20 de juliol 2016

LA BANCA GANA, O NO

El pasado día 13 el abogado general de la UE sorprendió a propios y extraños al hacer público un largo auto de 28 páginas, según el cual el sector financiero español no tiene que devolver todo lo cobrado en las cláusulas suelo de las hipotecas.
De hecho, El Supremo ya dictaminó que esas cláusulas eran abusivas, pero, sorpresivamente, permitió que las entidades bancarias sólo devolvieran las cantidades cobradas de más desde la fecha de la sentencia, 9 de mayo de 2013. Eso hizo que los afectados acudieran a la justicia europea para que ésta falle que se les devuelva todo el dinero cobrado de forma inadecuada.
Pues bien, pese a que este dictamen, del abogado de la UE, no es vinculante, si es verdad que este tipo de autos suelen marcar tendencia. Quizás por eso las Bolsas recibieron la noticia con gran alborozo. De todos modos, habrá que esperar a la sentencia definitiva, que se espera para finales de año, para saber a qué atenerse.
En cualquier caso, la lectura del mencionado fallo genera sonrojo y vergüenza ajena. Ocurre que del mismo se desprende que el abogado en cuestión acepta la limitación temporal de las devoluciones por “las repercusiones macroeconómicas sobre el sistema bancario, ya que se encontraba debilitado”.  O sea, no se trata de si la devolución con carácter retroactivo es justa o no, la cuestión es no poner en riesgo la estabilidad de las entidades financieras, a los ciudadanos que han sido esquilmados de forma fraudulenta que les parta un rayo.
Ese es el modelo de Europa que algunos quieren imponer, igual que ha sucedido con las políticas austericidas o con los refugiados. La Europa de los mercaderes, no la de la justicia social ni la de la solidaridad.
Desde luego, no es fácil saber cuánto tendrán que pagar los bancos sí, al final, han de devolver todo lo que cobraron de más mediante las clausula suelo. Hay quien opina que la factura puede superar los 5.000 millones de euros. Veremos. Pero como dice un viejo amigo: “cuando las cosas son justas, cueste lo que cueste, hay que hacerlas”.
Habrá que esperar la sentencia definitiva, pero en casos como éste, la prudencia aconseja no vender la piel del oso antes de cazarlo, ya que todos sabemos que quien ríe último ríe mejor. Sobre todo, cuando la justicia es justa.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 20/07/16

15 de juliol 2016

REALISMO POLÍTICO

Entiéndase la resolución del Comité Federal del PSOE, de decir “no” a la investidura de Mariano Rajoy como algo meramente coyuntural, que puede variar en función de cómo evolucionen los acontecimientos políticos.
De no ser así, los socialistas sumarían a sus peores resultados electorales (85 diputados), obtenidos en los comicios del pasado 26-J, un error estratégico muy difícil de calibrar en estos momentos, pero, a buen seguro, de efectos devastadores.
Más pronto que tarde los cuadros dirigentes del PSOE deberán hacer una inmersión intensiva en el realismo político y comprender que por interés propio y por el bien común, lo más razonables es que los socialistas se traguen unos cuantos sapos y acaben absteniéndose para que Rajoy pueda ser presidente de Gobierno.
Ciertamente, no ha de ser fácil, cuando durante cuatro años se ha estado desballestando sistemáticamente el Estado del bienestar, se ha re centralizado el Estado o se han aprobado leyes como la Ley “Mordaza” o la LOMCE. Es verdad, ha de ser un trago muy amargo permitir que los responsables de esos desvaríos, sean los mismos que nos vayan a gobernar los próximos años, pero la política tiene estas cosas.
En efecto, sin embargo, no podemos olvidar que la política es el arte de lo posible. Por eso, aquellos que especulan con la formación de un Gobierno de izquierdas si Rajoy fracasa en su intento, deben entender que 85 diputados en una cámara de 350 escaños, no es la masa crítica necesaria para consolidar una mayoría estable. Y confiar esa estabilidad a aquellos que hace unas pocas semanas querían dar el “sorpasso” o a los que se quieren marchar, sería una insensatez sin futuro. Sólo faltaría confiarles los ministerios de Interior, Justicia y Hacienda para que el dislate fuera total.
En consecuencia, o se facilita la investidura de Rajoy o vamos a nuevas elecciones y es evidente que eso no le conviene ni a la sociedad en su conjunto, ni a los partidos políticos y, menos que al resto, a los socialistas, puesto que se les cargaría a ellos la responsabilidad de esos nuevos comicios.
Por tanto, los herederos ideológicos de Pablo Iglesias Posse (fundador del PSOE y de la UGT) deberían hacer de la necesidad virtud y, llevando el agua a su sardina, proponer a los populares un pacto de estabilidad basado en cuestiones esenciales. Para empezar, no estaría mal recuperar el documento que meses atrás aprobaron PSOE y Ciudadanos. Podría servir como punto de partida para ese acuerdo sobre la gobernabilidad.
Metidos ya en harina, el equipo negociador de Pedro Sánchez debería poner sobre la mesa cuestiones tan sensibles como, por ejemplo, un salario mínimo que permita recuperar el poder adquisitivo de la clase trabajadora, convocar con urgencia el Pacto de Toledo para establecer un sistema recaudatorio que garantice la dignidad i sostenibilidad de nuestras pensiones, crear un grupo de trabajo que habrá el melón de la reforma constitucional, derogar los artículos más conflictivos de la reforma laboral, hacer un gran pacto de educación y un sinfín de asuntos más de especial importancia.
Además, los socialistas deberían exigir que, pasados 2 años, el presidente del Gobierno se sometiera una cuestión de confianza, sería entonces el momento oportuno para evaluar el grado de cumplimiento de ese pacto.
Si eso se explica bien, la ciudadanía lo entenderá y sabrá valorar el esfuerzo que hace cada cual y las renuncias a que cada uno está dispuesto a llegar en aras del bien común y el interés general.
De hecho, el PSOE, especialmente de la Transición para acá, ha sido un partido reformista y con esa abstención podría impulsar un puñado de políticas transformadoras que buena falta nos hacen.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 14/07/16

03 de juliol 2016

PACTAR PARA TRANSFORMAR

Fernando de los Ríos (uno de las cabezas mejor amuebladas del socialismo español), fue elegido miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE en el congreso extraordinario de 1920.. Poco tiempo después, junto con otro compañero fue designado comisionado  para viajar a la Unión Soviética, con la finalidad de ver las posibilidades de ingreso del partido en la Tercera Internacional. Durante su entrevista con Lenin, De los Ríos le preguntó cuándo permitiría su gobierno la libertad de los ciudadanos. Tras una larga diatriba el mandatario ruso le respondió: "¿Libertad para qué?".
Me ha parecido oportuno traer a colación esa referencia histórica porque tras los resultados de las elecciones generales del pasado 26-J, muchos se preguntan y ahora, ¿qué? Ciertamente, el PP ha salido reforzado de esta contienda y ha puesto una considerable distancia con las izquierdas que, además, han quedado fragmentadas. Ahora bien, una cosa es obtener una mayoría más o menos cómoda para gobernar y otra configurar una mayoría suficiente para establecer acuerdos de Estado para llevar a cabo las grandes transformaciones que este país necesita.
Vamos a ser razonablemente optimistas y vamos a suponer que con los resultados del 26 de junio se impone el sentido común. Nadie se empecina en hacer lo que no toca, Rajoy se tira a la piscina y es capaz de lograr los votos necesarios para que su investidura salga adelante y puede configurar un ejecutivo.
A mi juicio, el primer paso que se debería dar, sería realizar un diagnóstico exhaustivo de la situación de país lo más compartido posible. Luego plantear un tratamiento en el que se pudieran comprometer el máximo de agentes políticos y sociales. Y quiero subrayar lo de agentes sociales porque sin el compromiso y la colaboración activa de la sociedad civil no saldremos adelante
No se puede perder de vista que estamos ante cuestiones excepcionales que exigen medidas que afectan a nuestra convivencia y a las reglas de juego que, en un momento determinado, nos dimos a nosotros mismos.
Así, por ejemplo, es urgente reformar la Constitución, pero para ello, es necesario el acuerdo y el consenso de derecha e izquierda y si no, no hay reforma posible. Algo similar se podría decir de la ley electoral, entre otras cuestiones.
De igual manera, resulta imprescindible impulsar, desde la inversión pública y privada, un crecimiento económico sostenido que cree empleo de calidad. Hay que recuperar, de forma urgente, el pacto de Toledo y dar una solución al asunto de las pensiones. Nuestros mayores no pueden seguir en la incerteza de que va pasar con sus pagas y el sistema necesita una reforma en profundidad que lo haga viable.
También hay que establecer con Europa una relación que fortalezca la posición de España; ya que pese a ser la cuarta economía de la Eurozona, el papel de nuestro país en el concierto internacional es irrelevante.
No podemos tolerar que la pobreza en nuestro país tenga rostro infantil. Por eso, es urgente tomar medidas para hacer frente a la pobreza y la desigualdad que atentan a la cohesión social y, eso, en una sociedad desarrollada como la nuestra, no debería ser aceptado.
Hay que llevar a cabo una reforma fiscal progresiva que acabe con la vergüenza e indignidad de la evasión y que no dé cuartel a la economía sumergida. Asimismo, no basta con derogar la LOMCE, se hace imprescindible un gran acuerdo sobre educación.
En ese contexto, resulta absolutamente imprescindible llevar a cabo una regeneración democrática de las instituciones que no sea tan solo un cambio de nombres y caras. Hace falta, también, un cambio de talante que acerque la política a los ciudadanos y que ésta sea comprensible para ellos. Además, es preciso luchar decididamente contra la corrupción.
En la ya mencionada reforma de la Constitución. Se deberían blindar determinados derechos sociales, así como afrontar sin mayor dilación la cuestión territorial.
Es necesaria una mayor claridad y simplificación competencial, se debe clarificar la solidaridad inter territorial. De igual manera, se hace imprescindible un nuevo acuerdo sobre financiación que tenga en cuenta el principio de ordinalidad y, a su vez, desarrollar un plan de inversiones con criterios claros y transparentes y, ¿cómo no? Llevar a cabo la reforma del Senado para convertirlo en una auténtica cámara territorial.
Estoy convencido de que más pronto que tarde la ciudadanía se dará cuenta de quien está por la labor y quien por salir en la foto y el postureo, y actuarán en consecuencia, premiando a quien intente el acuerdo y sancionando a quien ponga obstáculos. Veremos si los actuales líderes políticos saben estar a la altura de las circunstancias y son capaces de anteponer los intereses del país a los intereses personales o de partido.
Lo he escrito en alguna otra ocasión y me parece oportuno repetirlo: tal y como está las cosas, una reedición de los pactos de la Moncloa en versión siglo XXI, con todas las diferencias que se quiera, no estaría nada mal. Al fin y al cabo, si entonces la situación del país era sumamente delicada, hoy, en otro contexto y con otros actores, no lo es menos.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 02/07/16

30 de juny 2016

MÁS DE LO MISMO

El mensaje emitido por los electores el pasado 20-D fue meridianamente claro: no nos gusta lo que se ha hecho hasta ahora y no queremos que decida un solo partido; poneos de acuerdo para gobernar, resolver problemas y no seáis vosotros los que los ocasionéis.
Sin embargo, los líderes políticos no entendieron, o no quisieron entender, el recado enviado por la ciudadanía y durante seis meses la política en nuestro país ha estado en punto muerto.
Por eso, el pasado domingo, 26 de junio, volvimos a las urnas. En esta ocasión el electorado se ha pronunciado de forma más rotunda, otorgando al Partido Popular, 14 escaños más que en diciembre y restando 5 al PSOE, respecto a los 90 obtenidos en aquella ocasión.
Ciertamente, el partido socialista ha logrado los peores resultados de su historia. No obstante, hay que tener en cuenta que se había polarizado mucho el proceso electoral entre el PP y la coalición Unidos Podemos de nueva creación. Tanto que, la práctica totalidad de sondeos, incluso los llevados a cabo a pie de urna el mismo día de los comicios, daban como seguro el sorpasso de los de Iglesias a los de Sánchez, dejando así a los socialistas como tercera fuerza.
Pero la realidad es tozuda y el PSOE se mantiene como fuerza hegemónica de la izquierda, mientras que la nueva coalición pierde 1,2 millones de votos con respecto al 20-D, obteniendo los mismos escaños que obtuvieron por separado. Y es que, en política, las sumas a veces restan.
Aunque corremos el riesgo de que la próxima legislatura sea más de lo mismo, hay que dar a Mariano Rajoy la oportunidad de que acepte la propuesta para ser candidato a la presidencia del Gobierno que con toda probabilidad le hará Felipe VI. Llegados a ese punto, sería lógico que los socialistas permitieran formar ejecutivo a los que han ganado por amplio margen las elecciones. El país no puede seguir bloqueado.
Estamos viviendo momentos excepcionales y hay reformas que no pueden esperar. La de la Constitución es una, pero no la única. Por eso, no conviene dinamitar puentes, ya que, para determinadas cuestiones, la colaboración derecha izquierda resultará imprescindible y sin consenso no hay reforma posible.
Realmente, la situación es compleja, por eso esperemos que los líderes políticos sepan anteponer los intereses del país a los intereses personales o de partido.

Bernardo Fernández
Publicado en ABC 29/06/16


10 de juny 2016

TOCADO Y CASI HUNDIDO

Decía mi abuela que lo que mal empieza mal acaba, y cuánta razón tenía la buena mujer. Pese a no haber ido nunca a la escuela y no tener más formación que aquella qué da la vida a fuerza de batacazos y sinsabores, la señora tenía un gran sentido común. Mucho “seny” que diríamos en Cataluña.
Justo el que ha faltado a ese puñado de familias, integrantes de las 300 que hablara Félix Millet, destinadas a controlar el país una vez sea república independiente, cuando reunidos en Cadaqués o en Sagaró decidieron poner en marcha el “procés”.  Igual que hicieron hace más de 40 años los Pujol, Alavedra, Roca y otros conjurarondose para hacer de Convergencia Democrática el “pal de paller” de la política catalana.
El pasado 29 de mayo Artur Mas decía a El Periódico: “Si la Cup veta el presupuesto el procés queda muy tocado”. Y Carles Puigdemont en una entrevista a El País, el pasado 5 de junio, remataba:” No se puede ir a la independencia con unos presupuestos prorrogados”. Que cada cual saque sus propias consecuencias.
Pues bien, ahí está: la CUP ha mantenido la enmienda a la totalidad de los presupuestos de 2016 y los votos de la formación anticapitalista, sumados a los de los grupos de la oposición harán que el gobierno los tenga que guardar en el baúl de los recuerdos. Es la primera vez que ocurre algo semejante en el Parlamento catalán.
Los “cuperos” han hecho lo que se podía esperar de un grupo antisistema que quiere hacer la revolución: no dar estabilidad a un gobierno que va a la deriva y que es incapaz de conjugar las demandas independentistas y las necesidades presupuestarias.
Primero enviaron a Artur Mas a la “papelera de la historia”, según sus propias palabras. Después, en los 5 meses escasos de legislatura, y pese a haber firmado un pacto de estabilidad parlamentaria en el que se comprometían a no vota nunca con la oposición, han votado más de 60 veces distinto a cómo lo ha hecho Junts pel Sí. Y ahora el órdago: presupuestos atrás. Ni tan siquiera han dado la oportunidad de que se puedan debatir.
Los que conocen los recovecos de la organización antisistema opinan que son los sectores más radicales de los anticapitalistas los que monopolizan sus asambleas y no pararán hasta la revolución. Pero claro, el proyecto de país no es el mismo el de la CUP que el de Junts pel Sí. De hecho, si escarbamos un poco, podremos comprobar que el proyecto de CDC y el de ERC, se parecen como un huevo a una castaña.
En estos momentos todas las hipótesis son plausibles.
Carles Puigdemont ya ha hablado de una moción de confianza después del verano. Tampoco se debería descartar un adelanto electoral, si bien, por cuestiones meramente legales, no podría ser antes de finales de año. De todos modos, no es nada habitual que un presidente convoque elecciones sabiendo que las va a perder.
Aunque, en mi opinión, lo más probable es que se intente seguir adelante con las cuentas prorrogadas, y casi de forma inmediata se empiece a negociar con los mismos que han rechazado estos números un presupuesto para 2017. Eso sí, los contactos, en principio, serán muy discretos y tan lejos de los focos como sea posible. Ni a unos ni a otros les interesa volver a pasar por las urnas. Los únicos que podrían sacar partido serían los republicanos, y estos han comprendido que les resulta muy rentable cocer a sus socios-adversarios a fuego lento.
En este contexto, justo es reconocer la capacidad de reacción de Francesc Homs, que ha propuesto abrir una ponencia parlamentaria, en el Congreso de los Diputados, para abordar la cuestión catalana. Quizás sea un intento tímido, como han dicho algunos, de encauzar el problema a través de las instituciones y no de las movilizaciones en la calle. De todas maneras, bienvenido sea, más vale tarde que nunca. Además, nunca se debe rechazar la posibilidad del diálogo.
En cualquier caso, que nadie se engañe: el proceso está tocado, pero no hundido. Al dragón “indepe” aún le queda mucha vida y ha de dar muchos coletazos, aunque cada vez más lastimeros. Son demasiados los intereses que han alimentado la bestia durante mucho tiempo, como para ahora dejarla morir por inanición.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 10/06/16



08 de juny 2016

PROCESADOS Y PROCESADOS

EL juez Álvaro Martín ha decidido procesar a los expresidentes de la Junta de Andalucía Manuel Chaves, José Antonio Griñán y otros 24 altos cargos, acusados de prevaricación por el caso de los ERE. A pocas semanas para las elecciones generales del 26 de junio, esa iniciativa es, sin ningún género de dudas, un torpedo en la línea de flotación del partido socialista.
En el auto, de casi 100 páginas, el magistrado pone de manifiesto que Chaves, "como responsable máximo del gobierno de la comunidad, impulsó la implantación" de este procedimiento para la distribución de ayudas y subvenciones, sistema que "mantuvo" Griñán en su condición de consejero de Economía y Hacienda y presidente de la Junta. 
Como cabía esperar, a los carroñeros de la política les ha faltado tiempo para, confundiendo churras con merinas, lanzarse sobre la presa. Ahora bien, querer meter en el mismo saco a Chaves, Griñán, Bárcenas, Pujol, Granados u otros personajes de la misma ralea es no haber entendido nada o tener muy mala fe.
En su momento, serán los tribunales los que diluciden si los expresidentes actuaron conforme a derecho o, por el contrario, hubo exceso de confianza, negligencia en la gestión o intencionalidad para defraudar al erario público y, si así fuera, deberán asumir sus responsabilidades como lo haría cualquier otro ciudadano.
No obstante, debe quedar claro que no existe la menor sospecha de que se haya producido lucro personal. Ni Chaves ni Griñán tienen cuentas en paraísos fiscales, ni han recibido sobres, ni sobresueldos. Ambos son personas honradas y honestas, que no han realizado acción alguna que pudiera afectar su honorabilidad. Sin embargo, es evidente que el trasfondo político de la causa será inevitable.
En cambio, determinados individuos, que están en la mente de todos, han mantenido sistemas de financiación paralelos para su partido político, han metido la mano en la caja, se han llevado el dinero a Suiza y se han enriquecido con prácticas fraudulentas hasta causar la vergüenza de sus correligionarios. Otros han mentido al fisco durante años y años en beneficio propio y, a su vez, han montado una estructura mafiosa y criminal con la propia familia para llevarse “mordidas” y porcentajes variados sobre la obra pública.
Por eso, aunque parezca una verdad de Perogrullo hay procesados y procesados, y es que, mal les pese a algunos, no todos son iguales.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 08/06/16

01 de juny 2016

PENSIONES PÚBLICAS DIGNAS Y SOSTENIBLES

Una de las cuestiones de fondo que más preocupa la ciudadanía, en especial cuando se ha superado la frontera de los 50 años, es el sistema público de pensiones. Y es que las pensiones, junto con la sanidad y la educación son tres pilares básicos del Estado del bienestar. De hecho, estos tres ejes vertebradores son los signos de identidad de la izquierda en general y de la socialdemocrácia en particular.
Pues bien, a pesar de que España se incorporó más tarde que la mayoría de países europeos al proceso de desarrollo histórico del Estado social, se ha llevado a cabo un gran esfuerzo en los últimos 30 años para ganar el terreno perdido en el ámbito de las políticas sociales.
En este contexto, el sistema español de pensiones, después de tres décadas de reformas y adaptaciones permanentes, ha ido elevando su capacidad de cobertura y ha llegado a dar cobijo a más de 9 millones de pensionistas. Pero con la llegada del Partido Popular y haciendo valer su mayoría absoluta al Congreso de los Diputados el gobierno puso en marcha una contrarreforma que ha hecho que nuestro sistema sufra los cambios más trascendentales llevados a cabo, en esta materia, hasta el momento y, desgraciadamente, no para mejorar la calidad de vida de sus beneficiarios. 
Muchos lo advirtieron, pero no sirvió de nada: la mal llamada reforma de las pensiones del actual gobierno, fue una auténtica chapuza. Los números hablan por sí solos. Cuando Mariano Rajoy llegó a la Moncloa encontró 70.000 millones de euros en la hucha de las pensiones, ahora la cifra anda sobre los 30.000 millones, de seguir a ese ritmo queda poco más de un año de hucha. La pregunta es obvia ¿Y después qué?
A pocas semanas de unas nuevas elecciones, el PSOE ha querido poner el tema sobre la mesa, de ahí que su responsable económico, Jordi Sevilla, haya dicho: “o impuestos o recortes. No hay más alternativa”.  Es decir, propone crear una tasa sobre impuestos ya existentes para sufragar parte de las pensiones. Y lo plantea d ese modo porque los impuestos no pueden ser finalistas. Y añade: “las pensiones no deben vincularse exclusivamente a la población activa sino a la riqueza general del país”.
No le falta razón a líder socialista. Las arcas de la Seguridad Social se están quedando vacías, los salarios cada vez son más precarios y eso es sinónimo de cotizaciones más bajas, además la población cada vez tiene una mayor esperanza de vida, lo que equivale a más tiempo para cobrar la pensión, por tanto, sólo cabe buscar nuevas vías de financiación.
Lamentablemente, todos los indicadores económicos nos dicen que nuestra economía será incapaz de generar puestos de trabajo suficientes para que las cotizaciones que se generen cubran las necesidades creadas. Casi la totalidad de las previsiones augura, en el mejor de los casos, un ritmo tibio de crecimiento económico en los próximos años. Incluso con una clara recuperación de la actividad, la creación de puestos de trabajo no será suficiente para absorber el destrozo hecho en los años de crisis financiera. Se da por hecho que una parte del paro es estructural, prácticamente imposible de eliminar, aunque el PIB crezca, incluso, muy por encima de lo previsto. 
En cualquier caso, conviene aclarar que si hemos llegado a esta situación es por nuestro modelo de desarrollo, con una economía de poco valor añadido y donde los salarios cada vez tienen menos peso en el conjunto de las rentas. De hecho, estos son algunas de las consecuencias de la aplicación de las políticas neoliberales por los gobiernos estatales, siguiendo las directrices de la Unión Europea.
De todos modos, no podemos perder de vista que los servicios sociales –y las pensiones públicas de jubilación pertenecen a ese ámbito-  ni pueden estar sometidos a la lucha política, ni deben ser una mercancía a disposición de aquellos que la puedan comprar, y tampoco son una asistencia social y en ningún caso una caridad para aquellos con menos recursos. Los servicios sociales son derechos ciudadanos y tienen que ser universales, disponibles e iguales para todos.
Llegados a este punto, conviene no olvidar dos cuestiones, no menores: una, que es urgente la asimilación de todos los regímenes especiales al régimen general; y dos, se deben aumentar de forma sustancial las pensiones de viudedad durante el tiempo que exista este tipo de prestación.
Sea como fuere, es evidente que nuestro sistema de pensiones públicas necesita reformas en profundidad, y esas reformas deben estar orientadas por los principios internacionales que establece la Organización Internacional del Trabajo (OIT)  que son: “universalidad, trato igual, solidaridad social, equidad de género, suficiencia de prestaciones, regulación y supervisión públicas, gastos administrativos moderados, participación social en la gestión y sostenibildad financiera a largo plazo para garantizar las pensiones futuras.”
Visto lo visto, la reforma de las pensiones es necesaria y, en consecuencia, debe hacerse orientada a que sea la sociedad en su conjunto, y no sólo la clase trabajadora, la que mantenga a la población dependiente.
En definitiva, ahora nos toca a todos arrimar el hombro.
Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 01/06/16

DECLIVE DEL NACIOANLISMO BURGUÉS CATALÁN

Cuando, en 2016, Artur Mas dio un paso al lado, para que Carles Puigdemont fuese president de la Generalitat, se rompió un matrimonio de con...