Este verano, las cadenas de televisión nos
han servido en directo la entrada masiva de miles y miles de personas y el
drama social que se está viviendo en Ceuta. Gente que huían de la miseria
buscando una vida mejor. Un hecho insólito porque, según se ha dicho, fueron
convocados por las redes sociales y ni las autoridades marroquís ni los
servicios de inteligencia españoles lo detectaron, al menos, esa es la versión
oficial.
Esa situación está tensionando a la
población ceutí y nos afecta a todos. Como no puede ser de otra manera, cada
cual tiene su punto de vista y su propia opinión; la inmensa mayoría
respetables, tan solo el criterio de aquellos energúmenos que no quieren ver
más allá de sus narices y dicen que esto es inaceptable y que toda esa gente
hay que devolverla ya y sin contemplaciones, merece el más enérgico y
contundente rechazo.
Ante semejante aluvión de seres humanos,
la cotidianeidad de la ciudad autónoma se ha visto seriamente alterada y, en
circunstancias como la que nos ocupa, es normal que, por ejemplo, una señora
recele de salir a la calle por si algún desalmado le pega un tirón del bolso
para robarle lo que pueda llevar, o que un comerciante vea un posible riesgo de
saqueo en su establecimiento por si un grupo de recién llegados lo asaltan. De
la misma manera que es lógica la preocupación de los miembros de las ONGs que
se ven impotentes para atender como quisieran a tantas personas necesitadas.
También hay que comprender al personal sanitario cuando muestran su
preocupación por el potencial riesgo de que haya una rápida propagación de
enfermedades infecciosas.
En definitiva, Ceuta está colapsada y
hacen falta soluciones ya.
Es, en contextos como este que estamos
analizando, donde se necesitan líderes sociales y/o políticos que, lejos de
lanzar mensajes alarmistas y sin faltar a la verdad, hagan ver a la ciudadanía
la dimensión real del problema, pero, a la vez, sepan trasmitir tranquilidad y
confianza en que desde las instituciones se van a tomar las iniciativas
pertinentes para superar la situación del mejor modo posible.
Eso sería lo deseable, pero en nuestro
país, por desgracia, la oposición política hace años que se echó al monte y no
se puede contar con ellos para nada. Vox lleva la xenofobia y el racismo en su
ADN, por consiguiente, de la misma manera que es absurdo pedirle peras al olmo,
no tiene sentido pedir colaboración a los fanáticos segregacionistas. Pero lo
que resulta preocupante es la actitud del líder del PP, Alberto Núñez Feijóo y
sus palmeros, porque además de ser unos carroñeros de la política de vuelo
gallináceo que solo buscan el deterioro del Ejecutivo, están demostrando una
ignorancia total de la legislación vigente.
No es admisible que quien aspira a
gobernar España reclame que se devuelva en bloque a todos los menores no
acompañados que llegaron el 30 y el 31 de julio a Ceuta. Feijóo está pidiendo
que se incumpla con la legalidad. Según
la Ley de Protección Jurídica del Menor “los menores extranjeros que se
encuentren en España tienen derecho a la educación, asistencia sanitaria y
servicios y prestaciones sociales básicas, en las mismas condiciones que los
menores españoles”. Como dice Vicente Cabedo Mallol, profesor titular de
Derecho Constitucional y director de la Cátedra de Infancia y Adolescencia de
la Universidad Politécnica de València.
Los populares demuestran tener una
memoria muy débil o muy mala fe porque una devolución exprés de menores que se
llevó a cabo en 2021, igual a la que piden ahora, terminó con una condena por
prevaricación. La Audiencia Provincial de Cádiz concluyó en septiembre pasado
sobre este caso que “la decisión de repatriación de los menores (...), no solo
fue arbitraria, sino manifiestamente injusta”. “El resultado fue una absoluta
vulneración de los derechos de los menores que resultaron totalmente
desprotegidos”, argumentó el tribunal. Previa a esta sentencia, el Supremo ya
había confirmado a primeros de 2024 que aquellas devoluciones fueron
ilegales porque no se acogieron al procedimiento de Extranjería.
Como tampoco es de recibo que Feijóo se
descuelgue pidiendo el “confinamiento por riesgo sanitario”, el líder del PP ha
olvidado que las competencias en salud pública están transferidas y, por lo
tanto, le corresponde al Gobierno de Ceuta tomar la decisión. Pero es que,
además, según la ministra Mónica García sería injustificado y totalmente
desmesurado.
Es evidente que la obsesión del PP por derribar
al Gobierno le ha hecho perder el oremus. Por su parte, Núñez Feijóo ha vuelto
a demostrar que el papel que ocupa en el panorama político español le queda
grande. Quien aspira a gobernar un país como el nuestro y pide incumplir la ley,
o ni siquiera conoce cuáles son las competencias de una comunidad autónoma, demuestra
ser un garrulo que no merece ni el acta de diputado que ostenta.
Bernardo Fernández
Publicado en Catalunya Press 24/08/2026









