20 d’agost 2026

POR UN NUEVO NEW DEAL

La extrema derecha y sus adláteres están empeñados en dinamitar el statu quo establecido a partir de 1945. Para lograrlo, utilizan todos los instrumentos a su alcance y, en una sociedad híper conectada como la actual, los medios de comunicación y las redes sociales son herramientas de primera magnitud.

La derecha extrema ha construido un relato en el que hace responsable de todos los males que nos aquejan a la élite política, al feminismo y a los inmigrantes. Esos son, a su modo de ver, los causantes de todas nuestras desgracias. Y hemos de admitir, que esos discursos no funcionarían si no tuviesen una parte de verosimilitud para amplios sectores de la población. Ahí está, por ejemplo, la hipocresía de algunas fuerzas progresistas respecto a la inmigración (se la defiende de boquilla, pero se la reprime en la frontera) o el alejamiento de las élites respecto a los problemas de la clase trabajadora.

La organización no gubernamental Freedom House, con sede en Washington, que se dedica a promover la democracia y los derechos humanos, advierte que la libertad en el mundo lleva más de quince años retrocediendo. Cuando en 1989 cayó la Unión Soviética parecía que las democracias liberales habían ganado la partida. Sin embargo, estamos viendo como las autocracias avanzan y las derechas están marcando el ritmo.

La crisis financiera de 2008 supuso un punto de no retorno. El riesgo de colapso era tan grande que el entonces presidente de la República francesa, Nicolás Sarkozy, habló de “refundar el capitalismo”. Pero la realidad ha sido mucho más prosaica y el capitalismo ha acabado reformulando todo lo demás. Ahí están, como ejemplo, la socialdemocracia desarbolada, la izquierda clásica desnortada y los sindicatos sin respuestas. Catorce años después las heridas aún supuran.

Desde entonces, el capitalismo campa a sus anchas, han aumentado las desigualdades y se están normalizando los patrimonios desmesurados; por no hablar de la precariedad laboral o la práctica desaparición de las clases medias.

Este estado de cosas está propiciando la desafección de la ciudadanía a la política y ese es el caldo de cultivo idóneo para los populismos y para que triunfen los autoritarismos. En su libro “El ocaso de la democracia”, la ensayista conservadora Anne Applebaum pone el foco en tres factores. Uno, atribuir la responsabilidad de los problemas a la oposición o a un enemigo externo (los inmigrantes son la cabeza de turco más recurrente). Dos, proponer soluciones fáciles: “Con frecuencia las personas se sienten atraídas por las ideas autoritarias porque les molesta la complejidad, la división y prefieren la unidad”. Y tres, apelar a discursos pesimistas y al miedo: “Estados Unidos está condenado, Europa está condenada, la civilización occidental está condenada. Los responsables son la inmigración, la corrección política, los transgénero, las élites, la izquierda y los demócratas”.

De hecho, la situación actual no es nueva. Los años veinte-treinta del siglo XX fueron una época convulsa con muchas similitudes con la actual. La evolución monopolista y desigualitaria del capitalismo y la incapacidad de los gobiernos de la época desembocaron en una situación de crisis permanente.

La respuesta a aquel estado de cosas fue construir un New Deal, un nuevo contrato social de la democracia liberal y del capitalismo con el conjunto de la población. Para lograrlo hubo que concitar amplios consensos sociales y coaliciones políticas. El discurso de las “cuatro libertades” (libertad de expresión, libertad religiosa, libertad para aspirar a una vida mejor y libertad de vivir sin miedo) del presidente Roosevelt del año 1941 fue determinante. La gran novedad política fueron las dos últimas libertades: aspirar a vivir mejor y vivir sin miedo a la inseguridad económica concitaron el apoyo mayoritario de la ciudadanía. El siguiente paso para consolidar ese nuevo contrato lo dio el Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial, al poner en práctica las políticas keynesianas basadas en la intervención del Estado para estimular la demanda, combatir el desempleo y superar las crisis manteniendo así la ocupación y el impulso a las inversiones públicas para estimular el crecimiento económico, al tiempo que el Estado garantizaba una educación y una sanidad pública universal y gratuitas y seguros públicos de desempleo y jubilación.

Solo así podremos empezar a contrarrestar el discurso xenófobo y falaz de la derecha extrema y la ciudadanía volverá a creer en la política cuando vea que solventa problemas y mejora la calidad de vida de las personas.

Y es que la historia siempre nos da clases magistrales, otra cosa es que nosotros las queramos aprender.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en EL TRIANGLE 17/08/2026

 

POR UN NUEVO NEW DEAL

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