08 de novembre 2016

LO QUE NOS ESPERA

Siendo Mariano Rajoy presidente en funciones, en un acto de humildad -que vamos a suponer sincera-, dijo que no aprovecharía la crisis del PSOE para poner condiciones y que trabajará día a día para ganarse la confianza de las otras formaciones presentes en el Congreso, y de los ciudadanos por añadidura.
Pues bien, por cortesía política no entraré a valorar esas palabras, en principio, vamos a conceder al flamante Presidente del nuevo Gobierno, el beneficio de la duda. Sin embrago, lo que no ha dicho Rajoy es que no podrá aplicar el programa electoral con el que acudió a las elecciones del 20 de diciembre, que era prácticamente el mismo de las elecciones del 26 de junio. La razón es sencilla: pocos días después de esos últimos comicios Bruselas cambió algunas normas.
Así, por ejemplo, España, a cambio de librarse de una multa por los continuos incumplimientos de los objetivos de déficit (ni un solo año el ejecutivo de Rajoy se ha ajustado a lo previsto), tendrá su economía bajo un sistema de vigilancia reforzada. Nuestra política económica será tutelada por la Comisión Europea. Es decir, volverán los antiguos hombres de negro de nuevo por Madrid.
Sí o sí, hay que llegar a un objetivo de déficit del 2,2% del PIB a finales de 2018 (lo que significa qué desde finales de este año hasta esa fecha, deberemos hacer un esfuerzo fiscal, uno más —combinación de más ingresos y menos gastos— de unos 24.000 millones de euros). Además, es una obligación imperiosa, de no lograrlo, se nos congelarán fondos europeos por valor de 1.000 millones de euros y se debería pagar una multa, esta vez sin amnistía, de 5.500 millones, lo cual agravaría, aún más, todos nuestros problemas.
Desde el gobierno dicen que de cada 100 euros de dinero público que se gasta el Estado, 63 corresponden a gasto social. Su distribución es la siguiente: 26 euros a pensiones (9,5 millones de pensionistas gastan anualmente 130.000 millones de euros), 14 euros a sanidad, nueve a educación, ocho a otros gastos sociales, y seis a la protección por desempleo. En estas circunstancias, sería bueno que nos explicaran como se van a pagar las misas sin que afecte al Estado del bienestar
Con este panorama de fondo, más pronto que tarde se va a poner de manifiesto la debilidad del PP en un parlamento que va a ser el más hostil y fraccionado a que se ha enfrentado un gobierno en la reciente historia democrática. Por eso, no deberá extrañar que muchos de los debates que allí se produzcan se lleven hasta los extremos, incluso algunos se realicen a cara de perro.
En este contexto, está por ver cómo reacciona el PSOE. El horizonte socialista se ve lleno de negros nubarrones que amenazan algo más que una tormenta política más o menos intensa. Existe el peligro serio de que el socialismo español se convierta en una suma de federaciones, reinos de taifas y baronías, en el que cada cual se preocupe tan solo de su parcela de poder y donde los hilos conductores comunes pasen a ser algo totalmente secundario. De suceder algo así, sería una muy mala noticia. No obstante, una organización con 137 años de vida, que se ha visto en situaciones harto comprometidas y ha sabido siempre salir airosa, merece un respeto y unos cuantos votos de confianza. De momento, hay que esperar y ver si son capaces de sobreponerse a sus contradicciones internas y cerrar heridas.
En circunstancias normales la actual gestora del partido de Ferraz no podrá aplazar indefinidamente el congreso que el PSOE tiene pendiente. Será el año próximo cuando el conclave socialista deba decidir un nuevo proyecto y, a su vez, escoger un nuevo líder. De cómo se haga esa elección, si en primarias por toda la militancia o directamente en el congreso, puede depender, por mucho tiempo, el futuro del partido.
Y mientras, los “podemitas” se frotan las manos y aguardan ansiosos para asaltar el espacio de la segunda fuerza política que los socialistas parecen empeñados en abandonar. De hecho, Pablo Iglesias ya ha anunciado que su formación se debe radicalizar, enfrentase al sistema y ser beligerantes. Considera que, si el PSOE se abstiene en la investidura de Rajoy, obtener el liderazgo de la oposición es cosa hecha.
Ahora bien, de hacer autocrítica y analizar porque perdieron un millón de votos en las elecciones del 26 de junio, nada de nada.
Madre del amor hermoso lo que nos espera.

Bernardo Fernández

Publicado en e-noticíes.cat 07/11/16

04 de novembre 2016

CEMENTERIO PARA REFUGIADOS

Estos días lo que se lleva en los medios de comunicación es hablar sobre la fractura de los socialistas, la investidura de Mariano Rajoy,  quien será ministro en el nuevo ejecutivo y otras bagatelas diversas. Todos ellos, asuntos importantes, sin duda, porque de un modo u otro tienen que ver con nuestra vida cotidiana.
Sin embargo, se habla poco o nada y miramos de reojo el drama humanitario que los migrantes viven, un día sí y otro también, en ese mar tan nuestro, el Mediterráneo. Pero, claro, como eso afecta a las conciencias, mejor no tocarlo, aunque los números sean escalofriantes. 
Según informa Acnur  (la agencia de la ONU para los refugiados) al menos 3.800 personas han desaparecido o muerto en el Mediterráneo este año. 2016 es ya, con diferencia, el año más mortífero de los últimos diez, que fue cuando la ONU comenzó a registrar las llegadas y los fallecimientos en esta ruta. Pero es que, además, las llegadas a Europa a través del mar fueron más el año pasado que éste. En 2015 llegaron a las costas comunitarias más de un millón de personas y fallecieron 3.771, algunas menos que este año. La diferencia está, pues, en las llegadas: 327.846, en los diez meses que llevamos de año y, sin embargo, han muerto más en el trayecto. La explicación a este aumento de desgracias se debe al pacto migratorio entre la UE y Turquía que entró en vigor la pasada primavera. Desde entonces, la ruta central Libia-Italia, se ha convertido en la preferida de los traficantes de personas, pese a ser la más peligrosa.
Estamos viviendo la mayor crisis de refugiados que el mundo afronta desde la Segunda Guerra Mundial. En estas circunstancias, es necesario establecer vías seguras y legales para que la llegada de los refugiados sea como lo que son: seres humanos. Una vez aquí, deben encontrar una respuesta humanitaria, mínimamente digna, con atención específica para las necesidades de los más vulnerables, mujeres, niños y personas dependientes.
“A fuerza de desventuras, su alma es profunda y oscura”, dice el poeta, y tiene razón. Primero, por codicia, el Mediterráneo se convirtió en un vertedero y, ahora, por la inacción de nuestros dirigentes en un cementerio para refugiados que cometen el gravísimo delito de huir de guerras y hambrunas en busca de un futuro y aquí les cerramos las puertas. ¡Qué vergüenza!

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 02/11/16

16 d’octubre 2016

ESPERPENTO POLÍTICO

La política española se ha instalado en una situación grotesca. La imagen ofrecida por los socialistas en su último comité federal y en días posteriores, ha sido, además de bochornosa, lamentable.
Por otra parte. tampoco el PP, pese a ser el partido que da y, con toda probabilidad, seguirá dando soporte al gobierno, transmite la seguridad y confianza política que, en momentos como el actual, se requiere. Ahí están los casos Soria, Barberá y ahora los juicios de la trama Gürtel y las tarjetas “black”, con nombres que lo fueron todo en la política española, bajo el paraguas de los populares, para sembrar zozobras más que razonables ante la nueva etapa de gobernabilidad que ha de abrirse ya en nuestro país.
Pero es qué si echamos un vistazo a los partidos emergentes, aquellos que iban a traer savia nueva a la vieja política y desterrar los malos hábitos, no se puede decir que estén por la labor.
En efecto, Podemos está viviendo una fuerte crisis interna como consecuencia de sus malos resultados el 26-J. Esa situación ha provocado un duro enfrentamiento entre sus dos máximos dirigentes, Iglesias y Erejón, la suerte de los “podemitas”, ha sido que el desmoronamiento socialista está ocultando temporalmente sus dificultades.
Tampoco en Ciudadanos andan demasiado bien, pese a la voluntad mediadora de su líder Abert Rivera. La ropa no les llega al cuerpo ante la posibilidad de nuevas elecciones y las expectativas de perder un buen puñado de escaños.
Y en Cataluña seguimos imperturbables hacia el abismo. Ahora se anuncia un nuevo referéndum, esta vez vinculante, pactado o no con el gobierno central, para, lo más tardar, septiembre de 2017. Se demoniza a un consejero e incluso se le amenaza gravemente en las redes sociales por defender la españolidad de la cultura catalana. Mientras el gobierno, que dice ser de gente de orden, se sostiene por un partido que se declara antisistema. Pues bien, a eso algunos lo llaman coherencia, tolerancia y hacer bien las cosas.
Hay quien opina que cada sociedad tiene los políticos que se merece. Discrepo. Considero que una mayoría de ciudadanos españoles son gente progresista, formada y tolerante. Sin embargo, nuestros dirigentes actúan como si de un país tercermundista se tratase. Por eso, el mundo occidental nos contempla estupefacto y es que estamos padeciendo un auténtico esperpento político.
Esa es la realidad, aunque a muchos nos duela.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 12/10/16

05 d’octubre 2016

DE MAL EN PEOR

El descalabro sufrido por los socialistas en las recientes elecciones autonómicas en Galicia y Euskadi es de difícil digestión.  De hecho, esas derrotas han abierto al PSOE en canal y han puesto de manifiesto lo que era un secreto a voces: la gran división interna que existe entre buena parte de los barones socialistas y el secretario general, Pedro Sánchez.
Ante tamaño desaguisado, unos y otros han actuado de la peor manera posible. El máximo mandatario intentando convocar primarias y un congreso a contra reloj, y los mandamases exigiendo responsabilidades a quien, ciertamente, las tiene, pero ni tantas ni de tanta magnitud como para hacerle el único responsable del desastre.
Es verdad que desde que llegó Sánchez a la dirección del PSOE, los socialistas, a excepción de las elecciones andaluzas, han ido de derrota en derrota y cada vez más abultada. No obstante, sería muy primario atribuir esa debacle continuada en el tiempo a una sola persona, ni siquiera a un equipo. En mi opinión hay que buscar los motivos de esa decadencia en otros ámbitos.
No descubro nada nuevo si digo que el PSOE se encuentra en un nuevo escenario político y social y, hasta el momento, no ha sabido adaptarse a esa nueva realidad. La consecuencia es que la nueva situación genera graves divisiones internas y ataques entre sus dirigentes, como estamos viendo estos días. Quizás el nudo gordiano de todo este guirigay tiene mucho de ambiciones personales y muy poco de proyecto político.
En etas circunstancias, conviene hacer un análisis tan desapasionado e imparcial como sea posible e intentar ver la situación con una cierta perspectiva. De todos modos, más pronto que tarde la organización deberá reflexionar sobre los problemas de fondo. Al fin y al cabo, mientras esos problemas no se resuelvan, las expectativas electorales seguirán siendo las mismas.

El origen de todo este galimatías político se ha querido centrar en el “no es no” de Sánchez a la investidura de Rajoy. Personalmente considero demasiado simple poner solamente el foco en esa cuestión. Bien es verdad que, en términos políticos, hubiera sido mucho más hábil y rentable, a medio plazo, una abstención condicionada porque, aunque en un principio hubiese levantado cierto desencanto, condicionar la investidura a determinados pactos como la derogación de la LOMCE, la derogación, al menos parcial,  la reforma laboral, la subida del salario mínimo o la creación de una comisión para abordar la necesaria reforma Constitucional u otros asuntos de suma importancia, hubiera permitido al PSOE ejercer de primer partido de la oposición, que es lo que corresponde a una formación con 85 diputados sobre 350.
Pues bien, en vez de discutir la estrategia a seguir en los órganos correspondientes de la organización (comité federal y comisión ejecutiva), unos y otros se han dedicado a cruzarse acusaciones y mandarse mensajes a través de los medios de comunicación y así no se hacen las cosas. Eso es darle tres cuartos al pregonero o como dicen los viejos del lugar “que se queme la casa, pero que no salga el humo”.  Y se ha hecho demasiado humo.
En estas circunstancias, los socialistas deberían ser conscientes de su situación. El PSOE ya no cuenta para aquellos que nacieron en democracia. Es una reliquia del pasado. “A esos les votan los padres o los abuelos”, suelen decir los jóvenes. Y los barones que estos días tanto alzan la voz, deberían no olvidar que en diversas comunidades gobiernan en minoría, abrazados a aquellos que tienen como objetivo ocupar, tan pronto como sea posible, el espacio socialista.
Por su parte el secretario general debería haber sido consciente de que no se puede dirigir una organización en contra de sus dirigentes, por mucho que haya sido designado en elecciones primarias. Los cargos orgánicos y de representación son elegidos por las federaciones, esa es la realidad.
Sea quien sea el secretario general, lo sustancial es elaborar un proyecto que, sin renegar de los logros de antaño, conecte con la nueva realidad socio-política y dé respuesta a las incertezas que hoy tiene planteadas la sociedad. Sólo así se podrá recuperar la confianza de la ciudadanía que mayoritariamente está huérfana de referentes políticos sólidos y creíbles.
Ahora, tras el bochornoso y vergonzante espectáculo del último comité federal, por respeto a los votantes y a la propia historia, es urgente y necesario que el sentido común regrese a las filas socialistas. Que pidan perdón a la ciudadanía por no haber sabido estar a la altura de las circunstancias. Que reflexionen  todos y cada uno de los dirigentes y responsables y den lo mejor de sí mismos, incluso si eso significa dejar la política, porque no sólo Pedro Sánchez es culpable y no sólo él es quien ha de dimitir. Las responsabilidades deben ser compartidas.
En esta situación el socialismo español va camino de convertirse en una fuerza política marginal y eso no le conviene ni, tan siquiera, a la derecha, aunque en estos momentos los carroñeros de la política se froten las manos.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 04/10/16

21 de setembre 2016

ALGO MAS QUE AUTONÓMICAS

Los ciudadanos de Galicia y Euskadi acudirán el próximo domingo, 25 de septiembre, a las urnas para escoger a sus respectivos parlamentos autonómicos. Sobre el papel es eso, y nada más, lo que han de elegir en esas comunidades autónomas. No obstante, a nadie se le escapa que los resultados de esos comicios pueden tener una incidencia directa en la complicada situación política española.
Pues bien, en circunstancias como las actuales el buceo en las hemerotecas acostumbra a ser cruel. Por eso ahora, aquellos analistas que celebraban la llegada de nuevos partidos -Podemos y Ciudadanos- porque iban a reemplazar a los nacionalistas como bisagras de las grandes formaciones, están callados como tumbas y miran hacia otro lado cuando se habla de los casi 300 días que llevamos con un gobierno en funciones y, como consecuencia, el país está manga por hombro.
Digan lo que digan las encuestas, después del fiasco de casi todos los sondeos en las últimas elecciones generales, habrá que esperar al domingo por la noche para hacer cábalas sobre posibles pactos y alianzas.  Una cosa sería que PP ganase en Galicia por mayoría absoluta y otra, muy distinta, que PSOE y Mareas puedan formar gobierno. De hecho, no son pocos los que ansían que el PNV necesite unos cuantos votos para gobernar que el PP cedería gustoso, a cambio de recuperarlos en el Congreso para lograr la investidura.
De todos modos, los populares lo tienen difícil para que otras fuerzas les den su apoyo. Aún colea el caso del exministro Soria y al affaire Rita Barbará está en plena ebullición. Además, los de Mariano Rajoy se han de enfrentar a un otoño judicial complicado que empezará, el 4 de octubre, con la vista oral de la trama Gürtel, más los casos Púnica, Taula, Imelsa y Rato sobrevolando el imaginario colectivo.
Tampoco parece que en el PSOE estén para muchas fiestas, a las tensiones internas por falta de debate y comunicación entre varones y el líder, hay que añadir el egocentrismo de algún que otro dirigente. Sólo les faltaba ahora, el escrito de la Fiscalía Anticorrupción solicitando duras penas para los expresidentes de la Junta, Chaves y Griñán, por el caso de los ERE, para enrarecer aún más el ambiente.
Y mientras, en Cataluña, dicen que están “a punt”.
Madre mía como está el patio.

Bernardo Fernández

Publicado en ABC 21/09/16

20 de setembre 2016

ENTELEQUIAS

Por quinto año consecutivo cientos de miles de ciudadanos salieron el pasado día 11 de septiembre a las calles de Cataluña en pos de la independencia. De poco sirve enredarse en si la participación fue mayor o menor que otras ocasiones. El hecho incuestionable es la capacidad demostrada en reiteradas ocasiones por la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Omnium para enardecer a los independentistas. Eso sí, con la inestimable colaboración de los medios públicos de comunicación, y de manera especial TV3 que se había comprometido en los días anteriores a que la convocatoria fuera un éxito.
Pues bien, con este paisaje de fondo, sería interesante echar un vistazo a la historia, para comprobar que las derrotas de las clases populares siempre han sido por la división entre ellas o como consecuencia de proyectos insolidarios.
La propuesta secesionista que se está haciendo en Cataluña, así como su culminación en una pretendida Arcadia feliz tiene, como efecto colateral, la inevitable destrucción de un Estado democrático que fue posible, sobre todo, gracias a la determinación de las clases medias y populares.
Es verdad que la crisis económica y la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) de 2010, sobre el nuevo Estatuto de Cataluña han agravado la situación. No obstante, no es menos cierto que esa situación ha venido de perlas a nacionalistas y soberanistas para ocultar los recortes y las medidas antisociales que han llevado a cabo mientras gobernaban, taparse las vergüenzas los unos a los otros y trapichear a su libre albedrío, ocultando su propia corrupción con la bandera.
Aunque el dictador murió en la cama, fueron muchos los que se quedaron en las cunetas y los que dieron con sus huesos en la cárcel por luchar por algo tan básico como la dignidad. Los represores eran de todas partes de España, catalanes también y no hacían distinciones en función de los orígenes de los represaliados.
Sin duda alguna, sería interesante saber dónde estaban muchos de los que hoy se declaran independentistas “desde siempre” cuando se salía a la calle pidiendo “libertad, amnistía i estatuto de autonomía”, o que hacían los 11 de septiembre porque, por donde hoy está hoy el monumento a Rafael de Casanova en Barcelona, no solían aparecer. Allí iba la clase trabajadora a dejar, en el mejor de los casos, una flor y salir corriendo, ya que a los grises les faltaba tiempo para repartir estopa.
Por otra parte, la diferencia de desarrollo entre unas autonomías y otras no es la consecuencia de que unos sean listos y laboriosos y otros no. Eso se debe a que la desigualdad es una constante del capitalismo. Y, a su vez, eso explica, también, las corrientes migratorias en España a lo largo de la historia. Además, es incuestionable la aportación de la inmigración interna al desarrollo económico y la lucha por las libertades. De hecho, tanto UGT como CCOO siempre han puesto en el mismo nivel reivindicativo la cuestión nacional catalana y la lucha social. Ha sido, lamentablemente, en los últimos tiempos que algunos han dado prioridad al mal llamado derecho a decidir, sin parase a pensar que eso es un grave atentado para los intereses de los trabajadores.
En este contexto, justo es reconocer que el inmovilismo de Mariano Rajoy y los suyos es el mejor aliado que han podido encontrar los secesionistas para lograr adhesiones. Pienso que deberían darle la medalla de oro por ser el colaborador externo ideal.
Con este panorama, hemos de exigir a los políticos independentistas que se dejen de entelequias y no engañen a la ciudadanía. Paro, precariedad laboral, recortes en sanidad y educación, salarios y pensiones insuficientes son las cuestiones que, entre otras muchas, quitan el sueño a los trabajadores y a las clases populares. Y eso sucede exactamente igual en Barcelona, Almería o Sigüenza.
Por eso, además de necesaria es urgente una reforma de la Constitución que mejore nuestra convivencia democrática y que amplíe los derechos sociales. Una reforma en la que todos nos podamos reconocer y sentir cómodos, para mirar sin temor a Europa. Una Europa federal donde podamos avanzar en las conquistas sociales y democráticas.
A mi juicio, no hay otro camino.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 20/09/16

09 de setembre 2016

EL PARTIDO QUE SE BUSCA

Desde hace tiempo, demasiado, el socialismo español pierde adhesiones elección tras elección. El punto de inflexión habría que buscarlo en la negra noche de mayo de 2010, cuando Rodríguez Zapatero tuvo que doblar la rodilla ante las exigencias de Ángela Merkel y los Mercados.
De hecho, la crisis de identidad y proyecto que está viviendo el PSOE en la actualidad tiene muchos puntos en común con otras situaciones similares. Sin embargo, en esta ocasión esa crisis está inmersa en el trance que padece la socialdemocracia en Europa, por un lado y, a su vez, el sistema político en su conjunto.
La dulce derrota de Felipe González, inflingida por José María Aznar. El nombramiento como sucesor de Joaquín Almunia. Las primarias que encumbraron a Josep Borrell, la espantada de éste. El pacto que firmó  deprisa y corriendo Almunia con el PCE de Paco Frutos, cuando asumió la responsabilidad de encabezar las listas socialistas para las elecciones generales del año 2000 que resultó ser un auténtico fracaso y permitió a los ,populares ganar por mayoría absoluta las elecciones generales del año 2000, son eslabones de la misma cadena que configura el relato socialista en nuestro país en los últimos 20 años.
Como también forman parte de esa historia que la organización se convirtió en un reino de taifas, el desbarajuste orgánico era considerable tras la derrota electoral de 2000. Después, tras un tiempo de zozobras e incertezas, en un Congreso convocado para escoger un secretario general y cuando todo parecía que ese líder máximo sería José Bono, unas maniobras entre bambalinas, nunca explicitadas del todo, encumbraron a José Luís Rodríquez Zapatero, que le ganó la partida al manchego Bono por tan solo nueve votos, siendo elegido así como máximo dirigente del entonces alicaído socialismo español.
Más tarde llegaron las elecciones de 2004 que Zapatero ganó, más que por méritos propios, por la mala gestión que hizo el Gobierno de Aznar de los atentados de Atocha. Fue una victoria del todo inesperada, tanto para propios como para extraños.
En su primera legislatura, como Presidente de Gobierno, con el viento de la economía de cara,  Zapatero hizo una buena gestión, de manera especial en derechos sociales y civiles. Sin embargo, al poco de comenzar su segunda legislatura giró el viento de la economía y llegaron las vacas flacas. La noche negra de mayo, a la que me he referido ya, provocó la convocatoria anticipada de elecciones y la renuncia de Rodríqguez Zapatero a presentarse de nuevo.
En esas circunstancias, harto difíciles, Alfredo Pérez Rubalcaba,  se hizo con el control del partido y obtuvo en las  elecciones de 2015 el peor resultado hasta entonces, de los socialistas en el período democrático. 
No obstante, esos resultados aún podían empeorarse, y eso es lo que sucedió. Pedro Sánchez, elegido secretario general y candidato a la presidencia del gobierno en sendas elecciones primarias,  obtuvo los peores resultados en las elecciones de diciembre de 2015, tan solo 90 diputados, y los empeoró el 26-J, cuando obtuvo, solamente 85 escaños.
De todos modos, sería injusto achacar toda la responsabilidad de esas derrotas al candidato. Las causas son más profundas y complejas y deben buscarse en otros ámbitos. Además, la crisis en la que anda sumido el socialismo español no es demasiado diferente a las crisis que están padeciendo los distintos partidos socialistas europeos.
Los partidos socialdemócratas de los países que ha sacudido más fuerte la crisis han ido rebajando sus planteamientos. Hoy día, parece que el programa máximo de la socialdemocracia consiste en relajar los plazos de los ajustes y reclamar algo de inversión pública.
Se debería explicar que no se trata de prescindir del Estado de bienestar, que tendrá que seguir existiendo, pero habrá que reformarlo para hacerlo más eficiente y sostenible. La desigualdad social es consecuencia de una desigualdad previa en la distribución del poder económico. Por eso, pueden ser necesarias intervenciones para fragmentar el poder financiero (concentrado en unos pocos bancos, sobre todo, ahora, tras la desaparición de las cajas).
En definitiva, el socialismo español ha perdido sus señas de identidad, para ello es necesario que se encuentre así mismo. Y eso, sólo lo logrará si aúna fuerzas y comparte objetivos con otros partidos socialistas y progresistas de Europa. Ahora bien, eso no significa que primero no tenga que hacer los deberes en casa, porque nadie vendrá a hacérselos. Lo que quiere decir sobre todo, ganarse de nuevo la confianza del electorado, y para eso, como la mujer del César, además de ser honrado hay que parecerlo.

Bernardo Fernández

Publicado en Crónica Global 09/09/16

DECLIVE DEL NACIOANLISMO BURGUÉS CATALÁN

Cuando, en 2016, Artur Mas dio un paso al lado, para que Carles Puigdemont fuese president de la Generalitat, se rompió un matrimonio de con...