Hasta ahora podíamos decir casi sin margen para el error que toda contienda electoral genera un movimiento político equivalente al interés que esos comicios despiertan en la ciudadanía. En consecuencia, y a juzgar por la participación (por debajo del 50%) la primera constatación es que la brecha entre sociedad y políticos cada vez es más profunda y la segunda (según la teoría más arriba expresada) que las cosas deberían seguir más o menos igual. Sin embargo, en esta ocasión la situación es diferente y el terremoto que se avecina, será de los que dejen huella.
El “sorpasso” en Cataluña se confirma y ERC gana sus primeras elecciones desde la Segunda República (en concreto desde febreros del 36), dejando a CiU en segunda posición. Con este resultado los republicanos se convierten en el “pal de paller” del proceso soberanista y desde la noche de los comicios se prevén cambios considerables ya sean en la gobernabilidad o bien en la acción de CiU, por mucho que Mas manifestara en referencia a la consulta que: “Ni un paso atrás”
Por su parte el PSC sufre una debacle sin paliativos y pierde uno de sus dos eurodiputados y el partido popular de Cataluña cae a la quinta posición al perder el 50% de los votos obtenidos en 2009.
La consecuencia más visible e inmediata de todo este baile de cifras es que el proceso soberanista sale reforzado de estas elecciones. Artur Mas empieza a perder el paso y si en Madrid no se toman las cosas de Cataluña en serio y ponen manos a la obra el próximo interlocutor será Oriol Junqueras y esa, no parece ser una buena noticia si de verdad se quiere llegar a acuerdos.
En la calle Ferraz (sede del PSOE) pintan bastos. Tan solo en Andalucía, con 10 puntos sobre el PP, los socialista han salvado la cara y, como dijo Elena Valenciano, el “resultado es muy malo” para el PSOE. Asimismo, la debacle ya mencionada del PSC hará más complicadas las ya de por si difíciles relaciones con los socialistas catalanes. Los socialistas saben que sin buenos resultados en Andalucía y Cataluña es prácticamente imposible llegar al gobierno. Todo ello sumado, ha hecho que Alfredo Pérez Rubalcaba asuma la derrota como propia y tire la toalla a la vez que convoca un Congreso Extraordinario para el próximo mes de julio de donde deberá salir una nueva dirección que sea capaz, primero, de evitar el descarrilamiento del socialismo español y, después, orientarlo en la dirección adecuada para recuperar la confianza de la ciudadanía. No obstante, se abren importantes incógnitas, tales como qué sucederá con el impulso federal, una apuesta casi personal del hasta ahora secretario general socialista, entre otras.
A pesar de la victoria, las cosas no han ido nada bien para los populares. Han perdido 2,6 millones de votos respecto a las elecciones de 2009 y ocho escaños, aunque eso sí, le han ganado dos al PSOE. Ahora está por ver si Rajoy rectifica sus políticas austericidas y de recorte de libertades o se empecina en facella y no emmendalla.
El bipartidismo ha quedado tocado, aunque no hundido. El gran vencedor en nuestro país ha sido el partido Podemos con Pablo Iglesias como figura emergente. Ahora habrá que ver como se sitúan en el mapa político y como evolucionan.
El denominador común en Europa ha sido el auge de los partidos radicales y/o populistas. Así el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia con un 26% de los votos ha ganado los comicios y ya ha pedido la disolución de la Asamblea Nacional y la convocatoria de elecciones, cosa que el primer ministro Manel Valls ya se ha encargado de descartar. También han ganado los radicales de izquierdas de Syriza de Grecia, el xenófobo Partido Popular en Dinamarca o el UKIP de los euroescépticos en Gran Bretaña.
Como dice un alto cargo de la UE “el auge de la eurofobia es descorazonador”. De todos modos, no se debería desfallecer en el intento, los europeístas son más y han obtenido una amplia mayoría. Lo que hay que hacer es llevar a cabo políticas pensando en la ciudadanía y no para satisfacer a determinados poderes fácticos y eso no sucederá, entre otras cosas, mientras la economía no se supedite a la política y no al revés.
El viejo mapa político ha saltado por los aires. Ahora el panorama está muy fragmentado y todo pacto o acuerdo requerirá más esfuerzos. De momento, hay que entenderlo como un aviso y como dicen los viejos del lugar: rectificar es de sabios. Y eso vale, aquí allí y acullá.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 28/05/14
10 de juny 2014
18 de maig 2014
EUROPA: SUEÑO Y PESADILLA
Durante los años de plomo de la dictadura franquista, pensar y/o hablar de Europa significaba muchas cosas, pero sobre todo una: libertad. El 1 de enero 1986 bajo el mandato de un Gobierno socialista España se convirtió en miembro de pleno derecho de la UE. Más tarde vendría el Tratado de Maastricht que marcó una nueva etapa en la integración europea, ya que permitió la puesta en marcha de la integración política y posteriormente la moneda única que, fue sin duda, el paso más audaz hacia la integración. Todo eso hizo realidad el sueño europeo. Después la crisis de 2007 que, si bien es verdad, tuvo su inicio en EEUU, ha acabado por convertirse en la pesadilla de Europa.
413 millones de ciudadanos europeos hemos sido convocados a votar el próximo 25 de mayo. Es muy probable que la participación en nuestro país sea la más baja de las seis consultas hasta ahora celebradas. Es muy probable, también, que muchos electores voten mirando por el espejo retrovisor, dando así su opinión sobre la crisis y su gestión.
Además en España estos comicios serán, en buena medida, un avance de lo que vendrá después: el ciclo electoral que habrá en 2015, con comicios municipales, autonómicos en la mayoría de CCAA y tal vez también en Cataluña, para acabar con unas elecciones generales.
Estamos, aunque suene a tópico, ante una cita histórica, De como se repartan los escaños dependerá la construcción de la Europa del futuro. Sabido es que la elección es por cinco años y eso es un espacio de tiempo lo suficientemente largo como para poder acometer proyectos de enjundia. Ahora bien, en buena lógica lo primero que debería hacerse es cerrar las heridas que la maldita crisis ha abierto entre Norte y Sur, o si prefieren como dice Ignacio Torreblanca entre acreedores y deudores.
De todos modos, parece lógico pensar que la situación actual no se puede aguantar mucho tiempo más. La unión monetaria debe reforzarse con una política fiscal común y, a su vez, con órganos de dirección auténticamente democráticos que canalicen de forma adecuada la participación de los ciudadanos (votar cada cinco años ya no es suficiente, la sociedad de hoy no se conforma con ser espectador pasivo, quiere ser actor y participar).
Es evidente que el apoyo que la ciudadanía da hoy a las instituciones europeas está bajo mínimos. Sin embrago, los ciudadanos europeos piensan que la desintegración sería peor. De igual manera, lo de la moneda única no es un amor incondicional, existe la convicción de que si el euro desapareciera las cosas irían francamente peor.
Así pues, como dice el profesor de integración europea de la Universidad de Atenas, Loukas Tsoukalis: “Europa necesita un gran pacto para deshacer este nudo gordiano. Es necesaria una amplia coalición entre países y entre las principales familias políticas europeas”.
Por otra parte, el proyecto europeo debería prestar especial atención a aquellos que más han padecido durante todo el proceso de integración y que tuvo su máxima eclosión con la crisis de estos últimos años. La austeridad se ha demostrado tan inútil como ineficaz y si no se cambia de orientación los movimientos de protesta, los partidos antisistema, el nacionalismo y el populismo encontrarán ahí su mejor caldo de cultivo.
Como decía Joan Boada en un reciente artículo: “las políticas de UE, la complejidad de su gobierno, la opacidad de los procesos de toma de decisiones (nunca sabemos quién toma realmente una decisión: los Gobiernos, la Comisión, Alemania), la escasa participación ciudadana y la distancia de sus instituciones (incluido el Parlamento), hacen ciertamente difícil explicar sus virtudes”.
La consecuencia de esta situación es que la desafección hacia la UE se ha multiplicado de manera exponencial desde que empezó la crisis. Eso sucede en el Sur, incluida España, pero también en lugares como Alemania, Holanda o Finlandia, el 60% de los europeos desconfía ya de la UE. Así por ejemplo en Francia las encuestas dan al Frente Nacional más votos que a los socialistas y quedan sólo ligeramente por debajo de los conservadores.
En Reino Unido, el antieuropeo UKIP parece que cosechará un 20% de los votos y será la segunda fuerza, por encima de los conservadores. Algo similar puede suceder en Alemania con Alternativa para Alemania, Aurora Dorada en Grecia, los Verdaderos Finlandeses y partidos de lo más variopinto en Bélgica, Holanda y Austria.
En consecuencia, la UE debería resolver sus problemas económicos con prontitud, de lo contrario los euroescépticos, que se calcula que obtendrán entre el 17% y el 27% de los votos el 25-M, tendrán material suficiente para marcar la agenda europea e influir en las políticas nacionales. Y eso a los europeístas convencidos no nos conviene lo más mínimo.
Como recientemente apuntaba Felipe González en una entrevista televisiva, sólo será posible remontar la situación “si las políticas cambian” y en este sentido entendía que estas elecciones europeas son una cita importante pues “si no cambian las políticas europeas, será difícil hablar de una recuperación sostenida. Asimismo, González, subrayó que los gobiernos “no han entendido ni la magnitud ni la dirección de la crisis” y lamentó que se haya perdido “el principio fundacional de la solidaridad”.
Paz, solidaridad, tolerancia y cultura son los pilares sobre los que se asienta el sueño europeo. Austeridad sin mesura, miseria salarial y desigualdad son los ejes de la Europa que nos proponen los financieros y políticos sin escrúpulos. Ahora, nosotros decidimos.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 15/05/14
413 millones de ciudadanos europeos hemos sido convocados a votar el próximo 25 de mayo. Es muy probable que la participación en nuestro país sea la más baja de las seis consultas hasta ahora celebradas. Es muy probable, también, que muchos electores voten mirando por el espejo retrovisor, dando así su opinión sobre la crisis y su gestión.
Además en España estos comicios serán, en buena medida, un avance de lo que vendrá después: el ciclo electoral que habrá en 2015, con comicios municipales, autonómicos en la mayoría de CCAA y tal vez también en Cataluña, para acabar con unas elecciones generales.
Estamos, aunque suene a tópico, ante una cita histórica, De como se repartan los escaños dependerá la construcción de la Europa del futuro. Sabido es que la elección es por cinco años y eso es un espacio de tiempo lo suficientemente largo como para poder acometer proyectos de enjundia. Ahora bien, en buena lógica lo primero que debería hacerse es cerrar las heridas que la maldita crisis ha abierto entre Norte y Sur, o si prefieren como dice Ignacio Torreblanca entre acreedores y deudores.
De todos modos, parece lógico pensar que la situación actual no se puede aguantar mucho tiempo más. La unión monetaria debe reforzarse con una política fiscal común y, a su vez, con órganos de dirección auténticamente democráticos que canalicen de forma adecuada la participación de los ciudadanos (votar cada cinco años ya no es suficiente, la sociedad de hoy no se conforma con ser espectador pasivo, quiere ser actor y participar).
Es evidente que el apoyo que la ciudadanía da hoy a las instituciones europeas está bajo mínimos. Sin embrago, los ciudadanos europeos piensan que la desintegración sería peor. De igual manera, lo de la moneda única no es un amor incondicional, existe la convicción de que si el euro desapareciera las cosas irían francamente peor.
Así pues, como dice el profesor de integración europea de la Universidad de Atenas, Loukas Tsoukalis: “Europa necesita un gran pacto para deshacer este nudo gordiano. Es necesaria una amplia coalición entre países y entre las principales familias políticas europeas”.
Por otra parte, el proyecto europeo debería prestar especial atención a aquellos que más han padecido durante todo el proceso de integración y que tuvo su máxima eclosión con la crisis de estos últimos años. La austeridad se ha demostrado tan inútil como ineficaz y si no se cambia de orientación los movimientos de protesta, los partidos antisistema, el nacionalismo y el populismo encontrarán ahí su mejor caldo de cultivo.
Como decía Joan Boada en un reciente artículo: “las políticas de UE, la complejidad de su gobierno, la opacidad de los procesos de toma de decisiones (nunca sabemos quién toma realmente una decisión: los Gobiernos, la Comisión, Alemania), la escasa participación ciudadana y la distancia de sus instituciones (incluido el Parlamento), hacen ciertamente difícil explicar sus virtudes”.
La consecuencia de esta situación es que la desafección hacia la UE se ha multiplicado de manera exponencial desde que empezó la crisis. Eso sucede en el Sur, incluida España, pero también en lugares como Alemania, Holanda o Finlandia, el 60% de los europeos desconfía ya de la UE. Así por ejemplo en Francia las encuestas dan al Frente Nacional más votos que a los socialistas y quedan sólo ligeramente por debajo de los conservadores.
En Reino Unido, el antieuropeo UKIP parece que cosechará un 20% de los votos y será la segunda fuerza, por encima de los conservadores. Algo similar puede suceder en Alemania con Alternativa para Alemania, Aurora Dorada en Grecia, los Verdaderos Finlandeses y partidos de lo más variopinto en Bélgica, Holanda y Austria.
En consecuencia, la UE debería resolver sus problemas económicos con prontitud, de lo contrario los euroescépticos, que se calcula que obtendrán entre el 17% y el 27% de los votos el 25-M, tendrán material suficiente para marcar la agenda europea e influir en las políticas nacionales. Y eso a los europeístas convencidos no nos conviene lo más mínimo.
Como recientemente apuntaba Felipe González en una entrevista televisiva, sólo será posible remontar la situación “si las políticas cambian” y en este sentido entendía que estas elecciones europeas son una cita importante pues “si no cambian las políticas europeas, será difícil hablar de una recuperación sostenida. Asimismo, González, subrayó que los gobiernos “no han entendido ni la magnitud ni la dirección de la crisis” y lamentó que se haya perdido “el principio fundacional de la solidaridad”.
Paz, solidaridad, tolerancia y cultura son los pilares sobre los que se asienta el sueño europeo. Austeridad sin mesura, miseria salarial y desigualdad son los ejes de la Europa que nos proponen los financieros y políticos sin escrúpulos. Ahora, nosotros decidimos.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 15/05/14
CRISPACIÓN Y COHESIÓN SOCIAL
A raíz de una agresión sufrida, semanas atrás, por Pere Navarro (líder del PSC) en un acto de carácter privado y su posterior divulgación por los medios de comunicación, se ha puesto sobre la mesa el debate sobre la posible existencia de crispación en Cataluña.
Ciertamente, resulta difícil discernir si la crispación existe. Primero se debería definir donde está la frontera entre tensión y crispación e, incluso así, lo que para unos puede ser una cosa, para otros, lo mismo, puede se algo diferente.
De todos modos, los políticos de la órbita nacionalista se han apresurado a negar cualquier relación del suceso con el “proceso” y ni tan siquiera se han molestado en hacer una condena explicita de la violencia, tan solo medias tintas, vaguedades y condenas genéricas. No obstante, es evidente que en Cataluña, desde que se inició el órdago soberanista, estamos viviendo una situación cuando menos anómala.
Una de las consecuencias inevitables del “proceso” es la división que se está produciendo entre los catalanes en dos grupos, cada vez más divergentes y sin ningún punto en común: unos, los independentistas y, otros, los unionistas.
Es verdad que es una división simplista y que se corresponde poco con la realidad (las cosas son mucho más complejas) y, sin embargo, es la imagen que lanzan día si y día también los medios de comunicación públicos y aquellos que están en connivencia con el poder.
Según la politóloga alemana Noelle-Neumann, autora de la teoría de la espiral de silencio, un clima de opinión actúa como un fenómeno de contagio, ya que la opción mayoritaria se extiende rápidamente por toda la sociedad y decanta las tendencias hacia una determinada opción que cristaliza en adhesión y votos.
Los soberanistas conocen a la perfección esa teoría y los medios para aplicarla, por eso, con el argumento de que el “proceso” que estamos viviendo es transversal, cívico, tolerante y pacífico, se están cargando el valor más preciado que tenemos en Cataluña: la cohesión social
Como sostiene el catedrático Francisco Morente, “…la independencia solo podría consumarse contra una parte muy importante de la sociedad catalana, que todas las encuestas sitúan cerca, si no por encima, de la mitad de la población”.
Quizá hoy no exista crispación en Cataluña, pero es seguro que con la independencia llegaría la fractura social y, tal vez, eso es lo que persiguen algunos.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 14/05/14
Ciertamente, resulta difícil discernir si la crispación existe. Primero se debería definir donde está la frontera entre tensión y crispación e, incluso así, lo que para unos puede ser una cosa, para otros, lo mismo, puede se algo diferente.
De todos modos, los políticos de la órbita nacionalista se han apresurado a negar cualquier relación del suceso con el “proceso” y ni tan siquiera se han molestado en hacer una condena explicita de la violencia, tan solo medias tintas, vaguedades y condenas genéricas. No obstante, es evidente que en Cataluña, desde que se inició el órdago soberanista, estamos viviendo una situación cuando menos anómala.
Una de las consecuencias inevitables del “proceso” es la división que se está produciendo entre los catalanes en dos grupos, cada vez más divergentes y sin ningún punto en común: unos, los independentistas y, otros, los unionistas.
Es verdad que es una división simplista y que se corresponde poco con la realidad (las cosas son mucho más complejas) y, sin embargo, es la imagen que lanzan día si y día también los medios de comunicación públicos y aquellos que están en connivencia con el poder.
Según la politóloga alemana Noelle-Neumann, autora de la teoría de la espiral de silencio, un clima de opinión actúa como un fenómeno de contagio, ya que la opción mayoritaria se extiende rápidamente por toda la sociedad y decanta las tendencias hacia una determinada opción que cristaliza en adhesión y votos.
Los soberanistas conocen a la perfección esa teoría y los medios para aplicarla, por eso, con el argumento de que el “proceso” que estamos viviendo es transversal, cívico, tolerante y pacífico, se están cargando el valor más preciado que tenemos en Cataluña: la cohesión social
Como sostiene el catedrático Francisco Morente, “…la independencia solo podría consumarse contra una parte muy importante de la sociedad catalana, que todas las encuestas sitúan cerca, si no por encima, de la mitad de la población”.
Quizá hoy no exista crispación en Cataluña, pero es seguro que con la independencia llegaría la fractura social y, tal vez, eso es lo que persiguen algunos.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 14/05/14
ACOSO Y DERRIBO EN EL PSC
Me había prometido a mi mismo no escribir más, al menos a corto y medio plazo, sobre los problemas internos del PSC. Sin embargo, ante la actitud de determinados miembros del colectivo me veo impulsado a romper mi promesa.
De un tiempo para acá el PSC está sufriendo una perdida constante de militancia, unos porque han perdido la confianza, otros desengañados y otros, en estos momentos los más, por considerar que el partido está muy alejado de las tesis nacionalistas. Lo cierto es que la organización como tal está en serio peligro de extinción, al menos como la hemos conocido hasta ahora.
El último capítulo (hasta el momento) de esta historia inacabada ha sucedido en Gerona. Un grupo de militantes, entre ellos algunos auténticos pesos pesados, miembros de la comisión ejecutiva local, han dimitido en bloque. De hecho, el lugar de los acontecimientos es lo menos relevante, mañana o pasado un plante similar se puede dar en las Tierras de el Ebro o en cualquier rincón de la Cataluña catalana.
Los dimisionarios han decidido abandonar la ejecutiva porque, según ellos, “no tiene sentido que el partido no construya una alternativa de izquierdas”. Ciertamente, argumentación peregrina donde las haya. Quizá sea cierto que el partido es poco de izquierdas -no seré yo quien rebata esa afirmación-. Ahora bien, sorprende que personajes cono los Nadal (Quim y Manel), que están entre los dimisionarios, que lo han sido todo en el partido y gracias al partido, ahora caigan en la cuenta de que no es una alternativa de izquierdas. ¿Lo era más cuando ellos eran uno consejero y otro diputado? ¿Qué legado político han dejado de su paso por la organización para reclamar ahora aquello que no se hizo cuando ellos estaban en la sala de máquinas? ¿En el tiempo que Quim Nadal fue Alcalde de Girona (19 años) hizo auténticas políticas de izquierdas?, ¿las hizo siendo consejero de obras públicas en los gobiernos de Maragall y Montilla?
Seamos serios y sobre todo honestos, el problema es otro: desde el día en que Pere Navarro (primer secretario de los socialistas catalanes) cesó a Quim Nadal como portavoz del grupo parlamentario, haya en septiembre de 2012, el distanciamiento y a la vez el rencor de Nadal respecto a su primer secretario no ha hecho sino que aumentar. Ahora, la crisis que estaba latente se ha puesto de manifiesto por el alejamiento del partido sobre le derecho a decidir; aunque la realidad es bien diferente: se niegan a realizar primarias para escoger a la persona que ha de ser el candidato a alcalde en Gerona en las próximas elecciones municipales de 2015 porque su candidata es Pía Bosch y temen una derrota. Así de simple.
En sus pláticas, Raimon Obiols se refiere a menudo al “compañero partido”. Pues bien, dado que buena parte de los disidentes provienen del sector obiolista (afines a los planteamientos de Raimon Obiols), saben que si han hecho una cierta carrera política, ha sido gracias al paraguas del PSC. En consecuencia, deberían tener la suficiente dignidad y gallardía para dejar, a la vez que dimiten de sus cargos orgánicos, sus cargos públicos que, por cierto, son remunerados.
De todos modos, el problema de fondo es otro: el sector, ahora llamado, crítico pretende ganar por las veredas de la intriga y la manipulación, aquello que no pudo lograr por la autopista de la democracia en le decimosegundo congreso del PSC. Allí, Pere Navarro se alzó con más de un 75% de los votos mientras Igansi Elena, hoy uno de los más destacados disidentes, a pesar de contar con el soporte de muchos notables y viejas glorias, no pasaba de un discreto 23%. Esa es la realidad y eso es lo que legitima al actual primer secretario del PSC a llevar a cabo su proyecto hasta el próximo congreso. Entonces será el momento de rendir cuentas y hacer balances. Y si entretanto no se está de acuerdo, el partido dispone de mecanismos suficientes para que los que discrepan lo puedan expresar, ya sea en los consejos, bien de federación, bien nacionales e incluso, si disponen de la fuerza necesaria pueden forzar un congreso extraordinario. Lo que no es de recibo es la algarada, la falsedad y la calumnia.
En cualquier caso, es prácticamente seguro que el soberanismo no conseguirá su objetivo confesado: la independencia de Cataluña. No obstante, es muy probable que logre su objetivo no confesado: destruir a su principal adversario, el PSC. Y, en estas circunstancias, no se debería menospreciar el peso específico, en términos políticos, de todos y cada unos de esos personajes disidentes. Tal vez con su actitud logren convertir el espacio socialista catalán en un páramo y, a cambio, les permitan sentarse a la mesa de los auténticos patriotas, aunque nunca serán de los suyos. Pero la socialdemocracia más pronto que tarde ha de volver de los infiernos y en Cataluña alguien deberá ocupar ese espacio. Desconozco quien o quienes serán capaces de ocupar ese espacio, pero desde luego no será ninguno de los que hoy está poniendo en jaque progreso y la cohesión.
El electorado tiene memoria, es sabio y, afortunadamente, no suele perdonar.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 30/04/14
De un tiempo para acá el PSC está sufriendo una perdida constante de militancia, unos porque han perdido la confianza, otros desengañados y otros, en estos momentos los más, por considerar que el partido está muy alejado de las tesis nacionalistas. Lo cierto es que la organización como tal está en serio peligro de extinción, al menos como la hemos conocido hasta ahora.
El último capítulo (hasta el momento) de esta historia inacabada ha sucedido en Gerona. Un grupo de militantes, entre ellos algunos auténticos pesos pesados, miembros de la comisión ejecutiva local, han dimitido en bloque. De hecho, el lugar de los acontecimientos es lo menos relevante, mañana o pasado un plante similar se puede dar en las Tierras de el Ebro o en cualquier rincón de la Cataluña catalana.
Los dimisionarios han decidido abandonar la ejecutiva porque, según ellos, “no tiene sentido que el partido no construya una alternativa de izquierdas”. Ciertamente, argumentación peregrina donde las haya. Quizá sea cierto que el partido es poco de izquierdas -no seré yo quien rebata esa afirmación-. Ahora bien, sorprende que personajes cono los Nadal (Quim y Manel), que están entre los dimisionarios, que lo han sido todo en el partido y gracias al partido, ahora caigan en la cuenta de que no es una alternativa de izquierdas. ¿Lo era más cuando ellos eran uno consejero y otro diputado? ¿Qué legado político han dejado de su paso por la organización para reclamar ahora aquello que no se hizo cuando ellos estaban en la sala de máquinas? ¿En el tiempo que Quim Nadal fue Alcalde de Girona (19 años) hizo auténticas políticas de izquierdas?, ¿las hizo siendo consejero de obras públicas en los gobiernos de Maragall y Montilla?
Seamos serios y sobre todo honestos, el problema es otro: desde el día en que Pere Navarro (primer secretario de los socialistas catalanes) cesó a Quim Nadal como portavoz del grupo parlamentario, haya en septiembre de 2012, el distanciamiento y a la vez el rencor de Nadal respecto a su primer secretario no ha hecho sino que aumentar. Ahora, la crisis que estaba latente se ha puesto de manifiesto por el alejamiento del partido sobre le derecho a decidir; aunque la realidad es bien diferente: se niegan a realizar primarias para escoger a la persona que ha de ser el candidato a alcalde en Gerona en las próximas elecciones municipales de 2015 porque su candidata es Pía Bosch y temen una derrota. Así de simple.
En sus pláticas, Raimon Obiols se refiere a menudo al “compañero partido”. Pues bien, dado que buena parte de los disidentes provienen del sector obiolista (afines a los planteamientos de Raimon Obiols), saben que si han hecho una cierta carrera política, ha sido gracias al paraguas del PSC. En consecuencia, deberían tener la suficiente dignidad y gallardía para dejar, a la vez que dimiten de sus cargos orgánicos, sus cargos públicos que, por cierto, son remunerados.
De todos modos, el problema de fondo es otro: el sector, ahora llamado, crítico pretende ganar por las veredas de la intriga y la manipulación, aquello que no pudo lograr por la autopista de la democracia en le decimosegundo congreso del PSC. Allí, Pere Navarro se alzó con más de un 75% de los votos mientras Igansi Elena, hoy uno de los más destacados disidentes, a pesar de contar con el soporte de muchos notables y viejas glorias, no pasaba de un discreto 23%. Esa es la realidad y eso es lo que legitima al actual primer secretario del PSC a llevar a cabo su proyecto hasta el próximo congreso. Entonces será el momento de rendir cuentas y hacer balances. Y si entretanto no se está de acuerdo, el partido dispone de mecanismos suficientes para que los que discrepan lo puedan expresar, ya sea en los consejos, bien de federación, bien nacionales e incluso, si disponen de la fuerza necesaria pueden forzar un congreso extraordinario. Lo que no es de recibo es la algarada, la falsedad y la calumnia.
En cualquier caso, es prácticamente seguro que el soberanismo no conseguirá su objetivo confesado: la independencia de Cataluña. No obstante, es muy probable que logre su objetivo no confesado: destruir a su principal adversario, el PSC. Y, en estas circunstancias, no se debería menospreciar el peso específico, en términos políticos, de todos y cada unos de esos personajes disidentes. Tal vez con su actitud logren convertir el espacio socialista catalán en un páramo y, a cambio, les permitan sentarse a la mesa de los auténticos patriotas, aunque nunca serán de los suyos. Pero la socialdemocracia más pronto que tarde ha de volver de los infiernos y en Cataluña alguien deberá ocupar ese espacio. Desconozco quien o quienes serán capaces de ocupar ese espacio, pero desde luego no será ninguno de los que hoy está poniendo en jaque progreso y la cohesión.
El electorado tiene memoria, es sabio y, afortunadamente, no suele perdonar.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 30/04/14
27 d’abril 2014
ESPERANDO A COLLBONI
Es verdad que las elecciones primarias celebradas por el PSC en Barcelona, para elegir a su candidato a la alcaldía, en las municipales de 2015, registraron una participación discreta. Sin embargo, parece que han servido como revulsivo y el vencedor, ahora ya alcaldable socialista, Jaume Collboni, ha llegado con las pilas cargadas y el ánimo dispuesto para poner en evidencia las múltiples y evidentes carencias del Alcalde Trías.Para empezar, Collboni ha hecho una, a mi juicio, adecuada remodelación de Grupo Municipal Socialista (GMS) en el ayuntamiento barcelonés. Eso le ha permitido, por un lado, soltar lastre y, por otro, reordenar el grupo como un auténtico gobierno a la sombra.
Que el alcaldable del PSC no sea concejal es un hándicap que Collboni deberá superar impulsando al GMS a hacer una oposición férrea y evidenciar que existe una alternativa real. Además, el candidato socialista deberá patearse la calle y estar en contacto permanente con los vecinos y las entidades para recuperar los apoyos perdidos en los últimos tiempos, condición indispensable para lograr el bastón de mando de la ciudad.
Hasta ahora Xavier Trías, con sólo 14 concejales de 41, ha vivido tranquilo contemporizando con unos y con otros. A pesar de haber perdido muchas votaciones en los plenos, algunas estratégicas, a la chita callando está cambiando el admirado modelo Barcelona, por otro claramente privatizador.
Así por ejemplo, ha logrado la complicidad del PP para convertir el Port Vell, el amarre ubicado en la Barceloneta, en un puerto de lujo para grandes yates. También ha encontrado la colaboración necesaria para levantar el veto y conceder nuevas licencias hoteleras y de restauración en Ciutat Vella, Distrito machacado por el aluvión turístico. Ha privatizado la gestión de los 36 parkings más rentables de la ciudad. Y la reforma de la Diagonal se hará al dictado de intereses ajenos al bien común. Como dice un veterano regidor: ahora toca devolver los favores recibidos durante la campaña electoral.
Es evidente que con la orientación política del Alcalde Trias, la ciudad corre el riesgo de perder la capacidad de atracción que ha tenido en los últimos años y acabar convertida en una capital de provincias.
En menos de cuatrocientos días Collboni debe recuperar la confianza del electorado perdida durante décadas. Desde luego es una labor difícil, pero no imposible y sobre todo es apasionante. Barcelona bien merece el esfuerzo.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 22/04/14
PROPUESTAS COMPLEMENTARIAS
Como no podía ser de otra manera, el pasado día 8 de abril el pleno del Congreso de los Diputados rechazó por 299 votos en contra, 47 votos a favor y una abstención, la proposición del Parlamento de Cataluña que pedía delegar en la Generalitat la competencia para convocar la consulta soberanista prevista para el próximo 9 de noviembre.
Como es lógico, hemos podido leer y escuchar reflexiones y opiniones desde todos los posicionamientos y desde todos los enfoques. No obstante, a mí me ha parecido especialmente interesante el punto de vista sobre el particular de Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, uno de los padres de la Carta Magna de 1978. Sostiene el prestigioso jurista qué el problema entre Cataluña y España "es político, no jurídico" y sólo se solucionará de forma acordada. Es cierto, se necesita un gran pacto de Estado que blinde competencias esenciales de Cataluña -lengua, economía, infraestructuras-. Ese pacto que debería ser votado por los catalanes, sería, pues, la manera más sensata de integrar y decidir.
"Ni una sentencia constitucional ni ninguna ley pueden negar la realidad nacional catalana, pero tampoco puede disolverse un estado desde el marco legal. La presente crisis requiere una solución política, necesariamente negociada", opina Herrero de Miñón. Por eso, considera que ninguna opción política, "de un lado o de otro", podrá ser "impuesta" si se quiere llegar a buen puerto. Sin embargo, el padre de la Constitución ve "muy difícil" una reforma de la Constitución, en su opinión "tendría más problemas que ventajas".
En cualquier caso, no cabe ninguna duda de que es esencial que exista una voluntad real de "superar la crisis" pero también es verdad que tanto en Barcelona como en Madrid hay quien sueña aquello de "cuanto peor mejor". Y en este momento no existe "voluntad política" para el acuerdo. Llegar a una mesa de negociación requeriría una serie de "medidas de confianza" entre los dos gobiernos que permitieran rebajar la tensión y, a día de hoy, esas medidas no se dan. Asimismo, Herrero de Miñón pide moderación del lenguaje institucional y entiende que la "escenificación del desencuentro" como el debate celebrado en las Cortes perjudica más que ayuda. "Artur Mas no puede ser humillado, Rajoy, tampoco, no puede haber vencedores ni vencidos", afirmó
Herrero de Miñón también analizó las razones del "desafecto" y puso de manifiesto "errores de ambas partes". Uno de esos desaciertos fue la generalización del modelo catalán a todas las autonomías, empezando con el estatuto andaluz. "La derecha lo apoyó para diluir el nacionalismo y la izquierda lo apoyó para alcanzar parcelas de poder en las elecciones generales", según el criterio del prestigios jurista, quien también considera la LOAPA y la sentencia del TC de 2006 sobre el Estatut como "graves errores".
En conjunto, no puedo estar más de acuerdo con la opinión de este padre de la Constitución. De manera muy especial en lo que respecta al pacto de Estado. Y, sin embargo, difiero de su afirmación de que reformar la Constitución tendría “más problemas que ventajas”.
En un país como el nuestro, con grandes dosis de cainismo político, es ilusorio pensar que un pacto de esa naturaleza sea aceptado sin más en otros ámbitos territoriales. En consecuencia, parece muy razonable la propuesta de Alfredo Pérez Rubalcaba que consiste en abordar una reforma de la Constitución que “actualice el pacto constituyente” y que “recoja las aspiraciones y singularidades” y que, a su vez, defina que competencias son del gobierno central, y cuales corresponden a los gobiernos autonómicos. Para Rubalcaba y por extensión para los socialistas, esa reforma constitucional ha de dar solución a los “graves problemas de convivencia” que, a su juicio, existe entre los catalanes y el resto de España.
Ciertamente, las propuestas de Herrero de Miñón y Pérez Rubalcaba, lejos de ser antagónicas, son complementarias. Por eso, llegados a este punto, tan solo hace falta una cosa: voluntad política para empezar a dialogar. Esa es la cuestión
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 16/04/14
Como es lógico, hemos podido leer y escuchar reflexiones y opiniones desde todos los posicionamientos y desde todos los enfoques. No obstante, a mí me ha parecido especialmente interesante el punto de vista sobre el particular de Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, uno de los padres de la Carta Magna de 1978. Sostiene el prestigioso jurista qué el problema entre Cataluña y España "es político, no jurídico" y sólo se solucionará de forma acordada. Es cierto, se necesita un gran pacto de Estado que blinde competencias esenciales de Cataluña -lengua, economía, infraestructuras-. Ese pacto que debería ser votado por los catalanes, sería, pues, la manera más sensata de integrar y decidir.
"Ni una sentencia constitucional ni ninguna ley pueden negar la realidad nacional catalana, pero tampoco puede disolverse un estado desde el marco legal. La presente crisis requiere una solución política, necesariamente negociada", opina Herrero de Miñón. Por eso, considera que ninguna opción política, "de un lado o de otro", podrá ser "impuesta" si se quiere llegar a buen puerto. Sin embargo, el padre de la Constitución ve "muy difícil" una reforma de la Constitución, en su opinión "tendría más problemas que ventajas".
En cualquier caso, no cabe ninguna duda de que es esencial que exista una voluntad real de "superar la crisis" pero también es verdad que tanto en Barcelona como en Madrid hay quien sueña aquello de "cuanto peor mejor". Y en este momento no existe "voluntad política" para el acuerdo. Llegar a una mesa de negociación requeriría una serie de "medidas de confianza" entre los dos gobiernos que permitieran rebajar la tensión y, a día de hoy, esas medidas no se dan. Asimismo, Herrero de Miñón pide moderación del lenguaje institucional y entiende que la "escenificación del desencuentro" como el debate celebrado en las Cortes perjudica más que ayuda. "Artur Mas no puede ser humillado, Rajoy, tampoco, no puede haber vencedores ni vencidos", afirmó
Herrero de Miñón también analizó las razones del "desafecto" y puso de manifiesto "errores de ambas partes". Uno de esos desaciertos fue la generalización del modelo catalán a todas las autonomías, empezando con el estatuto andaluz. "La derecha lo apoyó para diluir el nacionalismo y la izquierda lo apoyó para alcanzar parcelas de poder en las elecciones generales", según el criterio del prestigios jurista, quien también considera la LOAPA y la sentencia del TC de 2006 sobre el Estatut como "graves errores".
En conjunto, no puedo estar más de acuerdo con la opinión de este padre de la Constitución. De manera muy especial en lo que respecta al pacto de Estado. Y, sin embargo, difiero de su afirmación de que reformar la Constitución tendría “más problemas que ventajas”.
En un país como el nuestro, con grandes dosis de cainismo político, es ilusorio pensar que un pacto de esa naturaleza sea aceptado sin más en otros ámbitos territoriales. En consecuencia, parece muy razonable la propuesta de Alfredo Pérez Rubalcaba que consiste en abordar una reforma de la Constitución que “actualice el pacto constituyente” y que “recoja las aspiraciones y singularidades” y que, a su vez, defina que competencias son del gobierno central, y cuales corresponden a los gobiernos autonómicos. Para Rubalcaba y por extensión para los socialistas, esa reforma constitucional ha de dar solución a los “graves problemas de convivencia” que, a su juicio, existe entre los catalanes y el resto de España.
Ciertamente, las propuestas de Herrero de Miñón y Pérez Rubalcaba, lejos de ser antagónicas, son complementarias. Por eso, llegados a este punto, tan solo hace falta una cosa: voluntad política para empezar a dialogar. Esa es la cuestión
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 16/04/14
RECUPERACIÓN Y PRECARIEDAD LABORAL
Parece que esto va en serio. De forma tímida y muy poco a poco, estamos saliendo de la crisis. Los indicadores macroeconómicos –esos que son como un dios infalible para políticos y economistas- nos dicen que la economía española empezará a reducir paulatinamente el desempleo en 2014. Al menos, los datos de paro registrados en las últimas semanas así lo indican, como, también, lo indican las afiliaciones a la Seguridad Social. Todo a punta a que la recesión más larga sufrida después de la Segunda Guerra Mundial está llegando a su fin.
De todos modos, no hay que esperar milagros y para que la tasa de paro baje sustancialmente del 26%, deberían ocurrir más de uno. Asimismo, tampoco la calidad del empleo creado nos permite albergar muchas esperanzas respecto al aumento de la confianza de las familias, ni hace esperar una pronta recuperación del consumo, ni una reducción razonable del endeudamiento familiar. Hemos de tener claro que la recuperación deparará más empleo si, pero más precario y más trabajadores autónomos.
Antes de la reforma laboral la excesiva temporalidad ponía de manifiesto la volatilidad de nuestro mercado de trabajo. Ahora, con la reforma del Gobierno de Mariano Rajoy, la precariedad se está convirtiendo en norma. Además está permitiendo que las empresas flexibilicen aún más sus plantillas. De forma simultánea, las rentas salariales también han sufrido recortes en un contexto de permanente cautela, en el que las empresas renuncian a ampliar su capacidad, lo cual lleva implícito la renuncia a contratar mano de obra.
En estas circunstancias, cabría pensar que la contrapartida de la precarización del empleo podría ser un aumento de su ritmo de creación. Nada más lejos de la realidad, para que esto suceda el empresariado ha de percibir señales claras de recuperación de la demanda y que el crédito fluya. Y eso, hoy brilla por su ausencia. Que nadie se llame a engaño, sin generación de más ingresos por ventas y sin crédito para inversión, el empleo destruido a lo largo de la crisis se irá recuperando con suma lentitud. Para que se produzca un cambio de tendencia real y se empiecen a generar puestos de trabajo, es necesario un cambio significativo de las políticas económicas adoptadas en la eurozona y, por supuesto, también en España. Es una evidencia poco cuestionable la nula rentabilidad social de las políticas de austeridad puestas en práctica hasta la fecha. En cambio, merecen que, cuando menos, prestemos especial atención a los resultados más favorables que están logrando en EE UU o Reino Unido, con iniciativas económicas notoriamente distintas.
En nuestro país, la creación de empleo no sólo es lenta, es que, además, la mayoría de los puestos de trabajo creados son en precario. Y eso afecta de modo muy directo a los jóvenes, a la vez que erosiona el crecimiento potencial de la economía. Esos jóvenes que curiosamente son la generación mejor preparada de nuestra historia, son, también, de las generaciones más castigadas como mano de obra. O sea, un capital humano sin utilizar, con frecuencia decepcionado ante el futuro que les espera y candidatos voluntarios o forzados a la emigración. Todo eso, sin tener en cuenta lo que nos supone como país: invertir para que la gente se forme y después o queden arrinconados o tengan que marchar para poner en práctica sus conocimientos.
No obstante, no se pueden negar las evidencias y es cierto que la reforma y el abaratamiento del trabajo pueden facilitar la creación de empleo. Ahora bien, mientras el consumo interno no se recupere no se podrá hablar de auténtica recuperación. La creación de empleo la siguen originando las empresas medianas y pequeñas (pymes y micros) cuyo mercado es el nacional. Y ahí la situación financiera está al borde del colapso. Si no se marcan pautas claras para que crédito fluya de forma razonable y el empresariado puede acceder a la financiación para reflotar empresas la recuperación no se producirá, y entonces estaremos perdidos.
Ciertamente, parece que las cosas se van moviendo, aunque, eso sí, de forma lenta y a costa de un destrozo social brutal y quizá irreversible. La brecha entre pobres y ricos cada vez es mayor y no parece que hayamos aprendido nada de la crisis. Seguimos repitiendo los mismos errores y la recuperación está cogida con alfileres. Pero, sea como fuere, nos merecemos cierto regocijo. Necesitamos esperanzas y algunas alegrías, aunque sean modestas, y es justo un suspiro de alivio.
De todos modos, este tibio avance está llegando cuando miles de ciudadanos andan ya con el agua al cuello. Cuando han perdido sus casas hipotecadas, se han comido todos sus ahorros, después, los ahorros de sus progenitores, y ahora están a punto de ser desalojados de sus pisos alquilados.
En consecuencia, es una irresponsabilidad pensar que todo está hecho viendo la tenue evolución que experimenta el mercado de trabajo. Ahora bien, teniendo en cuenta los durísimos tiempos de los que venimos, necesitamos ser razonablemente optimistas. A pesar de todo, hay margen para la esperanza.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 01/04/14
De todos modos, no hay que esperar milagros y para que la tasa de paro baje sustancialmente del 26%, deberían ocurrir más de uno. Asimismo, tampoco la calidad del empleo creado nos permite albergar muchas esperanzas respecto al aumento de la confianza de las familias, ni hace esperar una pronta recuperación del consumo, ni una reducción razonable del endeudamiento familiar. Hemos de tener claro que la recuperación deparará más empleo si, pero más precario y más trabajadores autónomos.
Antes de la reforma laboral la excesiva temporalidad ponía de manifiesto la volatilidad de nuestro mercado de trabajo. Ahora, con la reforma del Gobierno de Mariano Rajoy, la precariedad se está convirtiendo en norma. Además está permitiendo que las empresas flexibilicen aún más sus plantillas. De forma simultánea, las rentas salariales también han sufrido recortes en un contexto de permanente cautela, en el que las empresas renuncian a ampliar su capacidad, lo cual lleva implícito la renuncia a contratar mano de obra.
En estas circunstancias, cabría pensar que la contrapartida de la precarización del empleo podría ser un aumento de su ritmo de creación. Nada más lejos de la realidad, para que esto suceda el empresariado ha de percibir señales claras de recuperación de la demanda y que el crédito fluya. Y eso, hoy brilla por su ausencia. Que nadie se llame a engaño, sin generación de más ingresos por ventas y sin crédito para inversión, el empleo destruido a lo largo de la crisis se irá recuperando con suma lentitud. Para que se produzca un cambio de tendencia real y se empiecen a generar puestos de trabajo, es necesario un cambio significativo de las políticas económicas adoptadas en la eurozona y, por supuesto, también en España. Es una evidencia poco cuestionable la nula rentabilidad social de las políticas de austeridad puestas en práctica hasta la fecha. En cambio, merecen que, cuando menos, prestemos especial atención a los resultados más favorables que están logrando en EE UU o Reino Unido, con iniciativas económicas notoriamente distintas.
En nuestro país, la creación de empleo no sólo es lenta, es que, además, la mayoría de los puestos de trabajo creados son en precario. Y eso afecta de modo muy directo a los jóvenes, a la vez que erosiona el crecimiento potencial de la economía. Esos jóvenes que curiosamente son la generación mejor preparada de nuestra historia, son, también, de las generaciones más castigadas como mano de obra. O sea, un capital humano sin utilizar, con frecuencia decepcionado ante el futuro que les espera y candidatos voluntarios o forzados a la emigración. Todo eso, sin tener en cuenta lo que nos supone como país: invertir para que la gente se forme y después o queden arrinconados o tengan que marchar para poner en práctica sus conocimientos.
No obstante, no se pueden negar las evidencias y es cierto que la reforma y el abaratamiento del trabajo pueden facilitar la creación de empleo. Ahora bien, mientras el consumo interno no se recupere no se podrá hablar de auténtica recuperación. La creación de empleo la siguen originando las empresas medianas y pequeñas (pymes y micros) cuyo mercado es el nacional. Y ahí la situación financiera está al borde del colapso. Si no se marcan pautas claras para que crédito fluya de forma razonable y el empresariado puede acceder a la financiación para reflotar empresas la recuperación no se producirá, y entonces estaremos perdidos.
Ciertamente, parece que las cosas se van moviendo, aunque, eso sí, de forma lenta y a costa de un destrozo social brutal y quizá irreversible. La brecha entre pobres y ricos cada vez es mayor y no parece que hayamos aprendido nada de la crisis. Seguimos repitiendo los mismos errores y la recuperación está cogida con alfileres. Pero, sea como fuere, nos merecemos cierto regocijo. Necesitamos esperanzas y algunas alegrías, aunque sean modestas, y es justo un suspiro de alivio.
De todos modos, este tibio avance está llegando cuando miles de ciudadanos andan ya con el agua al cuello. Cuando han perdido sus casas hipotecadas, se han comido todos sus ahorros, después, los ahorros de sus progenitores, y ahora están a punto de ser desalojados de sus pisos alquilados.
En consecuencia, es una irresponsabilidad pensar que todo está hecho viendo la tenue evolución que experimenta el mercado de trabajo. Ahora bien, teniendo en cuenta los durísimos tiempos de los que venimos, necesitamos ser razonablemente optimistas. A pesar de todo, hay margen para la esperanza.
Bernardo Fernández
Publicado en Crónica Global 01/04/14
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