24 d’octubre 2026

CAMBIO DE PARADIGMA

La ultraderecha está exultante: En quince días han ganado dos elecciones regionales en Alemania, mientras que la Democracia Cristiana (CDU) se ha desplomado y quedado fuera de un parlamento regional. En Francia, todos los estudios demoscópicos dan a la Agrupación Nacional de Marine Le Pen como favorito para ganar las próximas elecciones presidenciales que se celebrarán en primavera; y en nuestro país los nostálgicos del franquismo ya salivan imaginando el resultado de las legislativas de 2027.

En América Latina, la extrema derecha ha vencido en los últimos siete ciclos electorales y en Brasil el ultra conservador, Flavio Bolsonaro, ha ganado en la primera vuelta de las presidenciales al izquierdista Lula da Silva.  

Sin embargo, a la vez que la tormenta arrecia, en forma de buenas expectativas para la extrema derecha, se empiezan a ver algunos tímidos brotes verdes que invitan a un optimismo contenido. Es el caso de Suecia, donde la socialdemocracia ganó las elecciones hace unas semanas, la derecha extrema bajó por lo que el centro izquierda puede volver a gobernar si son capaces de armar una coalición que dé soporte al gobierno. 

Algo similar ha sucedido en Berlín, allí, el partido de Izquierdas, Die Linke, encabezado por Elif Eralp, una abogada alemana de origen turco se impuso con un 24 a 25,8 % de los votos frente al 20 % de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y un modestísimo 12% de los socialdemócratas del SPD, en los comicios locales. Eralp hizo del sentido común, preservar la convivencia y lograr vivienda asequible su divisa electoral

No se trata tan solo de un cambio político o cultural. Estamos ante un cambio de paradigma. Se difunden de manera incontrolada mensajes e ideologías que mistifican la realidad y manipulan a la gente Poniendo en tela de juicio los valores que llamamos progresistas y que son, en realidad, afirmación de libertad, igualdad y fraternidad y que en las redes sociales tienen un magnífico caldo de cultivo. Ahora bien, esas redes no son causa del éxito del mensaje, aunque amplifican su efecto considerablemente. La eficiencia de cualquier mensaje depende de la receptividad y predisposición de quienes lo reciben.

Vivimos una época de cambios acelerados que están transformando nuestra cotidianeidad. Las desigualdades aumentan y eso erosiona la confianza en las instituciones que, con demasiada frecuencia, se ven sacudidas por la corrupción y la sospecha permanente, tanto da que sea o no justificada. Además, a la ciudadanía le quedó marcado a fuego el hecho de que en la crisis de 2008, desde las instituciones se priorizase la atención a las empresas y la banca antes que a las personas a las que se les impuso el austericismo. 

En este contexto, aunque la economía crezca, con la automatización y la incorporación de las nuevas tecnologías y las empresas hayan aumentado su producción de forma exponencial, en los últimos cincuenta o sesenta años los salarios han evolucionado a la baja en comparación con el incremento del coste de la vida. O dicho de otro modo, a pesar de que la riqueza nacional crece, el dinero se lo quedan los de siempre.

La cuota por ingresos del trabajo ha pasado de representar aproximadamente dos tercios del PIB global a principios de los años 80, a situarse cerca del 52% en la actualidad, es decir, poco más de la mitad, la tasa más baja de la serie histórica de acuerdo según  datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Los expertos de ese organismo opinan que si hoy los trabajadores recibieran la misma proporción en masa salarial que en el 2004, sus bolsillos tendrían 2,4 billones de dólares más.

La derecha extrema, con la complicidad de la derecha más convencional, nos quieren asustar al hablar de una supuesta “invasión” de inmigrantes por la frontera sur (ahí está el affaire Ceuta), pero lo cierto es que en España las entradas irregulares, que no “ilegales” —porque no suponen ningún delito—, representan una ínfima parte de la inmigración, que mayoritariamente accede al país por vías regulares. El 94% de los inmigrantes –con permisos de residencia, en trámites de conseguirlos o simpapeles– entraron en el país por aeropuertos con visados o sin ellos (para la gran mayoría de países latinoamericanos no se exigen) pero, tras cumplir el periodo máximo de estancia, se quedan en nuestro país.

Seamos claros, quien más sufre las carencias del Estado del bienestar es la gente joven: falta de vivienda, precariedad laboral y sueldos bajos. Por lo tanto, deberíamos iniciar un proceso de acercamiento para dialogar, establecer puentes y ser autocríticos, sin por ello renunciar a valores que son conquista histórica de la humanidad. Y no estaría de más comenzar admitiendo que nuestro sistema institucional se ha deteriorado, está desgastado y necesita una puesta a punto. O sea, un cuidadoso proceso de rehabilitación que hemos de hacer entre todos.

No veo otra posibilidad.

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en EL TRIANGLE 21/10/2026

 

23 d’octubre 2026

LA MALA SALUD DE HIERRO DE LAS PENSIONES

Cada vez que hay elecciones generales en España, la sostenibilidad del sistema público de pensiones se pone en cuestión. Algo muy preocupante porque tanto las pensiones como la vivienda, la educación o la sanidad son pilares básicos del Estado del bienestar y, por consiguiente, su aplicación y desarrollo deberían estar basados en acuerdos, como mínimo, de los dos grandes partidos nacionales. Sin embargo, en un clima de polarización como el que estamos viviendo eso es una entelequia.

La controversia, en nuestro país, sobre si las pensiones son viables o no viene de lejos. En la década de los 90, las entidades financieras y sus empresas afines, jaleadas por los palmeros de la derecha, nos advertían de la inviabilidad del sistema público de pensiones. El envejecimiento de la población comportaría la quiebra de la Seguridad Social. Por eso, sugerían la conveniencia de contratar un plan de pensiones privado, para no llegar a la jubilación y encontrarse sin cobertura económica y, de paso, ellos hacían caja.

Pero resulta que se está acabando 2026 y el sistema goza de una mala salud de hierro. No ha sido fácil llegar hasta aquí: en 2012, con el PP en el Gobierno las pensiones se congelaron, mientras que en 2013 subieron un pírrico 1% en 2013 debido a la crisis financiera, nos dijeron. Acto seguido, el Ejecutivo de Mariano Rajoy puso en práctica el Índice de Revalorización de las Pensiones limitando la subida al 0,25%

Al llegar el PSOE al Gobierno, las pensiones empezaron a recuperarse: 1,6% en 2019; 0,9% en 2020 y 2021. En 2022 se aprobó por ley que las pensiones se revaloricen automáticamente cada año según el IPC medio interanual para proteger el poder adquisitivo. Esto ha traído incrementos destacados como el 2,5% en 2022, el 8,5% en 2023 (por la alta inflación previa) y ajustes posteriores rondando el 2%–3% (como el 2,7% en 2026. Los números son elocuentes: desde que el partido socialista gobierna las pensiones contributivas han aumentado de manera acumulada entre un 24% y un 25% en los últimos 7 años (desde 2019 hasta 2026) impulsadas por la indexación al Índice de Precios al Consumo (IPC)

Ahora, a la puerta de unas nuevas elecciones generales el debate se ha recrudecido y mientras Pedro Sánchez asegura que si él sigue en La Moncloa el aumento de las pensiones según el IPC está garantizado, la derecha y la extrema derecha vuelven a cuestionar el sistema.

En el partido de las contradicciones (PP), mientras que Núñez Feijóo dice que si él llega a la Moncloa el aumento de las pensiones según el IPC está garantizado, la portavoz en el Congreso, Ester Muñoz asegura que el modelo está colapsado y hay que cambiarlo, ¿en qué quedamos? ¿A quién hacemos caso? Desde luego, la trayectoria de los populares cuando gobernaron y, muy especialmente, la gestión que hicieron de las pensiones ni genera confianza ni da pie al optimismo.

En cambio en Vox lo tienen claro: según su portavoz económico, José María Figaredo, “El sistema de pensiones es un zombi. Lo han quebrado”. Para corregir esos supuestos defectos, la portavoz en el Parlamento, Pepa Millán, no se esconde y plantea una reforma estructural hacia un modelo mixto que combine el reparto con la capitalización individual, como han hecho otros países europeos y es cierto. Pero no explican que para aplicar esos modelos se requiere una participación del empresariado que aquí ni en el mejor de los sueños sería posible.  Seguramente piensan copiar el sistema que se ensayó en el Chile de Augusto Pinochet que quebró. 

En el año 2023, el entonces ministro de la Seguridad Social, José Luís Escrivá, con el visto bueno de los sindicatos, los socios del Gobierno, la opinión favorable de la Comisión Europea y el criterio contrario de los empresarios, llevó a cabo una reforma del sistema público de pensiones para adecuarlo a los tiempos que corren, pulir las deficiencias que han ido apareciendo y hacerlo sostenible para muchas décadas. Con esa reforma se despejaban algunas incógnitas que podían ensombrecer su futuro.

A lo largo del tiempo se ha demostrado que nuestro modelo de pensiones públicas es sostenible y lo será para los que vienen detrás nuestro, mientras que las prestaciones destinadas a pagar pensiones, más una cantidad dedicada a la gestión sean igual a los ingresos. Los servicios sociales –y las pensiones públicas pertenecen a ese ámbito- ni pueden estar sometidos a la lucha política, ni deben ser una mercancía a disposición de aquellos que la puedan comprar, tampoco son una asistencia social y, en ningún caso, una caridad para aquellos con menos recursos. Los servicios sociales son derechos ciudadanos y tienen que ser universales, disponibles e iguales para todos.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 19/10/2026

 

15 d’octubre 2026

CONTRATO SOCIAL O PRIORIDAD NACIONAL

Pedro Sánchez ha hecho lo correcto al convocar elecciones generales para el 29 de noviembre, La caída de los decretos sobre vivienda, en el Congreso de Diputados, conducía a un bloqueo de una legislatura ya muy cuestionada por la inestabilidad parlamentaria del Gobierno. La polarización que estamos viviendo hará que sean unos comicios plebiscitarios: Pedro Sánchez, sí o no.

Estamos ante un súper ciclo electoral. Un tsunami generado por la extrema derecha está sacudiendo el statu quo político en vigor. En Suecia, aunque los socialdemócratas ganaron por la mínima las elecciones, están siendo incapaces de armar una coalición que dé soporte al gobierno. Hemos visto los resultados de las elecciones regionales en Alemania. Hace unos días el ultra conservador, Flavio Bolsonaro, le ganaba la primera vuelta de los comicios presidenciales a Lula da Silva, lo que hace muy probable que si en la segunda vuelta la izquierda no remonta, el involucionismo vuelva a la presidencia de Brasil. La derecha extrema y/o los populistas han vencido en los siete últimos ciclos electorales que se han celebrado en aquella parte del mundo. Muy pronto habrá comicios en Israel y allí, gane quien gane, la derecha extrema seguirá en el gobierno porque el sistema electoral israelí lo facilita. A primeros de noviembre, elecciones de medio mandato en EE.UU, y ahí puede pasar cualquier cosa. En Europa, el año que viene tendremos elecciones en Francia e Italia, y está por ver si la coalición que gobierna Alemania resiste: con ese panorama no se me ocurren demasiados motivos para el optimismo, ¿será España una excepción?

El martes, 6 de octubre, el Consejo de Ministros recuperó los decretos sobre vivienda que habían tumbado las derechas en el Congreso, y los ajustó con mejoras jurídicas y refuerzos de la protección de los inquilinos más vulnerables, para llevarlos a la Diputación Permanente. Al estar disueltas las Cámaras legislativas es ese órgano el responsable de sustanciar los temas que se presenten. La diferencia es que ahí los votos de Junts son irrelevantes.   Por lo tanto, el “decreto Maricarmen” estará vigente, como mínimo, hasta que haya nuevo gobierno y eso, en el mejor de los casos, no será antes de mediados del mes de enero de 2027.

En cambio, decaerán asuntos que estaban en tramitación como, por ejemplo, el traspaso de Rodalies a la Generalitat, la reforma del sistema de financiación o la condonación de una parte de la deuda de las comunidades autónomas; mientras el Tribunal Supremo mantiene la suspensión del derecho al voto de los nacionalizados por la ley de nietos para el 29 N.

Como no podía ser de otra forma, la derecha salió en tromba a celebrar la convocatoria y, a la vez a criticar a Sánchez por la decisión. Todo en uno. Y para variar, Díaz Ayuso, Santiago Abascal y un poco más tarde Núñez Feijóo agitaban el fantasma del pucherazo y recomendaban no votar por correo.

Pero no nos hagamos trampas al solitario, según un interesante análisis de Kiko Llaneras (El País 04/10/2026) El PSOE ha perdido cinco puntos desde las elecciones de 2023, y sus socios tampoco aguantan: Sumar y Podemos, que ahora se cuentan por separado, caen otros tres puntos. El PP no rentabiliza nada de eso —está donde empezó—, pero sí lo hace su potencial socio: Vox que ha pasado del 12% al 18% en estos tres años. El giro a la derecha es potentísimo. En noviembre de 2019, los bloques de derecha (PP, Vox y Cs) e izquierda (PSOE, Podemos y Más País) empataron al 43%. En 2023, la derecha se impuso 45% a 44%. ¿Y ahora? El promedio de sondeos dice que PP, Vox y Se Acabó la Fiesta (SALF) rondan el 52%, y dejarían a PSOE, Sumar y Podemos en el 36%. Una ventaja de 16 o 17 puntos es inédita para la derecha.

Si estos números se hicieran realidad, resultaría que aunque el PP se quede lejos de la mayoría absoluta, con los votos de Vox andarían en los 199 escaños, 23 por encima de los 176 que son la mayoría absoluta.

Este adelanto ha cogido a la izquierda alternativa con los “meaos” en el vientre. Eso del frente amplio es todavía una idea más que una realidad y está por ver si Sumar y Podemos son capaces de aparcar diferencias e ir en un sola lista. Muchas incógnitas y muy poco tiempo para despejarlas.

Sea como sea, nada está escrito y lo que vamos a decidir el 29 de noviembre próximo es si Pedro Sánchez sigue en la presidencia del Gobierno para reeditar un nuevo contrato social y continuar ampliando derechos y mejorando las condiciones de vida de las clases medias y populares o es Núñez Feijóo el nuevo inquilino de la Moncloa quién, con el inestimable soporte de Santiago Abascal, impondrá a todas las iniciativas que ponga en práctica la prioridad nacional. No hay más.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 13/10/2026





 

09 d’octubre 2026

EL RETO DE ENVEJECER

 




 

El envejecimiento de la población es uno de los grandes retos que deberá afrontar Europa en las próximas décadas. En el mundo desarrollado la proporción de mayores de 65 años crece de forma imparable. La generación del “baby bomm” ya se está jubilando y esa situación proyecta un panorama en el que los costos asociados a la atención de una población mayor se incrementarán notablemente. Entre los sectores más afectados estarán el mercado laboral y los sistemas de salud, que deberán adaptarse a una población cada vez más envejecida.

El modelo económico del siglo XX estaba basado en una abundante población trabajadora que mantenía a una proporción menor de dependientes. Esta ecuación se invierte ahora y la tasa de dependencia (número de trabajadores por cada pensionista) no solo presiona nuestro sistema de pensiones sino que reduce nuestra capacidad productiva per cápita, socavando el crecimiento potencial de la economía; o eso es lo piensan algunos cerebros grises estadounidenses. Pero la verdadera bomba de relojería es el envejecimiento que ralentiza significativamente el crecimiento de la productividad. No es solo que tengamos menos trabajadores; es que la innovación disminuye, la creación de empresas se contrae y la transferencia de conocimiento entre generaciones se interrumpe; apostillan esos mismos genios,

Desconozco cuánto hay de cierto y cuanto de falso en esos supuestos estudios que plantean el edadismo como origen de todos los males que nos acechan. Ahora bien, ante esa situación me pregunto: ¿qué clase de sociedad hemos construido para que un logro histórico, como es el incremento de la esperanza de vida, que debería llenarnos de gozo y júbilo, se esté convirtiendo en una pesada carga hasta el punto que puede poner en jaque el bienestar de las generaciones futuras a medio y largo plazo?

En nuestro país no se destina ni el 1% del PIB a cuidados de larga duración (incluida la asistencia sanitaria y social), mientras que en otros países de la OCDE, ese gasto representa el 1,5%. Estas cifras ponen de manifiesto que no estamos a la altura en inversión que nos correspondería por ser uno de los países con una de las esperanzas de vida más longevas. Los Estados que más aportan son Países Bajos, donde esta partida alcanza el 4,1% del PIB, y Noruega, donde supone el 3,7%. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el gasto en cuidados se duplicará e incluso triplicará en 2050, impulsado por el envejecimiento de la ciudadanía. La cuestión es: como encontrar el equilibrio para ofrecer acceso a una atención de buena calidad con un sistema económicamente sostenible.

La mayoría de expertos consultados opinan que hasta 2050 el gasto público en nuestro país en cuidados debería crecer más del 2% del PIB, ya que el número de mayores de 65 años beneficiarios de ayudas a la dependencia podría duplicarse, hasta llegar a 1,6 millones de personas. Por otra parte, el gasto público en pensiones podría incrementarse hasta cinco puntos de PIB (ahora supone el 12% de ese índice) y el gasto sanitario podría aumentar en más de un punto. Una factura que, de un modo u otro, tendremos que pagar. Por lo tanto, conviene ir buscando soluciones: incrementar las cotizaciones y prolongar la vida laboral, al menos en determinados sectores, reduciría el gasto en pensiones y no tendría por qué ir en detrimento del empleo de los jóvenes si se hace con la suficiente destreza.

Uno de los segmentos de negocio que más está creciendo son las distintas fórmulas para convertir la vivienda en dinero y seguir viviendo en ella hasta el final. No olvidemos que la casa es considerada por los mayores de 65 años como su mejor plan de pensiones. Es el lugar en el que quieren residir. El colectivo de edades más avanzadas no tiene acceso a financiación bancaria; y, ante una dependencia severa, lo más probable es que el flujo de renta sea insuficiente. Según un estudio de Seguros Santalucía, el coste económico de los cuidados de la dependencia de grado III representa 1,6 veces el importe medio de la pensión pública por jubilación entre las personas de 80 y 84 años, aumentando hasta 1,8 veces entre la población de 85 y más años. Ese déficit es mayor en el caso de las mujeres, ya que el importe medio de las pensiones contributivas por jubilación es menor que el que reciben los hombres.

Debemos tener muy presente que nuestras estructuras sociales van a experimentar cambios muy profundos en los próximos años. Así por ejemplo, el mercado laboral vivirá una auténtica transformación. Para 2040, habrá más trabajadores entre los 65 y 74 años que menores de 24 años, debido a carreras laborales más largas y una menor incorporación de jóvenes al empleo.  La educación pasará a representar una porción más pequeña del gasto público, reflejando un país en el que los jóvenes serán una minoría en el mercado laboral.

La humanidad entera se enfrenta a unos retos impensables hace unos pocos años. El edadismo es uno de ellos y no de los menores. Dar respuestas adecuadas a esos retos va a requerir de grandes esfuerzos, tanto a nivel individual como colectivo. Pero ese es el único camino si queremos un mundo justo y equilibrado donde la razón y la ética marquen el ritmo silenciando los egoísmos particulares y los intereses espurios. 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en la web de CÒRTUM 07/10/2026

07 d’octubre 2026

UN ÁTOMO DEL BARRIO CHINO

Tengo sobre la mesa un nuevo libro del polifacético Joan Ferran que lleva por título: “Un átomo del barrio chino (años de plomo y Cola Cao)”. Un trabajo que editado por Círculo Rojo, en lo que a impresión se refiere, por la calidad de papel, encuadernación, tipo de letra, etcétera resulta una edición muy digna, algo que, en los tiempos que corren, no suele ser muy habitual.

Para el exdiputado del Parlament, el Bar Bodega Berenguer de la calle Berenguer el Viejo, 6, conocido como BBB, que regentaba su familia es el punto de partida y, a la vez, de referencia. Desde allí, aquel niño travieso y dicharachero comprende, muy pronto, que la vida no es de color de rosa e intuye lo duro que es vivir y que hay que sudar la camiseta para comer cada día y veces, ni así. 

Con cerca de una veintena de libros publicados, Joan Ferran ha puesto a funcionar su pluma hábil y experta para perfilar un buen puñado de personajes que tenían su epicentro en el BBB. De forma paralela, nos va dejando retazos de su infancia, mientras que dibuja el entorno social y humano de lo que fue la Barcelona de la posguerra y, más tarde, del desarrollismo. 

A partir de su trinchera (como diría ahora algún político al uso), que es el Bar Berenguer, Ferran nos relata la vida y milagro de los clientes más habituales del negocio familiar.  Por la pasarela de los recuerdos de la infancia y primera adolescencia del ex político desfila la fauna más frecuente de una ciudad de vocación cosmopolita, portuaria por ubicación geográfica y canalla por tradición histórica, repleta de miseria social y hambre física por haber salido de una guerra incivil y vivir bajo una dictadura de corte fascista bendecida por la Iglesia católica.

La fotografía que Joan nos hace en su relato de lo que fue el barrio es muy fidedigna, pero sin dramatizar. De hecho, es la consecuencia de una mezcla de orígenes muy diversos que generó una cultura de gente hacinada que luchaba por sobrevivir. No podía aspirar a mucho más.

En esa fauna hay individuos de todos los pelajes: macarras, prostitutas, proxenetas, delincuentes de poca monta, vividores y un largo etcétera que conviven, en razonable buena armonía, con honradísimas amas de casa y esforzados cabezas de familia que buscan un poco de estabilidad y holgura económica para vivir con un mínimo de decencia y dignidad.

A mi modo de ver, una de las muchas virtudes literarias de Ferran es su capacidad para contextualizar sus narraciones. Es decir, no solo ofrece al lector el perfil síquico y/o físico de un personaje o una determinada escena; también argumenta de manera natural el contexto en el que un individuo se desenvuelve o se produce una situación en concreto y eso es una gran ayuda para entender el proceder de alguien y el porqué de muchas cosas.

Joan Ferran concluye su narración con un recorrido por la calle Berenguer El Viejo, hoy Berenguer El Vell como él muy bien explica. Nos hace una descripción detallada de lo que ha encontrado ahora, allí donde años atrás su familia y él mismo tuvieron casa y negocio, pero también algo más: un hogar, algo no demasiado frecuente en aquel Barrio Chino. Ese capítulo del libro que Ferran titula “¿Está bien muerto?” Está preñado de nostalgia sin amargura ni melancolía porque ya nada es igual y nada es lo que era. Dónde habían fábricas y talleres ahora hay un edificio de la Seguridad Social y donde estaba el cabaret La Criolla levantaron un bloque de pisos. “En la esquina del Paralelo aún queda un trozo de acera, con el mismo granito”, señala el exdiputado, Y allí fue donde su amigo Ramonet le partió el tabique nasal de un sopapo, como ya nos había explicado Ferran en páginas anteriores.

Hoy el distrito de Ciutat Vella no tiene nada que ver con aquel Barrio Chino. Es evidente que todo aquello ha mejorado con el esponjamiento impulsado por el Ayuntamiento y los planes urbanísticos han hecho posible que se abrieran nuevas calles y plazas. Eso sí, a cambio de hacer desaparecer otras y con ellas la vida que se tejía en aquellos lugares. La evolución acostumbra a ser imparable y lo que viene, a menudo, es mejor que lo que había. Ahora bien, casi nunca, “es oro todo lo que reluce”, como dice el aforismo y en Ciutat Vella hay miseria, menudeo y narcopisos. La diferencia con el Barrio Chino de hace sesenta, setenta años o más es que la sociedad de entonces no tenía conciencia y, quizás, tampoco medios para solventar aquello. Sin embargo, es inaudito que la sociedad del siglo XXI, tan puritana, aséptica y opulenta como es, permita que en Barcelona haya gente pasando gana sin expectativas de un futuro mejor y que individuos se queden colgados de una jeringuilla.

Pues bien, todo eso y mucho más lo podemos encontrar muy bien explicado en “Un último átomo del barrio chino (años de plomo y Cola Cao)”. En definitiva, un libro que vale mucho la pena.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 05/10/2026

 

29 de setembre 2026

MARTINGALA ECONÓMICA

Los sufridos lectores que tienen la gentileza de dedicar cada semana unos minutos a leer la columna que publico en esta magnífica ventana que es Catalunya Press comprenderán que, en esta ocasión, aparque los temas que trato habitualmente, política, cuestiones sociales, etcétera, y trate un asunto que puede parecer banal: fútbol, pero que, en realidad, no lo es porque ahí se mueven centenares de millones de euros y el control es más bien escaso, por no decir inexistente.  

El F.C Barcelona está haciendo un inicio de campaña de ensueño. En cada partido establecen un nuevo record. Además, los culés tenemos el goce añadido de que el Real Madrid no anda, que digamos, nada fino. A veces pienso que casi disfrutamos más con los fracasos del eterno rival que con las victorias propias. El batacazo que se dieron los merengues en el campo del Atlético de Madrid no se paga con dinero. Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a Florentino Pérez por haber traído, de nuevo, al gran Joseph Mourinho, con él la diversión la tenemos garantizada.

Explico todo esto porque de forma paralela a los éxitos de unos y los fracasos de otros, el Barça celebró, el pasado 19 de septiembre, de forma telemática, una asamblea ordinaria. Aunque la verdad: aquello, más que una reunión para examinar la situación económica de una entidad de prestigio mundial, parecía un grupo de amiguetes tomando unas cañas y parodiando las cuentas del gran capitán. Ya saben, el de los picos, las palas y los azadones.

Vaya por delante que cualquier empresa con un saldo negativo en sus cuentas de resultados durante tres ejercicios consecutivos debería presentar concurso de acreedores y, muy probablemente, estaría abocada a la quiebra forzosa. Sin embargo, Joan Laporta, y su junta directiva, hacen ostentación de un optimismo que raya en la imprudencia o un desconocimiento de la situación económica del club muy preocupante.

El Barça, con la reconstrucción del campo, se ha hipotecado, al menos, por 30 años en los que tendrá que devolver unos 4.000 millones de euros. Las cuentas del ejercicio 2025-26, se cerraron con un saldo neto negativo de 168 millones. El presupuesto para el año próximo está previsto con solo un millón de beneficio, y se pedirán dos nuevos créditos, de 300 y 210 millones, para terminar el Espai Barça. Pero esta es la industria del fútbol, y así funciona las cosas en ese universo paralelo.

Según se informó a los socios compromisarios, la deuda total anda en unos 2.680 millones, de los que 1.800 están vinculados al estadio, mientras que 710 son de bonos y 170 otros préstamos. Los mandamases del club han decidido jugar a todo o nada y para eso confían que el Camp Nou sea una máquina de fabricar dinero ya que esperan unos ingresos de 1.450 millones en 2031, de los que 450 saldrían del estadio.

El objetivo inmediato es terminar esta temporada con un aforo de 72.000 espectadores, más el 75% de los palcos VIP activados. Ahora bien, la siguiente temporada habrá que regresar a Montjuïc, si todo va bien hasta enero. Para entonces, el estadio ya podrá albergar a más de 90.000 espectadores, hasta llegar a los 104.000 al final de la temporada 2027-2028. En 2029 debería estar finalizado para albergar la final de la Champions.

Según se explicó, antes de que se decidiera renovar el estadio, la rentabilidad era de unos 200 millones por temporada. Se espera que, una vez acabado la cifra ronde los 450, a la que habrá que descontarle 150 entre intereses y amortización de la deuda.

Más allá del optimismo desbordado la realidad es la que es y, en consecuencia, el Palau deberá esperar. Así lo reconoció la directiva en la Asamblea. El Espai Barça se separa del Palau y la junta busca un socio inversor que construya el pabellón a cambio de explotarlo durante los próximos años.

Sé que el tema que estoy tratando no entra en la lógica de la mayoría de mortales. El planeta fútbol se rige por otros parámetros. No obstante, tengo la sensación que a Laporta y su equipo les falta hacer una previsión real de la situación y la prudencia necesaria para moverse en un ámbito tan proceloso como el que nos ocupa.

Es cierto que con Ansi Flick en el banquillo los resultados del primer equipo invitan a ser optimistas. Pero los responsables de una entidad que manejan dineros que no son suyos tienen una responsabilidad añadida. No sería admisible que por dejadez negligencia o cualquier otro nihilismo el club se encontrase, de nuevo, en una situación similar a las que ya se han vivido. Quizás es que ya hemos olvidado la época de Joan Gaspart o más recientemente la de Josep Maria Bartomeu. Por mucho que el fútbol sea de otro planeta, allí dos y dos seguirán siendo cuatro. Supongo.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 28/09/2026

 

23 de setembre 2026

NEGACIONISTAS GENOCIDAS


 

En el último Festival de cine de Venecia, celebrado recientemente, el documental NAZA dirigido por los cineastas y periodistas de investigación israelíes, Yuval Abraham y Rachel Szor, ha alcanzado el Premio Especial del Jurado, tras su estreno mundial en la Sala Grande del Palazzo del Cinema. El filme recibió una ovación del público, puesto en pie, de casi 25 minutos. Ha sido el aplauso más largo registrado en la historia del Festival de Venecia, superando récords anteriores.

El título del largometraje proviene del término "Naza", una palabra utilizada por los mandos de inteligencia militar para referirse a los daños o "víctimas colaterales" civiles de los bombardeos. El documental aborda las operaciones militares en la Franja de Gaza. La producción recopila los testimonios anónimos de 24 soldados y miembros de la inteligencia de Israel que detallan el uso de sistemas tecnológicos y de inteligencia artificial en la toma de decisiones militares. Como no podía ser de otra manera, ha generado una enorme controversia política y el rechazo oficial de las autoridades gubernamentales y del ejército israelí.

“Algunos bombardeos mataron a 20, 30, o incluso a 300 personas”, dice uno de los entrevistados en la película. Ese mismo interlocutor explica que se rastrean barrios gazatíes, con información sobre los inquilinos de cada hogar y las consecuencias que acarrearía cada ataque. “Una vez se aprobó un bombardeo que (se preveía que) causara 500 víctimas mortales”, responde el soldado, al ser preguntado por el mayor número de muertos que recuerda en un solo ataque.

Los autores del film sostienen que “es su responsabilidad como israelíes denunciar los crímenes de Estado que se están cometiendo sistemáticamente”, y lamentan las reacciones de algunos funcionarios que: “No solo no niegan los crímenes y las atrocidades, sino que las justifican y aplauden”.

Pero no es solo el Gobierno de Netanyahu y sus adlátares los que niegan la realidad, personajes como Benny Gantz, miembro de la oposición que durante una campaña electoral en 2019 proclamó que, cuando fue el jefe del ejército durante la guerra de 2014, había devuelto partes de Gaza “a la Edad de Piedra”, para él NAZA es una mentira: “Ningún ejército del mundo ha luchado en un entorno urbano evitando el uso de las armas como lo hace el israelí”. También Avigdor Lieberman, antiguo ministro de Defensa, y Naftali Bennet, ex primer ministro, ambos con opciones de participar en un, hipotético, próximo Ejecutivo de coalición han vinculado el documental con una campaña de difamación contra Israel.

O sea, negacionistas genocidas como el descerebrado Miki Zohar, ministro de Cultura, del actual Gobierno de Netanyahu que ha acusado a los cineastas de estar “dispuestos a dañar a su patria para recibir aplausos de los antisemitas del mundo” y les ha amenazado con retirarles la nacionalidad.

De manera prácticamente simultánea al triunfo de NAZA, la ONG israelí B’Tselem hacía público un documento en el que acusa a las autoridades israelíes de combinar la violencia, las barreras a la movilidad y la asfixia económica para desmantelar “las condiciones necesarias para la existencia colectiva palestina” en el territorio ocupado. En ese informe se identifican cinco ámbitos básicos de acción con los que Israel implementa su proyecto: violencia e intimidación; restricciones de movimiento; estrangulamiento económico; destrucción sociopolítica; limpieza étnica y apoderamiento territorial. Y subraya que “operan simultáneamente y están interconectados implementándose unos a otros y formando un mismo proyecto.

Esa película y el documento de B’Tselem me han recordado el libro de Hanna Arendt “Eischmann en Jerusalén”, pero más que el libro en sí, la polvareda intelectual que levantó su publicación; entre otras cosas porque puso de manifiesto que la verdad casi nunca es cómoda. Tal vez por eso, me parece genial aquella reflexión de Arendt que dice: “Puedes engañar a alguna gente todo el tiempo, y a toda la gente algún tiempo, pero no puedes engañar a toda la gente todo el tiempo”. En consecuencia, estoy convencido de que más pronto o más tarde acabaremos sabiendo la verdad de todas las barbaridades que el Gobierno israelí está cometiendo en Cisjordania. No tengo nada claro, sin embargo, que los genocidas Netanyahu & CIA acaben delante de un tribunal.

Más allá del valor intrínseco del film NAZA y el documento de B’Tselem —que es mucho—, esas denuncias ponen de manifiesto que una parte de la sociedad israelí rechaza las atrocidades del Estado judío al pueblo palestino. Además, resulta estimulante ver que aún quedan personas dispuestas a jugarse su integridad y su futuro para denunciar algo que consideran injusto.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 21/09/2026

CAMBIO DE PARADIGMA

La ultraderecha está exultante: En quince días han ganado dos elecciones regionales en Alemania, mientras que la Democracia Cristiana (CDU) ...