11 de juny 2006

Estatutos, autonomías y constitución

A partir de la Constitución y los estatutos, España es hoy una realidad distinta fraguada en los últimos 25 años. En este tiempo se ha llevado a cabo un extraordinario proceso de descentralización que ha generado como resultado un gran desarrollo tanto en el orden económico, como institucional y, por descontado, en el ámbito social.

Como dijo en una ocasión el Presidente del Gobierno, “nuestra historia reciente, es la historia de un éxito”. En estos últimos años, con la instauración y el asentimiento de un sistema democrático comparable a los mejores que existen en el mundo, hemos recompuesto los puentes con nuestro mejor pasado y nos hemos situado entre los países con mejor calidad de vida, entendiendo esta expresión en el sentido más amplio.

Estamos inmersos en un proceso de modernidad donde los derechos sociales, la libertad de empresa y la solidaridad están plenamente garantizados. Como no podía ser de otra manera, el progreso se ha canalizado hacia los ciudadanos mediante el gobierno Central y las Administraciones autonómicas y locales. Por cierto, va siendo hora de que se reconozca el rol de las administraciones locales que, al estar más próximas a los ciudadanos, han desempeñado a lo largo de todos estos años. Sería, sencillamente, un acto de justicia.

Ahora bien, esto no quiere decir, ni de lejos, que todo lo que se ha hecho haya sido ni acertado, ni en la dirección adecuada. En estos últimos años se ha erosionado con demasiada frecuencia e intensidad diversa el espíritu progresista que en su día alumbró la Constitución y los estatutos autonómicos. Esto ha tenido como consecuencia, además de no pocos desencuentros políticos, la producción de retrasos innecesarios en un proceso de desarrollo que hubiera podido ser más sostenido, más racional, más equitativo y, por encima de todo, más favorable para el conjunto de la ciudadanía.

Sin temor a equivocarnos podemos afirmar que conseguir un mejor funcionamiento del sistema, consolidar el marco competencial, profundizar en los instrumentos de cooperación, mejorar la financiación autonómica y aumentar la eficacia de las administraciones públicas ha sido el leiv motiv que ha movido a todos los gobernantes desde la transición hasta hoy. Otra cosa es la versión que cada uno de ellos ha hecho del mismo tema. Utilizando conceptos musicales podríamos decir que algunos han realizado una interpretación demasiado libre de la obra

A lo largo de todo este tiempo se ha consolidado un determinado marco competencial, pero, con simultaneidad, se ha puesto de manifiesto una voluntad limitadora e incluso rácana a la hora de otorgar recursos. El caso más paradigmático es la sanidad. Aquí cabe la sospecha de que lo que se quería transferir no era tanto la competencia sino el problema en sí.

Por otra parte, es de justicia reconocer que la administración central ha perdido peso de forma casi armónica con respecto a la cesión de competencias y recursos. A pesar de este avance hemos de reconocer que no existe, todavía, una perfecta sintonía entre los tres niveles de administración y es ahí donde los entes locales se llevan la peor parte. Sería, según mi criterio, un paso adelante considerable traspasar a la administración local un paquete, lo más grande posible, de servicios personales.

También debemos considerar muy positivo que a partir de las reformas parciales del sistema de financiación se hayan repartido más recursos para autonomías y ayuntamientos. Esto nos ha colocado en unos porcentajes de distribución que podemos situar entorno al 30% para el Estado el 50% para las autonomías y un 20% para los ayuntamientos. Este sistema de reparto, de medios, pone sobre el tapete que los entes locales siguen siendo el pariente pobre y los menos favorecidos a la hora de recibir recursos, cuando lo más habitual es que den servicios muy por encima de sus posibilidades, e incluso competencias. Así las cosas, cabe pensar que hay que evolucionar hacia un reparto más equitativo que debería rondar el 30-40-30.

En la misma línea positivista hay que enmarcar el acuerdo suscrito en diciembre de 2004 entre el Gobierno Central y la CCAA mediante el cual se ha dado un paso importante en el sentido que se ha hecho posible la participación de consejeros autonómicos en las reuniones del Consejo de Ministros de la UE.

Pero la sociedad es cambiante y evolutiva y hoy tenemos sobre la mesa problemas y cuestiones que hace 25 años no existían. Por eso, entre otras cosas, el mapa competencial no se podrá cerrar nunca, lo que no quiere decir que se deba estar de forma constante y permanente con la reivindicación en los labios. Y precisamente por eso es necesario abordar, en estos momentos, sin complejos y sin traumas los nuevos retos que nos plantea la movilidad migratoria. De la misma manera debemos ver como ubicamos en nuestra sociedad las nuevas tecnologías para que éstas sean un beneficio para todos y no algo que genera división y provoca dos velocidades, es decir, dos ritmos distintos de crecimiento convirtiéndose, en definitiva, en una herramienta sólo para las élites. Y todo esto debe ser simultáneo y armónico a nuestro encaje en este mundo global que nos ha tocado vivir y, de forma muy especial, a nuestra proyección en Europa y sus instituciones.

Sin duda alguna estamos en un cruce de caminos donde corremos el riesgo de quedarnos atrapados en nuestros propios lodos o por el contrario, continuar avanzado y perseverando en lo que es el mejor periodo de nuestra historia moderna. Así las cosas, todos hemos podido percibir que en los últimos dos años se ha instalado una voluntad clara y un coraje político encomiable para llevar a cabo las reformas necesarias que nos han de permitir seguir caminando por la senda del progreso hacia un Estado cada vez más Federal, en el que sería deseable que cada cual se sintiera patriota a su manera. Como dijo Manuel Azaña, “el patriotismo no es un código de doctrina, sino algo que nos impulsa a sacrificarnos por el bien común”.

Solo si somos capaces de interiorizar que podemos vivir juntos auque seamos diferentes, podremos continuar por ese camino de progreso y bienestar descrito en este texto. Si lo que pretendemos es la uniformidad, el igualitarismo zafio y la exaltación de lo propio a partir de la negación de lo ajeno, tenemos fecha de caducidad.

Pienso, con toda sinceridad, que vale la pena perseverar en la España plural De este modo consolidaremos, por una parte, un modelo de Estado irreversible y que es punto de referencia para otros países, y por otra, conseguiremos más progreso, más libertad y más concordia para los ciudadanos de nuestro país

EL SIGLO nº 698 del 5 al 11 de junio de 2006

La decisión es nuestra

El próximo día 18 de este mes de junio, los catalanes estamos llamados a las urnas. Nos preguntaran si queremos quedarnos como estamos, o bien preferimos más autogobierno, más competencias y un nuevo y mejor sistema de financiación. Que nadie se llame a engaño, sobre eso será la pregunta y no sobre otra cosa. Ni sobre presidentes de gobierno, alianzas, pactos u otra bagatelas.

Es dentro de estas coordenadas donde los ciudadanos deberían orientar su voto. Los referéndums son terreno adecuado para que los irresponsables provoquen y la gente deje ir sus frustraciones y desencantos, aunque poco o nada tenga que ver con la opinión que se solicita.

También puede ocurrir que muchos ciudadanos pensando que ya está todo hecho dejen de ir a votar. Grave error, siempre todos los votos son necesarios. No olvidemos que un si no rotundo, sería utilizado en contra del avance y del progreso de Cataluña, necesitamos pues un si aplastante, que haga enmudecer a aquellos que han denostado sin argumentos pero si con patrañas y falsedades el estatuto y sus ventajas.

Un nuevo Estatuto que podemos sintetizar en tres líneas básicas, a saber: más autogobierno, más competencias y un sistema de financiación mejor que el actual.

En primer lugar, hay que destacar, aunque solo sea una cuestión simbólica la referencia que se hace de Cataluña como nación en un texto normativo.

Por lo que se refiere a las competencias que otorga el nuevo texto, no hay duda que daremos un gran salto cualitativo y cuantitativo. Este Estatuto reconoce los derechos históricos. Por cierto que ese reconocimiento, se hace no en base a la foralidad, sino a partir del artículo 2 de la Constitución y de otros preceptos constitucionales.

Este estatuto tendrá también un capítulo específico en derechos y deberes. Quedan en él, recogidos los derechos civiles de las personas, de la gente mayor y las familias. Se recogen, como no podía ser de otra manera, los derechos sociales de la educación, la sanidad, la vivienda, los laborales y los del medio ambiente, sin dejar de lado los políticos y administrativos.

Pero es, sin ningún género de dudas, en el tema de la financiación donde se ha llegado a los acuerdos, sino más importantes, si, al menos, más substantivos para desarrollar políticas fuertes y potentes que nos lleven a todos los ciudadanos a cuotas de bienestar hasta ahora solo conocidas por referencias de otros países, nórdicos sobre todo.

Se ha pactado que la cesta de impuestos cedidos por el Estado al Gobierno Catalán pase del 33% como hasta ahora al 50%. Este es el caso del IRPF y del IVA. Pero es que los impuestos especiales dan un salto espectacular y llegan al 58% para la Generalitat desde el 40% en que se encuentran hoy. A esto, hemos de añadir aquellos que ya son impuestos propios de nuestro Gobierno como: Sucesiones, Donaciones, Patrimonio, etc.

Esto, entre otras cosas, es lo que se pone a consideración de los ciudadanos y no otras historias. No hay que hacer ni lecturas cruzadas ni martingalas invertidas. Lo que se pregunta, el día 18, es si queremos quedarnos como estamos o queremos avanzar, ni más ni menos.

De todas formas, ha de quedar claro que es tan legítimo votar si como no. Ahora bien, sería bueno que aquellos que piden el no expliquen a cuantas camas de hospital, cuantas sillas de ruedas o a cuantas plazas de geriátrico están dispuestos a renunciar. Porqué decir no, es decir no al mayor avance que ha tenido a su alcance este país desde tiempos inmemoriales.

Al fin y al cabo, esta es la cuestión: o nos quedamos como estamos o conseguimos más medios y más recursos para que los ciudadanos disfruten de más y mejor calidad de vida.

En definitiva, seamos conscientes y consecuentes. El próximo día 18 los catalanes tenemos la palabra y, por tanto, la decisión es nuestra.

ABC 05/06/06

Ara cal dir si

Després de més dos anys de feina feixuga comencem a veure la llum al final del túnel. No ha estat gens fàcil però ara podem dir que aviat, molt aviat, tindrem un nou i bon Estatut.

Un nou i bon Estatut que podem sintetitzar en tres eixos bàsics: més autogovern, més competències i un sistema de finançament molt millor que l’actual.

A aquestes alçades ningú de bona voluntat no pot dir que aquest Estatut, que el proper 18 de juny serà sotmès a referendum, no és substancialment millor que el que tenim en vigor.

En primer terme cal destacar-hi, encara que només sigui una qüestió simbòlica, la referència que es fa a Catalunya com a nació en un text normatiu.

Pel que fa a les noves competències que otorgarà el nou text no hi ha cap dubte que donarem un gran salt qualitatiu i quantitatiu. Aquest Estatut reconeix els drets històrics. I per cert, aquest reconeixement no es fa en base a la foradat, sinó a partir de l’article 2 de la Constitució i d’altres preceptes constitucionals.

L’Estatut tindrà també un capítol específic de drets i deures. Hi queden recollits els drets civils de les persones, de la gent gran i de les famílies. S’hi recullen, com no podia ser de cap altra manera, els drets socials de l’educació, la sanitat, l’habitatge, els laborals i els de medi ambient, sense deixar de banda els polítics i administratius.

Però és, sens dubte, en el tema del finançament on s’ha arribat als acords, sinó més importants, sí, al menys, més substantius per a desenvolupar polítiques fortes i potents que ens portin a totes i tots els ciutadans a quotes de benestar fins ara només conegudes per referències d’altres països, nòrdics sobre tot.

S’ha pactat que la cistella d’impostos cedits per l’Estat al Govern Català passarà del 33%, com fins ara, al 50%. Aquest és el cas de l’IRPF i també de l’IVA. Però és que els impostos especials donen un salt espectacular a l’arribar al 58% per a la Generalitat des del 40%, que és on es troben a dia d’avui. Aquí hem d’afegir aquells que ja són tributs propis del nostre Govern, és a dir: Successions i Donacions, Patrimoni o Acates Jurídics i Documentals, entre d’altres.

En aquest apartat no podem deixar de banda l’acord a que s’ha arribat per a crear L’Agència Tributària de Catalunya. Aquesta entitat serà l’encarregada de recaptar i gestionar els tributs propis de la Generalitat i, també, els trams cedits dels impostos estatals. S’ha acordat igualment la creació, en el termini de dos anys, del Consorci Generalitat-Estat d’Administració Tributària de Catalunya. I tot això amb el rere fons de l’anomenat principi d’ordinalitat. Això vol dir que els mecanismes de solidaritat no poden alterar l’ordre de renda per càpita entre territoris i que els mecanismes d’anivellament entre comunitats han de tenir en compte els costos diferencials, com per exemple el cost de vida. Amb l’aplicació d’aquest principi evitarem que Catalunya passi del cinquè al vuitè lloc en renda per càpita com succeeix a l’actualitat.

Això és el que es posa a consideració de la ciutadania i no cap altra cosa. No si val fer-ne lectures creuades ni coses per l’estil. El que es pregunta és si ens volem quedar com estem o volem anar endavant, ni més ni menys.

De tota manera, ha de quedar clar que és tan legítim votar si com no. Ara bé, fora bo que aquells que demanen el no expliquessin a quants llits d’hospital, quantes cadires de rodes o quantes places de geriàtric estan disposats a renunciar. Perquè dir no, és dir no al major avenç que ha tingut al seu abast aquest país des de temps immemorials.

Al cap i a la fi, aquesta és la qüestió: o ens quedem com estem o aconseguim més mitjans i més recursos per a que els ciutadans gaudeixin de més i millor qualitat de vida.

Així doncs, siguem conscients i conseqüents. El proper dia 18 els catalans tenim la paraula i, per tant, la decisió és nostra.

El Punt 5/06/2006

23 de maig 2006

La manzana de la discordia


Sin ninguna duda la manzana es la fruta bíblica por antonomasia. Según cuenta la tradición fue Eva quien ofreció a Adán probar la fruta y éste, al aceptar, convirtió lo que había sido un paraíso en un valle de lagrimas, y el tránsito de los mortales por esta vida, a partir de entonces, en un crujir de dientes.

Algo similar le ha sucedido a Xavier Trias i Vidal de Llobatera en su trayectoria política. El bueno de Trias -es un decir- lo ha sido prácticamente todo en la política catalana. Consejero en diversas ocasiones, portavoz de su grupo en el Congreso de los Diputados, hombre fuerte dentro de Convergencia (su organización política) y un largo etc. Pero un buen día el patriarca Pujol le señaló como alcaldable para la ciudad de Barcelona y ahí empezaron sus desdichas. En principio rehusó la designación pero el jefe y toda la organización presionaron y él no tuvo más remedio que aceptar.

Trias es ante todo un hombre pragmático y, como tal, dialogante. Ésta ha sido una de las bases del reconocimiento político que se ha ganado a lo largo de los años. Pero él sabe que, para ser alcalde de Barcelona, esa condición es necesaria, pero no suficiente. Sabe, también, que es un político amortizado, sin ilusión y sin fuerza . Y, aunque no lo diga, es consciente de que ésta es su última oportunidad. Si ahora no lo logra, la jubilación le está esperando. Esa es la norma de Convergencia respecto a la política municipal en Barcelona. Primero fue Culell, después Roca y más tarde Molins. Los tres pasaron por el mismo vía crucis: candidato, líder de la oposición y… a casa.

El actual aspirante convergente sabe lo que le espera en mayo de 2007 –que es cuando serán las próximas elecciones municipales- y lo sabe porque, si bien es verdad que sube en algunas encuestas, en ninguna se le visualiza como ganador. En consecuencia debería explicar que alianzas piensa hacer para alcanzar el éxito. Por tanto: ¿con quien piensa pactar Xavier Trias para ser alcalde? Ésa es una buena pregunta a responder cuando enseña la manzana como símbolo de su propuesta.


Todos sabemos que para ganar unas elecciones municipales hacen falta como mínimo tres ingredientes imprescindibles. A saber: Candidato, programa y equipo.

Veamos si el señor Trias tiene mimbres para hacer un cesto.

El candidato viene con una estela de agujeros considerable. ¿Quién no recuerda como dejó en términos económicos la sanidad catalana? ¿O las encuestas que siendo Consejero de Presidencia pagó con dineros públicos y escamoteó al parlamento?

Hasta la fecha no ha desvelado absolutamente nada de su programa. Sería bueno que empezara a explicar, para que los ciudadanos tuvieran conocimiento de causa, cual es su proyecto para nuestra ciudad porque hasta ahora más allá de criticar la acción del gobierno municipal y decir que se siente social demócrata, nada de nada. Y eso, además de una frivolidad, es un insulto a la inteligencia. El nacionalismo es al socialismo lo que el agua al aceite. No hay manera de mezclarlos. Afortunadamente, claro.

Y del equipo, ¿qué decir? ¿Alguien puede hablar bien o mal, tanto da, del grupo municipal de Convergencia en el Ayuntamiento de Barcelona? Seguro que no.

Así las cosas, considero que Trias mediante su manzana, más que un mensaje electoral, nos quiere hacer saber las discrepancias que mantuvo con su organización al ser propuesto como alcaldable. Hoy, de forma críptica, nos envía un adelanto de sus memorias porque sabe que su carrera política tiene fecha de caducidad y la fruta que ha escogido como emblema de campaña, lejos de sumar voluntades se ha convertido en la manzana de la discordia.

ABC, 18 mayo 06

03 de maig 2006

A la Fira


Entre el 1950 i el 1975 Andalusia va patir les onades migratòries més grans que potser mai s’han produït a Espanya. Molts d’aquells emigrants van tenir com a destí Catalunya i, més en concret , Barcelona i els seus voltants.

Aquesta gent van haver de deixar la seva terra per raons econòmiques i per manca d’oportunitats però també perquè aleshores la societat, en especial la rural, era molt tancada i enrederida dins d’un context en el que existien carències de tot tipus i on la discriminació, tan social com política, era el pa nostre de cada dia.

Van arribar a Catalunya buscant un futur millor. No va ser fàcil. Ni la comunicació ni molt menys la integració van ser bufar i fer ampolles però, amb la perspectiva que dóna el temps, podem dir que el resultat ha estat millor del que en un principi es podia preveure. Avui Catalunya és quelcom més que una suma dels d’aquí i els d’allà. I el que és més important: el temps ha fet d’entitats diverses un sol poble.

Amb aquest escenari de fons els andalusos d’origen, any rere any, fan la seva fira d’abril a Catalunya. No ens pot estranyar que aquesta gent un cop a l’any vulguin recordar el seu art, la seva manera d’expressar-se. Aquesta vegada serà el 28 d’abril quan s’encendran els llums de la festa.

Però val la pena apropar-se al Fòrum uns dies abans de que comenci la Feria, veure com fan la feina desenes i desenes d’homes i dones de forma desinteressada i absolutament altruista. És emocionant veure com cadascú, en funció de les seves possibilitats i els seus coneixements, posa el seu granet de sorra perque, el dia que la fira obri, la caseta de la seva “hermandad” sigui la més còmoda, la més maca i la millor guarnida. És a dir, que sigui l’orgull de la seva gent, de la gent que representa.

Uns fan de fusters, altres de paletes, unes dones preparen els estris de les cuines, d’altres van posant fanalets i flors de papers. Tothom col•labora, tothom té una tasca a fer. Tot ha d’estar a punt quan s’encenguin les bombetes del Reial i comenci la festa.

La setmana de “la Feria” serà de boixos. Es beurà “manzanilla” i “rebujitos” i es menjaràn “pescaitos”, “bravas”, “calamares”, i pop gallec. Sí, també pop gallec, perquè no ?. Però per damunt de tot es ballarà, es ballarà molt. Fins l’esgotament, quasi fins l’extenuació. Però haurà valgut la pena, hi hauràn casetes que gràcies a tot això trauran uns quants milers d’euros de beneficis.

És veritat. Alguns, no tots, guanyen alguns diners. Que ningú s’espanti. Aquests calerons són per a “la hermandad”, que amb aquest modest i suat “botí” podrà passar tot l’any fins a la propera fira. Això haurà estat possible gràcies a que els germans i les germanes han treballat i s’han deixat la pell abans i durant “la Feria” i, d’aquesta manera, hauran pogut fer realitat un dels seus somnis millor guardats: fer per uns dies d’un trosset de Catalunya la seva Andalusia estimada.

Però no és només això. L’aixecament de “la Feria” i el seu desenvolupament són en si mateixos un model de convivència. La gent treballa i alhora s’ho passa bé i comparteix el que té. Aquí el botellón no existeix. Els problemes d’ordre públic es desconeixen Per tant, lluny d’ésser quelcom antic i carrincló, és un referent que mereix ser respectat i potenciat pels valors que porta en si mateixa.

Quan els reptes del segle XXI són la globalització, la competitivitat, la revolució tecnològica o la multiculturalitat, és un luxe poder aparcar per una estona tot l’estrès que portem acumulat per la nostra activitat quotidiana i gaudir del “cante y del baile” d’una gent que, de forma majoritària, s’ha integrat en una nació sense haver renunciat ni als seus orígens ni a la seva identitat. Això és una sort que està a tocar de molts pocs. Per aquesta raó, entre d’altres, val la pena arribar-se a la fira i, per unes hores, deixar-se portar.

Bernardo Fernández
EL PUNT 29/04/2006

24 d’abril 2006

Al final del camino


Decía un ilustre socialista italiano que: “estar en el poder cansa, pero lo que verdaderamente desgasta es estar en la oposición.” Alguna idea muy parecida a ésta deben tener los dirigentes del PP, ya que desde el primer día que empezó la presente legislatura parece que se les haya agriado el carácter, aunque nunca fueron la alegría de la huerta, y toda su estrategia para volver a gobernar la han basado en hacer una oposición basada en la bronca y en el enfrentamiento sistemáticos.

Es verdad que no existe ninguna norma escrita para hacer de oposición. Ahora bien, parece lógico pensar que una oposición que se precie tiene que acomodar su acción en función de la acción del gobierno al que quiere sustituir. Eso, como primera medida e inmediatamente después ofrecer alternativas razonadas y razonables sobre aquello que rechaza. Ese debe ser el auténtico espíritu de una oposición que no tenga vocación de permanencia, sino de gobierno.

En los últimos dos años la ciudadanía española contempla un poco asombrada, un poco incrédula, como el Partido Popular ha instalado la crispación en al ámbito parlamentario desde que fue relegado de las tareas de gobernar. Los populares quieren repetir en el Presidente Zapatero las campañas que hicieron con otros presidentes de izquierda. Basta recordar aquí la relativamente reciente ofensiva del “váyase Señor González” o aquella que aún tienen viva en la memoria los más veteranos y que instrumentó la CEDA contra Manuel Azaña cuando éste proponía la modernización de España.

Los discípulos de Aznar y Rajoy han puesto en práctica el “difama, que algo queda”. Toda la oposición de la derecha, sea parlamentaria o no, se ha basado en aquel principio de Gobbels según el cual una mentira repetida mil veces acaba siendo una verdad. Según la lógica de los populares, todo está en peligro. España se rompe, la familia está amenazada, al igual que la escuela y la libertad de los padres para decidir que educación dan a sus hijos. Y eso por no mencionar el peligro existente en el terreno energético, en el cual la debilidad del gobierno pone en difícil trance la libre competencia ya que, según los conservadores, éste se encuentra atrapado por sus propios compromisos, por cierto inconfesables. Una claudicación similar ha sido el proceso de regularización de la población extranjera llevado a cabo recientemente y, por supuesto, igual de nefasta ha sido la posición del ejecutivo en lo que respecta a política exterior y de forma muy especial en las negociaciones con la UE, por la actitud claudicante de nuestra representación.

A esta lista de despropósitos –de nuestra inexportable derecha- podríamos añadir algunas “boutades” más. Es igual, habrá que aceptar que imaginación tienen y será bueno admitir que, a corto plazo, esta estrategia ha dado un cierto rédito, tal vez menos de lo esperado, a las huestes conservadoras. Basta sino con echar un vistazo a las encuestas de los últimos meses.

Ahora bien, los hechos acostumbran a ser tozudos y el tiempo acaba por poner las cosas en su lugar. Eso es lo que pasó con la Ley de parejas de hecho. Como no podía ser de otra manera, en nada ha afectado a la familia clásica. Lo mismo pasará con la Ley de educación, y exactamente igual ocurrirá con el Estatuto catalán. Primero, no se romperá España y, después, más de una CCAA gobernada por el PP querrá algo semejante a lo que en su día han obtenido los catalanes.

En este contexto es muy improbable que se pueda mantener por mucho tiempo esta escalada vocinglera y patán. No olvidemos que estamos a dos años de los próximos comicios. Esta actitud solo se entendería si su aspiración fuera convertirse en un grupo marginal y no parece que sea este su objetivo. Pero es que en el PP deben ser conscientes de que este estilo les aleja de la centralidad. Raso y corto. Si en el 96 ganaron las elecciones fue porque, además de los errores cometidos por el PSOE, hicieron o aparentaron hacer el camino hacia el centro. Luego, a partir de los comicios de 2000 y con mayoría absoluta, volvieron al extremo. Se situaron tan en el límite que ahora la vuelta al centro es larga, tal vez demasiado larga.

Pero es que más allá de todo esto, aun en el supuesto de que en las próximas elecciones fueran la fuerza más votada, ¿Alguien cree que alguna fuerza política estaría dispuesta a darle soporte para que formara gobierno? Y si fuera así ¿a cambio de qué? No parece, a simple vista, que estos chicos de la derecha a corto y medio plazo hayan acertado mucho con la estrategia.

En cualquier caso, el pasado 24 de marzo con el alto el fuego de ETA se inició en nuestro país una etapa que parece que será histórica. Con este nuevo escenario de fondo es más necesario que nunca un pacto entre los dos grandes partidos. Ahora cada cual tiene un rol a desempeñar, único y a la vez complementario. Unos como partido de gobierno, otros como oposición que aquí, en este terreno, también deben dar soporte al gobierno. Hay que decir, en honor a la verdad, que las cosas han empezado bien. La reunión en Moncloa entre el Presidente del Gobierno y el Líder de la Oposición transmitió a la sociedad un mensaje de confianza y unidad entre ambos, cuando menos en este tema. Queda por ver como evolucionan los acontecimientos. Vendrán días de ilusión, algunos de angustia y es posible, ojala que no, algunos de desasosiego y frustración pero si somos capaces, todos, de mantener la unidad y no desfallecer, al final de este largo camino está la paz.

El Siglo nº 691 17 al 23 de abril de 2006

Ladran, luego cabalgamos


Durante muchos meses las aguas de la política, especialmente la catalana, han bajado revueltas, tal vez demasiado. Ahora, cuando el estatuto y su reforma han entrado ya en la última fase, las cosas poco a poco van volviendo a ser como antes.

No cabe duda que el sistema de trabajo seguido en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, tras mucho tiempo de dudas y zozobras, ha hecho llegar a la ciudadanía un soplo de aire fresco y cierta confianza que ahora sí, ahora ve que pronto será consultada en referéndum y así quedará definitivamente cerrado el círculo.

Los ciudadanos perciben al PSOE y a CiU como los grandes artífices de ese acuerdo que permitirá un nuevo Estatuto para Cataluña. Un estatuto que empieza a ser entendido como algo positivo, tanto para los catalanes como para el conjunto de España. Por tanto los tacticismos utilizados hasta ahora por alguna fuerza política, y que es verdad que algún rendimiento han dado -basta con mirar las encuestas publicadas en los últimos meses-, quedarán en breve desactivados por la fuerza de la razón.

Todo esto no quiere decir, ni de lejos, que todo esté ya resuelto. Ni mucho menos. Lo primero que hay que saber es cual será la posición de ERC en el referéndum. No les falta razón a aquellos que dicen que este partido debería salir del Gobierno si su posición en la votación del referéndum del estatuto no fuera favorable. Sin duda ésta es un gran escollo, uno más, para el Gobierno de Pasqual Maragall. Un líder que, por cierto, es el más valorado en todas las encuestas que se publican en estos días. Ahora bien, también es verdad que seguido muy de cerca por su máximo oponente, Artur Mas.

Por si no tuviéramos suficiente con todo esto, hay que añadir el alto fuego permanente anunciado por ETA. Es evidente que, en primera instancia, ese anuncio ha mejorado el clima político a nivel de España y, por ende, el de Cataluña. Es verdad que en la percepción del mensaje hay una mezcla compleja de confianza y escepticismo. Ahí sólo el tiempo será el que nos de los argumentos en uno u otro sentido. Con este escenario de fondo, ERC demostraría gran madurez política sumándose al consenso estatutario. De ese modo lograría dos carambolas de una sola tacada. A saber: primero dejaría al PP, una vez más, absolutamente solo y eso no es gratis. Segundo, se conseguiría sacar el estatuto con un altísimo porcentaje favorable, lo que permitiría pasar página y dedicarse, en cuerpo y alma, a lo que de verdad debe interesar a un gobierno de izquierdas: las políticas sociales.

“Ladran luego cabalgamos” le dijo Don Quijote a Sancho. Algo parecido nos ocurre a los socialistas catalanes: se nos ha criticado, y mucho, por como hemos planteado y como hemos hecho la reforma estatutaria. Propios y extraños nos han puesto a caer de un burro por como se estaban haciendo las cosas. Para unos íbamos demasiado lejos, para otros nos quedábamos cortos. El tiempo nos está dando la razón. Las cifras que revelan las encuestas son, no solo abrumadoras, sino casi apabullantes. En Cataluña casi el 80% confía en la gestión del Presidente Zapatero y un 11% en el líder de la oposición Rajoy. A partir de estos datos, que cada cual saque sus consecuencias.

Es cierto que una encuesta es una foto fija y que estos son números provisionales que en cualquier momento pueden cambiar y, por tanto, no se deben hacer extrapolaciones electorales. Pero no es menos cierto que marcan tendencias y las tendencias conviene, siempre, tenerlas muy en cuenta.

ABC 23 abril de 2006

DECLIVE DEL NACIOANLISMO BURGUÉS CATALÁN

Cuando, en 2016, Artur Mas dio un paso al lado, para que Carles Puigdemont fuese president de la Generalitat, se rompió un matrimonio de con...