15 de maig 2026

LA LEY DE LA SELVA


 

A nivel internacional estamos viviendo una situación caótica. Las reglas que nos habían guiado en las siete u ocho últimas décadas han sido fagocitadas y las instituciones que daban razón de ser al orden establecido están cayendo en la irrelevancia. Si nadie lo remedia, vamos camino de volver a la ley de la selva, es decir, a la ley del más fuerte.

Donald Trump, Vladímir Putin o Benjamín Netanyahu son líderes profundamente diferentes entre sí, al mando de países que en muchos sentidos se hallan en las antípodas unos de otros. No obstante, comparten un hilo conductor en sus actitudes que nos sirve para entender la época en la que nos adentramos: la disposición a sembrar el caos en el mundo para hacer avanzar sus intereses nacionales y/o personales. Esa predisposición es un factor clave del acelerado hundimiento del planeta en una espiral de conflictos.

Aunque no son ni mucho menos aliados geopolíticos, esos tres personajes cooperan en la destrucción de un orden que nos hace funcionar con instituciones y reglas compartidas. Ninguno de ellos tiene reparos en espolear el caos en el mundo para avanzar en objetivos imperialistas, nacionalistas o personalistas. Mucho de ese caos tiene que ver con su propia supervivencia en el poder. Trump surfea el caos para mantener constantemente atención mediática y el control del relato. Mientras que Netanyahu y Putin aprovechan sus guerras para azuzar el sentimiento nacionalista y el cierre de filas en tiempos difíciles. Pero, al margen de los objetivos específicos, esa política de caos erosiona las reglas que diferencian una sociedad civilizada de una de la selva.

Me parece oportuno recordar aquí una resolución de condena de la invasión rusa de Ucrania que se votó el 2 de marzo de 2022, en la Asamblea General de la ONU. En esa votación 18 países mostraron su rechazo a la condena. Junto a Rusia, dijeron que no, entre otros, Estados Unidos, Israel, Corea del Norte, Bielorrusia, Nicaragua, Hungría, Sudán y Eritrea (Irán se abstuvo, aunque suministra drones letales a los rusos). O sea, un listado que nos pone sobre la pista para detectar a los señores del caos.

En un interesante ensayo, publicado en 2019,  Giuliano da Empoli, profesor de política comparada en el Instituto de Estudios Políticos de París, formuló el concepto de “ingenieros del caos” para referirse a los asesores, propagandistas y expertos tecnológicos que han sabido manipular como nadie el mundo digital para promover liderazgos populistas. Esos individuos propician que en el ámbito de la geopolítica asistamos al protagonismo cada vez más desatado de los señores del caos, mientras el multilateralismo y sus normas se erosionan de manera constante.

De hecho, no es un perfil nuevo. Siempre han existido señores del caos. Estados Unidos, en distintas etapas, ha promovido golpes de Estado o emprendido invasiones ilegales como la de Irak. Por su parte la URSS buscaba subvertir las democracias occidentales a través de programas de agitación y/o elementos de presión para controlar a otros países. Europa no se queda atrás y tiene un largo historial de colonialismo, donde para lograr el control de los pueblos a menudo utilizaba el caos como herramienta.

En la actualidad, la diferencia con otras etapas viene dada por unos rasgos de inestabilidad muy acusados. El orden anterior ha desaparecido con la implosión de la URSS; el colonialismo europeo es una reliquia de museo y la preponderancia de EE UU en el mundo se está desintegrando de forma acelerada. En este contexto, algunos buscan su camino con total desprecio por las instituciones o reglas internacionales establecidas.

El autogolpe propinado a la primacía de EE UU está generando la destrucción del formidable entramado de alianzas que Washington construyó a lo largo y ancho del mundo durante ocho décadas. Ningún aliado se fía ya de la Casa Blanca. Muchos ponen al mal tiempo buena cara por temor a quedarse desamparados de repente —pero todos se están organizando para no depender nunca más de forma tan directa de Estados Unidos—. En público, muchos líderes optan por la contención, pero en privado el nivel de desconfianza hacia Washington es extraordinario, incluso desde sectores, en principio, filoestadounidenses. La lógica subyacente es que hay que reducir los riesgos de la dependencia de Washington tanto como de China.

La cuestión es que el mundo avanza hacia un nuevo orden que nos viene dado por el regreso de la gran influencia de las potencias que quieren imponer sus lógicas imperiales. Esta idea se puso de manifiesto en los discursos públicos y en las conversaciones privadas de la Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada hace un par de meses. Mientras que Rusia lleva a cabo desde hace años una política imperialista por medios militares y China se declara sostenedora de un orden mundial multilateral, pero no lo respeta cuando se trata de su área influencia; entonces, para el impero asiático las sentencias de los organismos internacionales son papel mojado; y para rematar el panorama EE UU desprecia olímpicamente los más elementales tratados de derecho internacional e invaden un país soberano poniendo en jaque, entre otras cosas, la economía mundial, sin el soporte de ningún parlamento nacional, ningún organismo supranacional y ni, tan siquiera, el apoyo de sus aliados más cercanos. Si eso no es la ley de la selva que alguien diga que es. 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 11/05/2026

 

 

 

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