páginas anteriores.
Hoy el distrito de Ciutat Vella no
tiene nada que ver con aquel Barrio Chino. Es evidente que todo aquello ha
mejorado con el esponjamiento impulsado por el Ayuntamiento y los planes
urbanísticos han hecho posible que se abrieran nuevas calles y plazas. Eso sí,
a cambio de hacer desaparecer otras y con ellas la vida que se tejía en
aquellos lugares. La evolución acostumbra a ser imparable y lo que viene, a
menudo, es mejor que lo que había. Ahora bien, casi nunca, “es oro todo lo que
reluce”, como dice el aforismo y en Ciutat Vella hay miseria, menudeo y
narcopisos. La diferencia con el Barrio Chino de hace sesenta, setenta años o
más es que la sociedad de entonces no tenía conciencia y, quizás, tampoco medios
para solventar aquello. Sin embargo, es inaudito que la sociedad del siglo XXI,
tan puritana, aséptica y opulenta como es, permita que en Barcelona haya gente
pasando gana sin expectativas de un futuro mejor y que individuos se queden
colgados de una jeringuilla.
Pues bien, todo eso y mucho más lo
podemos encontrar muy bien explicado en “Un último átomo del barrio chino (años
de plomo y Cola Cao)”. En definitiva, un libro que vale mucho la pena.
Bernardo Fernández
Publicado en Catalunya Press
05/10/2026
