Qui comte un error I no el corregeix
Comet un altre encara més greu.
Confuci.
Si hem de jutjar per les declaracions d’Artur Mas en aquests últims temps, sembla evident que ha descobert quin és el seu destí en aquesta vida. Si després veiem el cartell per a la campanya electoral del 25-N de CiU, sota el lema, “La voluntat d’un poble”, apareix Artur Mas amb els braços estesos envoltat de banderes catalanes i estelades. Ja no poden haver-hi dubtes, amb el posat de messies que li han plantat
Ell està per sobra del bé i del mal. Tan se val que la seva parella de coalició renegui de la independència o que les enquestes diguin que l’atur i l’economia són les principals preocupacions dels catalans.
Segons Jordi Barbeta, col•laborador de La Vanguardia, el cartell electoral de CiU de cara a les properes eleccions "és un error gravíssim de la seva campanya! I el pagarà. I amb ell, està donant arguments als seus adversaris”.
De la mateixa manera, el professor de comunicació Lluís Pastor també va lamentar que “el posat messiànic del cartell d’Artur Mas no s’adequa amb la seva personalitat”.
"I Ernest Folch va anar encara més lluny: 'Aquesta mà estesa m’evoca el gest totalitari d’algun personatge històric molt odiós', cosa que em va fer venir al cap la imatge de Hitler. Ja ens van ensenyar, a la facultat, que la ràdio és un mitjà molt, molt calent. Gairebé crema", conclou.
Per altra banda, la vicepresidenta de la Comissió Europea, Viviane Reding, ha insistit en que si els catalans optessin per separar-se d'Espanya, el nou estat "no en seria automàticament" nou membre. Reding ha fet aquestes declaracions a Berlín.
L'argument de Reding és simple: "Catalunya no seria automàticament un nou estat de la Unió Europea perquè seria un nou estat." Assegura que "el tractat és relativament clar: en cas que Catalunya es decideixi a separar-se d'Espanya i constituir un estat independent, hauria de presentar una sol•licitud d'accés a la Unió."
La vicepresidenta europea fa extensiva la situació a qualsevol nou estat: "Així és el marc legal i serà així no només per a Catalunya, sinó també per a Escòcia o per a qualsevol estat que es plantegi una cosa semblant."
Tan se val, Mas creu haver trobat el seu destí en aquesta vida i ni les crítiques ni els advertiments li faran canviar d’opinió. Però és que a més, és molt probable que ni la crisi ni el cartell electoral passin factura a Artus Mas en les eleccions del proper 25-N i sigui un dels pocs polítics al que les retallades aplicades des del Govern no el penalitzin en les urnes.
Mare meva, quin futur ens espera.
Bernardo Fernández
Publicat a e-notícies 11/11/12
26 de novembre 2012
04 de novembre 2012
Y DESPUÉS, ¿QUÉ?
Sin que sirva de precedente, vamos a trabajar con la hipótesis de que el parlamento catalán que salga de las urnas el próximo 25-N sea nítidamente soberanista. En consecuencia, vamos a suponer que Artur Mas encuentra las complicidades necesarias y el marco legal adecuado para convocar un referendo o consulta dentro de la legalidad. Llegados a esta situación, habría que empezar a poner los puntos sobre las íes.
El primer asunto a clarificar sería el tipo de pregunta. No es lo mismo preguntar si se quiere ser independiente, o no, que hacer referencias a un hipotético estado que, de entrada, no sería miembro de la UE. Por eso, parece recomendable tomar el modelo escocés y realizar una sola pregunta, clara e inequívoca.
Parece lógico exigir con anterioridad a la consulta una normativa concreta y concisa para la misma. Ahí se deberían definir cuestiones como cual debería ser el porcentaje mínimo de participación para que la misma se pudiera considerar válida. Asimismo, habría que manifestar qué porcentajes de síes sería necesario para ganar al referendo, habida cuenta que un 51% no sería suficiente como acertadamente señaló el propio Mas.
De igual manera, se debería definir que tiempo debería pasar para convocar otra consulta en el caso de que no se obtuviera la mayoría necesaria. De no hacerlo, podría ocurrir que algún descerebrado le cogiera el gusto a eso de consultar cada vez que surgiera un quítame estas pajas y nos embarcaran en un referendo cada dos por tres.
Por otra parte y como ya manifestó el presidente Mas, semanas atrás, Cataluña debería construir estructuras de estado. Es decir, entre otros estamentos se debería crear una Agencia Tributaria, una Seguridad Social, un cuerpo diplomático, tal vez un Ejército y un sinfín de organismos propios de una nación independiente. Pues bien, como contribuyentes que somos, tenemos derecho a saber por cuanto nos puede resultar la aventura.
Asimismo, deberíamos asumir la parte alícuota de la deuda española que se debería sumar a la que ya tenemos como catalanes. También, justo es decirlo, nos correspondería una parte del patrimonio español. De igual forma, sería bueno saber en que parámetros se situaría la prima de riesgo catalana que en 2010 estaba sobre los 200 puntos y ahora, según los expertos, de salir al mercado rondaría los 1.300 puntos.
Siguiendo con la hipótesis con la que empezaba este escrito, y en el supuesto de que el si obtuviera la mayoría suficiente para declararnos independientes, los ciudadanos, con anterioridad, deberíamos saber que estrategia se seguiría para entrar en la UE. Habida cuenta que como estado nuevo estaríamos fuera. Ya que se necesita, no lo olvidemos, la unanimidad de los socios del club europeo para formar parte del grupo. La ciudadanía también debería saber que se haría para salvar los aranceles fronterizos que con toda probabilidad impondrían otros países a los productos fabricados aquí. O que haríamos con los productos que hoy vendemos en España, que es el principal mercado para nuestras empresas, si decidieran, cosa harto probable, no comprar productos catalanes.
Otro de los grandes inconvenientes que habría que prever sería la fuga, más que previsible, de grandes empresas y multinacionales. Además, sería prácticamente imposible encontrar recursos en el exterior para sufragar nuestra deuda. Todos sabemos que el capital huye en cuanto percibe inestabilidad. De hecho, en los últimos tiempos, del flujo de inversiones que llega a España, en Cataluña sólo se queda un raquítico 14,3%, cuando en buena lógica debería andar sobre el 27%.
Ciertamente, se podrían seguir enumerando inconvenientes que genera una hipotética independencia de Cataluña, casi hasta el infinito. Pero entiendo que es preferible dejar cuestiones en el tintero y no hacer una relación exhaustiva de todos aquellos temas que nos afectarían el día de después. Además, he querido dejar fuera del foco, los análisis de intangibles como, por ejemplo, el sentimiento independentista. Ese tipo de percepciones no son cuantificables y pertenecen a otro ámbito. De igual modo, también, excluyo de estas líneas promesas electorales por increíbles, como que el castellano en una Cataluña independiente sería lengua cooficial. Sencillamente no puedo creer que aquellos que ahora sancionan a un establecimiento por rotular en castellano, en un hipotético Estado catalán dieran el mismo rango a esta lengua que a la propia.
Es evidente que los ciudadanos tenemos derecho a decidir, y la falta de un marco legal adecuado, no debería ser obstáculo para que la ciudadanía se pueda expresar en libertad. Ahora bien, aquellos que nos quieren llevar por caminos desconocidos, deberían hacer un ejercicio de honestidad política y social y explicar con todo lujo de detalles ventajas e inconvenientes de ese nuevo escenario. No vaya a suceder que nos encontramos con paisajes no deseados por imprevistos.
Después, con pleno conocimiento de causa, cada cual será muy libre de escoger la opción que más le convenga. Al fin y al cabo, en eso consiste la democracia.
Bernardo Fernández
Publicado en La Voz de Barcelona 31/10/12
El primer asunto a clarificar sería el tipo de pregunta. No es lo mismo preguntar si se quiere ser independiente, o no, que hacer referencias a un hipotético estado que, de entrada, no sería miembro de la UE. Por eso, parece recomendable tomar el modelo escocés y realizar una sola pregunta, clara e inequívoca.
Parece lógico exigir con anterioridad a la consulta una normativa concreta y concisa para la misma. Ahí se deberían definir cuestiones como cual debería ser el porcentaje mínimo de participación para que la misma se pudiera considerar válida. Asimismo, habría que manifestar qué porcentajes de síes sería necesario para ganar al referendo, habida cuenta que un 51% no sería suficiente como acertadamente señaló el propio Mas.
De igual manera, se debería definir que tiempo debería pasar para convocar otra consulta en el caso de que no se obtuviera la mayoría necesaria. De no hacerlo, podría ocurrir que algún descerebrado le cogiera el gusto a eso de consultar cada vez que surgiera un quítame estas pajas y nos embarcaran en un referendo cada dos por tres.
Por otra parte y como ya manifestó el presidente Mas, semanas atrás, Cataluña debería construir estructuras de estado. Es decir, entre otros estamentos se debería crear una Agencia Tributaria, una Seguridad Social, un cuerpo diplomático, tal vez un Ejército y un sinfín de organismos propios de una nación independiente. Pues bien, como contribuyentes que somos, tenemos derecho a saber por cuanto nos puede resultar la aventura.
Asimismo, deberíamos asumir la parte alícuota de la deuda española que se debería sumar a la que ya tenemos como catalanes. También, justo es decirlo, nos correspondería una parte del patrimonio español. De igual forma, sería bueno saber en que parámetros se situaría la prima de riesgo catalana que en 2010 estaba sobre los 200 puntos y ahora, según los expertos, de salir al mercado rondaría los 1.300 puntos.
Siguiendo con la hipótesis con la que empezaba este escrito, y en el supuesto de que el si obtuviera la mayoría suficiente para declararnos independientes, los ciudadanos, con anterioridad, deberíamos saber que estrategia se seguiría para entrar en la UE. Habida cuenta que como estado nuevo estaríamos fuera. Ya que se necesita, no lo olvidemos, la unanimidad de los socios del club europeo para formar parte del grupo. La ciudadanía también debería saber que se haría para salvar los aranceles fronterizos que con toda probabilidad impondrían otros países a los productos fabricados aquí. O que haríamos con los productos que hoy vendemos en España, que es el principal mercado para nuestras empresas, si decidieran, cosa harto probable, no comprar productos catalanes.
Otro de los grandes inconvenientes que habría que prever sería la fuga, más que previsible, de grandes empresas y multinacionales. Además, sería prácticamente imposible encontrar recursos en el exterior para sufragar nuestra deuda. Todos sabemos que el capital huye en cuanto percibe inestabilidad. De hecho, en los últimos tiempos, del flujo de inversiones que llega a España, en Cataluña sólo se queda un raquítico 14,3%, cuando en buena lógica debería andar sobre el 27%.
Ciertamente, se podrían seguir enumerando inconvenientes que genera una hipotética independencia de Cataluña, casi hasta el infinito. Pero entiendo que es preferible dejar cuestiones en el tintero y no hacer una relación exhaustiva de todos aquellos temas que nos afectarían el día de después. Además, he querido dejar fuera del foco, los análisis de intangibles como, por ejemplo, el sentimiento independentista. Ese tipo de percepciones no son cuantificables y pertenecen a otro ámbito. De igual modo, también, excluyo de estas líneas promesas electorales por increíbles, como que el castellano en una Cataluña independiente sería lengua cooficial. Sencillamente no puedo creer que aquellos que ahora sancionan a un establecimiento por rotular en castellano, en un hipotético Estado catalán dieran el mismo rango a esta lengua que a la propia.
Es evidente que los ciudadanos tenemos derecho a decidir, y la falta de un marco legal adecuado, no debería ser obstáculo para que la ciudadanía se pueda expresar en libertad. Ahora bien, aquellos que nos quieren llevar por caminos desconocidos, deberían hacer un ejercicio de honestidad política y social y explicar con todo lujo de detalles ventajas e inconvenientes de ese nuevo escenario. No vaya a suceder que nos encontramos con paisajes no deseados por imprevistos.
Después, con pleno conocimiento de causa, cada cual será muy libre de escoger la opción que más le convenga. Al fin y al cabo, en eso consiste la democracia.
Bernardo Fernández
Publicado en La Voz de Barcelona 31/10/12
POBREZA
Desde que en 2008 empezó la crisis económica, la pobreza se ha disparado en Cataluña de forma exponencial. A día de hoy, el 21,9% de los catalanes viven con rentas inferiores al umbral de la pobreza y el 28% de los niños viven en familias pobres. Puesto que esta sociedad nuestra estigmatiza a los perdedores, aquellos que están en riesgo de exclusión, traten de ocultar su realidad.
Los gobiernos han hecho dejación de determinadas responsabilidades ya que la austeridad dogmática es el nuevo evangelio del neoliberalismo del siglo XXI y la contención del déficit el becerro de oro de nuestros días.
En esas circunstancias, las organizaciones sociales hacen lo que pueden e incluso más, pero éstas también están siendo acuciadas por los recortes y en muchos casos su continuidad empieza a ser más que dudosa.
La sociedad en su conjunto asiste atónita a este aquelarre del absurdo. Se restringen las ayudas a la ciudadanía de a pie y, en cambio, con dinero público se reflotan entidades financieras. Se criminaliza a aquellos que hacen pequeños trapicheos para tirar adelante y se mira hacia otro lado cuando se trata de grandes defraudadores, sean políticos, banqueros o grandes fortunas.
La imagen de personas rebuscando en los contenedores se ha convertido en algo tan habitual como la de familias desahuciadas por no poder pagar su hipoteca. La becas comedor se han reducido de forma drástica y hay niños que sólo hacen una comida al día.
Con este panorama de fondo, hay quien argumenta, con suma frivolidad, que la independencia es la solución a todos los males. De toso modos, podemos estar tranquilos, pues como dijo, días atrás, en una vista a la feria de yates de Mónaco el teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Antoni Vives, (CiU): “El mundo se puede estar cayendo abajo, pero nosotros nos mantenemos sobre nuestros pies”. Sin duda alguna, todo un ejemplo de sensibilidad política y social.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 31/10/12
Los gobiernos han hecho dejación de determinadas responsabilidades ya que la austeridad dogmática es el nuevo evangelio del neoliberalismo del siglo XXI y la contención del déficit el becerro de oro de nuestros días.
En esas circunstancias, las organizaciones sociales hacen lo que pueden e incluso más, pero éstas también están siendo acuciadas por los recortes y en muchos casos su continuidad empieza a ser más que dudosa.
La sociedad en su conjunto asiste atónita a este aquelarre del absurdo. Se restringen las ayudas a la ciudadanía de a pie y, en cambio, con dinero público se reflotan entidades financieras. Se criminaliza a aquellos que hacen pequeños trapicheos para tirar adelante y se mira hacia otro lado cuando se trata de grandes defraudadores, sean políticos, banqueros o grandes fortunas.
La imagen de personas rebuscando en los contenedores se ha convertido en algo tan habitual como la de familias desahuciadas por no poder pagar su hipoteca. La becas comedor se han reducido de forma drástica y hay niños que sólo hacen una comida al día.
Con este panorama de fondo, hay quien argumenta, con suma frivolidad, que la independencia es la solución a todos los males. De toso modos, podemos estar tranquilos, pues como dijo, días atrás, en una vista a la feria de yates de Mónaco el teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, Antoni Vives, (CiU): “El mundo se puede estar cayendo abajo, pero nosotros nos mantenemos sobre nuestros pies”. Sin duda alguna, todo un ejemplo de sensibilidad política y social.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 31/10/12
16 d’octubre 2012
PRESUPUESTOS CONTRASTADOS
No solo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de
la boca de Dios
Me ha parecido oportuno empezar este artículo con una cita bíblica, puesto que en Cataluña llevamos semanas vertiendo ríos de tinta, opinando sobre el órdago de Artur Mas y su camino hacia Ítaca. Pero estamos dejando de lado que la vida sigue y el Gobierno que preside Mariano Rajoy ha presentado los presupuestos para 2013. Unas cuentas que nos afectan a todos de manera directa.
Según el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, 2013 “será el último año de la recesión”. Basta echar un somero vistazo a las cuentas para poder augurar, casi sin margen de error, que es muy poco probable que ese pronóstico se cumpla. Más bien todo lo contrario. Esos presupuestos tienen más pinta de rémora que de acicate para generar la tan deseada, como necesaria, recuperación económica.
La deuda pública pasará del 85,3% en 2012, al 90,5% en 2013, debido principalmente a las ayudas públicas a la banca La inversión en infraestructuras caerá un 15%. El recorte de la sanidad rondará el 28% -casi nada-. Y las prestaciones por desempleo se reducirán un 6,3%, lo que significa que el consumo también se resentirá.
De todos modos, y a pesar de que descienden las prestaciones por desempleo, al encontrarnos en un proceso de recesivo, es más que previsible que el número de desempleados aumente y eso haga que la partida prevista para cubrir esta contingencia crezca por encima del 25% de lo presupuestado inicialmente. Pero es que además, eso hará que la subida de las pensiones sea incompatible con el compromiso adquirido en el Plan de Estabilidad de limitar los gastos en prestaciones sociales en el 15,9%.
En estas circunstancias, lo que resulta sorprendente es que el ministro de Hacienda no se sonrojara al calificar este presupuesto de “marcadamente social”. De hecho, el FMI (Fondo Monetario Internacional) ya ha hecho saber que según sus análisis el PIB para 2013 tendrá una caída 3 veces superior a la anunciada por el Ejecutivo.
Estas previsiones sintonizan con la de los expertos consultados, los cuales sostienen que la estimación de los ingresos se ha sobredimensionado para cuadrar el déficit. Opinan que cualquier crecimiento previsto en impuestos que dependan de la actividad económica (IVA, IRPF) es poco realista. Pensar que en 2013 los ingresos presupuestarios aumentarán en más de 13.000 millones y los ingresos totales alcanzarán los 124.000 millones, es poco menos que soñar una utopía. Estos planteamientos ponen en tela de juicio la credibilidad del Gobierno a la hora de hacer números, y hacen prever repercusiones nada deseables en los mercados.
Pero lo que se pone en evidencia, es que una vez más la carga de la crisis la han de soportar los colectivos más débiles de la sociedad, parados y pensionistas, y los recortes se ceban en uno de los pilares del Estado del bienestar, la sanidad
Estos presupuestos contrastan profundamente con los aprobados, días atrás, por el Gobierno que preside Françoise Hollande. Pese a que el Ejecutivo galo ha aprobado las cuentas más restrictivas de las tres últimas décadas, lo ha hecho con criterios diametralmente diferentes a los utilizados por Mariano Rajoy y su equipo económico. El Gobierno francés ha previsto un recorte de 37.000 millones de euros que correrán a cargo de los ciudadanos más ricos y de las empresas que más beneficios generan. Según declaraciones de la portavoz del Ejecutivo: “el 90 por ciento de los franceses, clases medias y populares no pagarán más renta, El esfuerzo lo harán el 10% que más tiene y de entre estos de manera especial el 1% más rico”.
Ese 10% que mencionaba Majad Vallaud-Belkacem (portavoz del Ejecutivo) lo deberán asumir, con sus rentas e ingresos, para conjugar dos tercios del ajuste; el resto se obtendrá por las congelaciones de casi todos los departamentos, a excepción de Educación, Justicia y Seguridad, pero si se reducirá el gasto en otros como en Economía o Defensa. Casi igual que los nuestros. No hay duda que estos presupuestos son un soplo de esperanza para que la izquierda europea siga creyendo que es posible enfrentarse al poder financiero y mantener el Estado del bienestar.
Es verdad que partimos de realidades económicas distintas, pero no es menos cierto que aquí, en España, el Gobierno ha hecho de la austeridad un dogma. Mientras que el Gobierno francés está actuando -y estos presupuestos son una prueba- con filosofía de izquierdas y de esa manera se preserva el Estado del bienestar, se fortalece la posición de las clases medias y populares y se hace que aquellos que más se beneficiaron en las épocas de bonanza sean ahora los que apechuguen con la parte menos amable de la situación.
Resulta curioso que, ahora, cuando los apóstoles del liberalismo dan por hecho el fin de las ideologías, éstas se hacen más vigentes y necesarias que nunca. Puesto que de no aplicar criterios progresistas de redistribución de la renta, cohesión social y todo aquello que estos principios llevan aparejados, volveremos a los estándares sociales del siglo XIX.
Bernardo Fernández
Publicado en La Voz de Barcelona 15/10/12
CONTAMINACIÓ AMBIENTAL
És veritat que el PSC no està, ni de lluny, en el seu millor moment, ara bé, l’enquesta publicada pel CEO el passat dia 10 d’aquest mes d’octubre és gairebé un insult a la intel•ligència.
Per començar, és una enquesta "petita", de només 800 entrevistes telefòniques, amb un marge d'error de gairebé +3,5% per les dades globals, el que no permet fer atribució d'escons. Però és a més, l'enquesta es va realitzar entre el 26 de setembre i el 3 d'octubre, en un context dominat pel debat independentista, el que provoca que la mostra tingui un fort biaix polític, que afecta les dades globals.
Per altra part, és evident que el vot a CiU i a ERC està sobre representat en la mostra respecte del vot real de 2010. CiU va obtenir un 38,5% del vot vàlid a les últimes autonòmiques, però en aquesta enquesta els que recorden haver votat per CiU són el 48%, nou punts i mig més. El mateix passa amb ERC, que va obtenir el 7% del vot el 2010 i a l'enquesta té un record de 16%, nou punts més. Curiosament el vot al PSC i al PP està infra representat a l'enquesta. Cinc punts menys pels socialistes i set menys pels populars.
Això és fruit de la mobilització o desmobilització dels electorats. En un context com l'actual, els votants nacionalistes tenen ganes de contestar enquestes, mentre que els altres no, de manera que la mostra resultat (els 800 entrevistats finals) pateix un biaix considerable a favor dels primers.
Malgrat aquestes afirmacions, val a dir que l’enquesta té la seva validesa. Ara bé, cal agafar els resultats amb cura i a qüestionar-se quina part és "real" i quina fruit del biaix de la mostra. Que el PSC sigui la quarta força en "intenció de vot", no vol dir que l'enquesta digui que quedarà quart el 25N.
Per tenir una aproximació del que podria passar el 25N cal convertir la "intenció de vot" en "estimació de vot" i això el CEO no ho fa
El que si és cert´, és que l'enquesta permet fer-se una idea de la situació electoral just acabat el debat de política general, admetent que existeix, fruït del moment polític, una forta contaminació ambiental.
En conseqüència, l'enquesta el que fa és dibuixar un escenari de gran incertesa, amb una altíssima taxa d'indecisos (47%, amb els que no contesten), fenomen que també s'observa a les enquestes per a tota Espanya i a les prèvies de Galícia i Euskadi.
Aquesta és la situació, i encara que en aquests dies sortiran enquestes a dojo, no ens deixem entabanar i no oblidem que la única bona, és la del 25-N.
Bernardo Fernández
Publicat a e-notícies 14/10/12
Per començar, és una enquesta "petita", de només 800 entrevistes telefòniques, amb un marge d'error de gairebé +3,5% per les dades globals, el que no permet fer atribució d'escons. Però és a més, l'enquesta es va realitzar entre el 26 de setembre i el 3 d'octubre, en un context dominat pel debat independentista, el que provoca que la mostra tingui un fort biaix polític, que afecta les dades globals.
Per altra part, és evident que el vot a CiU i a ERC està sobre representat en la mostra respecte del vot real de 2010. CiU va obtenir un 38,5% del vot vàlid a les últimes autonòmiques, però en aquesta enquesta els que recorden haver votat per CiU són el 48%, nou punts i mig més. El mateix passa amb ERC, que va obtenir el 7% del vot el 2010 i a l'enquesta té un record de 16%, nou punts més. Curiosament el vot al PSC i al PP està infra representat a l'enquesta. Cinc punts menys pels socialistes i set menys pels populars.
Això és fruit de la mobilització o desmobilització dels electorats. En un context com l'actual, els votants nacionalistes tenen ganes de contestar enquestes, mentre que els altres no, de manera que la mostra resultat (els 800 entrevistats finals) pateix un biaix considerable a favor dels primers.
Malgrat aquestes afirmacions, val a dir que l’enquesta té la seva validesa. Ara bé, cal agafar els resultats amb cura i a qüestionar-se quina part és "real" i quina fruit del biaix de la mostra. Que el PSC sigui la quarta força en "intenció de vot", no vol dir que l'enquesta digui que quedarà quart el 25N.
Per tenir una aproximació del que podria passar el 25N cal convertir la "intenció de vot" en "estimació de vot" i això el CEO no ho fa
El que si és cert´, és que l'enquesta permet fer-se una idea de la situació electoral just acabat el debat de política general, admetent que existeix, fruït del moment polític, una forta contaminació ambiental.
En conseqüència, l'enquesta el que fa és dibuixar un escenari de gran incertesa, amb una altíssima taxa d'indecisos (47%, amb els que no contesten), fenomen que també s'observa a les enquestes per a tota Espanya i a les prèvies de Galícia i Euskadi.
Aquesta és la situació, i encara que en aquests dies sortiran enquestes a dojo, no ens deixem entabanar i no oblidem que la única bona, és la del 25-N.
Bernardo Fernández
Publicat a e-notícies 14/10/12
11 d’octubre 2012
CONTRADICCIONES DE LA HISTORIA
Algunos opinadores, de esos que pontifican cuando hablan, sostienen que Artur Mas pasará a la historia como el gran estadista que dotó a Cataluña de estructuras de Estado y que llevó a su pueblo por el camino de la soberanía plena.
El tiempo da y quita razones, pero la realidad, a día de hoy, es que la obra de Mas al frente del “Govern dels millors”, en la legislatura más breve del Parlament, es más que discreta. Veamos.
La verdad es que CiU sólo ha cumplido una de sus principales promesas: eliminar el impuesto de sucesiones. Los nacionalistas catalanes aseguraron en la campaña electoral que reducirían el paro a la mitad en cuatro años, pues bien, en dos años ha aumentado de 686.000 a 821.000 personas. Se propuso una sustancial rebaja del fracaso escolar, que en 2009 era del 29%, ahora se ha quedado en el 26%. Asimismo, en estos 21 meses, los empleados públicos han visto reducido su salario entre el 5% y el 15%. En sanidad han aumentado las listas de espera de 56.000 a 80.000 pacientes. La renta mínima de inserción (último recurso de cohesión social), se ha retirado a 7.127 familias que antes de reformar las condiciones de percepción la recibían.
Y todo esto, sin tener en cuenta otros asuntos, no menores, como la supuesta corrupción de altos cargos de la Diputación de Barcelona, el caso Palau, los presuntos amaños en los concursos de las estaciones de ITV o la posible corrupción en la sanidad, entre otras minucias.
Con este bagaje, lo lógico sería que, en las próximas elecciones, la ciudadanía enviase a Artur Mas a su casa por una larga temporada; aunque lo más probable es que pase a la posteridad como el primer gobernante europeo a quien su política de ajustes no pasó factura electoral. Y es que ya se sabe, la historia está llena de contradicciones.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 10/10/12
El tiempo da y quita razones, pero la realidad, a día de hoy, es que la obra de Mas al frente del “Govern dels millors”, en la legislatura más breve del Parlament, es más que discreta. Veamos.
La verdad es que CiU sólo ha cumplido una de sus principales promesas: eliminar el impuesto de sucesiones. Los nacionalistas catalanes aseguraron en la campaña electoral que reducirían el paro a la mitad en cuatro años, pues bien, en dos años ha aumentado de 686.000 a 821.000 personas. Se propuso una sustancial rebaja del fracaso escolar, que en 2009 era del 29%, ahora se ha quedado en el 26%. Asimismo, en estos 21 meses, los empleados públicos han visto reducido su salario entre el 5% y el 15%. En sanidad han aumentado las listas de espera de 56.000 a 80.000 pacientes. La renta mínima de inserción (último recurso de cohesión social), se ha retirado a 7.127 familias que antes de reformar las condiciones de percepción la recibían.
Y todo esto, sin tener en cuenta otros asuntos, no menores, como la supuesta corrupción de altos cargos de la Diputación de Barcelona, el caso Palau, los presuntos amaños en los concursos de las estaciones de ITV o la posible corrupción en la sanidad, entre otras minucias.
Con este bagaje, lo lógico sería que, en las próximas elecciones, la ciudadanía enviase a Artur Mas a su casa por una larga temporada; aunque lo más probable es que pase a la posteridad como el primer gobernante europeo a quien su política de ajustes no pasó factura electoral. Y es que ya se sabe, la historia está llena de contradicciones.
Bernardo Fernández
Publicado en ABC 10/10/12
PROS Y CONTRAS
Hasta hace poco más de dos años la sociedad catalana se proyectaba al mundo como un tapiz de vistosas contradicciones, un poco victimista, algo narcisista, atormentada y quejosa. Pero nítidamente mediterránea, hedonista y con un alto nivel de vida.
La sentencia sobre el Estatut del Tribunal Constitucional en julio de 2010 y la crisis económica han sido el caldo de cultivo adecuado para que la falta de visón y las estrategias políticas corto-placistas, aunque de alto rendimiento electoral inmediato, pongan en riesgo de extinción aquello que costó sangre, sudor y lagrimas construir.
En Cataluña, hemos vivido un mes de septiembre de infarto, Casualidad o no, los acontecimientos políticos se han sucedido en cascada. Primero fue la impresionante manifestación del 11-S, pocos días después la entrevista de Mariano Rajoy y Artur Mas con la propuesta de pacto fiscal sobre la mesa y luego, sin solución de continuidad, el Pleno del Parlament de Cataluña sobre Política General, en el que Artur Mas ha anunciado elecciones para el próximo 25 de noviembre.
Estoy convencido de que el presidente Rajoy proporcionó al president Mas el pretexto para avanzar las elecciones. Como dijo acertadamente Joan Herrera, líder de ICV, Artur Mas llegó a La Moncloa como president y salió como candidato. En su diario del pasado 23 de septiembre Miguel Iceta, diputado del PSC, escribió:
Es bastante evidente que Artur Mas seguía un guion ya prefijado desde hace mucho. Y eso explicaría la negativa de CiU para acordar la propuesta de pacto fiscal con el PSC. Los nacionalistas prefirieron pactar con ERC, si bien sabían que la propuesta que aceptara ERC no sería negociable con Rajoy y, por lo tanto, no se obtendría la llave de la caja, pero sí al menos la llave para convocar elecciones cuando le conviniera a él y a su partido.
Recordemos que el president Mas fijó como objetivo de la legislatura en su discurso de investidura el “pacto fiscal”, envuelto en una nebulosa “transición nacional”. Una transición nacional que no parece que ahora se aclare mucho más: “No somos independentistas, pero queremos un Estado propio”.
Aún no hace ni dos años que Artur Mas accedió a la más alta magistratura de Cataluña. Fue tras una intensa campaña electoral realizada bajo el eslogan: “Una Cataluña mejor”. Tras la victoria constituyó el “Govern del millors” para acabar con la crisis y retornar a las épocas más gloriosas de la Cataluña “rica i plena”. Pues bien, la realidad, a día de hoy, es sustancialmente diferente.
Esta legislatura, que ahora se acaba, ha sido la más corta de la historia del Parlament. Las arcas de la Generalitat están absolutamente vacías, el Ejecutivo catalán ha solicitado al Gobierno central un rescate de 5.023 millones de euros, y todo eso a pesar de que el mencionado “Govern dels millors” ha metido la tijera sin compasión en la sanidad, la educación, los servicios sociales y los salarios de los funcionarios entre otros.
Prometieron reducir el paro a la mitad, pero la verdad es que la tasa de parados ya supera las 800.000 personas. El gasto por habitante ha retrocedido a los niveles de 2006 y este año con 3000 profesores menos, hay que dar clase a 30.000 alumnos más. Asimismo, los catalanes tenemos el dudoso mérito de ser pioneros en el copago sanitario con el euro por receta. Ahora bien, justo es reconocer que una de las promesas que CiU realizó en 2010, eliminar el impuesto de sucesiones, la ha cumplido a rajatabla. Las consecuencias de esta forma de gobernar, son fáciles de suponer: un Estado del bienestar agonizante.
Por otra parte, la sombra de la corrupción ha planeado de forma constante en esta legislatura. Desde el caso Palau, que se arrastraba del anterior mandato, salpicando de pleno CDC, hasta el caso de las ITV, el caso de las cajas de ahorros o los escándalos sanitarios.
Resulta bastante evidente que si las próximas elecciones al Parlament se realizaran en un clima de normalidad todo lo citado debería pasar factura a las fuerzas políticas que han formado parte del gobierno, pero las cosas casi nunca son lo que parecen y en Cataluña menos. Por eso, para evitar pagar facturas en clave electoral, Artur Mas ha tensado la situación hasta el límite de lo posible e incluso un poco más, esperando que, de ese modo, la ciudadanía vote más con el corazón y el sentimiento que con la cabeza y el raciocinio.
El argumento para convocar las elecciones es sencillo, obtener legitimidad para iniciar un nuevo camino y el punto de partida de la nueva etapa, convocar una consulta de autodeterminación. Hasta ahí, guste o no, no hay nada que decir. No obstante sería conveniente que se dijera a la ciudadanía, bajo que cobertura legal y con que normas se llevaría a cabo la consulta. De ese modo se evitarían frustraciones innecesarias.
En cualquier caso, propongo un ejercicio que nos ha de servir para clarificar ideas: cojamos una hoja de papel y hagamos dos columnas, en una anotemos los pros de una hipotética independencia, en la otra los contras. Después, comparemos y que cada cual opte por la opción que estime más oportuna.
Bernardo Fernández
Publicado en la Voz de Barcelona 2/10/12
La sentencia sobre el Estatut del Tribunal Constitucional en julio de 2010 y la crisis económica han sido el caldo de cultivo adecuado para que la falta de visón y las estrategias políticas corto-placistas, aunque de alto rendimiento electoral inmediato, pongan en riesgo de extinción aquello que costó sangre, sudor y lagrimas construir.
En Cataluña, hemos vivido un mes de septiembre de infarto, Casualidad o no, los acontecimientos políticos se han sucedido en cascada. Primero fue la impresionante manifestación del 11-S, pocos días después la entrevista de Mariano Rajoy y Artur Mas con la propuesta de pacto fiscal sobre la mesa y luego, sin solución de continuidad, el Pleno del Parlament de Cataluña sobre Política General, en el que Artur Mas ha anunciado elecciones para el próximo 25 de noviembre.
Estoy convencido de que el presidente Rajoy proporcionó al president Mas el pretexto para avanzar las elecciones. Como dijo acertadamente Joan Herrera, líder de ICV, Artur Mas llegó a La Moncloa como president y salió como candidato. En su diario del pasado 23 de septiembre Miguel Iceta, diputado del PSC, escribió:
Es bastante evidente que Artur Mas seguía un guion ya prefijado desde hace mucho. Y eso explicaría la negativa de CiU para acordar la propuesta de pacto fiscal con el PSC. Los nacionalistas prefirieron pactar con ERC, si bien sabían que la propuesta que aceptara ERC no sería negociable con Rajoy y, por lo tanto, no se obtendría la llave de la caja, pero sí al menos la llave para convocar elecciones cuando le conviniera a él y a su partido.
Recordemos que el president Mas fijó como objetivo de la legislatura en su discurso de investidura el “pacto fiscal”, envuelto en una nebulosa “transición nacional”. Una transición nacional que no parece que ahora se aclare mucho más: “No somos independentistas, pero queremos un Estado propio”.
Aún no hace ni dos años que Artur Mas accedió a la más alta magistratura de Cataluña. Fue tras una intensa campaña electoral realizada bajo el eslogan: “Una Cataluña mejor”. Tras la victoria constituyó el “Govern del millors” para acabar con la crisis y retornar a las épocas más gloriosas de la Cataluña “rica i plena”. Pues bien, la realidad, a día de hoy, es sustancialmente diferente.
Esta legislatura, que ahora se acaba, ha sido la más corta de la historia del Parlament. Las arcas de la Generalitat están absolutamente vacías, el Ejecutivo catalán ha solicitado al Gobierno central un rescate de 5.023 millones de euros, y todo eso a pesar de que el mencionado “Govern dels millors” ha metido la tijera sin compasión en la sanidad, la educación, los servicios sociales y los salarios de los funcionarios entre otros.
Prometieron reducir el paro a la mitad, pero la verdad es que la tasa de parados ya supera las 800.000 personas. El gasto por habitante ha retrocedido a los niveles de 2006 y este año con 3000 profesores menos, hay que dar clase a 30.000 alumnos más. Asimismo, los catalanes tenemos el dudoso mérito de ser pioneros en el copago sanitario con el euro por receta. Ahora bien, justo es reconocer que una de las promesas que CiU realizó en 2010, eliminar el impuesto de sucesiones, la ha cumplido a rajatabla. Las consecuencias de esta forma de gobernar, son fáciles de suponer: un Estado del bienestar agonizante.
Por otra parte, la sombra de la corrupción ha planeado de forma constante en esta legislatura. Desde el caso Palau, que se arrastraba del anterior mandato, salpicando de pleno CDC, hasta el caso de las ITV, el caso de las cajas de ahorros o los escándalos sanitarios.
Resulta bastante evidente que si las próximas elecciones al Parlament se realizaran en un clima de normalidad todo lo citado debería pasar factura a las fuerzas políticas que han formado parte del gobierno, pero las cosas casi nunca son lo que parecen y en Cataluña menos. Por eso, para evitar pagar facturas en clave electoral, Artur Mas ha tensado la situación hasta el límite de lo posible e incluso un poco más, esperando que, de ese modo, la ciudadanía vote más con el corazón y el sentimiento que con la cabeza y el raciocinio.
El argumento para convocar las elecciones es sencillo, obtener legitimidad para iniciar un nuevo camino y el punto de partida de la nueva etapa, convocar una consulta de autodeterminación. Hasta ahí, guste o no, no hay nada que decir. No obstante sería conveniente que se dijera a la ciudadanía, bajo que cobertura legal y con que normas se llevaría a cabo la consulta. De ese modo se evitarían frustraciones innecesarias.
En cualquier caso, propongo un ejercicio que nos ha de servir para clarificar ideas: cojamos una hoja de papel y hagamos dos columnas, en una anotemos los pros de una hipotética independencia, en la otra los contras. Después, comparemos y que cada cual opte por la opción que estime más oportuna.
Bernardo Fernández
Publicado en la Voz de Barcelona 2/10/12
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