01 de juliol 2026

LAS COSAS DE FLORENTINO

Desde hace años, el fútbol de élite se ha convertido es un pozo sin fondo. Aquel deporte-espectáculo, que empezó financiándose con las aportaciones de los socios de los clubes, ha ido extendiendo sus tentáculos a la publicidad, las camisetas, las televisiones…, pero es insaciable, cada vez necesita más. Cada vez las cifras que se manejan para pagar jugadores y satisfacer mil historias son más astronómicas. Ante esa situación, los máximos dirigentes de los principales clubs llevan tiempo buscando vías alternativas de financiación. En 2021 creyeron haber dado con la tecla: la Superliga de fútbol europeo. Tenía que ser la panacea y se iban a resolver todos los problemas económicos. Sin embargo, cinco años después de anunciar la competición que debía revolucionar el negocio y generar más de 4.000 millones de euros por temporada, la Superliga se cierra sin partidos, sin calendario y sin trofeos. Al final la realidad se ha impuesto y tanto el FC Barcelona como el Real Madrid, que eran de los que más fuerte habían apostado, dieron marcha atrás y pactado con UEFA una vuelta ordenada al sistema “por el bien del fútbol europeo de clubes”. De este modo, el conflicto más profundo que ha vivido el fútbol continental moderno en décadas termina sin sanciones, sin indemnizaciones y, sobre todo, sin una ruptura estructural del sistema establecido.

No obstante, la falta de liquidez persiste y es ahí donde el inefable Florentino Pérez se saca un as de la chistera. En efecto, haciendo de la necesidad virtud y ante el fracaso evidente del primer equipo del Real Madrid con dos temporadas seguidas sin un triste título que llevar a las vitrinas, convoca elecciones por sorpresa, las gana y recupera un viejo proyecto que tenía aparcado: transformar el club en sociedad mercantil.

La ley obliga a los clubes que están en ligas profesionales a elegir entre ser una sociedad anónima deportiva o una asociación. Y ahí Florentino Pérez ha visto la oportunidad: llevar a cabo una operación en la que la Fundación Real Madrid pasaría a tener el 51% de las acciones, mientras que el 49% restante se lo quedarían los inversores. Se trata de una estrategia que, como ya anunció el presidente hace meses, busca proteger el patrimonio de la entidad.

El plan está todavía en una frase embrionaria y el club no ha dado pistas sobre si la operación se llevará a cabo finalmente. No obstante, por los mensajes que lanzó Florentino en su campaña electoral se ve venir un intenso debate en el planeta fútbol. ¿Club deportivo o empresa? Esa es la cuestión. Y es que los equipos solo pueden escoger entre esas dos opciones. El fútbol en nuestro país está regido por la Ley del Deporte, que exige que las instituciones que compiten en ligas profesionales deben constituirse como clubes deportivos (o asociaciones sin ánimo de lucro) o como sociedades anónimas deportivas (SAD).

Elegir la estructura jurídica de un club no es una decisión fácil. Es el armazón sobre el que se gestiona absolutamente todo, desde la contratación de jugadores, patrocinios, eventos, abonados o los derechos de televisión Sin una estructura adecuada, no puede haber gestión eficaz, lo que puede desembocar, más pronto que tarde, en la quiebra de la entidad.

El futbol profesional anda explorando un tercer modelo: la fundación deportiva con estructura societaria. Se trata de un sistema no consolidado en la práctica, pero que empieza a estar presente en el discurso jurídico y estratégico. De momento, ninguna entidad deportiva funciona bajo este modelo. La ley no prohíbe que una fundación deportiva se constituya como sociedad mercantil. Eso sí, siempre que dicha participación sirva para canalizar proyectos sociales, educativos o culturales vinculados al club.

Florentino es una de esas personas nacidas con una flor en salva sea la parte. Lo demostró con la Operación Reformista del año 1986, allí, después del fiasco, cual ave Fénix remontó el vuelo. Lo vimos, de nuevo, con el Proyecto Castor, un fallido almacén subterráneo de gas natural ubicado frente a las costas de Vinaròs (Castellón), que provocó más de 500 seísmos, lo que obligó a cancelar la operación y sellar definitivamente la infraestructura, pero se tuvo que indemnizar a la empresa ACS con 1350 millones de euros que se repercuten en el recibo del gas de los consumidores durante 30 años. Por no hablar del rescate de las autopistas radiales de Madrid que, de momento, nos cuestan 1.680 millones de euros a los ciudadanos de a pie y ¡qué raro! Ahí estaban las empresas de Florentino, Dragados y Construcciones con su filial Irídium.

Es lo que tiene saber relacionarse con el poder.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en EL TRIANGLE

01/07/2026

 

LAS COSAS DE FLORENTINO

Desde hace años, el fútbol de élite se ha convertido es un pozo sin fondo. Aquel deporte-espectáculo, que empezó financiándose con las aport...