Existe una técnica, denominada en el argot de la narrativa, juego de espejos, que consiste en hacer que realidad y percepción no coincidan, logrando así el divorcio entre ambas. Algunos narradores, utilizando esta técnica y otras similares, son auténticos especialistas en hacer creíbles las peripecias más inverosímiles. Que procedimientos de ese tipo se utilicen en el mundo de la ficción está plenamente justificado. Pero que esos métodos se reproduzcan de forma casi mimética en el ámbito de la política y la comunicación es, cuando menos, cuestionable.
Determinados políticos, supuestos intelectuales y opinadores, reconvertidos en líderes de opinión, pretenden inculcarnos lo que para ellos es verdad y es importante, sin reparar en si, de verdad, lo que ellos sostienen desde sus pulpitos privilegiados –generalmente en medios de comunicación públicos y afines-, es, ciertamente, aquello que ocupa y preocupa a la ciudadanía. Aunque no lo parezca, en Cataluña, hay vida política y social más allá de la vía soberanista y de la ya manida consulta sobre el derecho a decidir. Me atrevo a afirmar que no es eso lo que desvela a los ciudadanos de a pie. Da la sensación que para los voceros oficiales no hay más tema que el “tema”.
Días atrás el Govern presentó en el Parlament los presupuesto para 2014 en los que se prevé recortar un montante de 2.500 millones de euros, lo que equivale a seguir desballestando lo poco que queda del Estado del bienestar. Unos presupuestos donde el gasto en políticas sociales es idéntico al de 2004. Unos presupuestos en los que se quieren ingresar más de 2.000 millones de euros mediante la venta de patrimonio, pero no se explica que se va a vender.
Pues bien, esto de los presupuestos parece peccata minuta y está pasando prácticamente inadvertido en los medios públicos. Sin embargo, accediendo a ellos uno queda informado hasta la saciedad de cuando piensa la vicepresidenta del Gobierno que se podrá hacer la consulta. Del rechazo que se produce en ERC. De como sale después el portavoz del Gobierno a templar gaitas, etcétera.
Todo esto genera enormes divergencias entre lo que opinan las supuestas clases dirigentes y la sociedad que deberían representar. Es decir, el juego de espejos trasladado a la política y a la comunicación. O como decía un viejo líder político: “no es lo mismo la opinión publica que la publicada”.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 13/11/13
17 de novembre 2013
DE MOISÉS A PÉREZ RUBALCABA
Cuenta La Biblia que Moisés condujo a su pueblo para hacer la travesía que les iba a llevar a la Tierra Prometida. Tuvieron que salvar un sinfín de parajes inhóspitos y Moisés tuvo que realizar innumerables milagros para aplacar la dureza de la travesía y esquivar infinidad de inconvenientes, incluidas las iras y desasosiegos de sus seguidores, hasta llegar al pueblo de Israel que Yahveh les había asignado. Cuando los hebreos llegaron a las puertas de la Tierra Prometida, Moisés sabía que no estaba lejos la hora de su muerte y le pasó el mando a Josué. Josué cruzó el río Jordán dejando atrás casi 40 años de permanencia en el desierto y los hebreos guiados por Josué entraron en la Tierra Prometida.
En su larga carrera política, Alfredo Pérez Rubalcaba ha ocupado infinidad de cargos. Así por ejemplo, fue ministro de Educación y Ciencia, ministro de la Presidencia. Y ha sido diputado por Toledo , Madrid, Cantabria y Cádiz . En abril de 2006 fue nombrado ministro del Interior. En 2010 tomó posesión como vicepresidente primero y portavoz del Gobierno, conservando además sus responsabilidades en el Ministerio del Interior.
El 27 de mayo de 2011 fue propuesto por el Comité Federal del PSOE como candidato a la presidencia del gobierno a las elecciones generales. Tras dimitir de todos sus cargos para preparar su candidatura encabezó las listas socialistas de los comicios de 2011. El partido socialista perdió frente al Partido Popular liderado por Mariano Rajoy. Obtuvo 7 millones de votos, lo que se tradujo en 110 asientos en el Congreso de los Diputados. Pero fue el peor resultado electoral a nivel nacional para el PSOE desde la restauración de la democracia
Pérez Rubalcaba es, sin dudad alguna, un camaleón político, superviviente de mil batallas. Pese a la derrota en las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011, presentó su candidatura a la secretaría general del Partido Socialista Obrero Español. Convirtiéndose de ese modo en el nuevo secretario general socialista tras vencer por 22 votos a la candidatura liderada por Carme Chacón.
Su hoja de servicios a la política española en general, y al socialismo en particular, es brillante. En esta última época, le ha tocado llevar a cabo la ingrata y difícil tarea de liderar su partido en la travesía del desierto que significa estar en la oposición. Eso le ha supuesto tener que lidiar con un Gobierno respaldado por una cómoda mayoría parlamentaria que, de una forma u otra, ha intentado cargar todos los desastres a beneficio de inventario del Gobierno anterior. A la vez que debía afrontar la insumisión, en unas ocasiones, y la arrogancia en otras, de sus propios compañeros.
Con este paisaje de fondo, el PSOE ha realizado su Conferencia Política en la que se ha querido definir su proyecto “para la próxima década”. Con la participación de 750 miembros del partido y 250 representantes de colectivos sociales, todos con voz y voto. Se ha lanzado la idea que esta era la puesta de largo de “una izquierda con vocación de mayoría”, como decía días atrás Ramón Jauregui en un artículo publicado en El País (5/11/13).
Todo indica que en esas jornadas se ha hecho un buen trabajo, si bien es verdad que el tema territorial se ha ventilado con unas pocas docenas de líneas en un documento de más de 400 páginas. Volver a los orígenes, contacto con la calle y unidad de partido son las tres ideas fuerza que se han marcado en la mencionada conferencia para superar la credibilidad y salir del pozo electoral en que está sumido el partido.
No obstante, se echa en falta una política económica alternativa a la austeridad a ultranza que estamos viviendo. Asimismo, está por ver si hay voluntad firme de recuperar la identidad socialdemócrata, perdida en la última etapa de la época Zapatero.
Ciertamente, entre la hagiografía de Moisés y la biografía política de Pérez Rubalcaba hay grandes diferencias. Sin embargo, se observa un cierto paralelismo. Por otra parte, como dice Felipe González, Rubalcaba es una de las cabezas mejor amuebladas de la política actual, pero es evidente que hay una clara crisis de liderazgo en la izquierda y de manera más acusada entre los socialistas, que encuesta tras encuesta se pone de manifiesto que no levantan cabeza. En situaciones como esa, lo más inteligente es echarse a un lado y que otro sin plomo en las alas y con el carisma suficiente, pueda liderar un proyecto que de confianza y genere ilusión a esos millones de ciudadanos que no se resignan.
Y para elegir a ese o a esa líder que como Josué cruce el río Jordán de la política española y deje atrás el desierto que significa estar en la oposición, nada mejor que unas elecciones primarias abiertas a la ciudadanía donde escoger a la persona que nos lleve a la Tierra Prometida de la igualdad, la justicia social, y la solidaridad..
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 13/11/13
En su larga carrera política, Alfredo Pérez Rubalcaba ha ocupado infinidad de cargos. Así por ejemplo, fue ministro de Educación y Ciencia, ministro de la Presidencia. Y ha sido diputado por Toledo , Madrid, Cantabria y Cádiz . En abril de 2006 fue nombrado ministro del Interior. En 2010 tomó posesión como vicepresidente primero y portavoz del Gobierno, conservando además sus responsabilidades en el Ministerio del Interior.
El 27 de mayo de 2011 fue propuesto por el Comité Federal del PSOE como candidato a la presidencia del gobierno a las elecciones generales. Tras dimitir de todos sus cargos para preparar su candidatura encabezó las listas socialistas de los comicios de 2011. El partido socialista perdió frente al Partido Popular liderado por Mariano Rajoy. Obtuvo 7 millones de votos, lo que se tradujo en 110 asientos en el Congreso de los Diputados. Pero fue el peor resultado electoral a nivel nacional para el PSOE desde la restauración de la democracia
Pérez Rubalcaba es, sin dudad alguna, un camaleón político, superviviente de mil batallas. Pese a la derrota en las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011, presentó su candidatura a la secretaría general del Partido Socialista Obrero Español. Convirtiéndose de ese modo en el nuevo secretario general socialista tras vencer por 22 votos a la candidatura liderada por Carme Chacón.
Su hoja de servicios a la política española en general, y al socialismo en particular, es brillante. En esta última época, le ha tocado llevar a cabo la ingrata y difícil tarea de liderar su partido en la travesía del desierto que significa estar en la oposición. Eso le ha supuesto tener que lidiar con un Gobierno respaldado por una cómoda mayoría parlamentaria que, de una forma u otra, ha intentado cargar todos los desastres a beneficio de inventario del Gobierno anterior. A la vez que debía afrontar la insumisión, en unas ocasiones, y la arrogancia en otras, de sus propios compañeros.
Con este paisaje de fondo, el PSOE ha realizado su Conferencia Política en la que se ha querido definir su proyecto “para la próxima década”. Con la participación de 750 miembros del partido y 250 representantes de colectivos sociales, todos con voz y voto. Se ha lanzado la idea que esta era la puesta de largo de “una izquierda con vocación de mayoría”, como decía días atrás Ramón Jauregui en un artículo publicado en El País (5/11/13).
Todo indica que en esas jornadas se ha hecho un buen trabajo, si bien es verdad que el tema territorial se ha ventilado con unas pocas docenas de líneas en un documento de más de 400 páginas. Volver a los orígenes, contacto con la calle y unidad de partido son las tres ideas fuerza que se han marcado en la mencionada conferencia para superar la credibilidad y salir del pozo electoral en que está sumido el partido.
No obstante, se echa en falta una política económica alternativa a la austeridad a ultranza que estamos viviendo. Asimismo, está por ver si hay voluntad firme de recuperar la identidad socialdemócrata, perdida en la última etapa de la época Zapatero.
Ciertamente, entre la hagiografía de Moisés y la biografía política de Pérez Rubalcaba hay grandes diferencias. Sin embargo, se observa un cierto paralelismo. Por otra parte, como dice Felipe González, Rubalcaba es una de las cabezas mejor amuebladas de la política actual, pero es evidente que hay una clara crisis de liderazgo en la izquierda y de manera más acusada entre los socialistas, que encuesta tras encuesta se pone de manifiesto que no levantan cabeza. En situaciones como esa, lo más inteligente es echarse a un lado y que otro sin plomo en las alas y con el carisma suficiente, pueda liderar un proyecto que de confianza y genere ilusión a esos millones de ciudadanos que no se resignan.
Y para elegir a ese o a esa líder que como Josué cruce el río Jordán de la política española y deje atrás el desierto que significa estar en la oposición, nada mejor que unas elecciones primarias abiertas a la ciudadanía donde escoger a la persona que nos lleve a la Tierra Prometida de la igualdad, la justicia social, y la solidaridad..
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 13/11/13
SALIR DEL AGUJERO
Según el banco de España, hemos dejado la recesión atrás. Una recesión que han experimentado, en mayor o menor medida, todos los países occidentales al rebufo de las hipotecas subprime. Ahora, un avance pírrico de un 0,1% del PIB en el tercer trimestre en comparación con el segundo, significa, al menos para los técnicos, ver la luz al final del túnel.
Eso si, el paisaje después de la batalla es desolador. Tras más de cinco años de depresión se han perdido 3,7 millones de puestos de trabajo y la actividad económica ha caído un 7,5%. La desigualdad entre las diversas clases sociales se ha agudizado de forma exponencial, más del 25% de la población vive en riesgo de exclusión y el Estado del bienestar está hecho jirones.
Con todo, el ministro de Economía, Luís de Guindos, ha querido ver el vaso medio lleno y cuando habla de la situación se refiere a algo más que a un “dato puntual”, si bien aportilla que “queda mucha crisis por delante, pero este es el primer paso, aunque pequeño, tímido y limitado”.
Coincide está visión moderadamente optimista con la de los mercados e inversores financieros que en los últimos tiempos están apostando por una recuperación sin vuelta atrás. En estos momentos, para muchos inversores, resulta atractivo invertir en España. Y lo es porque un buen número de empresas españolas en la época de bonanza consiguieron un alto grado de penetración en los mercados internacionales, pero ahora están fuertemente endeudadas. Como dice el estadístico del Estado Juan Ignacio Crespo “hemos entrado en un circuito virtuoso de confianza, pero no hay certeza de que vaya a durar”. Por nuestro propio bien, esperemos que sí.
En cualquier caso, aquellos versos de Espronceda según los cuales “nada es verdad ni mentira/, todo es según le color del cristal/ con que se mira”, adquieren hoy plena vigencia. Alfredo Pérez Rubalcaba dice que “no se puede hablar de recuperación de la economía española mientras no se pueda hablar de recuperación de la economía de los españoles”. Para Gaspar Llamazares, diputado de IU, “hablar de crecimiento roza el sarcasmo, los ciudadanos viven una situación de paro masivo y depresión económica”. Abundando en estas argumentaciones debemos recordar que, en lo que llevamos de legislatura, se han destruido un millón de empleos y la deuda ha aumentado en 250.000 millones de euros. Por si esto fuera poco, recordemos que tras la crisis de los noventa se tardaron más de 13 años para que la economía española llegase a tasas de desempleo similares a las europeas.
El 26% de paro, la gran cantidad de deuda acumulada (próxima al 100% del PIB) y la escasez del consumo interno lastrarán lo indecible la salida del agujero. Para los analistas del Instituto Flores de Lemus “resulta razonable esperar el nivel de empleo anterior a la crisis entrono al 2026”, ahí es nada.
Con todos estos datos sobre la mesa, hay que ser prudente y moderadamente optimista. La ocupación, en su conjunto, ha seguido cayendo en agricultura, industria y construcción. Tan solo los servicios impulsados por el turismo han dado datos esperanzadores, pero sabida es la estacionalidad del sector. En consecuencia, resulta muy arriesgado pronosticar que estamos ante el inicio de una reactivación sostenible del empleo. Además, no hemos de perder de vista que la población activa sigue cayendo, y eso indica el desánimo existente en la búsqueda de trabajo.
Ciertamente, nuestro mercado laboral ha encadenado dos trimestres de creación de empleo y descenso del paro. Entre julio y septiembre se han creado 39.500 empleos, el desempleo ha bajado en más de 72.000 personas y eso significa que el paro ha bajado en tres décimas y esa es una buena noticia. No obstante, acabado el verano, la tímida recuperación económica no impedirá que se vuelva a destruir empleo.
La mejora ha sido anémica y lo es más si tenemos en cuenta que la práctica totalidad del empleo creado en el último trimestre fue temporal, 169.500 contratos de trabajo con fecha de caducidad, frente 146.500 fijos destruidos. Por otra parte, a este galimatías de cifras debemos añadir que casi la mitad de la caída del desempleo obedece al desánimo laboral, a al vez que el descenso de la población activa tiene que ver con la marcha de una parte de la población extranjera.
Sería deseable que estos pretendidos brotes verdes llegaran a la economía real, que las empresas tuvieran financiación y que se generara una auténtica política industrial. El empleo aumenta cuando aumenta el consumo y la inversión no especulativa. Por tanto, el Gobierno haría bien en reforzar esas facetas. Eso haría que las empresas aplicasen inversiones para satisfacer la demanda y no buscasen tan solo la especulación como ha sucedido en los últimos tiempos con demasiada frecuencia.
A partir de ahora, cabe esperar que estos dos ámbitos (consumo e inversión) mejoren, pero lo harán lentamente y todavía en tasas negativas. Según los expertos no habrá creación neta de empleo en términos interanuales hasta el tercer trimestre de 2014.
De todos modos, deberemos estar muy atentos al pacto de gran coalición que se está gestando en Alemania entre cristianodemócratas y socialdemócrata (CDU-CSU/SPD). Será muy importante que se incorpore el mayor número posible de los 10 mandamientos propuestos por los socialdemócratas.
Como mínimo, se debería aumentar del gasto en infraestructuras, la implantación de un salario mínimo de 8,5 euros hora que corrija al menos en parte la devaluación salarial de la Agenda 2010 y una nueva agenda para el crecimiento europeo: todo ello generaría más consumo. Al fin y a al cabo se trata de engrasar la máquina de la economía, incluida la de los países socios exportadores.
No es cuestión de hacer propuestas revolucionarias: no procede. Ahora bien, hay margen para llevar a cabo una política económica que marque un claro cambio de tendencia y arrinconar, de forma definitiva, la obsesión por la austeridad. De ese modo, aunque sea lentamente, podremos salir del agujero.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 30/10/13
Eso si, el paisaje después de la batalla es desolador. Tras más de cinco años de depresión se han perdido 3,7 millones de puestos de trabajo y la actividad económica ha caído un 7,5%. La desigualdad entre las diversas clases sociales se ha agudizado de forma exponencial, más del 25% de la población vive en riesgo de exclusión y el Estado del bienestar está hecho jirones.
Con todo, el ministro de Economía, Luís de Guindos, ha querido ver el vaso medio lleno y cuando habla de la situación se refiere a algo más que a un “dato puntual”, si bien aportilla que “queda mucha crisis por delante, pero este es el primer paso, aunque pequeño, tímido y limitado”.
Coincide está visión moderadamente optimista con la de los mercados e inversores financieros que en los últimos tiempos están apostando por una recuperación sin vuelta atrás. En estos momentos, para muchos inversores, resulta atractivo invertir en España. Y lo es porque un buen número de empresas españolas en la época de bonanza consiguieron un alto grado de penetración en los mercados internacionales, pero ahora están fuertemente endeudadas. Como dice el estadístico del Estado Juan Ignacio Crespo “hemos entrado en un circuito virtuoso de confianza, pero no hay certeza de que vaya a durar”. Por nuestro propio bien, esperemos que sí.
En cualquier caso, aquellos versos de Espronceda según los cuales “nada es verdad ni mentira/, todo es según le color del cristal/ con que se mira”, adquieren hoy plena vigencia. Alfredo Pérez Rubalcaba dice que “no se puede hablar de recuperación de la economía española mientras no se pueda hablar de recuperación de la economía de los españoles”. Para Gaspar Llamazares, diputado de IU, “hablar de crecimiento roza el sarcasmo, los ciudadanos viven una situación de paro masivo y depresión económica”. Abundando en estas argumentaciones debemos recordar que, en lo que llevamos de legislatura, se han destruido un millón de empleos y la deuda ha aumentado en 250.000 millones de euros. Por si esto fuera poco, recordemos que tras la crisis de los noventa se tardaron más de 13 años para que la economía española llegase a tasas de desempleo similares a las europeas.
El 26% de paro, la gran cantidad de deuda acumulada (próxima al 100% del PIB) y la escasez del consumo interno lastrarán lo indecible la salida del agujero. Para los analistas del Instituto Flores de Lemus “resulta razonable esperar el nivel de empleo anterior a la crisis entrono al 2026”, ahí es nada.
Con todos estos datos sobre la mesa, hay que ser prudente y moderadamente optimista. La ocupación, en su conjunto, ha seguido cayendo en agricultura, industria y construcción. Tan solo los servicios impulsados por el turismo han dado datos esperanzadores, pero sabida es la estacionalidad del sector. En consecuencia, resulta muy arriesgado pronosticar que estamos ante el inicio de una reactivación sostenible del empleo. Además, no hemos de perder de vista que la población activa sigue cayendo, y eso indica el desánimo existente en la búsqueda de trabajo.
Ciertamente, nuestro mercado laboral ha encadenado dos trimestres de creación de empleo y descenso del paro. Entre julio y septiembre se han creado 39.500 empleos, el desempleo ha bajado en más de 72.000 personas y eso significa que el paro ha bajado en tres décimas y esa es una buena noticia. No obstante, acabado el verano, la tímida recuperación económica no impedirá que se vuelva a destruir empleo.
La mejora ha sido anémica y lo es más si tenemos en cuenta que la práctica totalidad del empleo creado en el último trimestre fue temporal, 169.500 contratos de trabajo con fecha de caducidad, frente 146.500 fijos destruidos. Por otra parte, a este galimatías de cifras debemos añadir que casi la mitad de la caída del desempleo obedece al desánimo laboral, a al vez que el descenso de la población activa tiene que ver con la marcha de una parte de la población extranjera.
Sería deseable que estos pretendidos brotes verdes llegaran a la economía real, que las empresas tuvieran financiación y que se generara una auténtica política industrial. El empleo aumenta cuando aumenta el consumo y la inversión no especulativa. Por tanto, el Gobierno haría bien en reforzar esas facetas. Eso haría que las empresas aplicasen inversiones para satisfacer la demanda y no buscasen tan solo la especulación como ha sucedido en los últimos tiempos con demasiada frecuencia.
A partir de ahora, cabe esperar que estos dos ámbitos (consumo e inversión) mejoren, pero lo harán lentamente y todavía en tasas negativas. Según los expertos no habrá creación neta de empleo en términos interanuales hasta el tercer trimestre de 2014.
De todos modos, deberemos estar muy atentos al pacto de gran coalición que se está gestando en Alemania entre cristianodemócratas y socialdemócrata (CDU-CSU/SPD). Será muy importante que se incorpore el mayor número posible de los 10 mandamientos propuestos por los socialdemócratas.
Como mínimo, se debería aumentar del gasto en infraestructuras, la implantación de un salario mínimo de 8,5 euros hora que corrija al menos en parte la devaluación salarial de la Agenda 2010 y una nueva agenda para el crecimiento europeo: todo ello generaría más consumo. Al fin y a al cabo se trata de engrasar la máquina de la economía, incluida la de los países socios exportadores.
No es cuestión de hacer propuestas revolucionarias: no procede. Ahora bien, hay margen para llevar a cabo una política económica que marque un claro cambio de tendencia y arrinconar, de forma definitiva, la obsesión por la austeridad. De ese modo, aunque sea lentamente, podremos salir del agujero.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 30/10/13
28 d’octubre 2013
ABRIR EN FESTIVO
Los capitostes del comercio
y el Ayuntamiento de Barcelona han ido mareando la perdiz, de abrir o no las
tiendas los festivos, hasta que el tema ha madurado lo suficiente para ponerlo
sobre la mesa. El detonante ha sido un estudio de la Universidad de Barcelona,
según el cual abriendo los festivos de
julio y agosto, en determinadas zonas de la ciudad, se potenciarían las compras turísticas, sin modificar los
hábitos de los compradores locales.
El mencionado informe
sugiere que incluso se podrían generar puestos de trabajo. Pero pasa por alto
que lo que hacen las empresas, en estos casos, es cambiar el día de fiesta de los empleados
(el festivo por cualquier otro día de la semana y así ni siquiera se da la
opción a cobrar el día trabajado).
Sería bueno que alguien
explicara con qué legalidad moral se permitirá abrir en Paseo de Gracia y no en
Vía Julia. O bien, ¿quien va a garantizar que en aras de la libre competencia
pasado mañana no se permitirá abrir 365
días al año y 24 horas al día?
De abrirse así la veda, es
posible que lo que para empezar se plantea en zonas delimitadas, días
determinados y horarios acotados, en breve se convierta en una guerra sin
cuartel, con el lema sálvese quien pueda.
Soy de la opinión que no se
puede prohibir trabajar cuando hay trabajo. Ahora bien, se debería ponderar si
el beneficio de unos no será un prejuicio excesivo para otros. Es falaz decir que
no se perjudicará al resto del comercio de la ciudad. Es muy probable que se
produzca la compra de traslación (“como
mañana está abierto en el centro, realizaremos allí nuestra compra”).
Ciertamente, tan legítima es
una opción como otra, pero el Gobierno municipal no puede seguir con su ambigüedad calculada. El discurso convergente,
que consiste en decir que protege al pequeño comercio mientras impulsa la
desregulación por debajo de la mesa, está agotado.
“No escupas para arriba que
te puede caer en la cara”, dice un viejo refrán. Eso es exactamente lo que le ha sucedido al Departamento de Empresa que
meses atrás impugnó el decreto estatal que duplica la abertura en días festivos
y ahora, si prospera la iniciativa de Barcelona, se verá obligado a autorizar
aquello que recurrió
Abrir o no abrir las tiendas
en festivo: esa es la cuestión.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 22/10/13
PENSIONES Y PERAS LA OLMO
Los sistemas públicos de pensiones junto con la
sanidad y la educación son los pilares
básicos del Estado del Bienestar. Las pensiones públicas de vejez se iniciaron
en Alemania con el canciller Bismarck a finales del siglo XIX. Pero no fue
hasta después de la Segunda Guerra Mundial que se consolidaron y ampliaron en
el Reino Unido. Esto sucedió con un gobierno laborista a partir del informe Beveridge. En el sistema
de economía planificada de Rusia y los países de la órbita soviética también se
disponía de unas prestaciones para cubrir las necesidades de la genta mayor. Es
decir, en Europa han existido desde principios del siglo XX diversos sistemas de pensiones públicos y obligatorios
para los trabajadores.
España, a pesar
de que se incorporó más tarde al proceso histórico de desarrollo de la sociedad
del bienestar, ha realizado un esfuerzo considerable durante las tres últimas
décadas. En la etapa democrática se ha recuperado buena parte del terreno
perdido en el ámbito de la política social. La brecha social que nos separaba
de los países europeos más desarrollados se redujo durante el periodo de
1982-1996, pero volvió a abrirse entre 1996 y 2004, para disminuir
aceleradamente durante los años siguientes. Lamentablemente desde diciembre de
2011, estamos retrocediendo un importante trecho de la senda recorrida. Y es un
hecho poco cuestionable que el Gobierno de Mariano Rajoy está
haciendo recaer las reformas y ajustes para salir de la crisis en aquellos que
tienen menos capacidad de defensa. Además, la severidad de la crisis económica
que estamos padeciendo ha hecho que la viabilidad del sistema público de
pensiones haya sido seriamente cuestionada.
En consecuencia, el
sistema español de pensiones vive hoy una encrucijada histórica. No le falta razón a la ministra de Empleo
Fátima Báñez cuando dice que “la reforma de las pensiones es el debate más
importante que tiene planteado la sociedad española”. Ahora bien, lo que
trasluce más allá de las palabras de la ministra es el interés en provocar un
cambio en profundidad de nuestro sistema público de pensiones, que responde a
planteamientos ideológicos, En esencia
se trata de reducir la cuantía de las pensiones contributivas, para ampliar el
campo de acción de los fondos privados de pensiones.
La Seguridad Social es uno de los sistemas públicos
que moviliza más dinero en cualquier país. Y en el caso concreto de España
está, a día de hoy, fuera de la órbita de las entidades financieras. (Bancos,
Cajas y compañías de seguros) No cabe
duda que las considerables cantidades de dinero que se generan en este terreno
son un fuerte polo de atracción para las entidades privadas. En esta situación,
a nadie debe extrañar que éstas promuevan de todas las maneras posibles la
privatización de una parte la Seguridad Social, obviamente la que resulta
rentable. Pero para alcanzar sus objetivos, necesitan de alguien que les aplane
el camino y el Gobierno del Partido Popular se está convirtiendo en el colaborador
necesario.
Las entidades financieras no dejan de insistir de
forma machacona en la inviabilidad del sistema, por lo que éste, pensiones
incluidas -amenazan-, se colapsará en los próximos años. Valga decir aquí que
está predicción se repite de forma cíclica. Se hizo en los primeros 70
vaticinando el colapso para los finales de la misma década, se repitió al
inicio de los 80, después en los 90 y ahora vuelve el aviso con más fuerza si
cabe, y esta vez, además, en medio de una crisis económico financiera que lo
hace todavía más pernicioso.
La reforma de las pensiones afecta a nueve millones
de pensionistas. También a aquellos que ya han cumplido el medio siglo de vida
y ahora ven próximo el momento de
empezar a cobrar su pensión. Pero a éstos les entran todos los sudores del
mundo al pensar que, con el factor de sostenibilidad y la supresión del IPC
para calcular las revalorizaciones, disminuirá su pensión, y, por tanto, caerá
su nivel de vida.
Según datos del Instituto de Estudios Fiscales,
órgano dependiente del Ministerio de Hacienda, se prevé que las pensiones puedan
bajar hasta un 40%. Se ha calculado que con la reforma las pensiones medias
lleguen a caer, según vayan las cosas, 1.500 euros anuales. Que la devaluación
de la prestación se alargará como mínimo hasta 2022 y que se espera un ahorro
anual sostenido de unos 5.000 millones de euros. En conjunto el Gobierno espera
ahorrar 33.000 millones. Es evidente que con esas cifras sobre la mesa la
revuelta social está servida.
En estas circunstancias, lo razonable sería que el
presidente del Gobierno dejara de esconderse y explicara la situación. Esta
sociedad ha dado pruebas sobradas de madurez y si se le explica que la fuerte
destrucción de empleo está provocando un elevado déficit en la Seguridad Social
que impide revalorizar las pensiones e incluso obliga a recortar las prestaciones
de más cuantía como se ha hecho con el funcionariado, la gente comprenderá.
Ciertamente no será un plato de gusto para nadie, pero será preferible a generar dudas sobre el sistema público de
pensiones en los próximos 30 años.
De todos modos, siendo el presidente del Ejecutivo
Mariano Rajoy, con el currículo de comunicador y dialogante que se ha ganado a
pulso, haciendo comparecencias de prensa sin preguntas y con pantallas de
plasma, tal vez sea más factible pedir peras al olmo.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 18/10/13
06 d’octubre 2013
EL FUTURO DE LA MONARQUÍA
Quisiera empezar estas líneas deseando una rápida recuperación, en su estado de salud, al ciudadano Juan Carlos de Borbón Borbón-Dos Sicilias. Asimismo, quiero aprovechar la inmejorable oportunidad que me brinda esta ventana que es Crónica Global para pedir a Juan Carlos I, Rey de España, que abdique. Que abdique por dignidad, por respeto a su familia y a lo que representa y, sobre todo, que abdique por la dignidad y el respeto que el pueblo al que reina, estoy seguro, le merece.
Soy republicano convencido y espero, más pronto que tarde, poder ver la proclamación de la III República Española, pero mientras eso no sucede, nos conviene que la casa esté lo más adecentada posible. Por eso, resulta necesario tener una Jefatura de Estado que sea capaz de afrontar los temas con la máxima capacidad y disponibilidad posible, y, a día de hoy, ese no es el caso.
Como afirma Jaime Ignacio del Burgo, en una Monarquía parlamentaria el rey carece de poder real, ya que este reside en la Cortes y es al Gobierno a quien corresponde la dirección de la política exterior e interior. Pero la Corona ha de ejercer, en momentos de crisis institucional, una función arbitral y moderadora, cuyos contornos no están definidos en al Constitución y nadie se ha ocupado de definir; pero que sobre todo adquiere mayor relevancia cuando se trata de asuntos que afectan a la unidad y a la permanencia de la nación y de Estado, cuyo símbolo es precisamente el Rey. Quizá si en el affaire del soberanismo catalán la Corona se hubiera implicado, mediado adecuadamente y a tiempo, a lo mejor ahora estaríamos viviendo otra dimensión del problema.
En la última encuesta llevada a cabo por el CIS, se pone de manifiesto la caída en desgracia de la Monarquía. La desafección colectiva hacia la Corona no es una anécdota. La opinión pública en general está dando la espalda a la Institución. Como dicen desde la dirección del PSOE “la Corona debe trabajar mucho para ganarse a la ciudadanía que sufre”. También es verdad que el Rey lleva más de 37 años en le trono y eso supone un desgaste que sumado a otras cuestiones conocidas por todos, han hecho que el deterioro de la Corona y de la imagen del Rey sea profundo. De todos modos, conviene no olvidar que la Monarquía es la institución menos regulada de nuestro sistema constitucional.
Puesto que estoy convencido de que mi petición de abdicación, con la que empezaba estas líneas, no será tenida en cuenta, considero que el Rey debería contemplar y completar su rehabilitación física con la rehabilitación política de la Institución -la palabra es polivalente y sirve tanto para lo físico, lo ético y lo político-. Para ello, debería comparecer en el Congreso de los Diputados dar explicaciones (todas), proponer soluciones (abdicación, regencia o continuidad) y plantear una amplia gama de reformas que hicieran posible la transformación de la actual Monarquía en una institución conforme a los tiempos que vivimos.
Ciertamente, seria una situación excepcional en la que no hace falta ofender ni humillar a nadie, pero que devolvería la dignidad perdida a la más alta magistratura del Estado. Eso si, en todo ese proceso, se deberían evitar las vejaciones, los servilismos y los privilegios innecesarios. Tal vez sería duro, si, pero ineludible. No podemos olvidar que el Congreso es el representante legítimo de los ciudadanos y allí sabrán encontrar el formato adecuado.
Los ciudadanos estamos faltos de gestos sinceros; y por esa vía la Corona podría reconectar con la ciudadanía. Más adelante, el tiempo dirá.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 05/10/13
Soy republicano convencido y espero, más pronto que tarde, poder ver la proclamación de la III República Española, pero mientras eso no sucede, nos conviene que la casa esté lo más adecentada posible. Por eso, resulta necesario tener una Jefatura de Estado que sea capaz de afrontar los temas con la máxima capacidad y disponibilidad posible, y, a día de hoy, ese no es el caso.
Como afirma Jaime Ignacio del Burgo, en una Monarquía parlamentaria el rey carece de poder real, ya que este reside en la Cortes y es al Gobierno a quien corresponde la dirección de la política exterior e interior. Pero la Corona ha de ejercer, en momentos de crisis institucional, una función arbitral y moderadora, cuyos contornos no están definidos en al Constitución y nadie se ha ocupado de definir; pero que sobre todo adquiere mayor relevancia cuando se trata de asuntos que afectan a la unidad y a la permanencia de la nación y de Estado, cuyo símbolo es precisamente el Rey. Quizá si en el affaire del soberanismo catalán la Corona se hubiera implicado, mediado adecuadamente y a tiempo, a lo mejor ahora estaríamos viviendo otra dimensión del problema.
En la última encuesta llevada a cabo por el CIS, se pone de manifiesto la caída en desgracia de la Monarquía. La desafección colectiva hacia la Corona no es una anécdota. La opinión pública en general está dando la espalda a la Institución. Como dicen desde la dirección del PSOE “la Corona debe trabajar mucho para ganarse a la ciudadanía que sufre”. También es verdad que el Rey lleva más de 37 años en le trono y eso supone un desgaste que sumado a otras cuestiones conocidas por todos, han hecho que el deterioro de la Corona y de la imagen del Rey sea profundo. De todos modos, conviene no olvidar que la Monarquía es la institución menos regulada de nuestro sistema constitucional.
Puesto que estoy convencido de que mi petición de abdicación, con la que empezaba estas líneas, no será tenida en cuenta, considero que el Rey debería contemplar y completar su rehabilitación física con la rehabilitación política de la Institución -la palabra es polivalente y sirve tanto para lo físico, lo ético y lo político-. Para ello, debería comparecer en el Congreso de los Diputados dar explicaciones (todas), proponer soluciones (abdicación, regencia o continuidad) y plantear una amplia gama de reformas que hicieran posible la transformación de la actual Monarquía en una institución conforme a los tiempos que vivimos.
Ciertamente, seria una situación excepcional en la que no hace falta ofender ni humillar a nadie, pero que devolvería la dignidad perdida a la más alta magistratura del Estado. Eso si, en todo ese proceso, se deberían evitar las vejaciones, los servilismos y los privilegios innecesarios. Tal vez sería duro, si, pero ineludible. No podemos olvidar que el Congreso es el representante legítimo de los ciudadanos y allí sabrán encontrar el formato adecuado.
Los ciudadanos estamos faltos de gestos sinceros; y por esa vía la Corona podría reconectar con la ciudadanía. Más adelante, el tiempo dirá.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 05/10/13
LA ESPIRAL DEL SILENCIO
La teoría de la espiral del silencio parte del supuesto básico de que la mayor parte de las personas tienen miedo al aislamiento. Alexis de Tocqueville en el siglo XIX ya defendió que la gente puede preferir el error al miedo. Por eso, muchos conciudadanos, antes manifestar sus opiniones, primero tratan de identificar las ideas, para luego sumarse a la opinión mayoritaria o consensuada. En esta disyuntiva la principal fuente de información deberían ser los medios de comunicación, en especial los públicos, que facilitando la máxima información de forma neutra y veraz facilitaran a los ciudadanos las herramientas necesarias para que estos pudieran forjarse una opinión sin perjuicios previos.
Según Noelle-Neumann, un clima de opinión actúa como un fenómeno de contagio, ya que la opción mayoritaria se extiende rápidamente por toda la sociedad y decanta las tendencias hacia una determinada opción que cristaliza en adhesión y votos.
Es innegable que algo de eso está sucediendo hoy en Cataluña. Sin negar ni un ápice el éxito que supuso la Vía Catalana para la Independencia del pasado 11 de septiembre (un millón largo de personas salieron a la calle), es evidente que ninguna entidad, por potente que sea, si no cuenta con un gran apoyo logístico y, sobre todo, propagandístico, no puede llevar a cabo semejante proeza.
Y ahí, desde mi punto de vista, es donde nace una parte de los problemas que tenemos hoy en Cataluña, y ese es el embrión de gran parte de los que se nos avecinan: la falta de ecuanimidad de los medios de comunicación públicos.
Me consta que muchos conciudadanos se sienten amedrentados por el aparato de propaganda oficial. Para decirlo claro: se está ejerciendo un férreo control sobre la información y no se respetan unos mínimos estándares de verdad y objetividad. En esas circunstancias, como sostiene Manuel Cruz, se le hurta de este modo al ciudadano la posibilidad de llegar a las urnas (cuando sea) en condiciones democráticamente aceptables.
Y aquí, más pronto que tarde, deberemos ir a votar.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 02/10/13
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