Hace ahora poco más de cuatro años,
Alberto Núñez Feijóo asumía la presidencia del PP a nivel nacional. En su toma
de posesión dijo que como nuevo presidente del partido haría de la “moderación”
y el “sentido de Estado” bandera “que su objetivo era hacer política sin
insultar, y que venía a ganar a Pedro Sánchez”.
Feijóo llegó con un halo de político
moderado, dialogante y pactista. Sin embargo, muy pronto vimos que era una
persona errática que un día decía una cosa y al siguiente la contraria, con
muchas más carencias que virtudes. Sus declaraciones sobre asuntos claves para
la ciudadanía o sus intervenciones en el Congreso de los Diputados, han puesto de
manifiesto que el político gallego no está capacitado para ser el presidente
del Gobierno de España. Es más, todo indica que su capacidad intelectual no le
da ni para liderar la oposición.
Veamos algunas perlas que ha ido
dejando en su hipotético camino a la Moncloa.
En 2022 Núñez Feijóo rechazó que el
Gobierno subiera las pensiones para 2023 lo mismo que el IPC, tal y como habían
establecido todos los partidos en el Pacto de Toledo, y como acordó España con
la Comisión Europea en el marco de la negociación de las reformas para recibir
los fondos europeos para la recuperación económica tras la pandemia. El líder
de la oposición puso en duda que el Estado pudiese afrontar el gasto,
asegurando que “de nada le sirve” a los pensionistas que les suban la
prestación “un 8%” (previsión hecha entonces para final de año) y, en cambio
exigió al Ejecutivo que, en su lugar, controlase la escalada de precios.
Días antes de las elecciones
generales de 2023, en una entrevista sobre las pensiones, defendió, sin
inmutarse, que el PP "nunca dejó de revalorizar las pensiones conforme al
IPC" y que "el partido que las congeló fue el PSOE”. Aunque ante la
evidencia de los datos tuvo que acabar rectificando.
En 2024, el PP votó a favor de la toma
en consideración de la Iniciativa Legislativa Popular auspiciada por la Iglesia
que promovía la regularización masiva de inmigrantes. Sin embargo, en un
discurso ante sus diputados y senadores reunidos en el Congreso, a principios
de 2025, Feijóo proclamó que el PP está “absolutamente en contra de la
regularización masiva, irresponsable, de un millón de migrantes
irregulares” que había aprobado el Consejo de Ministros.
Hace unos meses, Feijóo, secundado
por un coro de adláteres (léase aquí barones territoriales), salieron en tromba
a criticar la decisión del Gobierno de hacer públicos los documentos sobre el
fallido golpe de Estado de 1981 que se habían guardado durante cuarenta y cinco
años. “Es una cortina de humo” vinieron a decir los populares para criticar la
iniciativa del Ejecutivo. Sin embargo, no habían pasado ni veinticuatro horas
cuando Feijóo decía que: “La desclasificación de los documentos del 23-F debía
reconciliar a los españoles con quien paró el golpe de Estado. Creo que sería
deseable que el Rey Emérito regresara a España”, apuntaba el líder del PP.
Pero es que Juan Carlos de Borbón
nunca ha sido desposeído de su pasaporte; por consiguiente, tiene el mismo
derecho a entrar y salir del país que cualquier otro ciudadano. De hecho, desde
que marchó en 2020 y fijó su residencia en los Emiratos Árabes ha venido a España
siempre que ha querido. Otra cosa es que como le advirtieron desde la Casa Real,
si desea retornar ha de ser con dos condiciones: Una, deberá tener residencia
fiscal en España, y por tanto declarar todos sus ingresos y aclarar el origen y
la dimensión de su fortuna opaca; y dos, ha de vivir en un espacio privado, no
en La Zarzuela, pagada con dinero público y, además, residencia del jefe del
Estado. Es una cuestión de ejemplaridad: no puede vivir del dinero público un
hombre que ha defraudado enormes cantidades a Hacienda, aunque no pudo ser
procesado por su inviolabilidad.
Feijóo también discrepa de la denominada
“ley de nietos” por facilitar la nacionalidad a los descendientes de españoles
exiliados por culpa del franquismo. Una iniciativa que ha pasado 32 trámites
parlamentarios, nueve debates en pleno y sendas comisiones en el Congreso y el
Senado. No obstante, para Feijóo su aprobación es “ingeniería electoral”, ya
que, en su opinión, millones de personas puedan obtener la nacionalidad de un
día para otro “sin las garantías necesarias y por encima de los límites legales
que se habían fijado”. Sin embargo, poco después desde el PP tuvieron que
modular la crítica.
La guinda del pastel la puso Feijóo,
hace unos días, en unas jornadas de la patronal vasca a las que había sido
invitado. El líder popular entró en el debate sobre las bajas laborales como un
elefante en una cacharrería, confundiendo dos fenómenos distintos: las
ausencias injustificadas del puesto de trabajo y las bajas médicas. Y, encima, propuso
que las personas que estén en situación de incapacidad temporal cobren menos y
calificó la situación de “cáncer”, a la vez que afirmaba que la reforma debe
producirse con o sin la aquiescencia de los sindicatos. Sin tener en cuenta que
toda modificación del sistema de bajas médicas debe contar con la participación
de todos los agentes sociales.
El presidente del Gobierno de un país
como España debe ser, entre otras muchas cosas, una persona con una sólida
formación intelectual, tener la cabeza muy bien amueblada y plena integridad
moral y ética; y está claro que Núñez Feijóo con sus torpezas, tropiezos,
falsedades y mezquindades no encaja ni de lejos en esos mínimos
imprescindibles.
Bernardo Fernández
Publicado en Catalunya Press
20/07/2026
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