18 de maig 2014

CRISPACIÓN Y COHESIÓN SOCIAL

A raíz de una agresión sufrida, semanas atrás, por Pere Navarro (líder del PSC) en un acto de carácter privado y su posterior divulgación por los medios de comunicación, se ha puesto sobre la mesa el debate sobre la posible existencia de crispación en Cataluña.


Ciertamente, resulta difícil discernir si la crispación existe. Primero se debería definir donde está la frontera entre tensión y crispación e, incluso así, lo que para unos puede ser una cosa, para otros, lo mismo, puede se algo diferente.

De todos modos, los políticos de la órbita nacionalista se han apresurado a negar cualquier relación del suceso con el “proceso” y ni tan siquiera se han molestado en hacer una condena explicita de la violencia, tan solo medias tintas, vaguedades y condenas genéricas. No obstante, es evidente que en Cataluña, desde que se inició el órdago soberanista, estamos viviendo una situación cuando menos anómala.

Una de las consecuencias inevitables del “proceso” es la división que se está produciendo entre los catalanes en dos grupos, cada vez más divergentes y sin ningún punto en común: unos, los independentistas y, otros, los unionistas.

Es verdad que es una división simplista y que se corresponde poco con la realidad (las cosas son mucho más complejas) y, sin embargo, es la imagen que lanzan día si y día también los medios de comunicación públicos y aquellos que están en connivencia con el poder.

Según la politóloga alemana Noelle-Neumann, autora de la teoría de la espiral de silencio, un clima de opinión actúa como un fenómeno de contagio, ya que la opción mayoritaria se extiende rápidamente por toda la sociedad y decanta las tendencias hacia una determinada opción que cristaliza en adhesión y votos.

Los soberanistas conocen a la perfección esa teoría y los medios para aplicarla, por eso, con el argumento de que el “proceso” que estamos viviendo es transversal, cívico, tolerante y pacífico, se están cargando el valor más preciado que tenemos en Cataluña: la cohesión social

Como sostiene el catedrático Francisco Morente, “…la independencia solo podría consumarse contra una parte muy importante de la sociedad catalana, que todas las encuestas sitúan cerca, si no por encima, de la mitad de la población”.

Quizá hoy no exista crispación en Cataluña, pero es seguro que con la independencia llegaría la fractura social y, tal vez, eso es lo que persiguen algunos.



Bernardo Fernández

Publicado en ABC 14/05/14

ACOSO Y DERRIBO EN EL PSC

Me había prometido a mi mismo no escribir más, al menos a corto y medio plazo, sobre los problemas internos del PSC. Sin embargo, ante la actitud de determinados miembros del colectivo me veo impulsado a romper mi promesa.


De un tiempo para acá el PSC está sufriendo una perdida constante de militancia, unos porque han perdido la confianza, otros desengañados y otros, en estos momentos los más, por considerar que el partido está muy alejado de las tesis nacionalistas. Lo cierto es que la organización como tal está en serio peligro de extinción, al menos como la hemos conocido hasta ahora.

El último capítulo (hasta el momento) de esta historia inacabada ha sucedido en Gerona. Un grupo de militantes, entre ellos algunos auténticos pesos pesados, miembros de la comisión ejecutiva local, han dimitido en bloque. De hecho, el lugar de los acontecimientos es lo menos relevante, mañana o pasado un plante similar se puede dar en las Tierras de el Ebro o en cualquier rincón de la Cataluña catalana.

Los dimisionarios han decidido abandonar la ejecutiva porque, según ellos, “no tiene sentido que el partido no construya una alternativa de izquierdas”. Ciertamente, argumentación peregrina donde las haya. Quizá sea cierto que el partido es poco de izquierdas -no seré yo quien rebata esa afirmación-. Ahora bien, sorprende que personajes cono los Nadal (Quim y Manel), que están entre los dimisionarios, que lo han sido todo en el partido y gracias al partido, ahora caigan en la cuenta de que no es una alternativa de izquierdas. ¿Lo era más cuando ellos eran uno consejero y otro diputado? ¿Qué legado político han dejado de su paso por la organización para reclamar ahora aquello que no se hizo cuando ellos estaban en la sala de máquinas? ¿En el tiempo que Quim Nadal fue Alcalde de Girona (19 años) hizo auténticas políticas de izquierdas?, ¿las hizo siendo consejero de obras públicas en los gobiernos de Maragall y Montilla?

Seamos serios y sobre todo honestos, el problema es otro: desde el día en que Pere Navarro (primer secretario de los socialistas catalanes) cesó a Quim Nadal como portavoz del grupo parlamentario, haya en septiembre de 2012, el distanciamiento y a la vez el rencor de Nadal respecto a su primer secretario no ha hecho sino que aumentar. Ahora, la crisis que estaba latente se ha puesto de manifiesto por el alejamiento del partido sobre le derecho a decidir; aunque la realidad es bien diferente: se niegan a realizar primarias para escoger a la persona que ha de ser el candidato a alcalde en Gerona en las próximas elecciones municipales de 2015 porque su candidata es Pía Bosch y temen una derrota. Así de simple.

En sus pláticas, Raimon Obiols se refiere a menudo al “compañero partido”. Pues bien, dado que buena parte de los disidentes provienen del sector obiolista (afines a los planteamientos de Raimon Obiols), saben que si han hecho una cierta carrera política, ha sido gracias al paraguas del PSC. En consecuencia, deberían tener la suficiente dignidad y gallardía para dejar, a la vez que dimiten de sus cargos orgánicos, sus cargos públicos que, por cierto, son remunerados.

De todos modos, el problema de fondo es otro: el sector, ahora llamado, crítico pretende ganar por las veredas de la intriga y la manipulación, aquello que no pudo lograr por la autopista de la democracia en le decimosegundo congreso del PSC. Allí, Pere Navarro se alzó con más de un 75% de los votos mientras Igansi Elena, hoy uno de los más destacados disidentes, a pesar de contar con el soporte de muchos notables y viejas glorias, no pasaba de un discreto 23%. Esa es la realidad y eso es lo que legitima al actual primer secretario del PSC a llevar a cabo su proyecto hasta el próximo congreso. Entonces será el momento de rendir cuentas y hacer balances. Y si entretanto no se está de acuerdo, el partido dispone de mecanismos suficientes para que los que discrepan lo puedan expresar, ya sea en los consejos, bien de federación, bien nacionales e incluso, si disponen de la fuerza necesaria pueden forzar un congreso extraordinario. Lo que no es de recibo es la algarada, la falsedad y la calumnia.

En cualquier caso, es prácticamente seguro que el soberanismo no conseguirá su objetivo confesado: la independencia de Cataluña. No obstante, es muy probable que logre su objetivo no confesado: destruir a su principal adversario, el PSC. Y, en estas circunstancias, no se debería menospreciar el peso específico, en términos políticos, de todos y cada unos de esos personajes disidentes. Tal vez con su actitud logren convertir el espacio socialista catalán en un páramo y, a cambio, les permitan sentarse a la mesa de los auténticos patriotas, aunque nunca serán de los suyos. Pero la socialdemocracia más pronto que tarde ha de volver de los infiernos y en Cataluña alguien deberá ocupar ese espacio. Desconozco quien o quienes serán capaces de ocupar ese espacio, pero desde luego no será ninguno de los que hoy está poniendo en jaque progreso y la cohesión.

El electorado tiene memoria, es sabio y, afortunadamente, no suele perdonar.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 30/04/14

27 d’abril 2014

ESPERANDO A COLLBONI

Es verdad que las elecciones primarias celebradas por el PSC en Barcelona, para elegir a su candidato a la alcaldía, en las municipales de 2015, registraron una participación discreta. Sin embargo, parece que han servido como revulsivo y el vencedor, ahora ya alcaldable socialista, Jaume Collboni, ha llegado con las pilas cargadas y el ánimo dispuesto para poner en evidencia las múltiples y evidentes carencias del Alcalde Trías.


Para empezar, Collboni ha hecho una, a mi juicio, adecuada remodelación de Grupo Municipal Socialista (GMS) en el ayuntamiento barcelonés. Eso le ha permitido, por un lado, soltar lastre y, por otro, reordenar el grupo como un auténtico gobierno a la sombra.

Que el alcaldable del PSC no sea concejal es un hándicap que Collboni deberá superar impulsando al GMS a hacer una oposición férrea y evidenciar que existe una alternativa real. Además, el candidato socialista deberá patearse la calle y estar en contacto permanente con los vecinos y las entidades para recuperar los apoyos perdidos en los últimos tiempos, condición indispensable para lograr el bastón de mando de la ciudad.

Hasta ahora Xavier Trías, con sólo 14 concejales de 41, ha vivido tranquilo contemporizando con unos y con otros. A pesar de haber perdido muchas votaciones en los plenos, algunas estratégicas, a la chita callando está cambiando el admirado modelo Barcelona, por otro claramente privatizador.

Así por ejemplo, ha logrado la complicidad del PP para convertir el Port Vell, el amarre ubicado en la Barceloneta, en un puerto de lujo para grandes yates. También ha encontrado la colaboración necesaria para levantar el veto y conceder nuevas licencias hoteleras y de restauración en Ciutat Vella, Distrito machacado por el aluvión turístico. Ha privatizado la gestión de los 36 parkings más rentables de la ciudad. Y la reforma de la Diagonal se hará al dictado de intereses ajenos al bien común. Como dice un veterano regidor: ahora toca devolver los favores recibidos durante la campaña electoral.

Es evidente que con la orientación política del Alcalde Trias, la ciudad corre el riesgo de perder la capacidad de atracción que ha tenido en los últimos años y acabar convertida en una capital de provincias.

En menos de cuatrocientos días Collboni debe recuperar la confianza del electorado perdida durante décadas. Desde luego es una labor difícil, pero no imposible y sobre todo es apasionante. Barcelona bien merece el esfuerzo.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 22/04/14

PROPUESTAS COMPLEMENTARIAS

Como no podía ser de otra manera, el pasado día 8 de abril el pleno del Congreso de los Diputados rechazó por 299 votos en contra, 47 votos a favor y una abstención, la proposición del Parlamento de Cataluña que pedía delegar en la Generalitat la competencia para convocar la consulta soberanista prevista para el próximo 9 de noviembre.


Como es lógico, hemos podido leer y escuchar reflexiones y opiniones desde todos los posicionamientos y desde todos los enfoques. No obstante, a mí me ha parecido especialmente interesante el punto de vista sobre el particular de Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, uno de los padres de la Carta Magna de 1978. Sostiene el prestigioso jurista qué el problema entre Cataluña y España "es político, no jurídico" y sólo se solucionará de forma acordada. Es cierto, se necesita un gran pacto de Estado que blinde competencias esenciales de Cataluña -lengua, economía, infraestructuras-. Ese pacto que debería ser votado por los catalanes, sería, pues, la manera más sensata de integrar y decidir.

"Ni una sentencia constitucional ni ninguna ley pueden negar la realidad nacional catalana, pero tampoco puede disolverse un estado desde el marco legal. La presente crisis requiere una solución política, necesariamente negociada", opina Herrero de Miñón. Por eso, considera que ninguna opción política, "de un lado o de otro", podrá ser "impuesta" si se quiere llegar a buen puerto. Sin embargo, el padre de la Constitución ve "muy difícil" una reforma de la Constitución, en su opinión "tendría más problemas que ventajas".

En cualquier caso, no cabe ninguna duda de que es esencial que exista una voluntad real de "superar la crisis" pero también es verdad que tanto en Barcelona como en Madrid hay quien sueña aquello de "cuanto peor mejor". Y en este momento no existe "voluntad política" para el acuerdo. Llegar a una mesa de negociación requeriría una serie de "medidas de confianza" entre los dos gobiernos que permitieran rebajar la tensión y, a día de hoy, esas medidas no se dan. Asimismo, Herrero de Miñón pide moderación del lenguaje institucional y entiende que la "escenificación del desencuentro" como el debate celebrado en las Cortes perjudica más que ayuda. "Artur Mas no puede ser humillado, Rajoy, tampoco, no puede haber vencedores ni vencidos", afirmó

Herrero de Miñón también analizó las razones del "desafecto" y puso de manifiesto "errores de ambas partes". Uno de esos desaciertos fue la generalización del modelo catalán a todas las autonomías, empezando con el estatuto andaluz. "La derecha lo apoyó para diluir el nacionalismo y la izquierda lo apoyó para alcanzar parcelas de poder en las elecciones generales", según el criterio del prestigios jurista, quien también considera la LOAPA y la sentencia del TC de 2006 sobre el Estatut como "graves errores".

En conjunto, no puedo estar más de acuerdo con la opinión de este padre de la Constitución. De manera muy especial en lo que respecta al pacto de Estado. Y, sin embargo, difiero de su afirmación de que reformar la Constitución tendría “más problemas que ventajas”.

En un país como el nuestro, con grandes dosis de cainismo político, es ilusorio pensar que un pacto de esa naturaleza sea aceptado sin más en otros ámbitos territoriales. En consecuencia, parece muy razonable la propuesta de Alfredo Pérez Rubalcaba que consiste en abordar una reforma de la Constitución que “actualice el pacto constituyente” y que “recoja las aspiraciones y singularidades” y que, a su vez, defina que competencias son del gobierno central, y cuales corresponden a los gobiernos autonómicos. Para Rubalcaba y por extensión para los socialistas, esa reforma constitucional ha de dar solución a los “graves problemas de convivencia” que, a su juicio, existe entre los catalanes y el resto de España.

Ciertamente, las propuestas de Herrero de Miñón y Pérez Rubalcaba, lejos de ser antagónicas, son complementarias. Por eso, llegados a este punto, tan solo hace falta una cosa: voluntad política para empezar a dialogar. Esa es la cuestión



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 16/04/14

RECUPERACIÓN Y PRECARIEDAD LABORAL

Parece que esto va en serio. De forma tímida y muy poco a poco, estamos saliendo de la crisis. Los indicadores macroeconómicos –esos que son como un dios infalible para políticos y economistas- nos dicen que la economía española empezará a reducir paulatinamente el desempleo en 2014. Al menos, los datos de paro registrados en las últimas semanas así lo indican, como, también, lo indican las afiliaciones a la Seguridad Social. Todo a punta a que la recesión más larga sufrida después de la Segunda Guerra Mundial está llegando a su fin.


De todos modos, no hay que esperar milagros y para que la tasa de paro baje sustancialmente del 26%, deberían ocurrir más de uno. Asimismo, tampoco la calidad del empleo creado nos permite albergar muchas esperanzas respecto al aumento de la confianza de las familias, ni hace esperar una pronta recuperación del consumo, ni una reducción razonable del endeudamiento familiar. Hemos de tener claro que la recuperación deparará más empleo si, pero más precario y más trabajadores autónomos.

Antes de la reforma laboral la excesiva temporalidad ponía de manifiesto la volatilidad de nuestro mercado de trabajo. Ahora, con la reforma del Gobierno de Mariano Rajoy, la precariedad se está convirtiendo en norma. Además está permitiendo que las empresas flexibilicen aún más sus plantillas. De forma simultánea, las rentas salariales también han sufrido recortes en un contexto de permanente cautela, en el que las empresas renuncian a ampliar su capacidad, lo cual lleva implícito la renuncia a contratar mano de obra.

En estas circunstancias, cabría pensar que la contrapartida de la precarización del empleo podría ser un aumento de su ritmo de creación. Nada más lejos de la realidad, para que esto suceda el empresariado ha de percibir señales claras de recuperación de la demanda y que el crédito fluya. Y eso, hoy brilla por su ausencia. Que nadie se llame a engaño, sin generación de más ingresos por ventas y sin crédito para inversión, el empleo destruido a lo largo de la crisis se irá recuperando con suma lentitud. Para que se produzca un cambio de tendencia real y se empiecen a generar puestos de trabajo, es necesario un cambio significativo de las políticas económicas adoptadas en la eurozona y, por supuesto, también en España. Es una evidencia poco cuestionable la nula rentabilidad social de las políticas de austeridad puestas en práctica hasta la fecha. En cambio, merecen que, cuando menos, prestemos especial atención a los resultados más favorables que están logrando en EE UU o Reino Unido, con iniciativas económicas notoriamente distintas.

En nuestro país, la creación de empleo no sólo es lenta, es que, además, la mayoría de los puestos de trabajo creados son en precario. Y eso afecta de modo muy directo a los jóvenes, a la vez que erosiona el crecimiento potencial de la economía. Esos jóvenes que curiosamente son la generación mejor preparada de nuestra historia, son, también, de las generaciones más castigadas como mano de obra. O sea, un capital humano sin utilizar, con frecuencia decepcionado ante el futuro que les espera y candidatos voluntarios o forzados a la emigración. Todo eso, sin tener en cuenta lo que nos supone como país: invertir para que la gente se forme y después o queden arrinconados o tengan que marchar para poner en práctica sus conocimientos.

No obstante, no se pueden negar las evidencias y es cierto que la reforma y el abaratamiento del trabajo pueden facilitar la creación de empleo. Ahora bien, mientras el consumo interno no se recupere no se podrá hablar de auténtica recuperación. La creación de empleo la siguen originando las empresas medianas y pequeñas (pymes y micros) cuyo mercado es el nacional. Y ahí la situación financiera está al borde del colapso. Si no se marcan pautas claras para que crédito fluya de forma razonable y el empresariado puede acceder a la financiación para reflotar empresas la recuperación no se producirá, y entonces estaremos perdidos.

Ciertamente, parece que las cosas se van moviendo, aunque, eso sí, de forma lenta y a costa de un destrozo social brutal y quizá irreversible. La brecha entre pobres y ricos cada vez es mayor y no parece que hayamos aprendido nada de la crisis. Seguimos repitiendo los mismos errores y la recuperación está cogida con alfileres. Pero, sea como fuere, nos merecemos cierto regocijo. Necesitamos esperanzas y algunas alegrías, aunque sean modestas, y es justo un suspiro de alivio.

De todos modos, este tibio avance está llegando cuando miles de ciudadanos andan ya con el agua al cuello. Cuando han perdido sus casas hipotecadas, se han comido todos sus ahorros, después, los ahorros de sus progenitores, y ahora están a punto de ser desalojados de sus pisos alquilados.

En consecuencia, es una irresponsabilidad pensar que todo está hecho viendo la tenue evolución que experimenta el mercado de trabajo. Ahora bien, teniendo en cuenta los durísimos tiempos de los que venimos, necesitamos ser razonablemente optimistas. A pesar de todo, hay margen para la esperanza.



Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 01/04/14

26 de març 2014

ESPERANDO EL FUTURO

Somos unos desagradecidos. Mientras nuestros gobernantes se esfuerzan lo que no está escrito creando infraestructuras de Estado como la Agencia Tributaria Catalana que, según Artur Mas, ha de ser una referencia de la nueva Cataluña soberana, con menos fraude fiscal, más cooperación y no tanta represión como ocurre en la Agencia Tributaria Española, nosotros nos preocupamos por cosas tan banales como llegar a fin de mes, que a nuestros hijos les den una buena formación o que los más desfavorecidos tengan los recursos necesarios para llevar una vida digna y nadie se quede por el camino. Como si todo eso tuviera alguna importancia, comparado con el gran proyecto que es llegar a Ítaca que es esa tierra prometida donde de las fuentes públicas brotará leche y miel y los catalanes, por el mero hecho de serlo, cuando salgamos al extranjero, lo tendremos todo pagado.


Pero mientras eso no suceda, resulta que la realidad es mucho más prosaica y según un reciente estudio de la prestigiosa Fundación Bofill el Departamento de Enseñanza ha perdido desde 2010 unos 1.076 millones de euros (un 20,6%, mientras que el conjunto de presupuesto de la Generalitat ha caído un 15,4%), con estos datos sobre la mesa, parece difícil que nuestros hijos puedan tener una formación adecuada a los tiempos que corren. Claro que para Boi Ruiz, Conseller de Salud, una parte importante del fracaso escolar es por fumar cannabis, según dijo en sede parlamentaria. Los números de los servicios sociales, son elocuentes: las políticas de soporte a las familias de 2012 a 2014 se han reducido un 69%, el 16,6% de los menores vive en hogares en los que nadie trabaja, el 15,5% de la familias catalanas tiene problemas para pagar sus recibos, los beneficiarios de las PIRMI han pasado de 33.700 en 2011 a 22.598 en 2013, el Govern niega una de cada tres becas comedor que han de asumir los ayuntamientos.

El listado puede ser interminable, pero con lo expuesto es suficiente para dejar claro que la situación en Cataluña deja mucho que desear. Esperando el futuro, los soberanistas están dejando el país hecho unos zorros. Ha llegado el momento de trabajar por realidades tangibles, tales como la cohesión y la justicia social. La solución no puede ser fiarlo todo a una hipotética independencia. Como dice un viejo amigo: aixó de l’Estat propi és fer volar coloms.



Bernardo Fernández

Publicado en ABC 19/03/14

16 de març 2014

ELECCIONES PRIMARIAS COMO REVULSIVO

Soy de los que guardan un gratísimo recuerdo del estallido de ilusión y esperanza democrática que generaron las elecciones primarias, convocadas por PSOE en 1998, para escoger entre Joaquín Almunia y José Borrell el candidato a la presidencia del Gobierno. Aquella convocatoria despertó el entusiasmo de las bases socialistas de toda España. Fue, sin duda, una campaña más animada, transparente y participativa que la de muchas elecciones generales. La victoria de Borrell por 10 puntos fue aplastante y lo más interesante es que los sondeos pronosticaban que si entonces se celebraban comicios Borrell superaría ampliamente a Aznar.


Pero sucedió que, lógicamente, no se convocaron elecciones. Algunos no quisieron asumir la derrota y empezaron a boicotear al candidato y eso, sumado a los errores del aspirante, su mandíbula de cristal y los fallos de su entorno, propiciaron la renuncia de Borrell y la posterior debacle de Almunia frente Aznar en las elecciones generales de 2000.

Después, con la perspectiva que da el tiempo, podríamos denominar a aquella etapa del socialismo español como lo que pudo haber sido y no fue. Ahora, el PSC ha puesto en marcha las elecciones primarias abiertas, un sistema inédito, hasta el momento, en nuestro país, mediante el cual Françoise Hollande llegó a la Presidencia de la República francesa y los alcaldes de Turín y Roma lograron sus respectivos bastones de mando.

Los socialistas catalanes están llevando a cabo, en más de 80 localidades de Cataluña, un proceso de elecciones primarias (si bien, no en todos los lugares son abiertas), para elegir a sus alcaldables para las elecciones municipales de mayo de 2015.

No obstante, y por razones obvias, las que tienen más relevancia y atracción mediática son las de Barcelona. Aquí han sido proclamados 5 candidatos/as (de hecho, eran 6 los aspirantes, pero uno de ellos no obtuvo el número de avales necesario para poderse presentar) a los que el próximo 29 de marzo podrán votar aquellos ciudadanos que hayan firmado una declaración individual de adhesión a los principios básicos del ideario socialista y contribuyan con un euro, además, claro está, de militantes y simpatizantes. Si ningún candidato obtiene más del 40% de los votos con una ventaja de, por lo menos, el 10% sobre el inmediato seguidor, se irá a una segunda vuelta prevista para el 5 de abril.

Para el PSC recuperar la Alcaldía de Barcelona, no es tan solo una aspiración legitima, es, también, una necesidad irrenunciable para mantener y consolidar las aspiraciones de alternativa al actual Gobierno de la Generalitat. De lo que se trata en esencia, es de superar el escepticismo y generar confianza. Por eso, la personalidad de los candidatos será el eje vertebrador de todo el proceso.

Ciertamente, Barcelona, como cualquier otra gran ciudad, es una realidad compleja. En ella se visualizan todas las injusticias, si bien es cierto que muchas son consecuencia de la sociedad globalizada en la que estamos inmersos. Las desigualdades sociales y territoriales cada vez resultan más evidentes y lacerantes, el frenazo a la ley de barrios, la marina de lujo en el Port Vell o la remodelación del Paseo de Gracia en detrimento de actuaciones en lugares más necesitados ilustran la situación. Pero eso no es todo: las inversiones en políticas sociales de proximidad han caído más de un 60% en los tres años últimos o un 42% las políticas de bienestar y hasta un 79% la inversión centros educativos en comparación con el período 2007-2011.

No cabe duda de que cuestiones para poner encima de la mesa, no faltan. Ahora bien, no será suficiente con denunciar el inmovilismo del actual Alcalde y la parálisis de su equipo de Gobierno. Los aspirantes deberán mostrar entusiasmo, sensatez, un conocimiento profundo del imbricado mundo municipal, capacidad y dosis considerables de innovación, todo en uno. Asimismo deberán ser capaces de articular un debate que brinde a la ciudadanía la ocasión de participar y sentirse copartícipes de un proyecto.

Esa es la única manera de superar la desesperanza y el fatalismo que ha interiorizado la izquierda a lo largo esta triple crisis financiera, política y social que lo ha anegado todo.

En definitiva, el candidato/a que sea capaz, desde la credibilidad, de enviar un mensaje de confianza que genere ilusión en las clases medias y populares y que no se resigne con más de lo mismo, habrá empezado a recorrer el camino para ser el próximo alcalde de Barcelona.


Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 14/03/14



DECLIVE DEL NACIOANLISMO BURGUÉS CATALÁN

Cuando, en 2016, Artur Mas dio un paso al lado, para que Carles Puigdemont fuese president de la Generalitat, se rompió un matrimonio de con...