30 de juny 2016

MÁS DE LO MISMO

El mensaje emitido por los electores el pasado 20-D fue meridianamente claro: no nos gusta lo que se ha hecho hasta ahora y no queremos que decida un solo partido; poneos de acuerdo para gobernar, resolver problemas y no seáis vosotros los que los ocasionéis.
Sin embargo, los líderes políticos no entendieron, o no quisieron entender, el recado enviado por la ciudadanía y durante seis meses la política en nuestro país ha estado en punto muerto.
Por eso, el pasado domingo, 26 de junio, volvimos a las urnas. En esta ocasión el electorado se ha pronunciado de forma más rotunda, otorgando al Partido Popular, 14 escaños más que en diciembre y restando 5 al PSOE, respecto a los 90 obtenidos en aquella ocasión.
Ciertamente, el partido socialista ha logrado los peores resultados de su historia. No obstante, hay que tener en cuenta que se había polarizado mucho el proceso electoral entre el PP y la coalición Unidos Podemos de nueva creación. Tanto que, la práctica totalidad de sondeos, incluso los llevados a cabo a pie de urna el mismo día de los comicios, daban como seguro el sorpasso de los de Iglesias a los de Sánchez, dejando así a los socialistas como tercera fuerza.
Pero la realidad es tozuda y el PSOE se mantiene como fuerza hegemónica de la izquierda, mientras que la nueva coalición pierde 1,2 millones de votos con respecto al 20-D, obteniendo los mismos escaños que obtuvieron por separado. Y es que, en política, las sumas a veces restan.
Aunque corremos el riesgo de que la próxima legislatura sea más de lo mismo, hay que dar a Mariano Rajoy la oportunidad de que acepte la propuesta para ser candidato a la presidencia del Gobierno que con toda probabilidad le hará Felipe VI. Llegados a ese punto, sería lógico que los socialistas permitieran formar ejecutivo a los que han ganado por amplio margen las elecciones. El país no puede seguir bloqueado.
Estamos viviendo momentos excepcionales y hay reformas que no pueden esperar. La de la Constitución es una, pero no la única. Por eso, no conviene dinamitar puentes, ya que, para determinadas cuestiones, la colaboración derecha izquierda resultará imprescindible y sin consenso no hay reforma posible.
Realmente, la situación es compleja, por eso esperemos que los líderes políticos sepan anteponer los intereses del país a los intereses personales o de partido.

Bernardo Fernández
Publicado en ABC 29/06/16


10 de juny 2016

TOCADO Y CASI HUNDIDO

Decía mi abuela que lo que mal empieza mal acaba, y cuánta razón tenía la buena mujer. Pese a no haber ido nunca a la escuela y no tener más formación que aquella qué da la vida a fuerza de batacazos y sinsabores, la señora tenía un gran sentido común. Mucho “seny” que diríamos en Cataluña.
Justo el que ha faltado a ese puñado de familias, integrantes de las 300 que hablara Félix Millet, destinadas a controlar el país una vez sea república independiente, cuando reunidos en Cadaqués o en Sagaró decidieron poner en marcha el “procés”.  Igual que hicieron hace más de 40 años los Pujol, Alavedra, Roca y otros conjurarondose para hacer de Convergencia Democrática el “pal de paller” de la política catalana.
El pasado 29 de mayo Artur Mas decía a El Periódico: “Si la Cup veta el presupuesto el procés queda muy tocado”. Y Carles Puigdemont en una entrevista a El País, el pasado 5 de junio, remataba:” No se puede ir a la independencia con unos presupuestos prorrogados”. Que cada cual saque sus propias consecuencias.
Pues bien, ahí está: la CUP ha mantenido la enmienda a la totalidad de los presupuestos de 2016 y los votos de la formación anticapitalista, sumados a los de los grupos de la oposición harán que el gobierno los tenga que guardar en el baúl de los recuerdos. Es la primera vez que ocurre algo semejante en el Parlamento catalán.
Los “cuperos” han hecho lo que se podía esperar de un grupo antisistema que quiere hacer la revolución: no dar estabilidad a un gobierno que va a la deriva y que es incapaz de conjugar las demandas independentistas y las necesidades presupuestarias.
Primero enviaron a Artur Mas a la “papelera de la historia”, según sus propias palabras. Después, en los 5 meses escasos de legislatura, y pese a haber firmado un pacto de estabilidad parlamentaria en el que se comprometían a no vota nunca con la oposición, han votado más de 60 veces distinto a cómo lo ha hecho Junts pel Sí. Y ahora el órdago: presupuestos atrás. Ni tan siquiera han dado la oportunidad de que se puedan debatir.
Los que conocen los recovecos de la organización antisistema opinan que son los sectores más radicales de los anticapitalistas los que monopolizan sus asambleas y no pararán hasta la revolución. Pero claro, el proyecto de país no es el mismo el de la CUP que el de Junts pel Sí. De hecho, si escarbamos un poco, podremos comprobar que el proyecto de CDC y el de ERC, se parecen como un huevo a una castaña.
En estos momentos todas las hipótesis son plausibles.
Carles Puigdemont ya ha hablado de una moción de confianza después del verano. Tampoco se debería descartar un adelanto electoral, si bien, por cuestiones meramente legales, no podría ser antes de finales de año. De todos modos, no es nada habitual que un presidente convoque elecciones sabiendo que las va a perder.
Aunque, en mi opinión, lo más probable es que se intente seguir adelante con las cuentas prorrogadas, y casi de forma inmediata se empiece a negociar con los mismos que han rechazado estos números un presupuesto para 2017. Eso sí, los contactos, en principio, serán muy discretos y tan lejos de los focos como sea posible. Ni a unos ni a otros les interesa volver a pasar por las urnas. Los únicos que podrían sacar partido serían los republicanos, y estos han comprendido que les resulta muy rentable cocer a sus socios-adversarios a fuego lento.
En este contexto, justo es reconocer la capacidad de reacción de Francesc Homs, que ha propuesto abrir una ponencia parlamentaria, en el Congreso de los Diputados, para abordar la cuestión catalana. Quizás sea un intento tímido, como han dicho algunos, de encauzar el problema a través de las instituciones y no de las movilizaciones en la calle. De todas maneras, bienvenido sea, más vale tarde que nunca. Además, nunca se debe rechazar la posibilidad del diálogo.
En cualquier caso, que nadie se engañe: el proceso está tocado, pero no hundido. Al dragón “indepe” aún le queda mucha vida y ha de dar muchos coletazos, aunque cada vez más lastimeros. Son demasiados los intereses que han alimentado la bestia durante mucho tiempo, como para ahora dejarla morir por inanición.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 10/06/16



08 de juny 2016

PROCESADOS Y PROCESADOS

EL juez Álvaro Martín ha decidido procesar a los expresidentes de la Junta de Andalucía Manuel Chaves, José Antonio Griñán y otros 24 altos cargos, acusados de prevaricación por el caso de los ERE. A pocas semanas para las elecciones generales del 26 de junio, esa iniciativa es, sin ningún género de dudas, un torpedo en la línea de flotación del partido socialista.
En el auto, de casi 100 páginas, el magistrado pone de manifiesto que Chaves, "como responsable máximo del gobierno de la comunidad, impulsó la implantación" de este procedimiento para la distribución de ayudas y subvenciones, sistema que "mantuvo" Griñán en su condición de consejero de Economía y Hacienda y presidente de la Junta. 
Como cabía esperar, a los carroñeros de la política les ha faltado tiempo para, confundiendo churras con merinas, lanzarse sobre la presa. Ahora bien, querer meter en el mismo saco a Chaves, Griñán, Bárcenas, Pujol, Granados u otros personajes de la misma ralea es no haber entendido nada o tener muy mala fe.
En su momento, serán los tribunales los que diluciden si los expresidentes actuaron conforme a derecho o, por el contrario, hubo exceso de confianza, negligencia en la gestión o intencionalidad para defraudar al erario público y, si así fuera, deberán asumir sus responsabilidades como lo haría cualquier otro ciudadano.
No obstante, debe quedar claro que no existe la menor sospecha de que se haya producido lucro personal. Ni Chaves ni Griñán tienen cuentas en paraísos fiscales, ni han recibido sobres, ni sobresueldos. Ambos son personas honradas y honestas, que no han realizado acción alguna que pudiera afectar su honorabilidad. Sin embargo, es evidente que el trasfondo político de la causa será inevitable.
En cambio, determinados individuos, que están en la mente de todos, han mantenido sistemas de financiación paralelos para su partido político, han metido la mano en la caja, se han llevado el dinero a Suiza y se han enriquecido con prácticas fraudulentas hasta causar la vergüenza de sus correligionarios. Otros han mentido al fisco durante años y años en beneficio propio y, a su vez, han montado una estructura mafiosa y criminal con la propia familia para llevarse “mordidas” y porcentajes variados sobre la obra pública.
Por eso, aunque parezca una verdad de Perogrullo hay procesados y procesados, y es que, mal les pese a algunos, no todos son iguales.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 08/06/16

01 de juny 2016

PENSIONES PÚBLICAS DIGNAS Y SOSTENIBLES

Una de las cuestiones de fondo que más preocupa la ciudadanía, en especial cuando se ha superado la frontera de los 50 años, es el sistema público de pensiones. Y es que las pensiones, junto con la sanidad y la educación son tres pilares básicos del Estado del bienestar. De hecho, estos tres ejes vertebradores son los signos de identidad de la izquierda en general y de la socialdemocrácia en particular.
Pues bien, a pesar de que España se incorporó más tarde que la mayoría de países europeos al proceso de desarrollo histórico del Estado social, se ha llevado a cabo un gran esfuerzo en los últimos 30 años para ganar el terreno perdido en el ámbito de las políticas sociales.
En este contexto, el sistema español de pensiones, después de tres décadas de reformas y adaptaciones permanentes, ha ido elevando su capacidad de cobertura y ha llegado a dar cobijo a más de 9 millones de pensionistas. Pero con la llegada del Partido Popular y haciendo valer su mayoría absoluta al Congreso de los Diputados el gobierno puso en marcha una contrarreforma que ha hecho que nuestro sistema sufra los cambios más trascendentales llevados a cabo, en esta materia, hasta el momento y, desgraciadamente, no para mejorar la calidad de vida de sus beneficiarios. 
Muchos lo advirtieron, pero no sirvió de nada: la mal llamada reforma de las pensiones del actual gobierno, fue una auténtica chapuza. Los números hablan por sí solos. Cuando Mariano Rajoy llegó a la Moncloa encontró 70.000 millones de euros en la hucha de las pensiones, ahora la cifra anda sobre los 30.000 millones, de seguir a ese ritmo queda poco más de un año de hucha. La pregunta es obvia ¿Y después qué?
A pocas semanas de unas nuevas elecciones, el PSOE ha querido poner el tema sobre la mesa, de ahí que su responsable económico, Jordi Sevilla, haya dicho: “o impuestos o recortes. No hay más alternativa”.  Es decir, propone crear una tasa sobre impuestos ya existentes para sufragar parte de las pensiones. Y lo plantea d ese modo porque los impuestos no pueden ser finalistas. Y añade: “las pensiones no deben vincularse exclusivamente a la población activa sino a la riqueza general del país”.
No le falta razón a líder socialista. Las arcas de la Seguridad Social se están quedando vacías, los salarios cada vez son más precarios y eso es sinónimo de cotizaciones más bajas, además la población cada vez tiene una mayor esperanza de vida, lo que equivale a más tiempo para cobrar la pensión, por tanto, sólo cabe buscar nuevas vías de financiación.
Lamentablemente, todos los indicadores económicos nos dicen que nuestra economía será incapaz de generar puestos de trabajo suficientes para que las cotizaciones que se generen cubran las necesidades creadas. Casi la totalidad de las previsiones augura, en el mejor de los casos, un ritmo tibio de crecimiento económico en los próximos años. Incluso con una clara recuperación de la actividad, la creación de puestos de trabajo no será suficiente para absorber el destrozo hecho en los años de crisis financiera. Se da por hecho que una parte del paro es estructural, prácticamente imposible de eliminar, aunque el PIB crezca, incluso, muy por encima de lo previsto. 
En cualquier caso, conviene aclarar que si hemos llegado a esta situación es por nuestro modelo de desarrollo, con una economía de poco valor añadido y donde los salarios cada vez tienen menos peso en el conjunto de las rentas. De hecho, estos son algunas de las consecuencias de la aplicación de las políticas neoliberales por los gobiernos estatales, siguiendo las directrices de la Unión Europea.
De todos modos, no podemos perder de vista que los servicios sociales –y las pensiones públicas de jubilación pertenecen a ese ámbito-  ni pueden estar sometidos a la lucha política, ni deben ser una mercancía a disposición de aquellos que la puedan comprar, y tampoco son una asistencia social y en ningún caso una caridad para aquellos con menos recursos. Los servicios sociales son derechos ciudadanos y tienen que ser universales, disponibles e iguales para todos.
Llegados a este punto, conviene no olvidar dos cuestiones, no menores: una, que es urgente la asimilación de todos los regímenes especiales al régimen general; y dos, se deben aumentar de forma sustancial las pensiones de viudedad durante el tiempo que exista este tipo de prestación.
Sea como fuere, es evidente que nuestro sistema de pensiones públicas necesita reformas en profundidad, y esas reformas deben estar orientadas por los principios internacionales que establece la Organización Internacional del Trabajo (OIT)  que son: “universalidad, trato igual, solidaridad social, equidad de género, suficiencia de prestaciones, regulación y supervisión públicas, gastos administrativos moderados, participación social en la gestión y sostenibildad financiera a largo plazo para garantizar las pensiones futuras.”
Visto lo visto, la reforma de las pensiones es necesaria y, en consecuencia, debe hacerse orientada a que sea la sociedad en su conjunto, y no sólo la clase trabajadora, la que mantenga a la población dependiente.
En definitiva, ahora nos toca a todos arrimar el hombro.
Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 01/06/16

18 de maig 2016

VOLVER A LOS ORIGENES

El larguísimo proceso electoral que estamos soportando, la corrupción que infecta nuestro sistema institucional, la interinidad del gobierno, el inmovilismo de Rajoy, que es el origen de casi todos nuestros males, así como sus políticas austericidas, son algunos de los motivos que nos han llevado a una situación de preocupante inestabilidad política.
En estas circunstancias, viendo cómo está el panorama, y el elenco de aspirantes a ocupar la Moncloa, no es descabellado pensar que la única fuerza política capaz de impulsar un cambio que nos saque de este atolladero es el partido socialista.  Por eso, y a pesar de que en las elecciones del pasado 20 de diciembre, el PSC en Cataluña y el PSOE en el conjunto de España, obtuvieron los peores resultados de su historia. Ahora, con la repetición de los comicios, el próximo mes de junio, los socialistas tienen la oportunidad de enmendarse a sí mismos y cambiar el rumbo de nuestro país.
Siendo muy importante, el problema no es tanto lograr equis escaños más o menos. La cuestión es de fondo. El PSOE necesita, con urgencia, reencontrar su espacio ideológico, asumir su rol de izquierda reformista y elaborar un proyecto ganador. No basta con decir que hay que expulsar al PP. Es necesario que Pedro Sánchez explique porque quiere gobernar. Que quiere cambiar y cómo piensa hacerlo.
Por lo que respecta al PSC, veremos si su flamante candidata por Barcelona, Maritxell Batet, es la persona adecuada para reencarnar a Don Pelayo (ya saben, aquel caudillo astur que inició la Reconquista) y pone la socialdemocracia en Cataluña al día, evitando que quede sepultada entre el indisimulado neoliberalismo de Ciudadanos y el frenesí soberanista de la muchachada “indepe”.
Tal y como están las cosas, sería deseable que el PSOE vuelva a ser aquella organización política capaz de “dar la vuelta a este país para que no lo conozca ni la madre que lo parió” como dijo un ilustre político. Por su parte, el PSC debería desprenderse de sus complejos nacionalistas y volver a ser el partido que más se identifica con la sociedad catalana y mejor la representa, como sucedía en otros tiempos.
Ciertamente la sociedad ha cambiado mucho y la socialdemocracia está siendo superada por los acontecimientos. Por eso, para empezar, no estaría mal que los socialistas volvieran a los orígenes. Quizás no sea suficiente, pero sin duda es necesario.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 18/05/16

17 de maig 2016

BEGIN THE BEGUIN

Begin the Beguin es una canción escrita en 1934, durante un crucero por las islas Flyl, por Cole Porter. De este estándar de la música popular estadounidense se han hecho infinidad de versiones y se tradujo al castellano, de forma libre, como Volver a empezar. Según el diccionario de música de Oxford es una polka lenta, si bien se asemeja más a una rumba lenta; aunque quizás los líderes de los partidos políticos que se han de presentar a las elecciones del próximo 26 de junio, preferirían bailar tras los comicios un foxtrot como El humo ciega tus ojos, del mismo autor, y así poderse abrazar a uno o varios adversarios para no perecer despeñados.
Hay quien sostiene que esas elecciones son una segunda vuelta de las del 20 de diciembre. No seré yo quien entre en ese debate nominalista, sobre si son, o dejan de ser segunda vuelta de algo. Eso me parece irrelevante. Lo que considero sustancial es cómo van a afrontar, tanto la ciudadanía, como las organizaciones políticas, esta segunda oportunidad.
El pasado 20 de diciembre los electores acudieron a las urnas con el convencimiento mayoritario de que el bipartidismo tenía los días contados y el sistema de partidos iba a cambiar. Ciertamente, eso fue así, pero no tanto; es decir, a trancas y barrancas las dos organizaciones históricas (PP, PSOE) han aguantado el tirón, pero se han dejado muchas plumas por el camino y los emergentes han llegado pisando fuerte, aunque sin avasallar. De hecho, estamos ante un proceso electoral imterruptus. Ahora veremos cuál es la reacción de los electores ante esta situación de aparente descontrol. Si perseveran en el cambio o se resignan y optan por un día de playa, aunque eso pueda suponer cuatro años de un gobierno contrario a nuestros intereses.
Si para algo han servido estos cuatro meses largos de negociaciones y pactos frustrados, ha sido para conocer un poco más el talante de los aspirantes a presidente de gobierno, sus equipos y sus estrategias.
Así, por ejemplo, hemos visto quien se ha sentado a la puerta de su casa esperando el fracaso de sus adversarios y soñando que luego vendrían a suplicarle una gran coalición.  También ha habido quien ha hecho de la necesidad virtud, y ante unos resultados electorales nefastos, ha buscado, con ahínco, el acuerdo y el pacto, si bien es verdad que ha fracasado en el intento. De igual manera, hemos visto la capacidad de maniobra de otros para quitarse la etiqueta de marca blanca y jugar, sin complejos, con más de una baraja. Y, como no podía ser de otro modo, no ha faltado el postureo. Resultó bochornoso y muchos sentimos vergüenza ajena, al ver cómo alguien, sin ningún tipo de negociación previa, se auto proponía para vicepresidente otorgaba ministerios y pocas semanas después se auto excluía.   
Días atrás se hizo público el barómetro de abril del CIS, según el mismo el PP y Podemos están pagando su actitud en estos meses tras las elecciones del 20 D. Pese a todo, el PP se mantiene como primera fuerza, pero retrocede 1,3 puntos respecto a los últimos comicios y los de Pablo Iglesias se dejan tres puntos en el camino. Quizás por eso, aquellos que querían asaltar los cielos y hace cuatro días tachaban a los de IU de antiguos y trasnochados, ahora sorben los vientos por formar coalición con los post comunistas. Según indican algunas encuestas es posible que den el “sorpasso” al PSOE (le superaran en votos, pero no en escaños), aunque luego, lo más probable sea que esa coalición acabe como el rosario de la Aurora. Además, está por ver la reacción del electorado potencial de otras formaciones ante esta alianza.
A grandes rasgos, este es el panorama preelectoral que, a día de hoy, nos ofrecen nuestros políticos. No obstante, considero qué, como ciudadanos, a nosotros que el gobierno resultante del 26 J sea monocolor y tenga que bailar el rock de la prisión que le imponga Bruselas o de coalición, y decidan bailar pegados como sugiere Sergio Dalma nos debería ser bastante indiferente.
Lo consustancial serán las propuestas para el día de después. Como sociedad avanzada y madura que somos, debemos exigir que se dé una solución razonable a esas más de 700.000 familias que carecen de ingresos.  De igual manera, y puesto que nos consideramos un país desarrollado, no es tolerable que, en 1,5 millones de hogares todos sus miembros estén desempleados. Asimismo, tenemos derecho a saber que va a pasar con las pensiones de nuestros mayores, porque sabemos que el sistema de cotizaciones es deficitario y no sostenible. Y también queremos que se apliquen fórmulas que hagan más elásticas las hipotecas y se puedan evitar los desahucios. Entre otras muchas cosas.
En suma, se trata de que el próximo ejecutivo que nos ha de gobernar en los próximo cuatro años baile al son que le marque la ciudadanía, que por algo somos soberanos. O eso nos han hecho creer.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 16/05/16 

03 de maig 2016

CORRUPCIÓN, POLÍTICA Y CONDESCENDENCIA SOCIAL

Un día sí y otro también, los medios de comunicación nos proporcionan noticias sobre los más variados casos de corrupción, evasión de capitales y fraude fiscal. Cuando no es un dirigente político que ha escondido dinero en Suiza, es otro que lo ha hecho en Andorra o un partido que cobra mordidas por otorgar contratos y después blanquea el dinero mediante rocambolescos movimientos financieros de sus cargos públicos.  Y si no es un banquero que intenta blanquear dinero repatriando aquello que había expatriado cuando era director de un banco al que expolió.
También tenemos un expresidente de gobierno que camufló sus gastos personales mediante una empresa pantalla, un ministro que había olvidado que trabajó para una empresa con sede en un paraíso fiscal o un supuesto sindicato que iba de justiciero y en realidad se dedicaba a extorsionar al prójimo, por no mencionar a una asociación que decía defender a los consumidores, pero donde de verdad tenía el negocio era en el chantaje a las entidades financieras. Por si todo esto no fuese suficiente, existe una retahíla de empresarios, famosillos e individuos de distinto pelaje que se dedican a esconder sus ganancias en paraísos fiscales para, de ese modo, cotizar al fisco, cuando menos mejor. En definitiva, en España tenemos el dudoso honor de disponer de uno de los mejores planteles de estafadores, sinvergüenzas y desalmados del planeta Tierra.
Me ha parecido oportuno empezar este artículo señalando alguna de las corruptelas que estamos soportando como sociedad porque cuando cayó el muro de Berlín, fueron muchos los que creyeron que la mayor circulación de personas, información, ideas y dinero tendría efectos beneficiosos para todos nosotros. Sin embargo, la realidad nos ha demostrado que es mucho más prosaica y además de unos efectos positivos incuestionables, también ha llegado el movimiento “ad libitum” de especuladores, traficantes de drogas y terroristas entre otros.
Todo esto, tiene que ver -y mucho-, con los mal llamados paraísos fiscales. Refugios fiscales, me parece una expresión más adecuada.
Sea como sea, a día de hoy, existen entre 60 y 70 lugares en el mundo donde no importa quién eres ni a que te dedicas, lo único verdaderamente importante es cuánto dinero tienes en tus cuentas corrientes.
Pues bien, en esos paraísos o refugios, las grandes empresas tienen sus depósitos bancarios, mediante sociedades pantalla. La razón es simple: o no se pagan impuestos o si se pagan los porcentajes son irrisorios en comparación con los de los países desarrollados. Según los expertos en la materia un 30% de la riqueza mundial se gestiona desde esos lugares.
Como nos recuerda Intermón Oxfam, esa riqueza mundial está cada vez más concentrada. En 2010, 338 personas poseían la misma riqueza que la mitad de la población más pobre. Pero es que en 2015 esa cantidad se concentró en tan solo 62 individuos
Si eso sucede es por dos motivos. El primero es la falta de voluntad y decisión de las autoridades políticas para atajar ese tipo de delitos, y el segundo, la tolerancia social ante aquellos que mienten y ocultan para no contribuir a financiar lo público.
Según diversos estudios, casi el 26% de nuestro PIB escapa del control del fisco. Eso equivale a unos 250.000 millones de euros. No obstante, es cierto que el fraude fiscal es muy difícil de atajar. Quizás su eliminación total sea una quimera. Siempre habrá quien encuentre la manera de evadir. Sin embargo, en Europa, la media porcentual del fraude se sitúa unos 10 puntos por debajo del nuestro, o sea un 15%.
Bastaría con que en nuestro país se consiguieran unas cifras similares a las de la UE y nuestra situación mejoraría sustancialmente. Mantener el Estado del bienestar es caro y las clases medias y populares ni queremos ni podemos soportar indefinidamente este estado de cosas.
Que una parte de los recursos queden fuera del control político socava la soberanía de los Estados, si a esa situación añadimos la corrupción casi sistémica que nos sacude, llegaremos a la conclusión que la inmensa mayoría de la ciudadanía estamos viviendo por debajo de nuestras posibilidades, ya que hemos de sufragar lo que otros ocultan o roban.
Los que defraudan no sólo cometen un delito, sino que, además, privan de derechos y servicios a sus semejantes y, por tanto, sobre ellos ha de caer todo el peso de la ley y el más absoluto reproche social.
Solamente así, con el esfuerzo, la solidaridad y la colaboración de todos, lograremos una sociedad más justa y un mundo más habitable.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 03/05/16

DECLIVE DEL NACIOANLISMO BURGUÉS CATALÁN

Cuando, en 2016, Artur Mas dio un paso al lado, para que Carles Puigdemont fuese president de la Generalitat, se rompió un matrimonio de con...