En Cataluña estamos viviendo un tiempo político esperpéntico. Si ahora llegará a nuestro país alguien ajeno a cuanto aquí sucede, podría pensar que los catalanes hemos perdido el oremus, y no es verdad. Todo lo contrario, los catalanes somos un pueblo de gente sensata y muy equilibrada. El problema reside en un puñado de dirigentes políticos que parece que han perdido la chaveta. Pero sirvan para ilustrar semejante afirmación algunos ejemplos.
El pasado 26 de septiembre compareció en el Parlamento catalán el ex presidente Jordi Pujol, en teoría, para dar explicaciones sobre el fraude fiscal cometido en los últimos 34 años y que el mismo confesó el pasado 25 de julio. Pues bien, en la primera intervención de su comparecencia, más allá de justificar la actitud de su padre, también, como él, defraudador fiscal y explicar su trayectoria política, no aclaró nada. En su segunda intervención, en vez de contestar a las preguntas de los diferentes grupos parlamentarios y dejar sin respuesta interpelaciones tales como si su fortuna estaba vinculada a Banca Catalana, si el dinero depositado en le extranjero había generado más ingresos o porqué tardó tanto en regularizar su fortuna, se dedicó a abroncar a los diputados por sus preguntas y actitud. Sencillamente inaudito y, por consiguiente, huelga cualquier comentario.
Sin solución de continuidad, al día siguiente (casualidad o no, que cada cual opine lo crea conveniente), el presidente Artur Mas firmaba el Decreto que convoca a votar a los ciudadanos el próximo 9 de noviembre.
No entraré en el debate de la legalidad o ilegalidad de la convocatoria y no quiero perderme en martingalas jurídicas. No obstante, si quisiera hacer alguna referencia. La primera es aquella frase de Carlos Marx según la cual “la historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa”. Otra es que nunca habíamos llegado tan lejos. Es la primera vez que se convoca a la ciudadanía para que diga si Cataluña ha de ser un Estado independiente. En 1931 el presidente Macià proclamó la República catalana como Estado independiente de la federación ibérica. Por su parte, el presidente Compnays, en 1934, proclamó el Estado catalán dentro de la república federal española. Ambas proclamaciones tuvieron un cortísimo recorrido. Unos días la primera y unas horas la segunda. Sin embargo, las consecuencias negativas que conllevaron se dejaron sentir durante mucho tiempo. Lo que se derive de la convocatoria de Artur Mas para el 9 N, tardaremos años en digerirlo (frustración en la ciudadanía, desencanto hacia la política y descrédito del país, entre otros efectos).
Además, desde determinados estamentos y medios de comunicación se habla de día histórico, por la firma del Decreto que convoca a la consulta, cuando, a mi entender, más bien parece un desafío efímero, una aberración política y una felonía jurídica.
De todos modos, considero que como ciudadanos de a pie lo que de verdad nos debe preocupar es el día de después. Es decir, podemos admitir como hipótesis de trabajo que más pronto o más tarde Cataluña sea independiente y, en ese supuesto –harto improbable-, plantear interrogantes que los secesionistas siempre eluden o responden con evasivas o eufemismos. ¿Qué sucedería con Cataluña fuera de la UE y sin el paraguas del BCE? ¿Cuál sería la actitud de las grandes empresas y de las grandes corporaciones financieras? ¿Qué prima de riesgo nos aplicarían los mercados? ¿Qué sucedería con el flujo comercial que mantenemos con España y los puestos de trabajo que ese flujo genera? ¿Se podrían pagar las pensiones? ¿Cómo haríamos frente a nuestra deuda que y muy pronto superará los 61.000 millones?
Es obvio que se pueden hacer preguntas hasta la saciedad y que o no tienen respuesta o ponen la piel de gallina. Seamos honestos y digamos la verdad a los ciudadanos sobre una hipotética independencia. Éstos son lo suficientemente maduros y sabrán valorar las cosas en su justo término. Estoy seguro de que con la verdad por delante, la cordura y la sensatez acabarán imponiéndose. Pero para que eso sea posible sobra la manipulación.
Bernardo Fernández
Publicado el Crónica Global 30/09/14
01 d’octubre 2014
23 de setembre 2014
Y EL 10 N, ¿QUÉ?
Que la manifestación, celebrada en Barcelona el pasado día 11, en favor del mal llamado derecho a decidir fue un éxito es incuestionable. Así pues, justo es reconocer la gran capacidad de movilización de las entidades convocantes que, por tercer año consecutivo, han logrado movilizar a cientos de miles de ciudadanos en pos de un objetivo determinado. De todos modos, los organizadores deberían admitir que sin la inestimable colaboración institucional y el soporte incondicional de los medios de comunicación públicos y de los que pacen a la sombra del poder ese logro hubiera sido imposible.
Y ahora, ¿qué? Se pregunta los ciudadanos de buena fe. Pues ahora, lo deseable sería que Rajoy y Mas se sentarán a dialogar y no se levantaran de la mesa de negociación hasta llegar a un acuerdo asumible para ambas partes, sin vencedores ni vencidos, pero mucho me temo que eso no va a suceder. En esas circunstancias, lo más plausible es que el “President” convoque la Consulta y el Gobierno la impugne y la envíe al Tribunal Constitucional que la prohibirá de oficio de forma cautelar.
Entonces, si Artur Mas no está dispuesto a prevaricar y saltarse la legalidad (cosa que parece bastante improbable), tendremos un mes de octubre agónico, con declaraciones y contra declaraciones, dimes y diretes. Tampoco faltarán avisos y amenazas de aquí y de allí, así como llamamientos a la desobediencia civil e incluso, es posible, algún intento de huelga general o alguna insensatez por el estilo.
En cualquier caso, el 10 N a Artur Mas se le abren diversas posibilidades: puede intentar seguir gobernando como hasta ahora con apoyos puntuales. Puede intentar un gobierno de coalición o concertación, ciertamente difícil o quizá se vea forzado a convocar elecciones, lo más probable. Plebiscitarias o no, está por ver
Pero los ciudadanos de a pie hemos de seguir conviviendo. Los independentistas y los que no, deberemos seguir acudiendo a la sanidad pública que está hecha unos zorros. Nuestros hijos se deberán seguir formando en centros que si continúan abiertos es gracias al empeño de los profesionales para que la enseñanza funcione. Al salir a la calle o al tomar café nos encontraremos con alguno de esos 570.000 conciudadanos que buscan trabajo y no lo encuentran.
Eso es lo importante: la cohesión social, lo otro son zarandajas y ganas de asomarse al vacío.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 17/09/14
Y ahora, ¿qué? Se pregunta los ciudadanos de buena fe. Pues ahora, lo deseable sería que Rajoy y Mas se sentarán a dialogar y no se levantaran de la mesa de negociación hasta llegar a un acuerdo asumible para ambas partes, sin vencedores ni vencidos, pero mucho me temo que eso no va a suceder. En esas circunstancias, lo más plausible es que el “President” convoque la Consulta y el Gobierno la impugne y la envíe al Tribunal Constitucional que la prohibirá de oficio de forma cautelar.
Entonces, si Artur Mas no está dispuesto a prevaricar y saltarse la legalidad (cosa que parece bastante improbable), tendremos un mes de octubre agónico, con declaraciones y contra declaraciones, dimes y diretes. Tampoco faltarán avisos y amenazas de aquí y de allí, así como llamamientos a la desobediencia civil e incluso, es posible, algún intento de huelga general o alguna insensatez por el estilo.
En cualquier caso, el 10 N a Artur Mas se le abren diversas posibilidades: puede intentar seguir gobernando como hasta ahora con apoyos puntuales. Puede intentar un gobierno de coalición o concertación, ciertamente difícil o quizá se vea forzado a convocar elecciones, lo más probable. Plebiscitarias o no, está por ver
Pero los ciudadanos de a pie hemos de seguir conviviendo. Los independentistas y los que no, deberemos seguir acudiendo a la sanidad pública que está hecha unos zorros. Nuestros hijos se deberán seguir formando en centros que si continúan abiertos es gracias al empeño de los profesionales para que la enseñanza funcione. Al salir a la calle o al tomar café nos encontraremos con alguno de esos 570.000 conciudadanos que buscan trabajo y no lo encuentran.
Eso es lo importante: la cohesión social, lo otro son zarandajas y ganas de asomarse al vacío.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 17/09/14
VOLVER A EMPEZAR
Hemos dejado atrás días de asueto y holganza propios del mes de agosto. Un mes de agosto con una climatología revuelta y convulsa. Tan revuelta y tan convulsa como la situación política que estamos viviendo como catalanes, españoles y europeos. Septiembre ha entrado con fuerza y aunque suene a frase manida, tendremos un otoño caliente. Yo diría que muy caliente.
Estamos en la antesala del 9 N, y en estos momentos el gobierno de la Generalitat es lo más parecido a una olla de grillos. Así por ejemplo, mientras el consejero de presidencia dice una cosa, el de territorio opina la contraria. La vicepresidenta afirma que la consulta no se celebrará si el Tribunal Constitucional (TC) no la permite y a las pocas horas el presidente afirma que él firmará el decreto y se podrá votar. De todos modos, lo más probable es que el TC suspenda la ley de consultas que el parlamento catalán aprobará en los próximos días y, en ese caso, todo quedaría en agua de borrajas. Salvo que Mas esté dispuesto a desacatar la legalidad, cosa impensable en un político con dos dedos de frente.
De todos modos, es imprevisible lo que puede suceder con unos partidos y unas entidades secesionistas envalentonados ante la expectativa de votar por la independencia. Pero es evidente que la frustración, el desencanto y el cabreo de una parte de la ciudadanía como consecuencia de una pésima gestión del gobierno autónomo están servidos, además de una más que segura inestabilidad política. Todo ello, adobado con el goteo constante de informaciones verídicas unas, hipotética y especulativas otras, sobre affaire Pujol y la familia.
A nivel nacional, los dos partidos hegemónicos hasta la presente, se juegan el ser o no ser en las próximas elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo. Si las pasadas europeas fueron un ensayo para acabar con el bipartidismo, estos próximos comicios pueden ser la estocada final a una manera de hacer política que se viene practicando desde el ya lejano 1978. Tal vez por eso, el Gobierno ha marcado como una prioridad en su agenda una reforma de la ley electoral para elegir a los alcaldes, algo que evidentemente favorecería al PP.
En este contexto el Ejecutivo de Rajoy pondrá una marcha más a la actividad parlamentaria para aprobar leyes que hasta ahora han dormido olvidadas en algún cajón. Así por ejemplo, el Gobierno quiere ahora reducir al máximo el número de aforados, cuando lo rechazaba hace pocas semanas. De igual manera, leyes estrella como la introducción de la prisión permanente revisable en el Código Penal, la Ley del Poder Judicial, con sus medidas contra los jueces estrella o la Ley del aborto verán agilizada o no su tramitación parlamentaria no en función del interés general, que sería lo razonable, sino en función de la repercusión electoral que se prevea puedan tener. Así se gobierna un país.
Todo ello sazonado con un fuerte tufo a corrupción institucionalizada que no cesa por la displicencia con que se aborda el tema.
Pero es que la situación en Europa, no es más halagüeña. La política económica está estigmatizada por las recetas alemanas y son necesarios nuevos planteamientos para salir del agujero en el que estamos inmersos. Días atrás Mario Draghi advertía que la UE ha de cambiar de rumbo. Resultan ineludibles reformas estructurales, de forma especial en el mercado de trabajo. Esa parece ser la condición “sine quanon” para que Berlín acepte compras masivas de deuda pública y activos financieros.
Es evidente que la política de austeridad de la Unión está yendo demasiado lejos y hay que dar un volantazo. El problema es Alemania. Allí se resisten. En consecuencia, los nuevos mandatarios de la UE surgidos tras las elecciones europeas de antes del verano, deberían lograr aquello que no lograron sus predecesores en el cargo: que Merkel se lo crea y reme en la misma dirección que las otras cancillerías.
Por otra parte, la sombra del conflicto Rusia-Ucrania planea sobre la posible recuperación de la UE. Por eso, Duräo Barroso ha dicho que “estamos en una situación muy grave, dramática. Podríamos ver una situación en la que alcancemos un punto de no retorno”. Tras esta afirmación los comentarios huelgan.
Pero si elevamos la mirada, el panorama internacional no es nada reconfortante: con un Oriente medio que puede estallar de un momento a otro, con unos EEUU que no saben a que carta quedarse ni tienen a nadie que les quiera acompañar en sus aventuras intervencionistas y con un terrorismo islámico en alza.
Sintetizando mucho ésta es una visión global de la situación. Creo que no acabamos de ser conscientes de que estamos viviendo sobre un barril de pólvora del que penden diversas mechas, esperemos que no surja un descerebrado al que le dé por prender fuego en alguna de ellas. Sería fatal.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 13/09/14
Estamos en la antesala del 9 N, y en estos momentos el gobierno de la Generalitat es lo más parecido a una olla de grillos. Así por ejemplo, mientras el consejero de presidencia dice una cosa, el de territorio opina la contraria. La vicepresidenta afirma que la consulta no se celebrará si el Tribunal Constitucional (TC) no la permite y a las pocas horas el presidente afirma que él firmará el decreto y se podrá votar. De todos modos, lo más probable es que el TC suspenda la ley de consultas que el parlamento catalán aprobará en los próximos días y, en ese caso, todo quedaría en agua de borrajas. Salvo que Mas esté dispuesto a desacatar la legalidad, cosa impensable en un político con dos dedos de frente.
De todos modos, es imprevisible lo que puede suceder con unos partidos y unas entidades secesionistas envalentonados ante la expectativa de votar por la independencia. Pero es evidente que la frustración, el desencanto y el cabreo de una parte de la ciudadanía como consecuencia de una pésima gestión del gobierno autónomo están servidos, además de una más que segura inestabilidad política. Todo ello, adobado con el goteo constante de informaciones verídicas unas, hipotética y especulativas otras, sobre affaire Pujol y la familia.
A nivel nacional, los dos partidos hegemónicos hasta la presente, se juegan el ser o no ser en las próximas elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo. Si las pasadas europeas fueron un ensayo para acabar con el bipartidismo, estos próximos comicios pueden ser la estocada final a una manera de hacer política que se viene practicando desde el ya lejano 1978. Tal vez por eso, el Gobierno ha marcado como una prioridad en su agenda una reforma de la ley electoral para elegir a los alcaldes, algo que evidentemente favorecería al PP.
En este contexto el Ejecutivo de Rajoy pondrá una marcha más a la actividad parlamentaria para aprobar leyes que hasta ahora han dormido olvidadas en algún cajón. Así por ejemplo, el Gobierno quiere ahora reducir al máximo el número de aforados, cuando lo rechazaba hace pocas semanas. De igual manera, leyes estrella como la introducción de la prisión permanente revisable en el Código Penal, la Ley del Poder Judicial, con sus medidas contra los jueces estrella o la Ley del aborto verán agilizada o no su tramitación parlamentaria no en función del interés general, que sería lo razonable, sino en función de la repercusión electoral que se prevea puedan tener. Así se gobierna un país.
Todo ello sazonado con un fuerte tufo a corrupción institucionalizada que no cesa por la displicencia con que se aborda el tema.
Pero es que la situación en Europa, no es más halagüeña. La política económica está estigmatizada por las recetas alemanas y son necesarios nuevos planteamientos para salir del agujero en el que estamos inmersos. Días atrás Mario Draghi advertía que la UE ha de cambiar de rumbo. Resultan ineludibles reformas estructurales, de forma especial en el mercado de trabajo. Esa parece ser la condición “sine quanon” para que Berlín acepte compras masivas de deuda pública y activos financieros.
Es evidente que la política de austeridad de la Unión está yendo demasiado lejos y hay que dar un volantazo. El problema es Alemania. Allí se resisten. En consecuencia, los nuevos mandatarios de la UE surgidos tras las elecciones europeas de antes del verano, deberían lograr aquello que no lograron sus predecesores en el cargo: que Merkel se lo crea y reme en la misma dirección que las otras cancillerías.
Por otra parte, la sombra del conflicto Rusia-Ucrania planea sobre la posible recuperación de la UE. Por eso, Duräo Barroso ha dicho que “estamos en una situación muy grave, dramática. Podríamos ver una situación en la que alcancemos un punto de no retorno”. Tras esta afirmación los comentarios huelgan.
Pero si elevamos la mirada, el panorama internacional no es nada reconfortante: con un Oriente medio que puede estallar de un momento a otro, con unos EEUU que no saben a que carta quedarse ni tienen a nadie que les quiera acompañar en sus aventuras intervencionistas y con un terrorismo islámico en alza.
Sintetizando mucho ésta es una visión global de la situación. Creo que no acabamos de ser conscientes de que estamos viviendo sobre un barril de pólvora del que penden diversas mechas, esperemos que no surja un descerebrado al que le dé por prender fuego en alguna de ellas. Sería fatal.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 13/09/14
29 d’agost 2014
MOTIVACIONES POLÍTICAS
Admito mi error: durante mucho tiempo pensé que Jordi Pujol era un hombre de Estado, y pese a que no éramos del mismo credo político, me hubiera gustado compartir ideario y haber sido correligionarios. Después, en la VI Legislatura del Parlament de Cataluña (1999-2004), cuando el Molt Honrable prefirió pactar con el PP de Aznar, en vez de con la ERC de Carod Rovira, empecé a sospechar que Pujol no era, en realidad quien aparentaba ser: un gran estadista, sino más bien un contemporizador con grandes ínfulas, de gestos grandilocuentes y vuelo gallináceo.
El tiempo suele poner las cosas en su lugar y mis sospechas lamentablemente se han confirmado. Su confesión reconociendo su fraude al fisco invalida en gran medida su trayectoria. En consecuencia, independientemente de la calificación jurídica que se le dé al fraude, el juicio que más debe importar a la ciudadanía es el político. Por eso, argumentar como hizo Artur Mas que el fraude fiscal continuado durante 34 años de Jordi Pujol y su familia es “un tema estrictamente personal y familiar que nada tiene que ver con Convergencia”, es una falacia y una frivolidad que un gobernante no se debería permitir.
Es evidente que el oasis catalán era un espejismo, que las corruptelas y el clientelismo de aquí y de allí son homologables, y que el supuesto gran líder de la Cataluña reciente, no supo resistir ni a la tentación del dinero ni controlar a la familia. Además, resulta sorprendente que aquel que reclamaba una agencia tributaria propia, nos daba lecciones sobre lo divino y lo humano, que tenía como objetivo declarado “fer país” y reconstruir una nación, de forma simultanea evadía impuestos sin que los colores le subieran a la cara.
De todos modos, el colmo de la desfachatez se produjo días atrás, en su reaparición pública desde su retiro de Queralbs (Girona), cuando Pujol dijo que estaba a disposición de las instancias jurídicas y tributarias, mientras que en paralelo se estaba preparando su defensa jurídica sobre la base de que la investigación que se sigue contra él y sus hijos tiene sus orígenes en motivaciones políticas.
Tiempo tendremos para analizar como afecta la caída política de su principal icono al nacionalismo convergente, al movimiento secesionista y al conjunto de la política catalana. Pero hoy quedémonos con la desfachatez de las motivaciones políticas que no es un asunto menor.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 27/08/14
El tiempo suele poner las cosas en su lugar y mis sospechas lamentablemente se han confirmado. Su confesión reconociendo su fraude al fisco invalida en gran medida su trayectoria. En consecuencia, independientemente de la calificación jurídica que se le dé al fraude, el juicio que más debe importar a la ciudadanía es el político. Por eso, argumentar como hizo Artur Mas que el fraude fiscal continuado durante 34 años de Jordi Pujol y su familia es “un tema estrictamente personal y familiar que nada tiene que ver con Convergencia”, es una falacia y una frivolidad que un gobernante no se debería permitir.
Es evidente que el oasis catalán era un espejismo, que las corruptelas y el clientelismo de aquí y de allí son homologables, y que el supuesto gran líder de la Cataluña reciente, no supo resistir ni a la tentación del dinero ni controlar a la familia. Además, resulta sorprendente que aquel que reclamaba una agencia tributaria propia, nos daba lecciones sobre lo divino y lo humano, que tenía como objetivo declarado “fer país” y reconstruir una nación, de forma simultanea evadía impuestos sin que los colores le subieran a la cara.
De todos modos, el colmo de la desfachatez se produjo días atrás, en su reaparición pública desde su retiro de Queralbs (Girona), cuando Pujol dijo que estaba a disposición de las instancias jurídicas y tributarias, mientras que en paralelo se estaba preparando su defensa jurídica sobre la base de que la investigación que se sigue contra él y sus hijos tiene sus orígenes en motivaciones políticas.
Tiempo tendremos para analizar como afecta la caída política de su principal icono al nacionalismo convergente, al movimiento secesionista y al conjunto de la política catalana. Pero hoy quedémonos con la desfachatez de las motivaciones políticas que no es un asunto menor.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 27/08/14
LA VIDA SIGUE IGUAL
La declaración auto inculpatoria de Jordi Pujol, las reacciones posteriores y la entrevista Rajoy-Mas han conmocionado, como hacía tiempo que no sucedía, a la sociedad catalana y a la española por el efecto vasos comunicantes.
Eso ha hecho que estos días medios de comunicación y redes sociales tengan material de sobra para llenar sus espacios, cosa poco habitual en estas fechas de canícula.
No obstante, como dice la popular canción, “La vida sigue igual”. El sol sigue saliendo por oriente y poniéndose por occidente. Y algunos, aunque caigan chuzos de punta, y tengan a más de medio mundo en contra, siguen empecinados en llevar sus proyectos a cabo.
Es el caso de Boi Ruiz, consejero de sanidad del Govern de Cataluña, decidido a luchar a brazo partido y contra los elementos para privatizar todo lo que sea privatizable de la sanidad pública catalana. Un servicio que hasta hace pocos años era referencia para muchos de los países más desarrollados y ahora está siendo desballestado.
Todo comenzó cuando Ruiz designó a Josep Prat presidente del ICS. A éste le faltó tiempo para anunciar que el ICS era “ineficiente e ingobernable”, su alternativa era obvia: derivar a la sanidad privada que –según dicen- no está burocratizada, pero si tiene ánimo de lucro, aquellos pacientes a los que se han de realizar intervenciones poco complejas.
El susodicho señor llevó a cabo un informe sobre las posibles fórmulas de privatización de las empresas públicas. Pues bien, en el citado documento se proponía desmantelar el ICS en una veintena de empresas y poner a disposición de la sanidad privada los ámbitos de salud de mayor rentabilidad.
Por otra parte, el presupuesto de la sanidad catalana ha descendido desde 2010 la minucia de 1500 millones de euros, o si se prefiere 200 euros por habitante. Este mes de agosto se cerraran 3100 camas que veremos si después se vuelven a abrir. A pesar de esas cifras, que hablan pos si solas, Ruiz afirma, sin que se le caiga la cara de vergüenza, que así se garantiza que la sanidad sea siempre pública.
Los mitos caen, las cosas cambian, la vida sigue igual o no, pero hay prestaciones que conviene preservar, la sanidad pública de calidad es una de ellas. Por consiguiente, como ciudadanos concienciados, haremos cuanto sea necesario para que Boi Ruiz no se salga con la suya.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 06/08/14
Eso ha hecho que estos días medios de comunicación y redes sociales tengan material de sobra para llenar sus espacios, cosa poco habitual en estas fechas de canícula.
No obstante, como dice la popular canción, “La vida sigue igual”. El sol sigue saliendo por oriente y poniéndose por occidente. Y algunos, aunque caigan chuzos de punta, y tengan a más de medio mundo en contra, siguen empecinados en llevar sus proyectos a cabo.
Es el caso de Boi Ruiz, consejero de sanidad del Govern de Cataluña, decidido a luchar a brazo partido y contra los elementos para privatizar todo lo que sea privatizable de la sanidad pública catalana. Un servicio que hasta hace pocos años era referencia para muchos de los países más desarrollados y ahora está siendo desballestado.
Todo comenzó cuando Ruiz designó a Josep Prat presidente del ICS. A éste le faltó tiempo para anunciar que el ICS era “ineficiente e ingobernable”, su alternativa era obvia: derivar a la sanidad privada que –según dicen- no está burocratizada, pero si tiene ánimo de lucro, aquellos pacientes a los que se han de realizar intervenciones poco complejas.
El susodicho señor llevó a cabo un informe sobre las posibles fórmulas de privatización de las empresas públicas. Pues bien, en el citado documento se proponía desmantelar el ICS en una veintena de empresas y poner a disposición de la sanidad privada los ámbitos de salud de mayor rentabilidad.
Por otra parte, el presupuesto de la sanidad catalana ha descendido desde 2010 la minucia de 1500 millones de euros, o si se prefiere 200 euros por habitante. Este mes de agosto se cerraran 3100 camas que veremos si después se vuelven a abrir. A pesar de esas cifras, que hablan pos si solas, Ruiz afirma, sin que se le caiga la cara de vergüenza, que así se garantiza que la sanidad sea siempre pública.
Los mitos caen, las cosas cambian, la vida sigue igual o no, pero hay prestaciones que conviene preservar, la sanidad pública de calidad es una de ellas. Por consiguiente, como ciudadanos concienciados, haremos cuanto sea necesario para que Boi Ruiz no se salga con la suya.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 06/08/14
LA SOLUCIÓN ES POLÍTICA
Días atrás tuve la oportunidad de asistir a un encuentro de personas de cierto prestigio y relevancia social que no están por la independencia de Cataluña. Me sorprendió, y no gratamente, tanto la radicalidad de sus planteamientos, como el soporte que otorgaban al inmovilismo de Mariano Rajoy respecto la problema catalán. Salí de la reunión con muchas dudas y alguna certeza, como por ejemplo que lo más parecido a un nacionalista catalán es un nacionalista español.
Es verdad que la senda escogida por Attur Mas para hacer de Cataluña un Estado independiente no es un modelo a seguir. Recordemos: convocó elecciones anticipadas y perdió 12 de los 62 diputados que había obtenido en las anteriores. Durante la campaña no pronunció ni una sola vez la palabra independencia ni en su programa llevaba nada sobre el particular y, sin embargo, de entonces acá, parece que lo único que existe en Cataluña es la consulta sobre el eufemístico derecho a decidir con la mirada puesta en la manida independencia. Y en base a esa hipotética nueva realidad, desde el Gobierno se afanan en construir las denominadas estructuras de Estado tales como el Consell Asesor para la Transicional Nacional, el Diplocat o la hasta ahora fallida Agencia tributaria catalana entre otros, aportando medios humanos y económicos sin parase en barras, mientras por otro lado el Estado del bienestar está siendo desballestado y empieza a ser una caricatura de lo que fue.
No obstante, justo es reconocer que la realidad es tozuda y hace tan solo cuatro años apenas el 19% de la población catalana se declaraba soberanista, en cambio hoy, el 45% de los ciudadanos están por la independencia. El detonante de este cambio hay que buscarlo en la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut hecha pública de julio de 2010, que unido a la crisis está a punto de romper las costuras del Estado.
Por otra parte, en Cataluña se tiene la percepción de un cierto ninguneo de buena parte de España hacia Cataluña. Da la sensación que el presidente Rajoy está secuestrado por una pléyade de asesores y desconoce la realidad catalana, si es que alguna vez tuvo conciencia de ella.
Viendo que la situación iba adquiriendo tintes preocupantes, una parte nada desdeñable de la sociedad civil hace tiempo que empezó a movilizarse para hallar soluciones al conflicto catalán. Así por ejemplo, directivos de grandes empresas han hecho llegar por escrito a Rajoy una propuesta en la que defienden que se tomen medidas para facilitar el encaje de Cataluña en España, evitando de ese modo el auge soberanista. Se sabe, también, que cuando no ha sido posible la línea directa con La Moncloa, se ha utilizado la vía del intermediario o mediador, en este caso en forma de políticos o empresarios cercanos al poder para hacer llegar iniciativas concretas que logren desbloquear las relaciones entre los Gobiernos de Madrid y Barcelona.
Con este panorama de fondo, no cabía esperar grandes resultados de la entrevista de los dos presidentes (que se ha celebrado con el affaire Pujos como fondo de pantalla). Artur Mas ha hecho llegar a su homólogo un documento con 23 temas de diverso calado que según él son el núcleo duro del enfrentamiento entre Cataluña y España. Como era de esperar de este encuentro no ha salido ninguna conclusión concreta, si bien el presidente de Cataluña ha reconocido que existe un buen clima de diálogo, pero falta de voluntad política para que se lleve a cabo la consulta. Con estas perspectivas Mas ha anunciado que la consulta se llevará a cabo bajo el paraguas de la legalidad de la ley catalana.
Parece que ambos personajes han sido superados por las circunstancias. Rajoy con la inacción ha permitido que el problema se enquistara. Mas, por su parte, se deslegitimó así mismo al plantear una consulta sin informar ni negociar con el Gobierno del Estado y, por tanto, carente de toda legalidad, y eso ha hecho que quedase a merced de la ANC y de los socios de ERC que han visto en él, “el tonto útil” que les está haciendo el trabajo sucio, sacando las castañas del fuego y los llevará en volandas a la Presidencia de la Generalitat.
Así las cosas, se ve con especial preocupación la vuelta de las vacaciones, ya que para la Diada -11 de septiembre-, se está preparando una manifestación en Barcelona que se prevé multitudinaria y pocos días después en el Parlamento catalán se aprobará la ley de consultas, con la que el Govern espera convocar la consulta del 9 de noviembre.
En estas circunstancias, los Gobiernos tienen la obligación de hallar espacios para negociar y dar una salida razonable al conflicto que está generando el “encaje” de Cataluña. En definitiva, estamos llegando a un punto de no retorno. El choque de trenes está servido sino cambian las cosas de aquí a noviembre. Para que eso no suceda, es necesario que los líderes políticos, de aquí y de allí, entiendan que la solución es política.
Al fin y al cabo, no debería ser tan difícil de comprender.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 05/08/14
Es verdad que la senda escogida por Attur Mas para hacer de Cataluña un Estado independiente no es un modelo a seguir. Recordemos: convocó elecciones anticipadas y perdió 12 de los 62 diputados que había obtenido en las anteriores. Durante la campaña no pronunció ni una sola vez la palabra independencia ni en su programa llevaba nada sobre el particular y, sin embargo, de entonces acá, parece que lo único que existe en Cataluña es la consulta sobre el eufemístico derecho a decidir con la mirada puesta en la manida independencia. Y en base a esa hipotética nueva realidad, desde el Gobierno se afanan en construir las denominadas estructuras de Estado tales como el Consell Asesor para la Transicional Nacional, el Diplocat o la hasta ahora fallida Agencia tributaria catalana entre otros, aportando medios humanos y económicos sin parase en barras, mientras por otro lado el Estado del bienestar está siendo desballestado y empieza a ser una caricatura de lo que fue.
No obstante, justo es reconocer que la realidad es tozuda y hace tan solo cuatro años apenas el 19% de la población catalana se declaraba soberanista, en cambio hoy, el 45% de los ciudadanos están por la independencia. El detonante de este cambio hay que buscarlo en la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut hecha pública de julio de 2010, que unido a la crisis está a punto de romper las costuras del Estado.
Por otra parte, en Cataluña se tiene la percepción de un cierto ninguneo de buena parte de España hacia Cataluña. Da la sensación que el presidente Rajoy está secuestrado por una pléyade de asesores y desconoce la realidad catalana, si es que alguna vez tuvo conciencia de ella.
Viendo que la situación iba adquiriendo tintes preocupantes, una parte nada desdeñable de la sociedad civil hace tiempo que empezó a movilizarse para hallar soluciones al conflicto catalán. Así por ejemplo, directivos de grandes empresas han hecho llegar por escrito a Rajoy una propuesta en la que defienden que se tomen medidas para facilitar el encaje de Cataluña en España, evitando de ese modo el auge soberanista. Se sabe, también, que cuando no ha sido posible la línea directa con La Moncloa, se ha utilizado la vía del intermediario o mediador, en este caso en forma de políticos o empresarios cercanos al poder para hacer llegar iniciativas concretas que logren desbloquear las relaciones entre los Gobiernos de Madrid y Barcelona.
Con este panorama de fondo, no cabía esperar grandes resultados de la entrevista de los dos presidentes (que se ha celebrado con el affaire Pujos como fondo de pantalla). Artur Mas ha hecho llegar a su homólogo un documento con 23 temas de diverso calado que según él son el núcleo duro del enfrentamiento entre Cataluña y España. Como era de esperar de este encuentro no ha salido ninguna conclusión concreta, si bien el presidente de Cataluña ha reconocido que existe un buen clima de diálogo, pero falta de voluntad política para que se lleve a cabo la consulta. Con estas perspectivas Mas ha anunciado que la consulta se llevará a cabo bajo el paraguas de la legalidad de la ley catalana.
Parece que ambos personajes han sido superados por las circunstancias. Rajoy con la inacción ha permitido que el problema se enquistara. Mas, por su parte, se deslegitimó así mismo al plantear una consulta sin informar ni negociar con el Gobierno del Estado y, por tanto, carente de toda legalidad, y eso ha hecho que quedase a merced de la ANC y de los socios de ERC que han visto en él, “el tonto útil” que les está haciendo el trabajo sucio, sacando las castañas del fuego y los llevará en volandas a la Presidencia de la Generalitat.
Así las cosas, se ve con especial preocupación la vuelta de las vacaciones, ya que para la Diada -11 de septiembre-, se está preparando una manifestación en Barcelona que se prevé multitudinaria y pocos días después en el Parlamento catalán se aprobará la ley de consultas, con la que el Govern espera convocar la consulta del 9 de noviembre.
En estas circunstancias, los Gobiernos tienen la obligación de hallar espacios para negociar y dar una salida razonable al conflicto que está generando el “encaje” de Cataluña. En definitiva, estamos llegando a un punto de no retorno. El choque de trenes está servido sino cambian las cosas de aquí a noviembre. Para que eso no suceda, es necesario que los líderes políticos, de aquí y de allí, entiendan que la solución es política.
Al fin y al cabo, no debería ser tan difícil de comprender.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 05/08/14
21 de juliol 2014
FUTUROS INCIERTOS
En los próximos días PSOE y PSC celebrarán sendos congresos extraordinarios, para ratificar a sus líderes que ya han sido elegidos por sufragio de todos los militantes. Pero, sobre todo, lo que debería salir de esos cónclaves es la argamasa necesaria para empezar a ensamblar un proyecto que reconecte al socialismo con la sociedad. Ya no valen ni los paños calientes ni las medias tintas.
Los resultados de las pasadas elecciones al parlamento europeo han puesto de manifiesto lo que se comentaba por los pasillos: una tremenda crisis y un alejamiento, sin precedentes, de los electores respecto a los partidos políticos, pero de forma muy especial respecto a los dos partidos mayoritarios.
Sin embargo, mientras el PP ha dado, o ha hecho ver que daba, carpetazo al asunto, cerraba filas y pasaba página, en el PSOE la tormenta alcanzó al ya debilitado secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, que asumía como propia la derrota, presentaba la dimisión y convocaba un congreso para escoger un nuevo líder e intentar así reorientar la deriva de la organización. Por su parte, Pere Navarro, primer secretario del PSC, unos días después seguía los pasos del ya dimitido Rubalcaba.
No es ningún secreto que la izquierda clásica lleva tiempo desorientada, pero ha sido la irrupción de Podemos la que ha abierto en canal y puesto sobre la mesa las miserias de los que durante años han dirigido el destino de nuestro país.
A Podemos le ha bastado cuestionar el establishement para poner en jaque un sistema que parecía inalterable. Ahora, si quieren perdurar, deberán dotarse de mecanismos internos de funcionamiento eficaces, crear una alternativa creíble y, sobre todo, posible. Jugar sistemáticamente a la contra, suele dar resultados en el corto placismo, pero los vuelos gallináceos acostumbran a ser de breve recorrido.
Por su parte, el problema del socialismo español, no es tanto una cuestión de imagen y de líder, que si, sino de credibilidad y proyecto. Para Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos, la clave fundamental para recuperar credibilidad es explicar claramente lo que se está haciendo y para qué.
Resulta evidente que la crisis y su mala gestión han sido factores determinantes que han llevado a los socialistas al actual estado de frustración. No obstante, no se debería pasar por alto la alarmante retirada del tejido social y la dejación de los cuadros del partido que se ha ido produciendo sistemáticamente a lo largo de los años.
Además de todo esto, que no es poco, en Cataluña el órdago soberanista no tan solo ha desballestado el partido, sino que ha hecho aflorar los instintos más bajos de la política y ha puesto en marcha un proceso agónico de jibarización que está teniendo como consecuencias más inmediatas una perdida continua de capital humano y la proyección de una imagen patética.
Pero el problema de fondo es que la socialdemocracia europea lleva demasiado tiempo eludiendo dos temas tremendamente espinosos pero que tiene mucho que ver con su ADN. Uno, es entender el nuevo panorama generado tras la caída del comunismo y la transformación de las capacidades del Estado, mientras que el otro está íntimamente ligado con las profundas transformaciones sociales, como la deslocalización, desaparición de la clase obrera tradicional, emergencia de un nuevo proletariado de servicios, transformación de las estructuras familiares, sociedades crecientemente multiculturales y aumento de las desigualdades sociales. En este escenario, ciertamente complejo, la socialdemocracia ha sido incapaz de elaborar un proyecto ilusionante y acorde a los tiempos que nos han tocado vivir.
El socialismo, como lo conocemos hoy, lo tiene realmente complicado. En consecuencia, los partidos socialistas de nuestro país (PSOE y PSC) han de ser capaces de tejer una nueva mayoría. Y eso, sólo será posible si se dan respuestas a las necesidades de la sociedad actual. Por tanto, hay que proponer una agenda propia y creíble para abordar los múltiples problemas que nos acucian.
Es necesario un proyecto reformista que sea compartido por la gran mayoría de los socialdemócratas europeos, sólo así se podrán frenar los nuevos populismos rampantes. Hay que hacer propuestas que afronten los problemas de competitividad y de productividad y que, a su vez, sirven para crear empleo. Se deben poner sobre la mesa alternativas al austericismo que garanticen el futuro del modelo socioeconómico sobre bases justas y solidarias. Hay que luchar para acortar las distancias entre las diversas clases sociales, así como entre el “centro” del sistema social y la “periferia”.
Solo se recuperara la confianza y los votos si el socialismo tiene parte activa en la salida de la crisis y lo hace desde la izquierda. De igual forma, se deben afrontar con decisión los desafíos del cambio global: el tránsito de la economía industrial a la economía tecnológica, el mestizaje social derivado de la inmigración,
Es momento de escoger nuevos líderes y si son carismáticos y conectan con la ciudadanía mejor. Pero sobre todo, es momento de tejer complejidades y establecer un proyecto de izquierdas que de soluciones válidas y reales a la gran mayoría de la sociedad. De lo contrario los partidos socialistas tendrán futuros inciertos. Y quizá nosotros hayamos perdido la última oportunidad.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 18/07/14
Los resultados de las pasadas elecciones al parlamento europeo han puesto de manifiesto lo que se comentaba por los pasillos: una tremenda crisis y un alejamiento, sin precedentes, de los electores respecto a los partidos políticos, pero de forma muy especial respecto a los dos partidos mayoritarios.
Sin embargo, mientras el PP ha dado, o ha hecho ver que daba, carpetazo al asunto, cerraba filas y pasaba página, en el PSOE la tormenta alcanzó al ya debilitado secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, que asumía como propia la derrota, presentaba la dimisión y convocaba un congreso para escoger un nuevo líder e intentar así reorientar la deriva de la organización. Por su parte, Pere Navarro, primer secretario del PSC, unos días después seguía los pasos del ya dimitido Rubalcaba.
No es ningún secreto que la izquierda clásica lleva tiempo desorientada, pero ha sido la irrupción de Podemos la que ha abierto en canal y puesto sobre la mesa las miserias de los que durante años han dirigido el destino de nuestro país.
A Podemos le ha bastado cuestionar el establishement para poner en jaque un sistema que parecía inalterable. Ahora, si quieren perdurar, deberán dotarse de mecanismos internos de funcionamiento eficaces, crear una alternativa creíble y, sobre todo, posible. Jugar sistemáticamente a la contra, suele dar resultados en el corto placismo, pero los vuelos gallináceos acostumbran a ser de breve recorrido.
Por su parte, el problema del socialismo español, no es tanto una cuestión de imagen y de líder, que si, sino de credibilidad y proyecto. Para Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos, la clave fundamental para recuperar credibilidad es explicar claramente lo que se está haciendo y para qué.
Resulta evidente que la crisis y su mala gestión han sido factores determinantes que han llevado a los socialistas al actual estado de frustración. No obstante, no se debería pasar por alto la alarmante retirada del tejido social y la dejación de los cuadros del partido que se ha ido produciendo sistemáticamente a lo largo de los años.
Además de todo esto, que no es poco, en Cataluña el órdago soberanista no tan solo ha desballestado el partido, sino que ha hecho aflorar los instintos más bajos de la política y ha puesto en marcha un proceso agónico de jibarización que está teniendo como consecuencias más inmediatas una perdida continua de capital humano y la proyección de una imagen patética.
Pero el problema de fondo es que la socialdemocracia europea lleva demasiado tiempo eludiendo dos temas tremendamente espinosos pero que tiene mucho que ver con su ADN. Uno, es entender el nuevo panorama generado tras la caída del comunismo y la transformación de las capacidades del Estado, mientras que el otro está íntimamente ligado con las profundas transformaciones sociales, como la deslocalización, desaparición de la clase obrera tradicional, emergencia de un nuevo proletariado de servicios, transformación de las estructuras familiares, sociedades crecientemente multiculturales y aumento de las desigualdades sociales. En este escenario, ciertamente complejo, la socialdemocracia ha sido incapaz de elaborar un proyecto ilusionante y acorde a los tiempos que nos han tocado vivir.
El socialismo, como lo conocemos hoy, lo tiene realmente complicado. En consecuencia, los partidos socialistas de nuestro país (PSOE y PSC) han de ser capaces de tejer una nueva mayoría. Y eso, sólo será posible si se dan respuestas a las necesidades de la sociedad actual. Por tanto, hay que proponer una agenda propia y creíble para abordar los múltiples problemas que nos acucian.
Es necesario un proyecto reformista que sea compartido por la gran mayoría de los socialdemócratas europeos, sólo así se podrán frenar los nuevos populismos rampantes. Hay que hacer propuestas que afronten los problemas de competitividad y de productividad y que, a su vez, sirven para crear empleo. Se deben poner sobre la mesa alternativas al austericismo que garanticen el futuro del modelo socioeconómico sobre bases justas y solidarias. Hay que luchar para acortar las distancias entre las diversas clases sociales, así como entre el “centro” del sistema social y la “periferia”.
Solo se recuperara la confianza y los votos si el socialismo tiene parte activa en la salida de la crisis y lo hace desde la izquierda. De igual forma, se deben afrontar con decisión los desafíos del cambio global: el tránsito de la economía industrial a la economía tecnológica, el mestizaje social derivado de la inmigración,
Es momento de escoger nuevos líderes y si son carismáticos y conectan con la ciudadanía mejor. Pero sobre todo, es momento de tejer complejidades y establecer un proyecto de izquierdas que de soluciones válidas y reales a la gran mayoría de la sociedad. De lo contrario los partidos socialistas tendrán futuros inciertos. Y quizá nosotros hayamos perdido la última oportunidad.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 18/07/14
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