04 de febrer 2026

PROSPERIDAD COMPARTIDA

Las democracias liberales casan mal con Estados del bienestar que ofrecen a sus ciudadanos servicios públicos esenciales que no reducen lo suficiente las desigualdades y no hacen posible una vida digna. Eso provoca situaciones que acaban siendo terreno abonado para los populismos de uno u otro signo.

La falta de un compromiso real y verificable de los gobernantes con los ciudadanos para elevar los estándares de vida, hace que el autoritarismo está creciendo de manera exponencial en el mapa político de la UE. Hasta hace poco más de una década España era una excepción en ese ámbito, pero de forma sostenida la extrema derecha va ganando espacio electoral en nuestro país. Cataluña no es diferente y el extremismo de derechas, con un fuerte componente independentista en su credo ideológico, ha hecho acto de presencia en nuestro paisaje político, y según los estudios demoscópicos, con una fuerte intención de voto.

Según los expertos, el auge del apoyo electoral al autoritarismo es el resultado del malestar social provocado por las pronunciadas desigualdades que han surgido en los últimos treinta o cuarenta años en las sociedades occidentales desarrolladas. Esas diferencias sociales vienen provocadas por la coincidencia de varios procesos: las políticas neoliberales de desregulación de los mercados, en particular los del trabajo; la automatización de muchos procesos productivos industriales, favorecida por las nuevas tecnologías y la computación; la globalización comercial, con la incorporación de China al comercio internacional y la competencia de sus productos con la de los países desarrollados occidentales; así como  por la desindustrialización y pérdida de buenos empleos para las clases medias de nuestras sociedades, como consecuencia de las ya mencionadas  automatización y la globalización.

Otro factor a tener en cuenta que no debería caer en saco roto, es que el apoyo a las opciones autoritarias tiene mucho que ver con los cambios demográficos y generacionales que se han producido en las últimas décadas en las sociedades occidentales. Por un lado, el aumento de los flujos migratorios hacia los países que están padeciendo esa creciente desigualdad y la pérdida de empleos de las clases medias han dado lugar a reacciones de rechazo, racismo y xenofobia hacia los extranjeros; los inmigrantes son percibidos como competidores para los puestos trabajos, las prestaciones sociales y los servicios públicos del Estado del bienestar como la sanidad o la educación. Por otro, esos cambios han traído transformaciones en los valores culturales dominantes entre los jóvenes pues, especialmente los hombres, cuestionan ahora los avances en las políticas de igualdad y de reconocimiento de derechos a diferentes colectivos.

En este contexto, tan falaz es decir que los servicios sociales de nuestro país funcionan a las mil maravillas, como que son un desastre. Ni lo uno ni lo otro. El Ejecutivo de coalición progresista que nos gobierna es de los pocos que quedan en Europa decidido a luchar por el bien común o lo que es lo mismo: contra el cambio climático, por llevar a cabo una transición energética sostenible, porque se vayan eliminando los contratos de trabajo en precario o por establecer escudos sociales para los más desfavorecidos.

Mientras, de forma simultánea, la macroeconomía funciona como un tiro y se están logrando tasas de empleo que hacía muchísimos años que no se veían en nuestro país. Esa realidad, sin embargo, no puede disimular que las clases medias y populares están perdiendo poder adquisitivo, que la vivienda se ha convertido en un lujo inalcanzable para gran parte de ciudadanos o que la sanidad que no hace tanto era la joya de la corona, pierde eficiencia porque en los últimos años se han ido incorporando nuevos usuarios, mientras que ni las inversiones ni los profesionales aumentan en la misma proporción; más bien al contrario: se han recortado o congelado presupuestos y se han reducido plantillas.

La situación más evidente del deterioro del Estado del bienestar en España la hemos vivido estos días con el caos ferroviario, pero de manera muy especial en Cataluña con el colapso total de los servicios de Rodalies. No voy a insistir porque los medios de comunicación nos han tenido puntual y ampliamente informados, además de que muchos ciudadanos lo han vivido en primera persona. No olvidemos que son unas 400.000 personas las que usan Rodalies de manera regular y su inmensa mayoría son clases medias y populares que estos días han visto alterada su cotidianeidad por motivos totalmente ajenos.

Aquellos polvos trajeron estos lodos, y décadas de desinversión no se solventan por ensalmo, por lo que harán falta muchos años y mucho esfuerzo presupuestario para poner nuestros trenes a la altura de lo que una sociedad desarrollada necesita. Desde luego hay cosas que son inevitables y la fatalidad existe, pero en esta ocasión parece que se han conjugado una serie de factores para que la tormenta perfecta descargara sobre los ferrocarriles catalanes. No obstante, hubiese sido deseable una mayor explicación por parte de los prestadores de los servicios, de la misma manera que se hubieran tenido que poner, de forma inmediata, a disposición de los usuarios alternativas reales y fiables para paliar el desastre. Como está haciendo ahora el Govern que ha contratado 61 buses más para reforzar los servicios interurbanos que ya funcionan, mientras se trabaja para recuperar la normalidad en Rodalies. Con estas incorporaciones, la flota de refuerzo pasará de las 169 unidades hasta 230 vehículos que provienen de diferentes puntos de España, aunque, de momento, con resultados muy poco satisfactorios.

La situación es delicada. El futuro de nuestro modelo de sociedad está en entredicho. Se hace imprescindible un gran acuerdo de todos los agentes sociales para recuperar la capacidad de generar la prosperidad compartida que se logró en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. En esa etapa histórica, el contrato socialdemócrata —que se logró por un consenso entre socialdemócratas, liberales y cristianodemócratas— hizo que, por un lado, el capitalismo de mercado fuese capaz de crear buenos empleos para la clase media; y, por otro, que el nuevo Estado de bienestar —a través de la educación, la sanidad, el seguro de paro y las pensiones— fuese capaz de crear una sociedad más igualitaria y con buenas oportunidades de ascenso social. El resultado fue que las democracias y el capitalismo de mercado ganaron la batalla de la prosperidad compartida a otros sistemas políticos que operaban en otros puntos del planeta.

Repitamos la experiencia.

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 02/02/2026

 

31 de gener 2026

TURISTAS Y RESIDENTES

El turismo es uno de los motores de la economía española con mayor peso específico. En 2025 nos visitaron unos 97.000 millones de personas y las actividades relacionadas con el sector superaron, el año pasado, los 3 millones de empleos, la cifra más alta de la historia, según datos de Turespaña.

Un 14% de los empleos de nuestro país tienen que ver con la actividad turística, mientras que algo más del 13% del PIB hispano se genera con el turismo. Pero hay más, semanas atrás la patronal Exceltur informaba de que hasta 2028 está previsto que se construyan 775 nuevos hoteles en España, lo que vendrá a suponer unas 52.000 nuevas habitaciones.

Las buenas expectativas de la actividad turística favorecen el auge de contrataciones. Los datos de empleo muestran que muchas de los contratos que antes se realizaban a partir de la primavera, ahora se adelantan a los primeros meses del año.

Entre las actividades que más tiraron del empleo turístico el año 2025 destacan las agencias de viajes, que una vez superada la crisis en la que se vieron sumidas tras la pandemia han ido incrementando la  ocupación, hasta alcanzar un 8,7% en el segundo trimestre, seguidas por el transporte de viajeros (un 4,6% más que un año antes). En general, las actividades turísticas distintas a la hostelería y el transporte, que ocupan a casi 900.000 personas, se incrementaron un 9,3% interanual.

Existe el criterio generalizado del carácter estacional de la ocupación turística. Sin embargo, el modelo de contratación laboral en el sector turístico es muy similar al de la economía en general. El porcentaje de trabajadores por cuenta ajena sobre el total de empleos del sector está en el 85,3%, un peso idéntico al registrado por los asalariados en todo el mercado de trabajo. Igualmente, la tasa de temporalidad de los tres millones de ocupados en la actividad turística es prácticamente la misma que para los trabajadores del resto de los sectores: el 15,8% frente al 15,4%.

Estos trabajadores también cuentan con un volumen de contratos indefinidos (el 84,2%) muy similar a la cifra de la economía en general 84,6%). Aunque las jornadas son algo inferiores, ya que solo el 75% de los asalariados en turismo trabajan a tiempo completo, mientras que en el caso de los ocupados del resto de sectores, este porcentaje se eleva por encima del 80%.

Lo que sí es mucho mayor en el sector turístico que en la media del mercado es la presencia de trabajadores foráneos. Así pues, en el conjunto un 15,6% de los ocupados tienen nacionalidad distinta a la española, en el caso de las actividades turísticas este porcentaje se eleva al 24%. Es decir, casi uno de cada cuatro trabajadores de estos sectores son extranjeros.

Esos buenos datos, que son incuestionables, no significan, ni de lejos, que haya que conceder barra libre a los que viene a visitarnos; más bien nos deben servir como referencia para valorar, en su justa medida, lo que tenemos y regularlo de madera provechosa para todos, algo que no es fácil, pero tampoco imposible. Ante esta realidad, me parece oportuno observar con atención las iniciativas que se están llevado a cabo en Barcelona para racionalizar el sector y hacerlo compatible con la cotidianeidad de los residentes ya que pueden servir de guía a otros lugares colapsados por la afluencia turística.

Hace casi una década que en nuestra ciudad se cerró el grifo a la construcción de nuevos hoteles, también se han ido cerrando pisos turísticos ilegales. Y desde el Ayuntamiento se ha declarado la guerra contra empresas como Airbnb para acabar con la oferta ilegal de apartamentos de alquiler.

Se han establecido normas para reducir los grupos turísticos que en lugares como Las Ramblas no pueden superar las 15 personas, 25 en Sagrada Familia o Parque Güell y los de ciclistas no pueden ser de más de 16. También se han prohibido las rutas de borrachera. El alcalde Jaume Collboni se comprometió, meses atrás, a reducir las terminales de cruceros y a no construir nuevas. Mientras que la fiscalidad turística se ha convertido en la segunda fuente de ingresos para el Ayuntamiento.

Es cierto que no todas las medidas tienen la misma eficacia. Pero poco a poco se va cerrando el perímetro para que el turismo sea compatible con la vida habitual de la ciudadanía. El turista no es nuestro enemigo. Todos somos turistas en algún momento de nuestras vidas. Pensemos, también, que muchos de los encantos de nuestro entorno no serían sostenibles sin la inyección económica del turismo. De igual manera, seamos conscientes de que muchos conciudadanos —incluso amigos y familiares— están empelados en el sector.

Una actitud positiva nos legitima para pedir a los que vienen a visitarnos el mismo respeto, empatía y cordialidad que nosotros les ofrecemos a ellos,

Al fin y al cabo, por el bien de todos, estamos condenados a entendernos.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en la web de la plataforma Còrtum 27/01/2026

 

28 de gener 2026

TRUMP DESATADO

El imperialismo desbocado de Donald Trump no tiene límites. Poco antes de viajar a Davos, el mandatario norteamericano publicaba unas fotos tratadas con inteligencia artificial (IA) en las que se atribuía una conquista de Groenlandia y expandía la propiedad estadounidense a los territorios de los Estados soberanos de Canadá y Venezuela. No por casualidad las imágenes forman parte de una oleada de mensajes del presidente estadounidense envió en plena madrugada de Washington, con ellos volvía a reclamar la anexión de la isla ártica, a la vez que arremetía contra la devolución británica de las islas Chagos a Mauricio —aunque en su día, el mismo había dado el visto bueno—. De forma simultánea, divulgaba el contenido de unos textos enviados por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, respectivamente.

Trump se presentó, en el Foro de Davos, dispuesto a dejar claro quién manda en el mundo. El presidente estadounidense no defraudó a sus seguidores, con un matonismo mucho más propio de un chulo de taberna que de un líder mundial, subió a la tribuna y tomó la palabra para aleccionar, intimidar y amenazar a todos los que no digan amén a sus intereses.

La situación es delirante: Donald Trump argumenta que quiere anexionarse Groenlandia porque no le han otorgado el Nobel de la Paz. Su egocentrismo no tiene fronteras. Como muestra, reproduzco un fragmento de la carta que envió al primer ministro noruego Jonas Gahr Store que estos días han hecho circular diversos medios de comunicación: “Querido Jonas: considerando que tu país decidió no darme el premio Nobel por haber detenido ocho guerras y más, ya no siento la obligación de pensar únicamente en la paz, aunque eso será siempre predominante. Ahora puedo pensar en lo que es bueno y adecuado para los Estados Unidos de América. […] Yo he hecho más por la OTAN que ninguna otra persona desde su fundación, y ahora la OTAN debería hacer algo por Estados Unidos. […] El mundo no está seguro hasta que no tengamos un control total y absoluto sobre Groenlandia”. Después de leer esto, me inclino por pensar que este hombre no está en sus cabales.

Ante esta situación que, además de ser caótica, comienza a ser muy preocupante, aunque de forma lenta, parece que las cosas se van poniendo en su lugar. Los líderes mundiales y, en especial, los europeos empiezan a darse cuenta de que, con Donald Trump, las buenas palabras y los paños calientes no sirven de nada. Hace tiempo que soportan la chulería desatada del mandatario norteamericano, pero pensaron que podían aplacar sus ínfulas cediendo ante su retórica imperialista y riéndole las gracias. Se equivocaban, el buenismo con individuos como ese es inútil y tampoco se trata de ponerse a su altura

En este contexto, adquiere especial relevancia la posición de la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, que denunció desde Davos que las amenazas comerciales de Trump incumplen el pacto alcanzado meses atrás entre EE UU y la UE, y prometió una respuesta europea “unida, firme y proporcional”. “La nostalgia no devolverá el viejo orden”, afirmó. “Si este cambio es permanente, Europa debe cambiar permanentemente también. Es hora de aprovechar esta oportunidad y construir una nueva Europa independiente”.

También desde Davos, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, siguiendo las directrices marcadas por su patrón, se dirigió a los europeos en un tono paternalista y amenazador, diciendo: “Sentaos, respirad hondo. Lo peor que pueden hacer los países es enfrentarse a EE.UU.”, como si no fuera Washington quien quiere invadir un país europeo. A esta gente solo les falta llevar un revolver colgado al cinto.

En la misma línea que Von der Layen La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, abandonó una cena del Foro Económico Mundial (FEM), durante un discurso crítico con Europa del secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick que provocó abucheos en señal de desacuerdo. A la cena asistían unas doscientas personas y ante el bochornoso espectáculo que se originó, los anfitriones suspendieron el acto antes de los postres, según informadores presentes en la reunión.

Con todo, parece que Donald Trump ha entendido que está yendo demasiado lejos y al final de una intensa jornada de reuniones en el Foro Económico de Davos, difundió un texto que dice: “Tras una reunión muy productiva con el secretario general de la OTAN, Mark Rute, hemos establecido las bases de un futuro acuerdo con respecto a Groenlandia y, de hecho, a toda la región del Ártico. Esta solución, de concretarse, será muy beneficiosa para los Estados Unidos de América y para todas las naciones de la OTAN”. Ahora habrá que ver cómo se concreta ese acuerdo.

Y como broche de oro al show de autobombo, desde su equipo anunciaron el proyecto para reconstruir la Franja con rascacielos turísticos junto al mar. Poco importa que Israel siga bombardeando los territorios ocupados y los niños palestinos mueran de frío. Eso son minucias.

Trump está desatado y ha perdido el pudor. En esas circunstancias, Europa ha de entender que el paraguas de seguridad transatlántica bajo el que ha permanecido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial ha llegado a su fin. La nueva estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU basada en la Doctrina Donroe deja claro que Washington no ve a la UE como un aliado fiable y se pone como objetivo “cultivar la resistencia” dentro de sus fronteras, es decir, promover el euroescepticismo y la extrema derecha. Cuando, por desgracia, y a partir de nuestra propia historia, los europeos podemos dar lecciones magistrales y varios masters sobre las catástrofes que provocan las derechas extremas, las divisiones políticas y los nacionalismos extremos, porque, al fin y al cabo, eso es lo que subyace tras el “America First”.

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 26/01/2026

 

21 de gener 2026

FINANCIAICIÓN AUTONÓMICA A LA CARTA

Alguien que desconozca la situación de polaridad y crispación política que estamos viviendo en nuestro país, se quedaría estupefacto al saber que el primer partido de la oposición (PP) desprecia 21.000 millones de euros de los cuales el 70% llegarán a las comunidades autónomas que ellos gobiernan. La cuestión es que el Ejecutivo propone un nuevo sistema de financiación autonómica que ha trabajado con uno de sus socios y no lo ha negociado con los populares. Ese hipotético ciudadano, tampoco entendería que otro partido (Junts) rechace que a su comunidad lleguen unos 4.700 millones más de euros porque el pacto no es una réplica del concierto Vasco, como ellos pretendían.

Así está la política en España. Por eso, el Consejo de Política Fiscal y Financiera que se celebró el pasado 14 de enero fue especialmente áspero. Catorce comunidades, incluidas dos socialistas, de las quince que asistían se mostraron contrarias a la propuesta; tan solo Cataluña se alineó con los planteamientos de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

Los actores políticos y expertos en economía que han alumbrado el pacto han trabajado con la idea de que el acuerdo sea extrapolable a otras comunidades. De todas formas, las autonomías que lo deseen se podrán acoger al nuevo sistema de financiación, mientras que las que lo prefieran podrán quedarse con el sistema vigente; es decir, el Ministerio de Hacienda pone sobre la mesa una financiación a la carta. 

Es evidente que cuando, en un principio, se utilizó la expresión “financiación singular”, nadie quería ningunear a nadie ni escamotar nada, simplemente se buscó un título de impacto y fácil de retener. Como dice al conocido adagio oriental “no importa que el gato sea blanco o negro, lo que importa es que cace ratones”, esa es la cuestión: desatascar un asunto der vital importancia para todos los ciudadanos porque con esos recursos se financian servicios como la sanidad, la educación o los servicios sociales y que lleva encallado desde 2014; algo que el PP de Mariano Rajoy, con una mayoría absolutísima, no hizo  

Los motivos a ese rechazo hay que buscarlos más en el momento político en que estamos viviendo, en cómo se ha elaborado el nuevo sistema y quien anunció la buena nueva y no tanto en el modelo de reparto en sí. Y es que hasta el director de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) Ángel de la Fuente que ha puesto en duda diversos aspectos del nuevo sistema, reconoce que este  reparto de los recursos será más equitativo que el anterior, pero claro, la derecha, que está obsesionada con derribar al Gobierno, no puede admitir que los de Pedro Sánchez hagan algo bien, que lo hayan consensuado con ERC y, además, lo anunciase a principios de enero el presidente de esa formación, Oriol Junqueras, que es algo así como el anticristo del nacionalismo español.

No obstante, si hacemos números, veremos qué Hacienda, a través de varias modificaciones tributarias de calado, pone sobre la mesa unos recursos de 21.000 millones de euros anuales a repartir entre las comunidades de régimen común. El propósito es inyectar liquidez a las arcas de las autonomías; así todas las comunidades aumentarán su financiación en términos absolutos. No obstante, la situación se complica cuando cambia la posición relativa de cada territorio.

En términos absolutos, será Andalucía la que reciba más dinero, un montante de casi 5.000 millones de euros. Sin embargo, Cataluña percibirá 507 euros más por habitante, seguida muy de cerca por la Comunidad Valenciana, con 496 euros, y por Murcia, con 468 euros adicionales. También registran incrementos significativos Baleares (450 euros extra), Madrid (409 euros) y Andalucía (367 euros).

Esta lluvia de millones es posible por el aumento de la participación de las comunidades en el IRPF y el IVA y eso permite elevar de manera sustancial la capacidad de gasto de la mayoría de los territorios. No obstante, no todas las autonomías participan del reparto en las mismas condiciones. Algunas como Cantabria, La Rioja, Extremadura o Castilla y León ―beneficiadas por el sistema vigente― no obtienen ninguna ganancia. El nuevo modelo no prevé mejoras para ellas. Para evitar agravios comparativos, Hacienda ha previsto unas compensaciones específicas que corrijan la más que posible pérdida de ingresos. El Gobierno calcula que esas compensaciones se aplicarán a Cantabria y Extremadura, pero no a Castilla y León y La Rioja porque, a pesar de todo es muy probable que aumenten, aunque no demasiado, el volumen de sus recursos.

Con todo, la ministra, María Jesús Montero, se ha querido curar en salud y ha ofrecido a todas las CCAA la posibilidad de llevar a cabo reuniones bilaterales para perfeccionar el modelo. Asimismo, el trámite parlamentario que ha de permitir aprobar una ley que haga que ese nuevo modelo sea una realidad, será largo y ahí los partidos podrán presentar las enmiendas que consideren que mejoran el texto y se conjugan con sus intereses. La geometría parlamentaria a la que ha de recurrir el Gobierno para sacar adelante sus iniciativas hace, más que posible, que los grupos puedan plantear exigencias que en otras circunstancias serían impensables. Así es la política.

Y para cerrar el círculo, siempre quedará la posibilidad a aquellas autonomías que con el nuevo sistema se consideren infra financiadas quedarse con el modelo actual. Es decir, el Ejecutivo ha decidido pasar del café para todos —tan denostado por algunos— a la financiación a la carta.

La situación está complicada. Núñez Feijóo ha instado al presidente a que retire la propuesta y ponga el contador de la negociación a cero, algo que todo el mundo sabe que no va suceder, y es que en el PP piensan que utilizar la financiación autonómica para atacar al Gobierno en los comicios que se avecinan (Aragón, Castilla León y Andalucía), les puede dar pingües beneficios electorales. Por consiguiente, parece que la negociación que ofrecía la ministra Montero tendrá que esperar.

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 19/01/2026

 

13 de gener 2026

VOLVER A LOS ORÍGENES


 El 2 de mayo de 1879, un grupo de unas 25 personas de orígenes muy diversos se reunió en el bar restaurante Casa Labra de Madrid para fundar el Partido Socialista Obrero Español.

Son pues, casi 150 años de existencia y, como es fácil suponer, en ese tiempo, en el PSOE las han visto de todos los colores. No obstante, ha existido un hilo conductor que, a mi modo de ver, con todas las luces y sombras que se quiera, ha permitido que la organización llegue hasta nuestros días en plenas facultades y es que cómo se dice en el documento fundacional: “el partido es una  organización política de la clase trabajadora y de los hombres y mujeres que luchan contra todo tipo de explotación, aspirando a transformar la sociedad para convertirla en una sociedad libre, igualitaria, solidaria y en paz que lucha por el progreso de los pueblos”.

Con el paso de los años, el partido se fue consolidando y tanto en la Segunda República como durante la Guerra Civil, aunque con fuertes turbulencias internas, desarrolló un rol fundamental, pero al llegar la dictadura fue brutalmente reprimido. Sin embargo, al recuperarse la democracia en nuestro país, y desde la Transición, ha estado siempre en el núcleo duro de todas las transformaciones que han convertido a España en una de las democracias liberales más avanzadas del mundo y con un Estado del bienestar de los más desarrollados.

En 2018, el secretario general, Pedro Sánchez, presentó y ganó una moción de censura que permitió a los socialistas volver al Gobierno de España. Desde entonces, con diversas variantes, el PSOE es el socio mayoritario y eje vertebrador de los sucesivos gobiernos que se han conformado en los últimos 7 años con otros partidos de izquierdas.

En ese tiempo, se han puesto en marcha más medidas de ayuda y desarrollo social que nunca antes había llevado a cabo ningún otro ejecutivo. Además de tener que afrontar más situaciones anómalas que cualquier otra Administración; basta con recordar, a modo de ejemplo, la pandemia de la Covid 19, el volcán de la Palma, la invasión de Ucrania o el genocidio de Gaza. Algunos de estos factores dispararon la inflación de forma alarmante por lo que el Gobierno tuvo que actuar de forma quirúrgica para evitar males mayores. Quién no recuerda la excepcionalidad ibérica en materia energética, los 20 céntimos de ayuda por litro de combustible durante nueve meses, o la subvención al transporte público que aún está en vigor, entre otras iniciativas.

Por otra parte, el paro ha sido siempre el talón de Aquiles de todos los gobiernos y, sin embargo, ahora, rozamos los 22 millones de afiliados a la Seguridad Social. Además ha disminuido de forma drástica la precariedad en el empleo, desde que se aprobó la reforma del mercado laboral.

El país, en términos macroeconómicos, va como un tiro y llevamos tiempo siendo la economía que más crece de la zona euro. El Financial Times dedicó semanas atrás un elogioso editorial a nuestra economía calificándola como la “más destacada” de Europa. Pero es que en septiembre, las grandes agencias de calificación de riesgos, como S&P, Fitch y Moody’s, que ponen nota a los países en función de su capacidad para pagar su deuda, elevaron la calificación a la letra A, zona noble en la que no estábamos desde la debacle inmobiliaria. Aunque es justo reconocer que esa bonanza no acaba de trasladarse a la vida cotidiana de los ciudadanos.

España es respetada y escuchada en Europa y en los foros internacionales en los que participa, mientras que el Gobierno de Pedro Sánchez es uno de los últimos bastiones de la socialdemocracia que se mantienen en pie.

En este contexto, ante la incapacidad manifiesta de la oposición para tejer una alternativa sólida y creíble, la derecha, los posfranquistas y una parte de la alta judicatura han optado por oponerse a este Gobierno por tierra, mar y aire hasta derribarlo con todos los medios que tienen a su alcance que no son pocos. En opinión de esos descerebrados, el fin justifica los medios. Por consiguiente, tanto les da que sus armas sean legítimas o no, la cuestión es poner fin a esta etapa de desarrollo y progreso social que estamos viviendo desde que tenemos un Ejecutivo de coalición y progresista.

Esa obsesión, casi enfermiza, por derribar a un gobierno por el mero hecho de ser de izquierdas, es muy probable que hubiera embarrancado de no ser porque en el PSOE han aflorado unos casos de presunta corrupción y acoso sexual protagonizados por unos individuos muy preminentes dentro de la organización que, no solo han defraudado la confianza que en ellos se depositó, también han hecho dejación de sus responsabilidades y, lo que es peor: unos han metido la mano en la caja de los dineros públicos, mientras que otros, abusando de sus cargos, han querido obtener favores sexuales de sus subordinadas; y, claro está, con esas actitudes han hecho jaque a la continuidad del proyecto.

Ante esta grave situación, se impone hacer un réset y volver a los orígenes recuperando el espíritu de aquellos hombres que se reunieron en Casa Labra.

Cada organización es muy libre de imponer a sus afiliados aquellas normas de conducta que considere oportunas y militar en un partido político es un acto totalmente libre y, en consecuencia, se debe ser consciente y saber a lo que uno se compromete. Por consiguiente, no estaría de más que el partido socialista exigiera a sus militantes, en especial a aquellos que tienen responsabilidades orgánicas y/o públicas que, además de hacer suyos los postulados de Pablo Iglesias y sus compañeros de viaje ideológico que vivan con honestidad, que intervengan rectamente en la vida política y que no busquen el beneficio propio a costa del perjuicio ajeno.

Ser socio de una entidad, pongamos por caso, deportiva, es algo totalmente respetable (faltaría más), pero no es lo mismo que militar en el partido socialista que debería entenderse como una filosofía de vida y eso implica aceptar unas fórmulas de proceder determinadas. Por lo tanto, no es de recibo que se defiendan unos principios, pero llegado el caso se practique justo lo contrario. Decididamente, no.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 12/01/2026

 

10 de gener 2026

ESPAÑA VA BIEN PERO CON MATICES

Corría 1997 cuando José María Aznar hizo suya la frase “España va bien”, para proclamar que el país había entrado en una senda de crecimiento imparable.

Una de las palancas —como se dice ahora— para lograr aquella supuesta eclosión fue privatizar las empresas más importantes del país, entre ellas Tabacalera, Endesa o Repsol que fueron a parar, mayoritariamente, a manos de algunos amigos del presidente del Gobierno de entonces. Esa iniciativa supuso unos fuertes ingresos para las arcas públicas, pero también una considerable descapitalización del Patrimonio común de todos los ciudadanos.

Con el tiempo, hemos aprendido de las duras lecciones del pasado y mientras abrazábamos las reformas, descubríamos nuevos motores de progreso. Así por ejemplo, nuestro tejido productivo, que está más fuerte que nunca, va acompañado por la innovación bancaria, la batalla por las energías renovables, la transformación digital y un espíritu emprendedor revitalizado. Todo eso ha hecho que hayamos dejado de ser los pasajeros del vagón de cola de la economía europea.

Para que una economía funcione tiene que existir un sistema financiero sólido que la respalde y, en nuestro país, los bancos han pasado de ser meros prestamistas a convertirse en impulsores de la innovación y la digitalización. O dicho de otro modo: son la columna vertebral que sostiene la inversión en tecnología, las infraestructuras y el talento.

Así pues, los profesionales financieros se sitúan en el centro de gravedad de la trayectoria del crecimiento de España. Sus decisiones financian industrias y generan oportunidades. Para tener éxito, necesitan algo más que balances: requieren datos fiables y tecnología capaz de anticipar los retos del futuro.

Nuestra historia es una historia de resiliencia y de reinvención. Hace poco más de una década los titulares estaban dominados por la crisis y el pesimismo. En cambio hoy, en los medios se habla de crecimiento económico, mientras que las mejoras de la calificación crediticia por parte de las tres principales agencias han devuelto la credibilidad y la confianza, a la vez que han colocado de nuevo a España en el punto de mira de los grandes inversores internacionales.

Que la actividad económica en nuestro país va como un tiro es algo poco cuestionable. Crecemos, no solo con el mayor dinamismo de Europa, sino, también, con más empuje y vigor que el resto de las economías desarrolladas; los motivos hay que buscarlos en la disponibilidad de mano de obra, la buena marcha del turismo y un precio de energía razonablemente barato debido a la apuesta por las renovables. El gasto público y las exportaciones han tirado de la recuperación inmediatamente posterior a la pandemia de la Covid 19, pero ahora es el gasto interno y la inversión empresarial movilizan al país. El producto interior bruto (PIB) creció un 3,5% en 2024 y un 3,1% interanual en el tercer trimestre de 2025, según la última revisión estadística, hay más de 22 millones de personas ocupadas, cifra récord jamás alcanzada hasta ahora.

El tirón de nuestra economía en términos macroeconómicos sorprende a los demás países y a organismos internacionales, hasta el punto de que el Banco Central Europeo atribuye a la fortaleza de España el que la zona euro con Alemania y Francia debilitadas, haya podido resistir el vendaval de las guerras arancelarias, la crisis de precios y los problemas de suministros que han afectado al continente desde el final de la pandemia.

Con todo, los árboles no nos deberían impedir ver el bosque. Más allá del triunfalismo de los indicadores macroeconómicos, el hecho cierto es que muchos ciudadanos no perciben esas mejoras en su día a día. La anterior etapa de bonanza económica acabó en nuestro país de forma abrupta con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria que desencadenó la Gran Recesión. Por eso, ahora, existen motivos para la desconfianza.  Porque las mejoras no llegan a los bolsillos de las clases medias y populares; también tiene mucho que ver, en el estado de ánimo general, la crispación política y una reacción de prevención natural tras unos años vertiginosos, de grandes shocks globales, como la pandemia, la espiral de precios o la guerra en Ucrania.

Una mezcla de escepticismo e incredulidad invade la calle, las redes sociales y asoma en las encuestas cuando se habla de la buena marcha de la economía. El PIB per cápita sigue muy por debajo de la media europea. En una encuesta de Funcas —el centro de análisis de la Confederación de Cajas de Ahorros— del pasado junio, realizada entre 1.200 adultos, el 55% respondió que la situación económica general era peor que antes de la pandemia y el 90% consideraba que los salarios estaban perdiendo poder adquisitivo. Según el Termómetro ED que elabora 40DB para el diario económico Cinco Días a partir de 6.000 entrevistados, revelaba en julio unas expectativas estables, más cercanas al pesimismo moderado que al optimismo, un resultado muy similar al del trimestre anterior, pese a lo positivo del ciclo y del empleo.

Por todo ello, podemos decir que España va bien pero con matices. Se hace necesaria una gestión progresista de la bonanza macroeconómica para que esa prosperidad se distribuya de manera equitativa entre todos los sectores sociales y no que las ganancias queden en unas pocas manos. Es decir, se trata de transferir renta de las clases de mayor nivel económico a las menos favorecidas a través de instrumentos fiscales y otras medidas de carácter público, como pueden ser, una mayor progresividad en el impuesto sobre la renta (IRPF), subsidios, pensiones, prestaciones por desempleo y servicios públicos universales.

O dicho de otro modo: poner en práctica políticas económicas, verdaderamente, socialdemócratas.

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en CÒRTUM 08/01/2026

 

09 de gener 2026

UN SHERIFF LLAMADO DONALD

El mundo nunca ha sido una balsa de aceite. Los encontronazos bélicos, más o menos intensos, han marcado la historia de la humanidad. Pero desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca, no hace todavía un año, los peores fantasmas de la Guerra Fría están volviendo al escenario de la geopolítica y el planeta se ha convertido en un polvorín. El problema es que, cualquier día, un descerebrado de esos que tienen bajo su control armas de destrucción masiva, se levante con el pie izquierdo y monte una tangana tan monumental que no va a haber dios que lo arregle.

El presidente estadounidense es, en potencia, uno de esos individuos. Hemos visto como saltándose a la torera el derecho internacional y la Carta de Naciones Unidas, ha invadido Venezuela y secuestrado al presidente Nicolás maduro y su esposa Cilia Flores. Nadie cuestiona que Maduro es un autócrata y Venezuela carece de legitimidad como Estado, pero eso no le daba derecho al sheriff Donald Trump para saltarse el ordenamiento jurídico que prohíbe el uso de la fuerza y la intervención en un país soberano para entrar como si fuera su segunda residencia.

Unas horas después de llevarse a cabo la operación militar en Venezuela, el sheriff, acompañado de su guardia de corps hizo una comparecencia vomitiva —confundiendo el culo con las témporas, que diría el gran Don Camilo—, en la que solo faltaba una alfombra roja y unos cuantos ramos de flores para obsequiar al señor presidente. Uno tras otro, los comparecientes, al más puro estilo del far west, se colocaron frente al micrófono para deshacerse en elogios hacia Trump, el ejército, explicar las maldades de Maduro y lanzar un aviso para navegantes de que EE UU está dispuesta a todo contra quién haga falta. Y que el mejor ejército del mundo no se detendrá ante nada ni ante nadie, pero sin explicar las verdaderas razones del ataque ni que previsión tiene para el futuro a corto y medio plazo del país caribeño. Trump tan solo dejó caer que María Corina Machado no será la persona que lidere el cambio, suponiendo que lo haya.

Más tarde se ha sabido que la exitosa operación militar se saldó con unos ochenta muertos, entre militares y civiles, pero, por “suerte”, ningún soldado estadounidense resultó herido, solo resultó afectado un helicóptero que pudo regresar a la base sin más incidencias. Es lo que tiene un ejército tan fantástico.

Tanto China como Rusia han condenado la iniciativa; pero esa acción compromete la implantación de la potencia asiática en Latinoamérica que ya es el segundo país en inversiones en la región. De todas formas, ahora los de Xi Jinping tiene las manos mucho más libres para actuar en Taiwan cuando y como les convenga.

Ante la posibilidad de que, tras el éxito militar y el secuestro de los Maduro, ya alguien esté diseñando una nueva operación cuyo objetivo sea Groenlandia, lugar rico en eso que se ha dado en llamar “tierras raras” y ante las amenazas imperialistas de Trump de anexionarse Groenlandia, los líderes de los grandes países europeos como Francia, Alemania, Polonia, Italia, España, el Reino Unido a los que después se han sumado Portugal y Países Bajos, han emitido un comunicado cerrando filas con Dinamarca,. Es evidente que EE UU ya no es el socio fiable de las últimas décadas y Europa está en las antípodas políticas de Estados Unidos; algo que un personaje tan egocéntrico y simplista como Trump no puede asimilar.

Por otra parte, Cuba, Nicaragua y Venezuela vienen a ser algo así como el eje del mal en Hispano América para Washington, por lo que algunos piensan que es cuestión de tiempo que caigan los otros dos países. Es posible. No obstante, no deberíamos perder de vista que hay un hecho diferencial entre ellos muy importante: Venezuela posee las mayores reservas petrolíferas, del mundo, además de importantes recursos naturales, las otras dos naciones, no; tal vez, ahí se deberían buscar los auténticos motivos que llevaron a Donald Trump y su adlátares a saltarse las más elementales normas del derecho internacional y entrar a sangre y fuego en el país caribeño.

A tenor de cómo han ido los acontecimientos, resulta lógico pensar que Trump habría pactado con personajes importantes del régimen de Maduro antes de llevar a cabo su operación militar, lo cual también explicaría la ausencia de enfrentamientos y disturbios en las calles, al menos, de momento.

La democracia va para largo en Venezuela porque no es una prioridad para el trumpismo. De ahí que, Delcy Rodríguez, la hasta ahora vicepresidenta de Venezuela que, en cuestión de horas, se ha dado la vuelta como un calcetín, parece la mejor situada para liderar la nueva etapa. Además, Rodríguez es, también, ministra de Hidrocarburos y eso es un plus en las actuales circunstancias venezolanas. Quizás por eso, el secretario de Estado, Marco Rubio, tras la operación anunció que Estados Unidos está dispuesto a trabajar con los actuales dirigentes de Venezuela siempre que “tomen las decisiones adecuadas”.

Estamos volviendo al “salvaje oeste”, pero ahora, en vez de con colts, wínchesteres, caballos y carretas, se utilizan armas de alta precisión, drones, helicópteros y si conviene misiles Tomahawk. Sin perder de vista el botón rojo que da acceso a la utilización de armamento nuclear. Todo vale para que Trump se convierta en sheriff del Salón Global.   

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 07/01/2026

 

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