17 de maig 2026

DESIGULADAD SIN CONTROL

Un reciente informe publicado por OXFAM Intermón, con el título “El saqueo continúa”, resulta demoledor Según ese documento, en 2024, la riqueza conjunta de los milmillonarios creció tres veces más rápido que en 2023. De seguir a ese ritmo, dentro de una década habrá cinco millones de billonarios. Mientras tanto, el número de personas que viven en la pobreza apenas ha variado desde 1990. Así pues, la desigualdad está fuera de control.

El informe enfatiza en que la mayor parte de la riqueza de los milmillonarios no es fruto del esfuerzo, sino del saqueo: el 60% o es heredada, o, bien, está marcada por el clientelismo, la corrupción, o vinculada al poder de monopolio.  Vivimos en un mundo profundamente desigual donde el colonialismo continúa estando presente de diversas maneras. Existe una larga historia de dominación colonial que ha beneficiado, principalmente, a las personas más ricas. El sistema actual sigue extrayendo riqueza del sur global en beneficio del 1% más rico, a un ritmo de 30 millones de dólares por hora, que reside, mayoritariamente, en el norte global. Por lo tanto, es urgente revertir la situación.

No somos conscientes de que billones de dólares se están transmitiendo a través de herencias o mediante los sistemas de ingeniería financiera, dando lugar a una nueva aristocracia de superricos que ejerce un inmenso poder y condiciona nuestra vida política y nuestra economía.

Las personas que viven en la pobreza en todo el mundo siguen siendo quienes más sufren los efectos de las múltiples crisis, desde las heridas que dejó la pandemia, pasando por conflictos de todo tipo hasta la crisis climática. Es un círculo vicioso que agrava aún más la pobreza, el hambre y la desigualdad.

Por otra parte, aunque la economía crezca y las empresas, con la automatización y la incorporación de las nuevas tecnologías hayan aumentado su producción de forma exponencial, en los últimos cincuenta o sesenta años los salarios han evolucionado a la baja en comparación con el incremento del coste de la vida. O dicho de otro modo, a pesar de que la riqueza nacional crece, el dinero se lo quedan los de siempre.

La cuota por ingresos del trabajo ha pasado de representar aproximadamente dos tercios del PIB global a principios de los años 80, a situarse cerca del 52% en la actualidad, es decir, poco más de la mitad, la tasa más baja de la serie histórica de acuerdo según  datos del año pasado de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Los expertos de ese organismo opinan que si hoy los trabajadores recibieran la misma proporción que en el 2004, sus bolsillos tendrían 2,4 billones de dólares más.

La economía mundial, a día de hoy, está más enfocada en obtener retornos financieros rápidos para los accionistas, lo que incentiva a las empresas a “contener” el gasto en nóminas para maximizar el dividendo. Con la globalización, la facilidad para mover la producción a países de bajo coste ha presionado los salarios a la baja en todo el planeta. Esta deslocalización, junto al menor poder e influencia de los sindicatos, ha hecho que el trabajador tenga menos fuerza para exigir mayor parte del pastel.

“Estamos ante un fenómeno dramático”, sostiene el consultor y ensayista Lasse Rouhiainen, autor del libro Domina la inteligencia artificial antes de que ella te domine a ti (Alienta, 2026). “Hace unos años creía que la IA también abriría oportunidades, pero ya no está tan claro de qué tipo. Las empresas antes fichaban a personas que sabían aplicar la IA. Ahora trabajan directamente con agentes de IA”, (…) “El modelo tradicional de pago por horas trabajadas se desmorona cuando una hora con la IA produce diez veces más que una hora sin ella. Asimismo, habría que repensar el sistema educativo, con títulos universitarios que deberían actualizarse cada año, porque el avance es muy rápido” comenta.

Según el Banco Mundial, si la desigualdad sigue creciendo al ritmo actual, tardaríamos más de un siglo en acabar con la pobreza, y tan solo el 8 % de la población mundial vive en países con un nivel de desigualdad bajo.   Según el índice de compromiso con la reducción de la desigualdad que ha sido elaborado por Oxfam y Development Finance International revela que, desde 2022, la inmensa mayoría de países registran tendencias negativas en las políticas de lucha contra la desigualdad.

Es evidente que las perspectivas son muy poco esperanzadoras. No obstante, no nos podemos rendir. Nos queda un largo camino por recorrer para lograr todo lo que soñamos, pero podemos encontrar esperanza, inspiración y motivación en los movimientos de personas que luchan contra la desigualdad y oponen resistencia al colonialismo. 

Por consiguiente, hemos de sumar esfuerzos con aquellos que luchan por un mundo más justo y construir economías basadas en la equidad y la justicia social, desterrando la codicia de una minoría privilegiada. Que la desigualdad siga sin control es un lujo que no nos podemos permitir.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en la web de la plataforma Còrtum 12/05/2026

 

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