23 d’octubre 2017

Balance provisional de una insensatez política

Lo que una gran mayoría de ciudadanos no queríamos que ocurriera, va a suceder.
En efecto, el pasado sábado, el Consejo de Ministros, reunido en sesión extraordinaria y presidido por Mariano Rajoy, decidió poner en marcha el artículo 155 de la Constitución para que el Govern de la Generalitat cumpla con sus obligaciones constitucionales y cese en aquellas actividades que según el Ejecutivo central dañan gravemente el interés general. En consecuencia, propone al Senado la aprobación de una serie de medidas, que entiende necesarias, necesarias para garantizar el cumplimiento de las obligaciones constitucionales y la protección del mencionado interés general.
Dicho en román paladino: se cesará al President de la Generalitat y a todo el Consell Executiu, se hará lo mismo con los cargos de confianza que se considere oportuno. En definitiva, todo el aparato gubernamental y legislativo será controlado y dirigido desde los ministerios en Madrid. Asimismo, el Ejecutivo central confía que en un plazo no superior a seis meses se restablezca la normalidad en Cataluña y se puedan celebrar elecciones al Parlament.
Sin duda alguna es pronto para sacar conclusiones, pero esto es algo nunca debería haber llegado a suceder. El 21 de octubre de 2017, será recordado como una de las fechas más tristes de nuestra reciente historia democrática.  Eso, será algo que siempre deberemos agradecer a nuestros gobernantes. Los de aquí y los de allí.
Estoy convencido que éramos muchos los ciudadanos que aún conservábamos una brizna de esperanza y pensábamos que unos recuperarían el seny, los otros el sentido común y les daría por sentarse en torno a una mesa, exponer ideas, debatir sus puntos de vista y -puestos a elucubrar- llegarían a algún tipo de acuerdo. Hubiera sido magnífico. Sin embargo, no. Me gustaría equivocarme, pero, no. Ni se ha producido ni se va a producir acuerdo alguno. Cada cual va a seguir atrincherado en su universo diminuto y egocéntrico, esperando la rendición incondicional del otro. y a ver quien la tiene más larga.
En estas circunstancias, pese a vivir momentos muy difíciles, no está de más hacer un primer balance, aunque por fuerza ha de ser provisional, del coste-beneficio que nos supone hasta el momento el proceso de ruptura con el resto de España y como puede evolucionar la situación de ahora en adelante.
En el terreno político, la UE, lo hubiera podido decir más alto, pero no más claro: “Apoyamos al Gobierno español”, manifestó la canciller Merkel tras la reunión de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada recientemente en Bruselas. Asimismo, el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, habló de: “populismos nacionalistas. Más claro, agua.
Por lo que respecta al ámbito relacional, la fractura social entre familias, entre amigos o en las comunidades de vecinos, es un hecho. Para evitarlo, o se prohíbe directamente hablar del tema o si se habla, la conversación suele acabar en bronca. El tema, obviamente, es el proceso secesionista y todo lo que conlleva.
Pero si en algún ámbito el descalabro resulta evidente, es, sin duda, en el mundo económico. A día de hoy, las empresas que han trasladado su sede social fuera de Cataluña, por la incertidumbre política y jurídica que genera el independentismo, han superado, de largo, el millar. En contrapartida, tan sólo 49 han sentado sus reales en tierras catalanas. La venta de coches ha caído más de un 15%, en las últimas dos semanas. Desde el gremio de hostelería cifran en un 20% la cancelación de reservas hoteleras y la previsión es que este año se facturen unos 1.200 millones de euros menos que el anterior.
Pero es que, además, la elevada deuda externa y la calificación de bono basura que nos otorgan las agencias de calificación, hacen que, ante un más que hipotética independencia, Cataluña no pudiera acudir a los mercados internacionales en busca de financiación. En consecuencia, declarar la independencia, hacerla efectiva y declarar suspensión de pagos, vendrían a ser un tres en uno.
De todos modos, los auténticos perjudicados de todo este sin sentido no van a ser ni las grandes empresas ni la burguesía. Estos especímenes saben nadar y guardar la ropa. Además, tienen las espaldas cubiertas. Aquí los damnificados, como siempre, va a ser la clase trabajadora, que, traducido al terreno social, es lo mismo que decir las clases medias y populares.
Con toda probabilidad, quienes primero van a notar la desaceleración económica serán los empleos relacionados con el turismo. Después, las lamentaciones y el crujir de dientes vendrán con las deslocalizaciones. El prestigio y la reputación ganados con gran esfuerzo y trabajo a lo largo de mucho tiempo se irán por el sumidero gracias a la insensatez política de unos gobernantes descerebrados.
Un ejemplo elocuente de todo este mal sueño lo tenemos en Quebec, donde tanto les gusta mirarse a los secesionistas. Allí, las empresas se fueron cuando empezó la mandanga independentista y luego ya no volvieron. Los trabajadores de multinacionales o cualificados marcharon o se pudieron recolocar. Sin embargo, los poco cualificados, las pequeñas empresas y los trabajos con poco valor añadido fueron los más afectados.
Ahora, hay que ver que reacciones se producen y como se encaja el golpe. De todos modos, el daño infringido, en los diferentes ámbitos, es grande. No obstante, aún se puede rectificar si hay voluntad para ello. Ciertamente, quedarán heridas, pero con buena voluntad y algo de tiempo se podrían restañar.
El problema es que tengo serias dudas de que haya voluntad de rectificar y en estas circunstancias, me temo que esto va a ir a peor. Mucho peor. Al tiempo

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies 23/10/17

13 d’octubre 2017

El blog de Bernardo Fernández: HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD

El blog de Bernardo Fernández: HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD: Vivimos tiempos difíciles para el socialismo europeo. Los gobiernos de izquierdas, a pesar de no ser los causantes de la crisis, son los qu...

ILUSIÓN, JÚBILO Y DECEPCIÓN

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, compareció, a petición propia, en el Parlament el pasado 10 de octubre. En la petición formal se decía que era para informar a la cámara del resultado del no referéndum del día uno.
Ciertamente, la convocatoria suscitó muchas expectativas entre los secesionistas y curiosidad en nuestro entorno sociopolítico. Prueba de ello, es que se colocaron pantallas gigantes en diversos lugares del país para que la ciudadanía pudiera seguir la intervención del máximo mandatario y las posteriores réplicas de los líderes de los grupos parlamentarios, y en el Parlament se acreditaron un millar largo de periodistas, dispuestos a narrar la evolución de los acontecimientos a sus respectivas parroquias.
Todo transcurría según el guion previsto, sin embargo, cuando llegó la hora de la verdad (en esta ocasión las seis de la tarde) desde presidencia pidieron aplazar el inicio del pleno. Algo no funcionaba. Ver la cara de los diputados independentistas era un poema. Ver la cara de sorpresa de los diputados no independentistas de la oposición, una novela de intriga. Los primeros nubarrones, amenazando tormenta, aparecían en el cielo, hasta entonces, impoluto del secesionismo catalán.
Según parece Puigdemont había pactado un texto para su intervención, con los antisistema de la CUP, pero a pocos minutos de su comparecencia, les pedía cambiar los términos y dejar en suspenso la independencia. El motivo: las fuertes presiones a las que se estaba viendo sometido el presidente para que no llevara a cabo una declaración unilateral de independencia (DUI).
Uno de los lugares emblemáticos de esta efeméride fue el Paseo de Lluís Companys, en Barcelona, que da acceso al parque de la Ciutadella, donde se encuentra la cámara catalana. Allí, unas 30.000 personas esperaban la DUI. El presidente empezó su discurso y la ilusión se masticaba en el ambiente, mediante un hábil y calculado juego de palabras, Carles Puigdemont declaró un estado catalán independiente en forma de república. Aquí muchos creyeron tocar el cielo con las manos, llegó el éxtasis y el júbilo era palpable. Sin embargo, dura poco la alegría en casa del pobre, y de manera inmediata el presidente pidió al Parlament que suspendiera la declaración de independencia para dialogar en las próximas semanas. En definitiva, la teórica independencia duró unos quince segundos. Lo que hasta entonces había sido ilusión y jubilo se convirtió en fracaso, frustración y decepción.
Con este panorama de fondo, considero que Mariano Rajoy, por una vez, y sin que sirva de precedente, ha actuado de modo correcto con el requerimiento para que Puigdemont aclare la situación y advierta con la posibilidad de utilizar el artículo 155 de la Constitución. No obstante, en mi opinión, hubiera sido un gran acierto poner, de manera simultánea, sobre la mesa un guion para el diálogo si el presidente de la Generalitat se avenía a olvidar sus aventuras independentistas y reingresar en el camino de la constitucionalidad.
En cualquier caso, ocurra lo que ocurra en las próximas semanas, ni pude ni debe haber mediación alguna. Mucho menos de la UE o actores extranjeros. Ni estamos ante un conflicto internacional ni aquí estamos en una guerra tribal. Esto es un asunto interno y en España hay un Estado de derecho. Lo que está en juego es la paz social y las libertades, que es lo mismo que decir que nos jugamos nuestro sistema democrático que se basa en la solidaridad y el respeto entre los ciudadanos. Por eso, hemos de rechazar de plano cualquier usurpación que quieran hacer de aquello que es común y de manera especial el grito de los antisistema cuando dicen que las calles serán siempre nuestras; es decir de ellos. Los que ya tenemos una edad aún recordamos espeluznados el grito de aquel redomado franquista que decía la calle es mía.
En estas circunstancias, la negociación es más necesaria que nunca, pero también más difícil. Me cuesta creer que, unos políticos que más pronto o más tarde, por pura justicia, han de ser inhabilitados y otro que no tiene ni visión de futuro ni cuajo para afrontar unas reformas imprescindibles para la viabilidad de España, sean los interlocutores adecuados para sacarnos del embollo en que unos y otros nos han metido.
Para evitar más decepciones se necesita savia nueva: gente preparada, dispuesta y con ganas. ¿Alguien sabe dónde están?


Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies. com 13/10/17

02 d’octubre 2017

EL FRACASO DE LA POLÍTICA

Estoy convencido de que este mes de septiembre pasará a la historia como una de las épocas más negras de nuestra democracia. En mi opinión, la gravedad de los hechos ocurridos estos días atrás en Cataluña, es equiparable a los atentados de Atocha o al 23-F, porque en todos esos sucesos se ha puesto en riesgo nuestro sistema de convivencia.
Todo empezó a precipitarse con el golpe de mano que se llevó a cabo en el Parlament de Cataluña, los días 6 y 7 de septiembre, con la aprobación de la ley del referéndum y la de la transitoriedad jurídica, en contra del criterio de los letrados de la cámara y contraviniendo la opinión del Consell de Garantías Estatutarias. Ese día quedó derogado de facto el Estatuto, y la Constitución, en palabras del President, Carles Puigdemont, dejaba de regir en Cataluña.
En estas circunstancias, el Gobierno central, fiscales y jueces no podían hacer otra cosa que salvaguardar la legalidad. De ahí, la entrada en diversas consejerías -especialmente mediática fue la irrupción de la guardia civil en las dependencias de economía y la posterior detención de significados miembros del soto Govern.- Después vino el rosario de registros, incautación de sobres, papeletas, etcétera, por un lado, y por el otro, ocupación de espacios públicos, manifestaciones, acampadas frente al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) y toda una demostración de músculo y desprecio manifiesto a la legalidad vigente.
Con este paisaje de fondo, ni unos ni otros fueron capaces de poner un poco de seny, echar el freno de mano y decir: “dialoguemos”. Todo lo contrario, mientras el ambiente se iba caldeando, unos y otros (el gobierno de aquí y el gobierno de allí), iban echando más leña al fuego. Y así llegamos al 1 de octubre. Punto culminante de todo un proceso de despropósitos y sin razón.
En ese aciago domingo hemos revivido situaciones que ya teníamos archivadas y que muchos pensábamos que nunca se repetirían. Así, por ejemplo, hemos visto cargas policiales, vecinos levantando barricadas, policías requisando urnas, guardias civiles recibidos, o despedidos, a pedradas, heridos por la actuación desproporcionada de las fuerzas de seguridad y todo un cúmulo de acciones desmedidas que jamás hubieran debido ocurrir en un país desarrollado en pleno siglo XXI.
La obcecación de unos y el inmovilismo de otros han sido el caldo de cultivo que ha hecho posible que llegásemos hasta aquí. Recomponer puentes en esto momentos se me antoja imposible. Tanto mariano Rajoy como Carles Puigdemont han demostrado que son incapaces de dialogar. Por consiguiente, lo lógico sería que Rajoy convocara elecciones y dimitiera y que Puigdemont dimitiera, pero antes, también, convocara elecciones. Aunque, bien es verdad, que la lógica y la política, con demasiada frecuencia acostumbran a ser incompatibles.
A poca sensatez que se tenga, los secesionistas saben que lo del 1-O, ha sido cualquier cosa menos un referéndum, pero eso sí, ha sido algo importante. La ciudadanía se ha movilizado, mucha gente ha salido a la calle, mucha gente ha querido votar, y ante eso, el ejecutivo central no puede seguir haciendo oídos sordos.
Como dice un viejo amigo: “fuera de la ley, no. Sólo con la ley tampoco”. En esta ocasión el fracaso de la política es manifiesto. Así las cosas, demos tiempo al tiempo, que nadie tome decisiones de las que después se tenga que arrepentir y por las que tengamos que apechugar todos con las consecuencias.
En estas circunstancias, lo más razonable sería echar un poco de agua al vino y dejar que el ambiente se calme. Entre todos hemos de reconducir esta situación, pero quien más puede hacerlo es quien más responsabilidad ostenta. Y si los que hay no se sienten capaces que dejen paso a otros que puedan salvarnos del naufragio seguro a que nos están conduciendo los incompetentes que nos gobiernan. Aquí y allí.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies.com 02/10/17

26 de setembre 2017

MANDANGA CHACHI

El pasado mes de junio, en la separata de Cataluña de EL PAÍS salió publicado un magnífico artículo de Carles Geli, sobre la Barcelona canalla de los años 20 y 30 del siglo pasado. Entre otras cosas, nos habla de la Criolla y Cal Sagtsirtà, antros de perdición, donde el proletariado y otras clases más pudientes acudían a calmar las urgencias de la entrepierna. Tras un breve, pero interesante recorrido por tugurios y costumbres de la época, por el Portal de Santa Madrona y alrededores, con suma habilidad, el autor nos contrapone la misma zona de la ciudad, pero en la actualidad sórdida, decadente y muy triste.
Me ha parecido oportuno sacar ese artículo a colación porque creo que muchos independentistas pensaban que esto del procés y el viaje a Ítaca era como irse un sábado por la noche a dar un garbeo por la Barcelona canalla y solventar los asuntos de la sur del ombligo mientras los efluvios de Baco campan a sus anchas por el organismo.
No seré yo quien exonere a Mariano Rajoy y al PP de sus responsabilidades en todo este lamentable affaire de Cataluña. Las tiene y muchas. Ahora bien, quien se ha saltado la legalidad quien ha menospreciado a las minorías ha sido el Govern de la Generalitat.
De hecho, la cosa viene de lejos: tras las elecciones del 27-S de 2015, los secesionistas empezaron a tejer una subversión de la legalidad vigente. Los ciudadanos lo pudimos percibir los pasados días 6 y 7 de septiembre con el autogolpe que, sin ningún rubor, se dio en el Parlament de Catalunya con la aprobación de las leyes de desconexión.
De una tacada se saltaron la Constitución y se cepillaron el Estatut, pero de verdad, no utilizando la legalidad como hizo en su día la Comisión del Congreso de los Diputados presidida por Alfonso Guerra, sino a la brava. Los parlamentarios de la mayoría se pasaron por el arco del triunfo el artículo 222 de la mencionada norma, según el cual se requieren “dos terceras partes de los miembros de la Cámara” para llevar a cabo cualquier modificación o reforma.
De igual modo, y desoyendo a los letrados del Parlament y haciendo caso omiso de las indicaciones del Consell de Garantías Estatutarias aprobaron la ley del referéndum y la de transitoriedad jurídica sin tener en cuenta para nada a las bancadas de la oposición. Leyes que, como no podía ser de otra manera, fueron recurridas por el Gobierno Central y anuladas ipso facto por el Tribunal Constitucional (TC).
Según Hans Kelsen, prestigioso pensador jurídico y político de origen austriaco, “cuando el orden jurídico de una comunidad es anulado y sustituido en forma ilegítima por un nuevo orden” se produce un golpe de Estado.  Más claro agua.
Tampoco hay ninguna duda para Juan José López Burniol cuando dice que “ha sido un golpe de Estado porque lo hay siempre que se produce una subversión total del ordenamiento jurídico establecido con voluntad explicita de hacerse con el control absoluto del poder.”
En estas circunstancias, es posible que el Gobierno Central -que no el Estado, hablemos con propiedad- haya actuado con cierta desmesura. No obstante, cuando se trata de restituir la legalidad es muy difícil establecer cuáles son las líneas rojas que no se pueden pasar. Lo mismos argumentos se podrían utilizar respecto a la actuación judicial.
En este contexto, y aunque a ellos le suene a milonga decrépita, sería bueno recordar a los secesionistas que al amparo de la Constitución de 1978 hemos podido desarrollar un sistema de convivencia que nos ha generado una prosperidad sin precedentes. Que legitimidad y legalidad no son principio contrapuestos, sino todo lo contrario. Precisamente la democracia se fundamenta en la aplicación armónica de ambos. Y no hay que olvidar que, se admita o no, estamos viviendo el período histórico más largo de libertades públicas y de desconcentración territorial del poder político. Nuestro Estado de las autonomías es equiparable a cualquier Estado federal. A su vez, y como todo en esta vida, manifiestamente mejorable. Afanémonos en ello, pues.
Dice Carles Geli en el artículo al que hacía referencia al principio de este escrito, que en aquella Barcelona de gentes de mal vivir se podía comprar buena cocaína en Cal Sacristá a 12,50 pesetas los 100 gramos, que era conocida en el mundo del hampa por mandanga chachi. Estoy convencido que muchos independentistas piensan que eso de cargarse un Estado de derecho es como comprar un poco de mandanga chachi, algo intrascendente, y qué por cuatro chavos, uno puede pasar un buen rato.
Inocentes, no saben en el jardín que se han metido.


Bernardo Fernández
Publicado e-notícies.com 25/09/17


17 de setembre 2017

LO QUE NOS ESPERA

Sabíamos que podía ocurrir. No obstante, algunos ilusos -entre los que me incluyo- pensábamos que en algún momento el seny reaparecería en escena y se evitaría lo que ahora es un hecho: la fractura institucional y el menosprecio al 52% de los ciudadanos de Cataluña.
En efecto, el espectáculo que nos han ofrecido desde el Parlament, con la aprobación de la Ley del Referéndum y la de Transitoriedad Jurídica, ha sido, por decirlo suave, un insulto a la inteligencia y un atentado a la convivencia en nuestro país.
Como no podía ser de otra manera, estos días se ha escrito y hablado hasta la saciedad al respecto. Ciertamente, he leído artículos y oído comentarios brillantes sobre la cuestión; también auténticas butades que de todo hay en la viña del Señor. No insistiré. Eso sí, voy a exponer lo que, en mi opinión, a riesgo de equivocarme, va a suceder a corto y medio plazo en Cataluña.
Para empezar, la tensión ira en aumento en las próximas semanas. Querellas, registros, incautación de material presuntamente electoral, declaraciones, contradeclaraciones, alguna que otra escaramuza y ocupación de espacios públicos serán el pan nuestro de cada día.
Suceda lo que suceda, el 1 de octubre no habrá referéndum ni nada que se le parezca. Sin embargo, no hay que descartar que, en algún lugar, en alguna localidad, pongan urnas e intenten llevar a cabo un simulacro de votación. Es posible que se intente algún tipo de insurrección civil. Es decir, que pretendan ocupar determinados lugares más o menos neurálgicos como pueden ser Radio Nacional de España, El Banco de España o el aeropuerto del Prat, por poner algunos ejemplos. También se va convocar alguna que otra concentración y/o manifestación en favor de la libertad, el derecho a decidir, la democracia o vayan ustedes a adivinar las ocurrencias de mentes tan febriles como las de los independentistas. No son pocos los secesionistas que sueñan con un Maidán a la catalana. De todos modos, como dijo recientemente el célebre Santi Sisa, “cuando caigan las primeras hostias todos a comer a casa y a dormir pronto que mañana hay que abrir la tienda.”  Después, cuando esté el ambiente lo suficientemente caldeado convocaran nuevas elecciones, siempre y cuando queden políticos independentistas que no estén inhabilitados, no vaya a ser que se pierda el momio por falta de personal cualificado para proclamar: “Esta vez, sí. Ahora vamos a dar el paso definitivo”, o algo por el estilo.
No obstante, secesionistas y no secesionistas saben que con el actual estatus quo político Cataluña nunca será independiente. Ni la ONU reconocerá un Estado catalán, ni cuentan con ningún apoyo internacional digno de tal nombre, ni la UE admitirá nunca una región que para ser independiente vulnere la Constitución del país al que pertenece, como dejó meridianamente claro el presidente del Parlamento europeo en una respuesta, por escrito, a un diputado de la cámara.
Con ese panorama de fondo, más pronto o más tarde los secesionistas deberán aparcar sus entelequias, volver a la prosaica realidad y sentarse a negociar sin apriorismos. Claro que, para que eso ocurra, sería muy conveniente que Mariano Rajoy ya no sea inquilino de la Moncloa y el PP no gobierne en España. A los populares la intransigencia y la mano dura con Cataluña les proporcionan pingües réditos electorales, y mientras eso sea así, para ellos el debate, la negociación y el pacto estarán de más. De todos modos, en esta vida cada cual debe asumir sus responsabilidades y, desde luego, el PP con Rajoy a la cabeza tienen mucho que purgar por su aportación a todo este esperpéntico affaire catalán.
En cualquier caso, no deberíamos olvidar qué si un determinado partido político que se autocalifica de izquierda no hubiera sido tan radical, los secesionistas hubieran sido menos maximalistas y hubiesen aparcado algunos de sus planteamientos, hoy ni Rajoy ni el PP gobernarían. El PNV no hubiera logrado el pacto leonino que le arrancó a los populares, tendríamos un gobierno de centroizquierda y, con toda probabilidad, las cosas hubieran sucedido de otra manera, sin duda mejor, para la mayoría de ciudadanos; pero aquellos polvos trajeron estos lodos y ahora nos toca aguantar.
Y en estas circunstancias, mientras las cosas no cambien, los ciudadanos de Cataluña, independentistas o no, deberemos seguir soportando las colas de espera en la sanidad (de las más largas de España), que la educación para nuestros hijos sea totalmente insuficiente, porque tenemos uno de los presupuestos para enseñanza más bajos per cápita de todas las comunidades autónomas. Asimismo, muchos conciudadanos seguirán llegando tarde a sus destinos, cada dos por tres, porque el transporte público de nuestro país tiene más de desastre que de servicio; de manera especial los transportes de cercanías; a la vez, seguiremos pagando los peajes más caros de España… y un sinfín de penalidades más que no voy a enumerar para no hacerme insufriblemente pesado.
En definitiva, la situación es muy complicada y nos esperan tiempos difíciles. Se han abierto heridas muy profundas que tardarán en cicatrizar. De todos modos, saldremos de ésta. Hemos salido de otras similares e incluso peores. Para ello, se necesita seny, mucho seny.
Lo que necesitamos ahora son finos estilistas que zurzan los sietes que ha hecho el procés. Hacen falta en la plaza Sant Jaume y en el palacio de La Moncloa hombres de Estado que piensen en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones y, en estos momentos, ni los de aquí ni los de allí están a la altura de las circunstancias.
Así las cosas, habrá que cambiarlos. No dan la talla. Y eso, depende de nosotros.

Bernardo Fernández

Publicado en e-notícies.com 13/09/17

05 de setembre 2017

QUEREMOS SABER

Debe quedar claro que los únicos responsables de los atentados perpetrados en Barcelona y Cambrils, el pasado 17 de agosto, son el descerebrado que conducía la furgoneta que arrolló a los confiados paseantes de Las Ramblas y los locos que estuvieron a punto de causar una masacre en el pueblo costero tarraconense. En el mismo nivel hay que situar a aquellos que les inflaron la cabeza y les impulsaron a la radicalización ideológica, y a esos individuos que, desde las sombras, les dieron la cobertura necesaria para llevar a cabo semejante barbarie.
En este contexto, y como no puede ser de otra manera, toda la solidaridad con las víctimas, familiares, allegados y aquellos que, de un modo u otro se vieron involucrados.  Al fin y al cabo, todos somos víctimas.
Igualmente, el soporte y reconocimiento incondicional para los agentes de los diferentes cuerpos de policía que actuaron poniendo en riesgo sus vidas, primero para ayudar y después para capturar y abatir a los criminales. También, el mismo soporte y reconocimiento a los equipos de emergencia, a los equipos sanitarios, a los taxistas y a un sinfín de ciudadanos anónimos que ayudaron cuanto pudieron a cambio de nada.
Dicho esto, que me parece de pura justicia y para centrar el tema, hay que poner de manifiesto que somos muchos los ciudadanos que albergamos serias dudas de las políticas de prevención llevadas a cabo antes de los atentados, la gestión de los mismos y la información que se ha dado sobre la cuestión, desde las altas esferas políticas.
Por ejemplo, sería bueno saber los contactos mantenidos entre la policía belga y los Mossos sobre el imán Es Satty, según parece impulsor y cerebro de la barbarie. Unos contactos que primero negó la dirección de la policía de la Generalitat, más tarde se calificaron de “informales” y últimamente han resultado ser “bilaterales.”
Por otra parte, sabemos que el chalet de la urbanización próxima a Alcanar era una casa okupada, allí se hallaron más de 100 bombonas de butano, 500 litros de acetona, material para fabricar explosivos, tornillería etcétera, sin embargo, nadie había detectado nada. Extraño, ¿no? Asimismo, a las pocas horas de los hechos El Periódico de Catalunya publicaba la noticia de que el 25 de mayo los Mossos habían recibido un aviso de una fuente de inteligencia de EEUU que alertaba de un posible atentado en Las Ramblas de Barcelona. De forma automática, tanto desde el Govern como desde la alta dirección de la policía catalana se negó en reiteradas ocasiones que ese aviso existiera. Sin embargo, ante la insistencia del medio de comunicación y la publicación de determinados documentos y pruebas, los responsables políticos y policiales han acabado admitiendo que recibieron un aviso, pero que no era de la CIA. Por el contrario, los órganos de lucha antiterrorista del Gobierno Central afirman que recibieron ese aviso y que provenía del Centro Nacional contra el Terrorismo de EEUU que se coordina con la CIA.
Tampoco están nada claras las actuaciones llevadas a cabo tras la  explosión del chalet de Alcanar y que según parece fue el desencadenante de los atentados. Desde la Guardia Civil afirman que se ofrecieron para colaborar a esclarecer los hechos, pero su ayuda no fue tenida en cuenta. Sn embargo, desde los Mossos la información sobre este asunto es contradictoria. Mientras el comisario Albert Oliva portavoz del cuerpo de policía dijo que declinaron el ofrecimiento de la Benemérita por considerarlo innecesario, el comisario mayor, Josep Lluís Trapero, aseguró que la Guardia Civil nunca llegó a ofrecer su apoyo. Es obvio que alguien miente, las preguntas, aquí, son pertinentes, ¿quién’ y ¿por qué?
De igual modo, resulta extraño que después de lo que había ocurrido en Las Ramblas de Barcelona y estando, como era lógico, en máximo estado de alerta, los cuerpos de seguridad no detectaran a un grupo de individuos que visitó hasta cuatro veces una gasolinera próxima a Cambrils y que a la postre fue el comando que atentó en la mencionada localidad.
Sea como sea, aunque las fuerzas de seguridad cometieran errores la responsabilidad es única y exclusivamente de aquellos que ejecutan la acción y de sus compinches. Por si alguien tiene alguna duda, con los atentados de Atocha, en marzo, 2004, y las falacias que después se nos quisieron hacer creer ya quedamos vacunados contra la mentira y la ignominia. En una sociedad madura, libre y abierta como se la nuestra, los ciudadanos tenemos derecho a saber. Queremos saber, la verdad, toda la verdad, por muy descarnada que sea. Lo otro, pudo que fuera válido en otras épocas y en otros regímenes. Aquí y ahora, no.

Bernardo Fernández

Publicado en e.notícies.com 04/09/17

DECLIVE DEL NACIOANLISMO BURGUÉS CATALÁN

Cuando, en 2016, Artur Mas dio un paso al lado, para que Carles Puigdemont fuese president de la Generalitat, se rompió un matrimonio de con...