Los políticos de nuestro país ya
sienten el aliento de la extrema derecha en el cogote. Pero es que la situación
política que se vive en las naciones de nuestro entorno tampoco invita al
optimismo. En Italia, Giorgia Meloni, una neofascista reconvertida en
conservadora ocasional, es la presidenta del Consejo de Ministros que impulsa
el bloqueo naval de las fronteras italianas y las deportaciones exprés a
Albania; en Alemania, el partido Alternativa por Alemania AfD de ideología nacional
conservadora y euroescéptica de extrema derecha crece de forma exponencial en
cada elección y ya es una serie amenaza para la estabilidad del sistema
político germano y por lo que respecta a
Francia, las cosas no están mejor: en el país galo habrá elecciones a la
presidencia de la Quinta República en 2027 y Marlne Le Pen o su delfín, Jordan
Bardella, presidente de la Agrupación Nacional, si finalmente ella no puede
presentarse por sus problemas con la justicia, será quién lo haga, y ambos, se
perfilan como favoritos para suceder a Emmanuel Macron.
En España el panorama no es muy
diferente al de nuestros vecinos; ahí están las elecciones autonómicas es
Extremadura, primero y Aragón después que nos dan una idea bastante ajustada de
cómo está el ambiente. Con ese paisaje político, echar un vistazo a los
estudios demoscópicos genera inquietud. Vox lleva cuatro meses creciendo de
forma continuada, mientras que los populares se han estancado, el PSOE pierde
cuatro puntos con respecto a las últimas elecciones generales y Sumar se deja
en el camino más de cinco puntos desde 2023. Es más, los sondeos advierten de
la derechización del electorado, puesto que PP y Vox aglutinan el 49,2% de la
estimación de voto.
Ante esta situación, somos muchos los
que intuimos que el batacazo para el progresismo en las próximas elecciones
generales puede ser de los que hacen época. Quizás por eso, Gabriel Rufián (el
mismo que ahora hace 11 años decía que en 18 meses dejaría su escaño en el
Congreso para venir a la república catalana, se ha caído del caballo y ha visto
la luz de la sensatez y la cordura política) ha decidido hacer las maletas y
marchar a las Españas a convertir fieles para su causa. El diputado de ERC
lleva tiempo proponiendo una lista plurinacional de izquierdas para las
generales y desde entonces su nombre ha estado en las quinielas para dirigir un
futuro proyecto capaz de unir a todas las formaciones a la izquierda del PSOE
bajo una única papeleta y contener así el auge de la extrema derecha. Días
atrás se hizo público que el 18 de febrero participará en un acto en Madrid con
el diputado autonómico de Más Madrid Emilio Delgado para hablar sobre el
futuro de la izquierda: Es evidente que el acto adquiere mucha más relevancia
tras los malos resultados para el espacio político en Aragón. No obstante,
tanto ERC como EH Bildu ya han descartado la posibilidad de una lista conjunta.
Donde sí parece que hay un principio
de acuerdo es entre los cuatro partidos que, a día de hoy, conforman Sumar y
que tienen presencia en el Gobierno; el próximo 21 de febrero, en el Círculo de
Bellas Artes de Madrid, con el slogan “Un paso al frente”, presentarán las
bases del proyecto con el que quieren afrontar las próximas generales. Es
verdad que todavía con muchas incógnitas por despejar como por ejemplo el
liderazgo, la marca definitiva o la propuesta programática concreta. La idea
central es presentar una alternativa estable a la derecha y la ultraderecha en
España. Hace meses que dirigentes de Izquierda Unida, Más Madrid, Comunes y
Movimiento Sumar trabajan en pro de la precoalición; aunque conviene dejar
claro que Podemos, de momento, se ha desmarcado y no parece que vaya a formar
parte de la iniciativa.
Quien, una vez más, ha hecho unas
declaraciones impagables ha sido Felipe González que una charla en Los
Desayunos del Ateneo, manifestó que en las circunstancias actuales y con Pedro
Sánchez como candidato votará “en blanco”, no hará campaña para ningún partido
ni votará otras opciones, menos mal. Además González cuestiona los pactos del
PSOE con sus socios, y piensa que es peor pactar con Bildu que con Vox. Es
decir, en opinión del que fuera gran líder indiscutido del socialismo español,
es preferible llegar a acuerdos con los racistas, xenófobos y racistas que criminalizan
por su origen o el color de piel a los que vienen de fuera, son antifeministas,
negacionistas del cambio climático y euroescépticos, que con los que han
renunciado a la violencia, respetan la Constitución y tienen un comportamiento
social e institucional equiparable a la de cualquier otra formación política.
A pesar de todo, aún hay resquicios
para la esperanza porque los resultados de los dos últimos comicios autonómicos
indican que los progresistas se han quedado en casa. Por lo tanto, toca recuperar
la confianza para que la gente vuelva a creer en la política como una
herramienta útil para mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. De no ser
así, el triunfo de la derecha extrema no será tanto su éxito, si no nuestro
fracaso. El fracaso de los progresistas por la incapacidad manifiesta de
generar ilusión y esperanza en aquellos a los que el corazón les late a la
izquierda.
Bernardo Fernández
Publicado en Catalunya Press
16/02/2026

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