Estamos en el último curso de esta
legislatura y quién sabe si, también, este es el último curso de este ciclo
político.
Todo empezó a raíz de la alarma y
malestar social generado por la sentencia del caso Gürtel. Aquella situación
hizo que un alicaído y despistado PSOE se animara a presentar una moción de
censura contra Mariano Rajoy. La moción proponía como candidato a la
presidencia del Gobierno al secretario general de los socialistas, Pedro
Sánchez. Sánchez declaró que
establecería un gobierno «de transición», que asegurase la «gobernanza» del
país y recuperase la «normalidad democrática», por la crisis política desatada y,
para cuanto antes, convocar elecciones generales anticipadas.
El 13 de febrero de 2019 el Congreso
de los Diputados rechazó los Presupuestos Generales del Estado propuestos
para 2019, por lo que Sánchez llamó a las urnas el 28 de abril. Comenzaba así
un nuevo ciclo político que es el que estamos viviendo.
En efecto, el 7 de enero de 2020,
Pedro Sánchez prometía su cargo, los ministros hacían lo propio, quedaba
constituido el primer Gobierno de coalición de la democracia recuperada y la
XIV legislatura del Congreso de los Diputados echaba a andar.
A partir de ahí, una pandemia, una
erupción volcánica, una crisis energética global, una inflación disparada, el
conflicto catalán, una compleja aritmética parlamentaria y una sucesión de
polémicas investigaciones judiciales que han asediado a personas de su entorno
político y personal, han jalonado la trayectoria presidencial de Pedro Sánchez.
Ningún presidente de la democracia recuperada
ha tenido que encajar tantos contratiempos ni gobernar en un contexto tan
cambiante como Pedro Sánchez. La etapa de Sánchez ha estado marcada por una
constante sucesión de sobresaltos, pero también por la aprobación de
algunas de las reformas sociales y económicas más relevantes de las últimas
décadas.
La irrupción de
la covid-19 en marzo de 2020 alteró por completo el rumbo de la
legislatura. Se decretó el estado de alarma, confinó a millones de ciudadanos y
paralizó buena parte de la actividad económica en una situación sin
precedentes. La gestión de la pandemia se convirtió en el principal desafío
del presidente. Su Ejecutivo impulsó medidas extraordinarias para sostener
empresas y empleo, entre ellas los ERTE, ayudas a autónomos y diversas
prestaciones sociales destinadas a amortiguar el impacto económico de las
restricciones.
De forma casi simultánea, se fue planificando
un amplio paquete de reformas que después se han ido haciendo realidad. Una de
las más destacadas fue la reforma laboral, planteada para reducir la
temporalidad y mejorar la estabilidad en el empleo. A la vez, se han ido sucediendo
subidas del salario mínimo interprofesional, la revalorización de las pensiones
conforme al IPC y la aprobación del ingreso Mínimo Vital.
La agenda legislativa incluyó leyes
de fuerte contenido social y simbólico, como la regulación de la eutanasia, la
ley de memoria democrática, la ley trans o distintas medidas orientadas a
facilitar el acceso a la vivienda.
En 2021 entró en erupción el volcán
de La Palma lo que obligó al Ejecutivo a desplegar un amplio dispositivo de
ayudas para los afectados. Meses después, llegaba invasión rusa de
Ucrania que desencadenó una crisis energética que disparaba los precios y
obligó a adoptar medidas para contener la inflación y el coste de gas y electricidad.
A diferencia de lo que hizo Mariano
Rajoy, en los años más duros del “procés”, Sánchez apostó por el diálogo
con los líderes independentistas catalanes, La consecuencias más notables de
esa política de apaciguamiento y normalización fueron, primero, los indultos concedidos
en 2021 a los dirigentes independentistas y, después la ley de
amnistía impulsada tras las elecciones generales de 2023.
Buena parte de las políticas de
modernización como la transición a una economía verde han sido posibles por el
colchón que han supuesto los fondos europeos Next Generation: Ahí Pedro Sánchez
se dejó la piel, ante el rechazo de parte de los países nórdicos, hasta lograr
su objetivo de conseguir créditos y subvenciones para reflotar las economías
nacionales tras la pandemia.
En el ámbito económico hemos crecido,
no solo con el mayor dinamismo de Europa, sino, también, con más empuje y vigor
que el resto de las economías desarrolladas El producto interior bruto (PIB)
creció un 3,5% en 2024 y un 3,1% interanual en el tercer trimestre de 2025 y hay
más de 22 millones de personas ocupadas, cifra récord jamás alcanzada hasta
ahora.
No obstante, tras las elecciones de
2023, diversos casos de corrupción por parte de personas de la plena confianza
política del presidente y una presión judicial inusual sobre su entorno
familiar han ensombrecido la gestión del Ejecutivo y enturbiado la situación.
En abril de 2024 el presidente
anunció la suspensión temporal de su agenda pública, durante cinco días, para
reflexionar sobre su continuidad tras la apertura de diligencias contra su
esposa, Begoña Gómez. Aquella decisión abonó el terreno para todo tipo de
especulaciones hasta que Sánchez compareció para anunciar que continuaría al
frente del Gobierno.
Poco tiempo después saltaron a la
palestra los casos Koldo y José Luís Ábalos que sacudieron los cimientos del
partido y del Gobierno. Pero es que, cuando aún no se había digerido aquel
affaire, era Santos Cerdán, uno de los dirigentes más cercanos al presidente, y
durante años, responsable de Organización del PSOE, el que aparecía implicado
en asuntos muy turbios.
Sin solución de continuidad surgió el
llamado caso Leire Diez, una ex militante socialista que buscaba información
sobre miembros de la UCO y otros actores relacionados con investigaciones de
relevancia política que tuvieran que ver con el PSOE y/o sus dirigentes para cortocircuitarlos.
De todas formas, contra viento y
marea el Gobierno ha seguido impulsando medidas de fuerte impacto social, entre
ellas nuevas reformas en materia de vivienda, transición energética o
inmigración, incluyendo iniciativas para facilitar la regularización de cientos
de miles de migrantes en situación irregular.
Sin embargo, este verano la crisis de
Ceuta ha venido a tensionar un poco más la ya súper polarizada política
española. En ese asunto al Gobierno le han faltado reflejos y comunicación
entre los departamentos implicados y ahora está atrapado en la normativa del
Estado de derecho. Todo eso, sumado a la implicación de una parte de la
judicatura en la política, la presión de determinados medios de comunicación y
el enmarañado clima que se respira, podrían ser factores decisivos para que la
legislatura finalizara de una forma más abrupta de lo que cabría pensar.
Que sea, también, un fin de ciclo
está por ver.
Bernardo Fernández
Publicado en Catalunya Press
14/09/2026

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