Dicen que la política es el arte de lo posible. Visto así, no parece que, la iniciativa de Artur Mas lanzando su órdago soberanista, cuando el Partido Popular goza de una cómoda mayoría parlamentaria, con la que da soporte al gobierno, sea demasiado inteligente. Quizá hubiera sido más hábil y rentable a medio plazo, madurar la situación (como hizo la National Conversation en Escocia) hasta que llegue el momento en que el PP pierda la mayoría absoluta y tenga, entonces, necesidad de llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas.
Por eso, no acaba de explicarse la precipitación, en todo este affaire de los nacionalistas catalanes de CiU, avezados como son, dado el largo tiempo que llevan en altas responsabilidades políticas, en tácticas y estrategias.
Así pues, no se acaba de entender ese todo o nada de Artur Mas y su equipo, a menos que de lo que se pretenda con esta huida a ninguna parte, sea tapar un desastre con otro desastre aún mayor.
Según un informe que bajo el título Independents de quí? ha elaborado la Plataforma Auditoría Ciudadana de la Lengua, y se ha hecho público recientemente, la Generalitat está, prácticamente en quiebra técnica. Desde que, en 2010, CiU volvió al Palau de la Generalitat los presupuestos se han reducido en casi 8.000 millones de euros y eso ha significado recortes en todos los departamentos. En Sanidad se ha recortado un 31%, un 29% en educación y un 62% en Vivienda, entre otros. Y eso es lo mismo que decir que se han perdido camas hospitalarias, que las listas de espera han aumentado, que las plantillas de profesores no se completan como corresponde y por tanto la enseñanza se devalúa, por no hablar de la tijera utilizada en la práctica totalidad de los servicios sociales.
Como sostenía en estas mismas páginas recientemente el acreditado economista José María Gay de Liébana: “la Gestión del Gobierno de Cataluña ha sido realmente mala a lo largo de estos años. No se trata ahora de decir quién ha hecho qué, sino simplemente decir que Cataluña se ha gestionado francamente muy mal”.
Eso ha hecho que la deuda de la Generalitat se ha incrementado en 9.500 millones y a finales de 2014 esa deuda superará los 62.000 millones de euros.
Pero es que además el gobierno catalán tiene una cuantiosa deuda oculta con cargo a ejercicios futuros. Concesiones de derechos de superficie, peajes a la sombra y un largo etcétera, han sido utilizados de forma tan alegre como irresponsable y eso, equivale a que nuestra deuda se extienda, como mínimo, hasta 2108.
En esas circunstancias, lo razonable sería intentar negociar con quien tiene la paella por el mango, que en estos momentos es el gobierno central. Y como dice el reconocido académico antes citado: ”no se puede ir con cara de'pomes agres', sino con alegría. Que es justo lo que hacen los mandatarios catalanes cuando van a Madrid.: ir con cara de'pomes agres'. O lo que es peor: con ínfulas de superioridad.
Sea como sea, el ejecutivo de Mariano Rajoy no está exento de responsabilidad en todo este embrollo. Más pronto que tarde España deberá afrontar desde la legitimidad política la cuestión catalana, aunque la legalidad lo impida. Que nadie lo dude: la situación se irá enquistando y llegará un momento que política y socialmente será insostenible por los efectos nocivos que genere. Como dice Alberto López Basaguren, experto en procesos secesionistas: “Es cierto que nada se puede hacer fuera de la legalidad, pero quien la defiende debe justificar su legitimidad. La Constitución es reacia a los referéndums, pero se pueden explorar un consenso mayoritario sobre qué condiciones y cono qué requisitos se puede celebrar”.
De todos modos, para entender el embrollo político catalán, es imprescindible saber que estamos a los pies de los caballos, como consecuencia de la nefasta gestión económica que ha llevado a cabo el Gobierno de Artur Mas. De igual manera, no debemos olvidar la campaña de descrédito, contra Cataluña impulsada por el Partido Popular cundo estaba en la oposición y el recurso contra el Estatuto que presentó ante el Tribunal Constitucional. Aquellos polvos trajeron estos lodos.
Sin duda, un análisis sereno y exhaustivo, nos hará comprender mejor la situación. No obstante, lo que ahora importa, es como deshacer ese embrollo.
Esa es la cuestión.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 01/11!2014
07 de novembre 2014
TRISTE BALANCE
Artur Mas ganó las elecciones al Parlament de Cataluña de 2010, utilizando tres ideas fuerza: poner orden en el desbarajuste de los gobiernos de izquierda, lograr una financiación para Cataluña, equiparable al Concierto Vasco y reducir el paro a la mitad. Sin embargo, la realidad, cuatro años después, es substancialmente diferente a lo que nos había prometido Mas. Veamos.
Desde que CiU volvió al Govern los presupuestos de la Generalitat se han reducido en casi 8.000 millones de euros y eso ha significado recortes en todos los departamentos. En Sanidad se ha recortado un 31%, un 29% en educación y un 62% en Vivienda, entre otros. Y claro, eso supone perdida de camas hospitalarias, más listas de espera, no completar las plantillas de profesores, devaluar la enseñanza, y recortar los servicios sociales además de otras minucias.
De forma simultánea la deuda de la Generalitat se ha incrementado en 9.500 millones y a finales de 2014 esa deuda superará los 62.000 millones de euros. ¿Toda esta catástrofe financiera es responsabilidad exclusiva del Govern de la Generalitat? Evidentemente, no. Tiene mucha responsabilidad el Gobierno central con la imposición de políticas austericidas a las comunidades autónomas y su afán recentralizador.
Ahora bien, la responsabilidad de Artur Mas y los suyos no es menor. Por ejemplo: si no se hubieran rebajado los impuestos se Sucesiones y Patrimonio se habrían recaudado unos 3.400 millones más con los que se hubiera podido atenuar la deuda y/o evitar algún recorte.
De hecho, en 2012, Mas ya intentó una huida hacia adelante y convocó elecciones para obtener “una mayoría excepcional” que le permitiera negociar con más respaldos en Madrid. Pero la realidad es tozuda y en aquel trance perdió 12 diputados, pero lejos de enmendar se echó en brazos de ERC y su radicalidad independentista cuando él, de ser ideológicamente algo, siempre había sido un nacionalista liberal.
Aquellos polvos trajeron estos lodos y es que, además de todo eso, la Generalitat tiene una cuantiosa deuda oculta con cargo a ejercicios futuros. Concesiones de derechos de superficie, peajes a la sombra y un largo etcétera, han sido utilizados alegre e irresponsablemente. Todo eso, significa que tenemos el futuro hipotecado, como mínimo, hasta 2108. Pero que no cunda el pánico, con la consulta alternativa, las elecciones plebiscitarias y la declaración unilateral de independencia, todo estará solucionado. La lástima es que nadie nos tendrá en cuenta.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 29/10/14
Desde que CiU volvió al Govern los presupuestos de la Generalitat se han reducido en casi 8.000 millones de euros y eso ha significado recortes en todos los departamentos. En Sanidad se ha recortado un 31%, un 29% en educación y un 62% en Vivienda, entre otros. Y claro, eso supone perdida de camas hospitalarias, más listas de espera, no completar las plantillas de profesores, devaluar la enseñanza, y recortar los servicios sociales además de otras minucias.
De forma simultánea la deuda de la Generalitat se ha incrementado en 9.500 millones y a finales de 2014 esa deuda superará los 62.000 millones de euros. ¿Toda esta catástrofe financiera es responsabilidad exclusiva del Govern de la Generalitat? Evidentemente, no. Tiene mucha responsabilidad el Gobierno central con la imposición de políticas austericidas a las comunidades autónomas y su afán recentralizador.
Ahora bien, la responsabilidad de Artur Mas y los suyos no es menor. Por ejemplo: si no se hubieran rebajado los impuestos se Sucesiones y Patrimonio se habrían recaudado unos 3.400 millones más con los que se hubiera podido atenuar la deuda y/o evitar algún recorte.
De hecho, en 2012, Mas ya intentó una huida hacia adelante y convocó elecciones para obtener “una mayoría excepcional” que le permitiera negociar con más respaldos en Madrid. Pero la realidad es tozuda y en aquel trance perdió 12 diputados, pero lejos de enmendar se echó en brazos de ERC y su radicalidad independentista cuando él, de ser ideológicamente algo, siempre había sido un nacionalista liberal.
Aquellos polvos trajeron estos lodos y es que, además de todo eso, la Generalitat tiene una cuantiosa deuda oculta con cargo a ejercicios futuros. Concesiones de derechos de superficie, peajes a la sombra y un largo etcétera, han sido utilizados alegre e irresponsablemente. Todo eso, significa que tenemos el futuro hipotecado, como mínimo, hasta 2108. Pero que no cunda el pánico, con la consulta alternativa, las elecciones plebiscitarias y la declaración unilateral de independencia, todo estará solucionado. La lástima es que nadie nos tendrá en cuenta.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 29/10/14
21 d’octubre 2014
OCURRENCIAS
Incluso desde bastante tiempo antes de ser oficialmente convocada, todo el mundo sabía que la consulta del 9 N no se iba a celebrar. Todo el mundo, excepto Artur Mas y algunos de sus más acérrimos acólitos. O al menos eso es lo que nos han querido hacer creer.
La verdad es que ni propios ni extraños acaban de entender la jugada del presidente Mas: cambiar la consulta prevista, por otra que no tiene las mínimas garantías ni democráticas ni de legalidad. Él había dicho hasta la saciedad que el 9 N se votaría dentro de la legalidad. Y, ahora, pocos días después de haber firmado el decreto convocando a las urnas, se descuelga diciendo que la consulta no se puede hacer. ¿Acaso no había previsto la que se le venía encima? Pensaba qué aprobar una ley y firmar un decreto es algo inocuo y sin más trascendencia? ¿Alguien en su sano juicio había llegado a imaginar que el Gobierno central se quedaría de brazos cruzados?
La cantidad de preguntas que se podrían hacer es casi infinita, pero cuesta creer que los cerebros pensantes del soberanismo catalán, no tuvieran un plan B debajo de la mesa ni un triste conejo que sacarse de la chistera.
El presidente ha sorprendido planteando, ahora, un proceso de participación ciudadana utilizando la cobertura legal que le otorga la Constitución y el Estatut. El artículo 9.2 de la Constitución prevé que los poderes públicos "faciliten la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social". Según el artículo 43 del Estatut los poderes públicos han de promover la participación social en la elaboración, la prestación y la evaluación de las políticas públicas". También el Govern se podría acoger a la ley 10/2014 de consultas populares no refrendarias y "otras formas de participación política" en los artículos no suspendidos por el Tribunal Constitucional. De todos modos, no deja de ser curioso que pretenda utilizar una Constitución que desdeña y. que ha pretendido incumplir
Tanto la clase política como la ciudadanía han quedado estupefactos con este sucedáneo de consulta del que sólo se ha concretado que habrá “locales, urnas y papeletas”. Además el gobierno de la Generalitat dará un margen de 15 días para ejercer el voto. Si es así, el surrealismo puede llegar a cotas insospechadas.
En cualquier caso, Mas ha renunciado a la legalidad para adentrarse en el proceloso mundo de una consulta participativa. O sea, un simulacro de votación con carencias de todo tipo, y, así, es impensable que nadie en sus cabales le dé credibilidad alguna.
Con esta ocurrencia (como dijo la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sanez de Santamaría), Artur Mas ha abierto la caja de los truenos y ha tenido la virtud de ponerse a todos los compañeros de su irresponsable viaje a Ítaca en contra. Hasta Unió su socio de coalición, por boca de Ramón Espadaler, su actual líder, tuvieron que hacer una difícil finta para no rechazar de plano la salida del presidente, pero si descartaron sin ambages el adelanto electoral y la declaración unilateral de independencia.
Por otra parte, el enfado en ERC es monumental y por más quieran poner paños calientes, han marcado distancias con la iniciativa y piden volver al pacto inicial o que se convoquen elecciones lo antes posible. Los chicos de la CUP se niegan a perder su 9 N y creen que aún es posible retomar el camino (son cosas que a veces suceden cuando no se tiene la suficiente experiencia política). Y los eco socialistas están que trinan porque piensan –y no les falta razón- que todo esto es una maniobra de Mas para salvarse él y salvar a Convergencia. Hasta el Ejecutivo de Rajoy ha quedado descolocado puesto que no sabe como recurrir algo que no lleva implícitos actos legales.
De todos modos, quien ha vuelto a demostrar sentido común y sensatez es Josep Antoni Durán i Lleida. Desde su exilio dorado en el Congreso de los Diputados, ha puesto de manifiesto que dará soporte a lo que esté dentro de la legalidad. Y, a la vez, ha dejado diametralmente claro que si no se vota, no es porque no se quiera, si no porque no se puede. Asimismo, ha reiterado que lo que hace falta es una solución política a un problema político. Y es qué como están las cosas, de una vez por todas, Mariano Rajoy debería mover ficha. Visto lo visto, el inmovilismo y las ocurrencias están de más, aquí y allí.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 19/10/2014
La verdad es que ni propios ni extraños acaban de entender la jugada del presidente Mas: cambiar la consulta prevista, por otra que no tiene las mínimas garantías ni democráticas ni de legalidad. Él había dicho hasta la saciedad que el 9 N se votaría dentro de la legalidad. Y, ahora, pocos días después de haber firmado el decreto convocando a las urnas, se descuelga diciendo que la consulta no se puede hacer. ¿Acaso no había previsto la que se le venía encima? Pensaba qué aprobar una ley y firmar un decreto es algo inocuo y sin más trascendencia? ¿Alguien en su sano juicio había llegado a imaginar que el Gobierno central se quedaría de brazos cruzados?
La cantidad de preguntas que se podrían hacer es casi infinita, pero cuesta creer que los cerebros pensantes del soberanismo catalán, no tuvieran un plan B debajo de la mesa ni un triste conejo que sacarse de la chistera.
El presidente ha sorprendido planteando, ahora, un proceso de participación ciudadana utilizando la cobertura legal que le otorga la Constitución y el Estatut. El artículo 9.2 de la Constitución prevé que los poderes públicos "faciliten la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social". Según el artículo 43 del Estatut los poderes públicos han de promover la participación social en la elaboración, la prestación y la evaluación de las políticas públicas". También el Govern se podría acoger a la ley 10/2014 de consultas populares no refrendarias y "otras formas de participación política" en los artículos no suspendidos por el Tribunal Constitucional. De todos modos, no deja de ser curioso que pretenda utilizar una Constitución que desdeña y. que ha pretendido incumplir
Tanto la clase política como la ciudadanía han quedado estupefactos con este sucedáneo de consulta del que sólo se ha concretado que habrá “locales, urnas y papeletas”. Además el gobierno de la Generalitat dará un margen de 15 días para ejercer el voto. Si es así, el surrealismo puede llegar a cotas insospechadas.
En cualquier caso, Mas ha renunciado a la legalidad para adentrarse en el proceloso mundo de una consulta participativa. O sea, un simulacro de votación con carencias de todo tipo, y, así, es impensable que nadie en sus cabales le dé credibilidad alguna.
Con esta ocurrencia (como dijo la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sanez de Santamaría), Artur Mas ha abierto la caja de los truenos y ha tenido la virtud de ponerse a todos los compañeros de su irresponsable viaje a Ítaca en contra. Hasta Unió su socio de coalición, por boca de Ramón Espadaler, su actual líder, tuvieron que hacer una difícil finta para no rechazar de plano la salida del presidente, pero si descartaron sin ambages el adelanto electoral y la declaración unilateral de independencia.
Por otra parte, el enfado en ERC es monumental y por más quieran poner paños calientes, han marcado distancias con la iniciativa y piden volver al pacto inicial o que se convoquen elecciones lo antes posible. Los chicos de la CUP se niegan a perder su 9 N y creen que aún es posible retomar el camino (son cosas que a veces suceden cuando no se tiene la suficiente experiencia política). Y los eco socialistas están que trinan porque piensan –y no les falta razón- que todo esto es una maniobra de Mas para salvarse él y salvar a Convergencia. Hasta el Ejecutivo de Rajoy ha quedado descolocado puesto que no sabe como recurrir algo que no lleva implícitos actos legales.
De todos modos, quien ha vuelto a demostrar sentido común y sensatez es Josep Antoni Durán i Lleida. Desde su exilio dorado en el Congreso de los Diputados, ha puesto de manifiesto que dará soporte a lo que esté dentro de la legalidad. Y, a la vez, ha dejado diametralmente claro que si no se vota, no es porque no se quiera, si no porque no se puede. Asimismo, ha reiterado que lo que hace falta es una solución política a un problema político. Y es qué como están las cosas, de una vez por todas, Mariano Rajoy debería mover ficha. Visto lo visto, el inmovilismo y las ocurrencias están de más, aquí y allí.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 19/10/2014
09 d’octubre 2014
REPETIR LA HISTORIA
Se acaban de cumplir 80 años de ”Els Fets d’Octubre”. Ya saben: el 6 de octubre de 1934, el president Lluis Companys, para hacerse perdonar su escaso pedigrí catalanista –según dicen algunos-, puso en marcha un golpe separatista, proclamando el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. Que duró, como dice Joaquín Sabina, “lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks” y que acabó con casi todo el gobierno en la cárcel, a excepción de algún que otro honorable, como el consejero Josep Dencàs, uno de los ideólogos de la trama, huyendo por las cloacas.
Entre aquellos hechos y la situación actual, ciertamente, existen similitudes, como por ejemplo que el pueblo estaba pagando las consecuencias del crac del 29, entonces y ahora estamos apechugando con los efectos de la crisis económica. Asimismo, se vivía un fuerte enfrentamiento por la Ley Contratas, en aquellos días y hoy la desafección de la ciudadanía por la sentencia del Estatut por parte del Tribunal Constitucional es el origen de gran parte del malestar que aqueja a la sociedad catalana.
También existen, entre aquel ayer y nuestro hoy, diferencias notables como que hoy el movimiento secesionista impulsado por la ANC y Omnimu Cultural tiene un fuerte arraigo social y, en cambio, lo del 6 de octubre fue algo, casi en exclusiva, de las élites políticas del momento. Prueba evidente es que a las pocas horas de la proclamación de Estado Catalán, la Plaza Sant Jaume que había estado abarrotada, quedó desierta y Companys rodeado de unos cuantos acólitos y poco más.
“Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”, dice un adagio popular. Pues bien, de momento, tras una reunión de más de siete horas, el Govern y las fuerzas políticas que dan soporte al proceso, anunciaron además de una inquebrantable unidad (recordemos aquel refrán que dice “dime de qué presumes y te diré de lo que careces”), su determinación para que se pueda votar el próximo 9 de noviembre. Y eso, en las circunstancias actuales, sólo se puede hacer en la más absoluta ilegalidad. O sea que la historia de no pararse en barras y franquear los límites puede volver a repetirse.
Para el catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras “esto sólo puede acabar mal o muy mal”. Lo lamentable es que el acreditado académico acabará teniendo razón.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 08/10/14
Entre aquellos hechos y la situación actual, ciertamente, existen similitudes, como por ejemplo que el pueblo estaba pagando las consecuencias del crac del 29, entonces y ahora estamos apechugando con los efectos de la crisis económica. Asimismo, se vivía un fuerte enfrentamiento por la Ley Contratas, en aquellos días y hoy la desafección de la ciudadanía por la sentencia del Estatut por parte del Tribunal Constitucional es el origen de gran parte del malestar que aqueja a la sociedad catalana.
También existen, entre aquel ayer y nuestro hoy, diferencias notables como que hoy el movimiento secesionista impulsado por la ANC y Omnimu Cultural tiene un fuerte arraigo social y, en cambio, lo del 6 de octubre fue algo, casi en exclusiva, de las élites políticas del momento. Prueba evidente es que a las pocas horas de la proclamación de Estado Catalán, la Plaza Sant Jaume que había estado abarrotada, quedó desierta y Companys rodeado de unos cuantos acólitos y poco más.
“Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”, dice un adagio popular. Pues bien, de momento, tras una reunión de más de siete horas, el Govern y las fuerzas políticas que dan soporte al proceso, anunciaron además de una inquebrantable unidad (recordemos aquel refrán que dice “dime de qué presumes y te diré de lo que careces”), su determinación para que se pueda votar el próximo 9 de noviembre. Y eso, en las circunstancias actuales, sólo se puede hacer en la más absoluta ilegalidad. O sea que la historia de no pararse en barras y franquear los límites puede volver a repetirse.
Para el catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras “esto sólo puede acabar mal o muy mal”. Lo lamentable es que el acreditado académico acabará teniendo razón.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 08/10/14
01 d’octubre 2014
PREGUNTAS SIN RESPUESTAS
En Cataluña estamos viviendo un tiempo político esperpéntico. Si ahora llegará a nuestro país alguien ajeno a cuanto aquí sucede, podría pensar que los catalanes hemos perdido el oremus, y no es verdad. Todo lo contrario, los catalanes somos un pueblo de gente sensata y muy equilibrada. El problema reside en un puñado de dirigentes políticos que parece que han perdido la chaveta. Pero sirvan para ilustrar semejante afirmación algunos ejemplos.
El pasado 26 de septiembre compareció en el Parlamento catalán el ex presidente Jordi Pujol, en teoría, para dar explicaciones sobre el fraude fiscal cometido en los últimos 34 años y que el mismo confesó el pasado 25 de julio. Pues bien, en la primera intervención de su comparecencia, más allá de justificar la actitud de su padre, también, como él, defraudador fiscal y explicar su trayectoria política, no aclaró nada. En su segunda intervención, en vez de contestar a las preguntas de los diferentes grupos parlamentarios y dejar sin respuesta interpelaciones tales como si su fortuna estaba vinculada a Banca Catalana, si el dinero depositado en le extranjero había generado más ingresos o porqué tardó tanto en regularizar su fortuna, se dedicó a abroncar a los diputados por sus preguntas y actitud. Sencillamente inaudito y, por consiguiente, huelga cualquier comentario.
Sin solución de continuidad, al día siguiente (casualidad o no, que cada cual opine lo crea conveniente), el presidente Artur Mas firmaba el Decreto que convoca a votar a los ciudadanos el próximo 9 de noviembre.
No entraré en el debate de la legalidad o ilegalidad de la convocatoria y no quiero perderme en martingalas jurídicas. No obstante, si quisiera hacer alguna referencia. La primera es aquella frase de Carlos Marx según la cual “la historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa”. Otra es que nunca habíamos llegado tan lejos. Es la primera vez que se convoca a la ciudadanía para que diga si Cataluña ha de ser un Estado independiente. En 1931 el presidente Macià proclamó la República catalana como Estado independiente de la federación ibérica. Por su parte, el presidente Compnays, en 1934, proclamó el Estado catalán dentro de la república federal española. Ambas proclamaciones tuvieron un cortísimo recorrido. Unos días la primera y unas horas la segunda. Sin embargo, las consecuencias negativas que conllevaron se dejaron sentir durante mucho tiempo. Lo que se derive de la convocatoria de Artur Mas para el 9 N, tardaremos años en digerirlo (frustración en la ciudadanía, desencanto hacia la política y descrédito del país, entre otros efectos).
Además, desde determinados estamentos y medios de comunicación se habla de día histórico, por la firma del Decreto que convoca a la consulta, cuando, a mi entender, más bien parece un desafío efímero, una aberración política y una felonía jurídica.
De todos modos, considero que como ciudadanos de a pie lo que de verdad nos debe preocupar es el día de después. Es decir, podemos admitir como hipótesis de trabajo que más pronto o más tarde Cataluña sea independiente y, en ese supuesto –harto improbable-, plantear interrogantes que los secesionistas siempre eluden o responden con evasivas o eufemismos. ¿Qué sucedería con Cataluña fuera de la UE y sin el paraguas del BCE? ¿Cuál sería la actitud de las grandes empresas y de las grandes corporaciones financieras? ¿Qué prima de riesgo nos aplicarían los mercados? ¿Qué sucedería con el flujo comercial que mantenemos con España y los puestos de trabajo que ese flujo genera? ¿Se podrían pagar las pensiones? ¿Cómo haríamos frente a nuestra deuda que y muy pronto superará los 61.000 millones?
Es obvio que se pueden hacer preguntas hasta la saciedad y que o no tienen respuesta o ponen la piel de gallina. Seamos honestos y digamos la verdad a los ciudadanos sobre una hipotética independencia. Éstos son lo suficientemente maduros y sabrán valorar las cosas en su justo término. Estoy seguro de que con la verdad por delante, la cordura y la sensatez acabarán imponiéndose. Pero para que eso sea posible sobra la manipulación.
Bernardo Fernández
Publicado el Crónica Global 30/09/14
El pasado 26 de septiembre compareció en el Parlamento catalán el ex presidente Jordi Pujol, en teoría, para dar explicaciones sobre el fraude fiscal cometido en los últimos 34 años y que el mismo confesó el pasado 25 de julio. Pues bien, en la primera intervención de su comparecencia, más allá de justificar la actitud de su padre, también, como él, defraudador fiscal y explicar su trayectoria política, no aclaró nada. En su segunda intervención, en vez de contestar a las preguntas de los diferentes grupos parlamentarios y dejar sin respuesta interpelaciones tales como si su fortuna estaba vinculada a Banca Catalana, si el dinero depositado en le extranjero había generado más ingresos o porqué tardó tanto en regularizar su fortuna, se dedicó a abroncar a los diputados por sus preguntas y actitud. Sencillamente inaudito y, por consiguiente, huelga cualquier comentario.
Sin solución de continuidad, al día siguiente (casualidad o no, que cada cual opine lo crea conveniente), el presidente Artur Mas firmaba el Decreto que convoca a votar a los ciudadanos el próximo 9 de noviembre.
No entraré en el debate de la legalidad o ilegalidad de la convocatoria y no quiero perderme en martingalas jurídicas. No obstante, si quisiera hacer alguna referencia. La primera es aquella frase de Carlos Marx según la cual “la historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa”. Otra es que nunca habíamos llegado tan lejos. Es la primera vez que se convoca a la ciudadanía para que diga si Cataluña ha de ser un Estado independiente. En 1931 el presidente Macià proclamó la República catalana como Estado independiente de la federación ibérica. Por su parte, el presidente Compnays, en 1934, proclamó el Estado catalán dentro de la república federal española. Ambas proclamaciones tuvieron un cortísimo recorrido. Unos días la primera y unas horas la segunda. Sin embargo, las consecuencias negativas que conllevaron se dejaron sentir durante mucho tiempo. Lo que se derive de la convocatoria de Artur Mas para el 9 N, tardaremos años en digerirlo (frustración en la ciudadanía, desencanto hacia la política y descrédito del país, entre otros efectos).
Además, desde determinados estamentos y medios de comunicación se habla de día histórico, por la firma del Decreto que convoca a la consulta, cuando, a mi entender, más bien parece un desafío efímero, una aberración política y una felonía jurídica.
De todos modos, considero que como ciudadanos de a pie lo que de verdad nos debe preocupar es el día de después. Es decir, podemos admitir como hipótesis de trabajo que más pronto o más tarde Cataluña sea independiente y, en ese supuesto –harto improbable-, plantear interrogantes que los secesionistas siempre eluden o responden con evasivas o eufemismos. ¿Qué sucedería con Cataluña fuera de la UE y sin el paraguas del BCE? ¿Cuál sería la actitud de las grandes empresas y de las grandes corporaciones financieras? ¿Qué prima de riesgo nos aplicarían los mercados? ¿Qué sucedería con el flujo comercial que mantenemos con España y los puestos de trabajo que ese flujo genera? ¿Se podrían pagar las pensiones? ¿Cómo haríamos frente a nuestra deuda que y muy pronto superará los 61.000 millones?
Es obvio que se pueden hacer preguntas hasta la saciedad y que o no tienen respuesta o ponen la piel de gallina. Seamos honestos y digamos la verdad a los ciudadanos sobre una hipotética independencia. Éstos son lo suficientemente maduros y sabrán valorar las cosas en su justo término. Estoy seguro de que con la verdad por delante, la cordura y la sensatez acabarán imponiéndose. Pero para que eso sea posible sobra la manipulación.
Bernardo Fernández
Publicado el Crónica Global 30/09/14
23 de setembre 2014
Y EL 10 N, ¿QUÉ?
Que la manifestación, celebrada en Barcelona el pasado día 11, en favor del mal llamado derecho a decidir fue un éxito es incuestionable. Así pues, justo es reconocer la gran capacidad de movilización de las entidades convocantes que, por tercer año consecutivo, han logrado movilizar a cientos de miles de ciudadanos en pos de un objetivo determinado. De todos modos, los organizadores deberían admitir que sin la inestimable colaboración institucional y el soporte incondicional de los medios de comunicación públicos y de los que pacen a la sombra del poder ese logro hubiera sido imposible.
Y ahora, ¿qué? Se pregunta los ciudadanos de buena fe. Pues ahora, lo deseable sería que Rajoy y Mas se sentarán a dialogar y no se levantaran de la mesa de negociación hasta llegar a un acuerdo asumible para ambas partes, sin vencedores ni vencidos, pero mucho me temo que eso no va a suceder. En esas circunstancias, lo más plausible es que el “President” convoque la Consulta y el Gobierno la impugne y la envíe al Tribunal Constitucional que la prohibirá de oficio de forma cautelar.
Entonces, si Artur Mas no está dispuesto a prevaricar y saltarse la legalidad (cosa que parece bastante improbable), tendremos un mes de octubre agónico, con declaraciones y contra declaraciones, dimes y diretes. Tampoco faltarán avisos y amenazas de aquí y de allí, así como llamamientos a la desobediencia civil e incluso, es posible, algún intento de huelga general o alguna insensatez por el estilo.
En cualquier caso, el 10 N a Artur Mas se le abren diversas posibilidades: puede intentar seguir gobernando como hasta ahora con apoyos puntuales. Puede intentar un gobierno de coalición o concertación, ciertamente difícil o quizá se vea forzado a convocar elecciones, lo más probable. Plebiscitarias o no, está por ver
Pero los ciudadanos de a pie hemos de seguir conviviendo. Los independentistas y los que no, deberemos seguir acudiendo a la sanidad pública que está hecha unos zorros. Nuestros hijos se deberán seguir formando en centros que si continúan abiertos es gracias al empeño de los profesionales para que la enseñanza funcione. Al salir a la calle o al tomar café nos encontraremos con alguno de esos 570.000 conciudadanos que buscan trabajo y no lo encuentran.
Eso es lo importante: la cohesión social, lo otro son zarandajas y ganas de asomarse al vacío.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 17/09/14
Y ahora, ¿qué? Se pregunta los ciudadanos de buena fe. Pues ahora, lo deseable sería que Rajoy y Mas se sentarán a dialogar y no se levantaran de la mesa de negociación hasta llegar a un acuerdo asumible para ambas partes, sin vencedores ni vencidos, pero mucho me temo que eso no va a suceder. En esas circunstancias, lo más plausible es que el “President” convoque la Consulta y el Gobierno la impugne y la envíe al Tribunal Constitucional que la prohibirá de oficio de forma cautelar.
Entonces, si Artur Mas no está dispuesto a prevaricar y saltarse la legalidad (cosa que parece bastante improbable), tendremos un mes de octubre agónico, con declaraciones y contra declaraciones, dimes y diretes. Tampoco faltarán avisos y amenazas de aquí y de allí, así como llamamientos a la desobediencia civil e incluso, es posible, algún intento de huelga general o alguna insensatez por el estilo.
En cualquier caso, el 10 N a Artur Mas se le abren diversas posibilidades: puede intentar seguir gobernando como hasta ahora con apoyos puntuales. Puede intentar un gobierno de coalición o concertación, ciertamente difícil o quizá se vea forzado a convocar elecciones, lo más probable. Plebiscitarias o no, está por ver
Pero los ciudadanos de a pie hemos de seguir conviviendo. Los independentistas y los que no, deberemos seguir acudiendo a la sanidad pública que está hecha unos zorros. Nuestros hijos se deberán seguir formando en centros que si continúan abiertos es gracias al empeño de los profesionales para que la enseñanza funcione. Al salir a la calle o al tomar café nos encontraremos con alguno de esos 570.000 conciudadanos que buscan trabajo y no lo encuentran.
Eso es lo importante: la cohesión social, lo otro son zarandajas y ganas de asomarse al vacío.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 17/09/14
VOLVER A EMPEZAR
Hemos dejado atrás días de asueto y holganza propios del mes de agosto. Un mes de agosto con una climatología revuelta y convulsa. Tan revuelta y tan convulsa como la situación política que estamos viviendo como catalanes, españoles y europeos. Septiembre ha entrado con fuerza y aunque suene a frase manida, tendremos un otoño caliente. Yo diría que muy caliente.
Estamos en la antesala del 9 N, y en estos momentos el gobierno de la Generalitat es lo más parecido a una olla de grillos. Así por ejemplo, mientras el consejero de presidencia dice una cosa, el de territorio opina la contraria. La vicepresidenta afirma que la consulta no se celebrará si el Tribunal Constitucional (TC) no la permite y a las pocas horas el presidente afirma que él firmará el decreto y se podrá votar. De todos modos, lo más probable es que el TC suspenda la ley de consultas que el parlamento catalán aprobará en los próximos días y, en ese caso, todo quedaría en agua de borrajas. Salvo que Mas esté dispuesto a desacatar la legalidad, cosa impensable en un político con dos dedos de frente.
De todos modos, es imprevisible lo que puede suceder con unos partidos y unas entidades secesionistas envalentonados ante la expectativa de votar por la independencia. Pero es evidente que la frustración, el desencanto y el cabreo de una parte de la ciudadanía como consecuencia de una pésima gestión del gobierno autónomo están servidos, además de una más que segura inestabilidad política. Todo ello, adobado con el goteo constante de informaciones verídicas unas, hipotética y especulativas otras, sobre affaire Pujol y la familia.
A nivel nacional, los dos partidos hegemónicos hasta la presente, se juegan el ser o no ser en las próximas elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo. Si las pasadas europeas fueron un ensayo para acabar con el bipartidismo, estos próximos comicios pueden ser la estocada final a una manera de hacer política que se viene practicando desde el ya lejano 1978. Tal vez por eso, el Gobierno ha marcado como una prioridad en su agenda una reforma de la ley electoral para elegir a los alcaldes, algo que evidentemente favorecería al PP.
En este contexto el Ejecutivo de Rajoy pondrá una marcha más a la actividad parlamentaria para aprobar leyes que hasta ahora han dormido olvidadas en algún cajón. Así por ejemplo, el Gobierno quiere ahora reducir al máximo el número de aforados, cuando lo rechazaba hace pocas semanas. De igual manera, leyes estrella como la introducción de la prisión permanente revisable en el Código Penal, la Ley del Poder Judicial, con sus medidas contra los jueces estrella o la Ley del aborto verán agilizada o no su tramitación parlamentaria no en función del interés general, que sería lo razonable, sino en función de la repercusión electoral que se prevea puedan tener. Así se gobierna un país.
Todo ello sazonado con un fuerte tufo a corrupción institucionalizada que no cesa por la displicencia con que se aborda el tema.
Pero es que la situación en Europa, no es más halagüeña. La política económica está estigmatizada por las recetas alemanas y son necesarios nuevos planteamientos para salir del agujero en el que estamos inmersos. Días atrás Mario Draghi advertía que la UE ha de cambiar de rumbo. Resultan ineludibles reformas estructurales, de forma especial en el mercado de trabajo. Esa parece ser la condición “sine quanon” para que Berlín acepte compras masivas de deuda pública y activos financieros.
Es evidente que la política de austeridad de la Unión está yendo demasiado lejos y hay que dar un volantazo. El problema es Alemania. Allí se resisten. En consecuencia, los nuevos mandatarios de la UE surgidos tras las elecciones europeas de antes del verano, deberían lograr aquello que no lograron sus predecesores en el cargo: que Merkel se lo crea y reme en la misma dirección que las otras cancillerías.
Por otra parte, la sombra del conflicto Rusia-Ucrania planea sobre la posible recuperación de la UE. Por eso, Duräo Barroso ha dicho que “estamos en una situación muy grave, dramática. Podríamos ver una situación en la que alcancemos un punto de no retorno”. Tras esta afirmación los comentarios huelgan.
Pero si elevamos la mirada, el panorama internacional no es nada reconfortante: con un Oriente medio que puede estallar de un momento a otro, con unos EEUU que no saben a que carta quedarse ni tienen a nadie que les quiera acompañar en sus aventuras intervencionistas y con un terrorismo islámico en alza.
Sintetizando mucho ésta es una visión global de la situación. Creo que no acabamos de ser conscientes de que estamos viviendo sobre un barril de pólvora del que penden diversas mechas, esperemos que no surja un descerebrado al que le dé por prender fuego en alguna de ellas. Sería fatal.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 13/09/14
Estamos en la antesala del 9 N, y en estos momentos el gobierno de la Generalitat es lo más parecido a una olla de grillos. Así por ejemplo, mientras el consejero de presidencia dice una cosa, el de territorio opina la contraria. La vicepresidenta afirma que la consulta no se celebrará si el Tribunal Constitucional (TC) no la permite y a las pocas horas el presidente afirma que él firmará el decreto y se podrá votar. De todos modos, lo más probable es que el TC suspenda la ley de consultas que el parlamento catalán aprobará en los próximos días y, en ese caso, todo quedaría en agua de borrajas. Salvo que Mas esté dispuesto a desacatar la legalidad, cosa impensable en un político con dos dedos de frente.
De todos modos, es imprevisible lo que puede suceder con unos partidos y unas entidades secesionistas envalentonados ante la expectativa de votar por la independencia. Pero es evidente que la frustración, el desencanto y el cabreo de una parte de la ciudadanía como consecuencia de una pésima gestión del gobierno autónomo están servidos, además de una más que segura inestabilidad política. Todo ello, adobado con el goteo constante de informaciones verídicas unas, hipotética y especulativas otras, sobre affaire Pujol y la familia.
A nivel nacional, los dos partidos hegemónicos hasta la presente, se juegan el ser o no ser en las próximas elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo. Si las pasadas europeas fueron un ensayo para acabar con el bipartidismo, estos próximos comicios pueden ser la estocada final a una manera de hacer política que se viene practicando desde el ya lejano 1978. Tal vez por eso, el Gobierno ha marcado como una prioridad en su agenda una reforma de la ley electoral para elegir a los alcaldes, algo que evidentemente favorecería al PP.
En este contexto el Ejecutivo de Rajoy pondrá una marcha más a la actividad parlamentaria para aprobar leyes que hasta ahora han dormido olvidadas en algún cajón. Así por ejemplo, el Gobierno quiere ahora reducir al máximo el número de aforados, cuando lo rechazaba hace pocas semanas. De igual manera, leyes estrella como la introducción de la prisión permanente revisable en el Código Penal, la Ley del Poder Judicial, con sus medidas contra los jueces estrella o la Ley del aborto verán agilizada o no su tramitación parlamentaria no en función del interés general, que sería lo razonable, sino en función de la repercusión electoral que se prevea puedan tener. Así se gobierna un país.
Todo ello sazonado con un fuerte tufo a corrupción institucionalizada que no cesa por la displicencia con que se aborda el tema.
Pero es que la situación en Europa, no es más halagüeña. La política económica está estigmatizada por las recetas alemanas y son necesarios nuevos planteamientos para salir del agujero en el que estamos inmersos. Días atrás Mario Draghi advertía que la UE ha de cambiar de rumbo. Resultan ineludibles reformas estructurales, de forma especial en el mercado de trabajo. Esa parece ser la condición “sine quanon” para que Berlín acepte compras masivas de deuda pública y activos financieros.
Es evidente que la política de austeridad de la Unión está yendo demasiado lejos y hay que dar un volantazo. El problema es Alemania. Allí se resisten. En consecuencia, los nuevos mandatarios de la UE surgidos tras las elecciones europeas de antes del verano, deberían lograr aquello que no lograron sus predecesores en el cargo: que Merkel se lo crea y reme en la misma dirección que las otras cancillerías.
Por otra parte, la sombra del conflicto Rusia-Ucrania planea sobre la posible recuperación de la UE. Por eso, Duräo Barroso ha dicho que “estamos en una situación muy grave, dramática. Podríamos ver una situación en la que alcancemos un punto de no retorno”. Tras esta afirmación los comentarios huelgan.
Pero si elevamos la mirada, el panorama internacional no es nada reconfortante: con un Oriente medio que puede estallar de un momento a otro, con unos EEUU que no saben a que carta quedarse ni tienen a nadie que les quiera acompañar en sus aventuras intervencionistas y con un terrorismo islámico en alza.
Sintetizando mucho ésta es una visión global de la situación. Creo que no acabamos de ser conscientes de que estamos viviendo sobre un barril de pólvora del que penden diversas mechas, esperemos que no surja un descerebrado al que le dé por prender fuego en alguna de ellas. Sería fatal.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 13/09/14
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