No ha podido ser. El Govern de la
Generalitat ha tenido que echar el freno de mano y retirar los Presupuestos
para 2026, que se hubiesen tenido que empezar a debatir el pasado viernes en el
Parlament. De esa forma, el Consell Executiu evita un serio revolcón y, de
paso, elude convocar elecciones.
ERC se ha mantenido firme en sus
planteamientos maximalistas y no ha cedido un ápice; los republicanos han hecho
de la cesión de la recaudación del IRPF bandera. En algún momento, pareció que
la crisis de Rodalies podía abrir una ventana de oportunidad para que
republicanos y socialistas salieran del callejón, en apariencia sin salida, en
que se habían metido. La solución pasaba por la creación de un consorcio que
ejecutase e hiciera seguimiento de las infraestructuras; esa hubiera podido
ser, al menos, una salida temporal.
Para los republicanos es condición
sine qua non que la Agencia Tributaria Catalana recaude de forma íntegra el
IRPF que se genera en la comunidad y ahí el Gobierno central se muestra
reticente. Como mínimo hasta después de las elecciones autonómicas en Andalucía
que según parece serán en el mes de junio.
Ante esta situación, los de Oriol
Junqueras han preferido aplazar el debate y la hipotética aprobación de las
cuentas para el final del presente periodo de sesiones parlamentarias. En ERC
piensan que la ministra María Jesús Montero es el tapón que impide que avancen
las negociaciones sobre el IRPF. Por eso esperan que con la convocatoria de las
elecciones andaluzas la ministra deje el Gobierno porque es la candidata del
PSOE a la Junta.
De todas maneras, si hemos de dar
credibilidad a las declaraciones de Junqueras, tras la retirada de las cuentas
por parte del Govern, resulta que ahora el problema no es la cesión del IRPF,
sino que los presupuestos, según el líder republicano, no son
"suficientemente buenos". "Lo queremos todo", dijo, pero
parece que han cambiado prioridades. Es más, Junqueras se ha felicitado por
haber forzado al Govern a reordenar su agenda, recordando que "es la
primera vez en la historia del país" en que se retiran unos
presupuestos antes de votarse, tampoco hizo referencia a posibles
"incumplimientos de los acuerdos de investidura", que en las semanas
anteriores había sido su principal argumento para amenazar con tumbar las
cuentas en el Parlament.
En definitiva, una actitud un tanto
extraña que invita a pensar en la eventualidad de que Oriol Junqueras se haya
visto forzado a jugar el papel de oposición y no de socio del Govern por la
delicada situación interna de su partido. Es un secreto a voces que el último
congreso de ERC se cerró en falso y la disidencia interna le está marcando muy
de cerca, obligando a la dirección a realizar cabriolas para no enconar los ánimos
más de lo que ya lo están y, en ese contexto, Junqueras tiene que marcar perfil
para que sus adversarios domésticos no le pongan contra las cuerdas.
Aunque, quizás, la clave de este
desvarío esté en unas declaraciones que hizo el portavoz de los republicanos en
el Parlament, Josep María Jové que dijo: “queremos unos presupuestos para
seguir avanzando en soberanía”; o sea, para ellos la soberanía pasa por la
recaudación del IRPF por parte de la Generalitat, mientras que la sanidad, la
educación o las infraestructuras, es decir, mejorar la vida cotidiana de los
ciudadanos, que es de lo que han de ir unos presupuestos autonómicos, les
importa un pito. Una vez más los republicanos confunden el culo con las
témporas que diría Don Camilo, si estuviera entre nosotros.
A veces ocurre que los árboles no nos
dejan ver el bosque y eso es, en mi opinión, lo que le está sucediendo a ERC.
Obsesionados por lograr la cesión de la competencia recaudatoria, han perdido
de vista la Cataluña actual. Hay que
tener en cuenta que la Generalitat funciona con los presupuestos prorrogados de
2023, y sin presupuestos o, en su defecto, un suplemento de crédito, a partir
del mes de abril podría haber problemas de tesorería. Las nóminas y el pago de
la deuda no peligran, pero serían muchos los asuntos que quedarían aparcados.
Por el contrario, los presupuestos
contemplan un aumento del gasto de unos 9.126 millones de euros, mientras que
el presupuesto total ronda los 50.000 millones y si se incluye el sector
público se alcanzarán los 65.000 millones. Pero si finalmente no se aprueban
las cuentas se perderán 1.500 millones de euros.
Para evitar males mayores, el Govern
aprobó el pasado jueves un suplemento de crédito de casi 6.000 millones de
euros; con esos recursos se garantiza el pago de las nóminas y las subidas
salariales acordadas con profesores y mossos. En cambio, no se podrán
poner en marcha proyectos como la segunda fase del Pla de Barris o el
incremento de la plantilla de la Agenta Tributaria Catalana.
En las últimas horas, Junqueras se ha
descolgado pidiendo nuevos traspasos de competencias a cambio de
desvincular la recaudación del IRPF de
los presupuestos. No obstante, la consellera, Alicia Romero, ha enviado un
claro aviso a navegantes al decir que: “espera que ERC plantee cosas que estén
al alcance del Govern de la Generalitat y bajo sus competencias", a los
buenos entendedores con pocas palabras les basta.
Una vez más, en Esquerra se ha
impuesto la pulsión soberanista a su supuesto progresismo. Estamos ante una
crisis que, según todos los indicios, a los protagonistas no les interesa que
vaya mucho más allá y, aunque de momento, los presupuestos van a quedar en
stand by; es bastante probable que lleguemos a la canícula con los las cuentas
aprobadas. De ser así, todo habrá quedado en una tormenta de verano o si lo prefieren
de primavera.
Bernardo Fernández
Publicado en Catalunya Press
23/03/2026






