21 de gener 2026

FINANCIAICIÓN AUTONÓMICA A LA CARTA

Alguien que desconozca la situación de polaridad y crispación política que estamos viviendo en nuestro país, se quedaría estupefacto al saber que el primer partido de la oposición (PP) desprecia 21.000 millones de euros de los cuales el 70% llegarán a las comunidades autónomas que ellos gobiernan. La cuestión es que el Ejecutivo propone un nuevo sistema de financiación autonómica que ha trabajado con uno de sus socios y no lo ha negociado con los populares. Ese hipotético ciudadano, tampoco entendería que otro partido (Junts) rechace que a su comunidad lleguen unos 4.700 millones más de euros porque el pacto no es una réplica del concierto Vasco, como ellos pretendían.

Así está la política en España. Por eso, el Consejo de Política Fiscal y Financiera que se celebró el pasado 14 de enero fue especialmente áspero. Catorce comunidades, incluidas dos socialistas, de las quince que asistían se mostraron contrarias a la propuesta; tan solo Cataluña se alineó con los planteamientos de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

Los actores políticos y expertos en economía que han alumbrado el pacto han trabajado con la idea de que el acuerdo sea extrapolable a otras comunidades. De todas formas, las autonomías que lo deseen se podrán acoger al nuevo sistema de financiación, mientras que las que lo prefieran podrán quedarse con el sistema vigente; es decir, el Ministerio de Hacienda pone sobre la mesa una financiación a la carta. 

Es evidente que cuando, en un principio, se utilizó la expresión “financiación singular”, nadie quería ningunear a nadie ni escamotar nada, simplemente se buscó un título de impacto y fácil de retener. Como dice al conocido adagio oriental “no importa que el gato sea blanco o negro, lo que importa es que cace ratones”, esa es la cuestión: desatascar un asunto der vital importancia para todos los ciudadanos porque con esos recursos se financian servicios como la sanidad, la educación o los servicios sociales y que lleva encallado desde 2014; algo que el PP de Mariano Rajoy, con una mayoría absolutísima, no hizo  

Los motivos a ese rechazo hay que buscarlos más en el momento político en que estamos viviendo, en cómo se ha elaborado el nuevo sistema y quien anunció la buena nueva y no tanto en el modelo de reparto en sí. Y es que hasta el director de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) Ángel de la Fuente que ha puesto en duda diversos aspectos del nuevo sistema, reconoce que este  reparto de los recursos será más equitativo que el anterior, pero claro, la derecha, que está obsesionada con derribar al Gobierno, no puede admitir que los de Pedro Sánchez hagan algo bien, que lo hayan consensuado con ERC y, además, lo anunciase a principios de enero el presidente de esa formación, Oriol Junqueras, que es algo así como el anticristo del nacionalismo español.

No obstante, si hacemos números, veremos qué Hacienda, a través de varias modificaciones tributarias de calado, pone sobre la mesa unos recursos de 21.000 millones de euros anuales a repartir entre las comunidades de régimen común. El propósito es inyectar liquidez a las arcas de las autonomías; así todas las comunidades aumentarán su financiación en términos absolutos. No obstante, la situación se complica cuando cambia la posición relativa de cada territorio.

En términos absolutos, será Andalucía la que reciba más dinero, un montante de casi 5.000 millones de euros. Sin embargo, Cataluña percibirá 507 euros más por habitante, seguida muy de cerca por la Comunidad Valenciana, con 496 euros, y por Murcia, con 468 euros adicionales. También registran incrementos significativos Baleares (450 euros extra), Madrid (409 euros) y Andalucía (367 euros).

Esta lluvia de millones es posible por el aumento de la participación de las comunidades en el IRPF y el IVA y eso permite elevar de manera sustancial la capacidad de gasto de la mayoría de los territorios. No obstante, no todas las autonomías participan del reparto en las mismas condiciones. Algunas como Cantabria, La Rioja, Extremadura o Castilla y León ―beneficiadas por el sistema vigente― no obtienen ninguna ganancia. El nuevo modelo no prevé mejoras para ellas. Para evitar agravios comparativos, Hacienda ha previsto unas compensaciones específicas que corrijan la más que posible pérdida de ingresos. El Gobierno calcula que esas compensaciones se aplicarán a Cantabria y Extremadura, pero no a Castilla y León y La Rioja porque, a pesar de todo es muy probable que aumenten, aunque no demasiado, el volumen de sus recursos.

Con todo, la ministra, María Jesús Montero, se ha querido curar en salud y ha ofrecido a todas las CCAA la posibilidad de llevar a cabo reuniones bilaterales para perfeccionar el modelo. Asimismo, el trámite parlamentario que ha de permitir aprobar una ley que haga que ese nuevo modelo sea una realidad, será largo y ahí los partidos podrán presentar las enmiendas que consideren que mejoran el texto y se conjugan con sus intereses. La geometría parlamentaria a la que ha de recurrir el Gobierno para sacar adelante sus iniciativas hace, más que posible, que los grupos puedan plantear exigencias que en otras circunstancias serían impensables. Así es la política.

Y para cerrar el círculo, siempre quedará la posibilidad a aquellas autonomías que con el nuevo sistema se consideren infra financiadas quedarse con el modelo actual. Es decir, el Ejecutivo ha decidido pasar del café para todos —tan denostado por algunos— a la financiación a la carta.

La situación está complicada. Núñez Feijóo ha instado al presidente a que retire la propuesta y ponga el contador de la negociación a cero, algo que todo el mundo sabe que no va suceder, y es que en el PP piensan que utilizar la financiación autonómica para atacar al Gobierno en los comicios que se avecinan (Aragón, Castilla León y Andalucía), les puede dar pingües beneficios electorales. Por consiguiente, parece que la negociación que ofrecía la ministra Montero tendrá que esperar.

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 19/01/2026

 

13 de gener 2026

VOLVER A LOS ORÍGENES


 El 2 de mayo de 1879, un grupo de unas 25 personas de orígenes muy diversos se reunió en el bar restaurante Casa Labra de Madrid para fundar el Partido Socialista Obrero Español.

Son pues, casi 150 años de existencia y, como es fácil suponer, en ese tiempo, en el PSOE las han visto de todos los colores. No obstante, ha existido un hilo conductor que, a mi modo de ver, con todas las luces y sombras que se quiera, ha permitido que la organización llegue hasta nuestros días en plenas facultades y es que cómo se dice en el documento fundacional: “el partido es una  organización política de la clase trabajadora y de los hombres y mujeres que luchan contra todo tipo de explotación, aspirando a transformar la sociedad para convertirla en una sociedad libre, igualitaria, solidaria y en paz que lucha por el progreso de los pueblos”.

Con el paso de los años, el partido se fue consolidando y tanto en la Segunda República como durante la Guerra Civil, aunque con fuertes turbulencias internas, desarrolló un rol fundamental, pero al llegar la dictadura fue brutalmente reprimido. Sin embargo, al recuperarse la democracia en nuestro país, y desde la Transición, ha estado siempre en el núcleo duro de todas las transformaciones que han convertido a España en una de las democracias liberales más avanzadas del mundo y con un Estado del bienestar de los más desarrollados.

En 2018, el secretario general, Pedro Sánchez, presentó y ganó una moción de censura que permitió a los socialistas volver al Gobierno de España. Desde entonces, con diversas variantes, el PSOE es el socio mayoritario y eje vertebrador de los sucesivos gobiernos que se han conformado en los últimos 7 años con otros partidos de izquierdas.

En ese tiempo, se han puesto en marcha más medidas de ayuda y desarrollo social que nunca antes había llevado a cabo ningún otro ejecutivo. Además de tener que afrontar más situaciones anómalas que cualquier otra Administración; basta con recordar, a modo de ejemplo, la pandemia de la Covid 19, el volcán de la Palma, la invasión de Ucrania o el genocidio de Gaza. Algunos de estos factores dispararon la inflación de forma alarmante por lo que el Gobierno tuvo que actuar de forma quirúrgica para evitar males mayores. Quién no recuerda la excepcionalidad ibérica en materia energética, los 20 céntimos de ayuda por litro de combustible durante nueve meses, o la subvención al transporte público que aún está en vigor, entre otras iniciativas.

Por otra parte, el paro ha sido siempre el talón de Aquiles de todos los gobiernos y, sin embargo, ahora, rozamos los 22 millones de afiliados a la Seguridad Social. Además ha disminuido de forma drástica la precariedad en el empleo, desde que se aprobó la reforma del mercado laboral.

El país, en términos macroeconómicos, va como un tiro y llevamos tiempo siendo la economía que más crece de la zona euro. El Financial Times dedicó semanas atrás un elogioso editorial a nuestra economía calificándola como la “más destacada” de Europa. Pero es que en septiembre, las grandes agencias de calificación de riesgos, como S&P, Fitch y Moody’s, que ponen nota a los países en función de su capacidad para pagar su deuda, elevaron la calificación a la letra A, zona noble en la que no estábamos desde la debacle inmobiliaria. Aunque es justo reconocer que esa bonanza no acaba de trasladarse a la vida cotidiana de los ciudadanos.

España es respetada y escuchada en Europa y en los foros internacionales en los que participa, mientras que el Gobierno de Pedro Sánchez es uno de los últimos bastiones de la socialdemocracia que se mantienen en pie.

En este contexto, ante la incapacidad manifiesta de la oposición para tejer una alternativa sólida y creíble, la derecha, los posfranquistas y una parte de la alta judicatura han optado por oponerse a este Gobierno por tierra, mar y aire hasta derribarlo con todos los medios que tienen a su alcance que no son pocos. En opinión de esos descerebrados, el fin justifica los medios. Por consiguiente, tanto les da que sus armas sean legítimas o no, la cuestión es poner fin a esta etapa de desarrollo y progreso social que estamos viviendo desde que tenemos un Ejecutivo de coalición y progresista.

Esa obsesión, casi enfermiza, por derribar a un gobierno por el mero hecho de ser de izquierdas, es muy probable que hubiera embarrancado de no ser porque en el PSOE han aflorado unos casos de presunta corrupción y acoso sexual protagonizados por unos individuos muy preminentes dentro de la organización que, no solo han defraudado la confianza que en ellos se depositó, también han hecho dejación de sus responsabilidades y, lo que es peor: unos han metido la mano en la caja de los dineros públicos, mientras que otros, abusando de sus cargos, han querido obtener favores sexuales de sus subordinadas; y, claro está, con esas actitudes han hecho jaque a la continuidad del proyecto.

Ante esta grave situación, se impone hacer un réset y volver a los orígenes recuperando el espíritu de aquellos hombres que se reunieron en Casa Labra.

Cada organización es muy libre de imponer a sus afiliados aquellas normas de conducta que considere oportunas y militar en un partido político es un acto totalmente libre y, en consecuencia, se debe ser consciente y saber a lo que uno se compromete. Por consiguiente, no estaría de más que el partido socialista exigiera a sus militantes, en especial a aquellos que tienen responsabilidades orgánicas y/o públicas que, además de hacer suyos los postulados de Pablo Iglesias y sus compañeros de viaje ideológico que vivan con honestidad, que intervengan rectamente en la vida política y que no busquen el beneficio propio a costa del perjuicio ajeno.

Ser socio de una entidad, pongamos por caso, deportiva, es algo totalmente respetable (faltaría más), pero no es lo mismo que militar en el partido socialista que debería entenderse como una filosofía de vida y eso implica aceptar unas fórmulas de proceder determinadas. Por lo tanto, no es de recibo que se defiendan unos principios, pero llegado el caso se practique justo lo contrario. Decididamente, no.

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 12/01/2026

 

10 de gener 2026

ESPAÑA VA BIEN PERO CON MATICES

Corría 1997 cuando José María Aznar hizo suya la frase “España va bien”, para proclamar que el país había entrado en una senda de crecimiento imparable.

Una de las palancas —como se dice ahora— para lograr aquella supuesta eclosión fue privatizar las empresas más importantes del país, entre ellas Tabacalera, Endesa o Repsol que fueron a parar, mayoritariamente, a manos de algunos amigos del presidente del Gobierno de entonces. Esa iniciativa supuso unos fuertes ingresos para las arcas públicas, pero también una considerable descapitalización del Patrimonio común de todos los ciudadanos.

Con el tiempo, hemos aprendido de las duras lecciones del pasado y mientras abrazábamos las reformas, descubríamos nuevos motores de progreso. Así por ejemplo, nuestro tejido productivo, que está más fuerte que nunca, va acompañado por la innovación bancaria, la batalla por las energías renovables, la transformación digital y un espíritu emprendedor revitalizado. Todo eso ha hecho que hayamos dejado de ser los pasajeros del vagón de cola de la economía europea.

Para que una economía funcione tiene que existir un sistema financiero sólido que la respalde y, en nuestro país, los bancos han pasado de ser meros prestamistas a convertirse en impulsores de la innovación y la digitalización. O dicho de otro modo: son la columna vertebral que sostiene la inversión en tecnología, las infraestructuras y el talento.

Así pues, los profesionales financieros se sitúan en el centro de gravedad de la trayectoria del crecimiento de España. Sus decisiones financian industrias y generan oportunidades. Para tener éxito, necesitan algo más que balances: requieren datos fiables y tecnología capaz de anticipar los retos del futuro.

Nuestra historia es una historia de resiliencia y de reinvención. Hace poco más de una década los titulares estaban dominados por la crisis y el pesimismo. En cambio hoy, en los medios se habla de crecimiento económico, mientras que las mejoras de la calificación crediticia por parte de las tres principales agencias han devuelto la credibilidad y la confianza, a la vez que han colocado de nuevo a España en el punto de mira de los grandes inversores internacionales.

Que la actividad económica en nuestro país va como un tiro es algo poco cuestionable. Crecemos, no solo con el mayor dinamismo de Europa, sino, también, con más empuje y vigor que el resto de las economías desarrolladas; los motivos hay que buscarlos en la disponibilidad de mano de obra, la buena marcha del turismo y un precio de energía razonablemente barato debido a la apuesta por las renovables. El gasto público y las exportaciones han tirado de la recuperación inmediatamente posterior a la pandemia de la Covid 19, pero ahora es el gasto interno y la inversión empresarial movilizan al país. El producto interior bruto (PIB) creció un 3,5% en 2024 y un 3,1% interanual en el tercer trimestre de 2025, según la última revisión estadística, hay más de 22 millones de personas ocupadas, cifra récord jamás alcanzada hasta ahora.

El tirón de nuestra economía en términos macroeconómicos sorprende a los demás países y a organismos internacionales, hasta el punto de que el Banco Central Europeo atribuye a la fortaleza de España el que la zona euro con Alemania y Francia debilitadas, haya podido resistir el vendaval de las guerras arancelarias, la crisis de precios y los problemas de suministros que han afectado al continente desde el final de la pandemia.

Con todo, los árboles no nos deberían impedir ver el bosque. Más allá del triunfalismo de los indicadores macroeconómicos, el hecho cierto es que muchos ciudadanos no perciben esas mejoras en su día a día. La anterior etapa de bonanza económica acabó en nuestro país de forma abrupta con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria que desencadenó la Gran Recesión. Por eso, ahora, existen motivos para la desconfianza.  Porque las mejoras no llegan a los bolsillos de las clases medias y populares; también tiene mucho que ver, en el estado de ánimo general, la crispación política y una reacción de prevención natural tras unos años vertiginosos, de grandes shocks globales, como la pandemia, la espiral de precios o la guerra en Ucrania.

Una mezcla de escepticismo e incredulidad invade la calle, las redes sociales y asoma en las encuestas cuando se habla de la buena marcha de la economía. El PIB per cápita sigue muy por debajo de la media europea. En una encuesta de Funcas —el centro de análisis de la Confederación de Cajas de Ahorros— del pasado junio, realizada entre 1.200 adultos, el 55% respondió que la situación económica general era peor que antes de la pandemia y el 90% consideraba que los salarios estaban perdiendo poder adquisitivo. Según el Termómetro ED que elabora 40DB para el diario económico Cinco Días a partir de 6.000 entrevistados, revelaba en julio unas expectativas estables, más cercanas al pesimismo moderado que al optimismo, un resultado muy similar al del trimestre anterior, pese a lo positivo del ciclo y del empleo.

Por todo ello, podemos decir que España va bien pero con matices. Se hace necesaria una gestión progresista de la bonanza macroeconómica para que esa prosperidad se distribuya de manera equitativa entre todos los sectores sociales y no que las ganancias queden en unas pocas manos. Es decir, se trata de transferir renta de las clases de mayor nivel económico a las menos favorecidas a través de instrumentos fiscales y otras medidas de carácter público, como pueden ser, una mayor progresividad en el impuesto sobre la renta (IRPF), subsidios, pensiones, prestaciones por desempleo y servicios públicos universales.

O dicho de otro modo: poner en práctica políticas económicas, verdaderamente, socialdemócratas.

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en CÒRTUM 08/01/2026

 

09 de gener 2026

UN SHERIFF LLAMADO DONALD

El mundo nunca ha sido una balsa de aceite. Los encontronazos bélicos, más o menos intensos, han marcado la historia de la humanidad. Pero desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca, no hace todavía un año, los peores fantasmas de la Guerra Fría están volviendo al escenario de la geopolítica y el planeta se ha convertido en un polvorín. El problema es que, cualquier día, un descerebrado de esos que tienen bajo su control armas de destrucción masiva, se levante con el pie izquierdo y monte una tangana tan monumental que no va a haber dios que lo arregle.

El presidente estadounidense es, en potencia, uno de esos individuos. Hemos visto como saltándose a la torera el derecho internacional y la Carta de Naciones Unidas, ha invadido Venezuela y secuestrado al presidente Nicolás maduro y su esposa Cilia Flores. Nadie cuestiona que Maduro es un autócrata y Venezuela carece de legitimidad como Estado, pero eso no le daba derecho al sheriff Donald Trump para saltarse el ordenamiento jurídico que prohíbe el uso de la fuerza y la intervención en un país soberano para entrar como si fuera su segunda residencia.

Unas horas después de llevarse a cabo la operación militar en Venezuela, el sheriff, acompañado de su guardia de corps hizo una comparecencia vomitiva —confundiendo el culo con las témporas, que diría el gran Don Camilo—, en la que solo faltaba una alfombra roja y unos cuantos ramos de flores para obsequiar al señor presidente. Uno tras otro, los comparecientes, al más puro estilo del far west, se colocaron frente al micrófono para deshacerse en elogios hacia Trump, el ejército, explicar las maldades de Maduro y lanzar un aviso para navegantes de que EE UU está dispuesta a todo contra quién haga falta. Y que el mejor ejército del mundo no se detendrá ante nada ni ante nadie, pero sin explicar las verdaderas razones del ataque ni que previsión tiene para el futuro a corto y medio plazo del país caribeño. Trump tan solo dejó caer que María Corina Machado no será la persona que lidere el cambio, suponiendo que lo haya.

Más tarde se ha sabido que la exitosa operación militar se saldó con unos ochenta muertos, entre militares y civiles, pero, por “suerte”, ningún soldado estadounidense resultó herido, solo resultó afectado un helicóptero que pudo regresar a la base sin más incidencias. Es lo que tiene un ejército tan fantástico.

Tanto China como Rusia han condenado la iniciativa; pero esa acción compromete la implantación de la potencia asiática en Latinoamérica que ya es el segundo país en inversiones en la región. De todas formas, ahora los de Xi Jinping tiene las manos mucho más libres para actuar en Taiwan cuando y como les convenga.

Ante la posibilidad de que, tras el éxito militar y el secuestro de los Maduro, ya alguien esté diseñando una nueva operación cuyo objetivo sea Groenlandia, lugar rico en eso que se ha dado en llamar “tierras raras” y ante las amenazas imperialistas de Trump de anexionarse Groenlandia, los líderes de los grandes países europeos como Francia, Alemania, Polonia, Italia, España, el Reino Unido a los que después se han sumado Portugal y Países Bajos, han emitido un comunicado cerrando filas con Dinamarca,. Es evidente que EE UU ya no es el socio fiable de las últimas décadas y Europa está en las antípodas políticas de Estados Unidos; algo que un personaje tan egocéntrico y simplista como Trump no puede asimilar.

Por otra parte, Cuba, Nicaragua y Venezuela vienen a ser algo así como el eje del mal en Hispano América para Washington, por lo que algunos piensan que es cuestión de tiempo que caigan los otros dos países. Es posible. No obstante, no deberíamos perder de vista que hay un hecho diferencial entre ellos muy importante: Venezuela posee las mayores reservas petrolíferas, del mundo, además de importantes recursos naturales, las otras dos naciones, no; tal vez, ahí se deberían buscar los auténticos motivos que llevaron a Donald Trump y su adlátares a saltarse las más elementales normas del derecho internacional y entrar a sangre y fuego en el país caribeño.

A tenor de cómo han ido los acontecimientos, resulta lógico pensar que Trump habría pactado con personajes importantes del régimen de Maduro antes de llevar a cabo su operación militar, lo cual también explicaría la ausencia de enfrentamientos y disturbios en las calles, al menos, de momento.

La democracia va para largo en Venezuela porque no es una prioridad para el trumpismo. De ahí que, Delcy Rodríguez, la hasta ahora vicepresidenta de Venezuela que, en cuestión de horas, se ha dado la vuelta como un calcetín, parece la mejor situada para liderar la nueva etapa. Además, Rodríguez es, también, ministra de Hidrocarburos y eso es un plus en las actuales circunstancias venezolanas. Quizás por eso, el secretario de Estado, Marco Rubio, tras la operación anunció que Estados Unidos está dispuesto a trabajar con los actuales dirigentes de Venezuela siempre que “tomen las decisiones adecuadas”.

Estamos volviendo al “salvaje oeste”, pero ahora, en vez de con colts, wínchesteres, caballos y carretas, se utilizan armas de alta precisión, drones, helicópteros y si conviene misiles Tomahawk. Sin perder de vista el botón rojo que da acceso a la utilización de armamento nuclear. Todo vale para que Trump se convierta en sheriff del Salón Global.   

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 07/01/2026

 

23 de desembre 2025

MALOS TIEMPOS PARA EL PROGRESISMO

Vamos a cerrar un año 2025 deplorable. Los peores augurios, de forma sostenida, se han ido haciendo realidad. El progresismo, tanto a nivel político como social, está en uno de sus momentos más críticos desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Es más, los avances sociales no solo caen en barrena si no que retroceden.    

Dado que, en un espacio necesariamente reducido como es una columna periodística, resulta imposible hacer una reflexión más o menos completa sobre el asunto que al que me he referido más arriba, voy a exponer aquí tres situaciones que, en mi opinión, corroboran el enunciado que he hecho como introducción.

La segunda llegada de Donald Trump a la casa Blanca, hace ahora once meses, ha ido socavando todo lo que ha hecho que EE UU   funcione: Loa inmigrantes, las libertades civiles, las universidades, la libertad de prensa, los medios, los reguladores independientes, la ayuda al desarrollo o la financiación de servicios básicos como, por ejemplo, el Medicaid (programa de seguros de salud del Gobierno de Estados Unidos para la gente necesitada), solo por citar algunos objetivos recientes.

En este tiempo, el hastío y la angustia han ido apoderándose de la ciudadanía. La frustración domina ya a buena parte de los votantes que apoyaron a Trump para reflotar una economía que creían en crisis cuando funcionaba razonablemente bien, pero que ahora presenta serios síntomas de enfriamiento. En cambio, cuestiones como la complicidad en el genocidio en Gaza se cuestionan poco, mientras que la deshumanización del diferente, como estrategia política, ha encontrado en los inmigrantes su particular enemigo interior y ya hace mella en el conjunto de la sociedad.

Empieza a percibirse un cierto hartazgo ante decisiones arbitrarias (cuándo no ilegales) que pone en práctica la Administración Trump. La angustia no para de crecer, incluso entre aquellos que han decidido retirarse a sus torres de marfil a esperar a que, con un poco de suerte, amaine en las elecciones de medio mandato, que serán en noviembre de 2026.

En ese contexto, muchos líderes del mundo político y empresarial y de la alta tecnología han preferido congraciarse con el mandatario estadounidense en lugar de defender la democracia. Parece que piensen algo así como: con más caos sacaremos más tajada. De hecho, estamos soportando a un grupo de superricos, sin más interés que agrandar su beneficio caiga quien caiga. Ahí está Elon Musk, que ha utilizado su red social para difundir mentiras y calumnias con el objetivo de perjudicar a los demócratas hasta el punto de convertir X en un órgano informal al servicio de Trump.

A nivel internacional, en este segundo mandato, Trump está provocando una auténtica revolución geopolítica. No hay certezas sobre lo que hará —dada la imprevisibilidad del personaje y la ambigüedad de algunas de sus iniciativas—, pero se está produciendo un impacto profundo en las relaciones internacionales. Este ocurre en distintos ámbitos, pero el comercial es el más relevante. Hay cuatro asuntos a través de los cuales ese impacto puede resultar trascendental y duradero. Esto es, una guerra en marcha: Ucrania, una zona especialmente tensionada: Oriente Próximo que, a pesar del alto el fuego en Gaza es un polvorín que puede estallar en cualquier momento y otros dos potenciales: Taiwán y Corea.

Por si no teníamos bastante desbarajuste en el orden mundial con las políticas erráticas de Donald Trump, el triunfo incontestable del pinochetista confeso, José Antonio Kast, en las recientes elecciones chilenas, viene a confirmar malos tiempos para el progresismo en América Latina.  En este 2025, otros tres países de la región se han decantado por opciones conservadoras en sus respectivos comicios. Son los casos de Bolivia, Ecuador y Honduras. En esos lugares, personajes como Rodrigo Paz, Daniel Noboa o Narsy Asfura, de claro perfil ultra, han borrado del mapa a las opciones, más o menos izquierdistas, que venían gobernando en los últimos años. 

Estas victorias, sumadas a las protagonizadas por otros dirigentes de signo derechista como Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei en Argentina o Santiago Peña en Paraguay, consolidan un giro reaccionario en la región, cuyas consecuencias no son fáciles de prever, pero que no auguran movimientos positivos de progreso ni nuevas conquistas sociales; más bien todo lo contrario: Latinoamérica ha entrado en una fase de retrocesos que ya se empiezan a ver en forma de pérdida de derechos, libertades y progreso social. Si alguien tiene alguna duda, que eche un vistazo a lo que se está viviendo en Argentina.

Por lo que respecta a España, las perspectivas de futuro no son demasiado halagüeñas. Después de siete años de Gobierno progresista, durante los que se ha avanzado más que nunca en cuestiones sociales, el PSOE está viviendo su particular annus horribilis. Los socialistas se han metido en un laberinto en el que cada día se le complican más las cosas: tienen a sus dos últimos secretarios de Organización y un asesor común en la cárcel (uno de ellos en libertad provisional) porque presuntamente se repartieron cientos de miles de euros en comisiones por la adjudicación de obras públicas. Y cuando parecía que la tormenta empezaba a escampar salen a la luz diversos casos de acoso sexual, algunos llevados a cabo por individuos muy próximos al presidente; y eso, que haya ocurrido en un partido que ha hecho del feminismo su bandera, ha conmocionado a la ciudadanía, dejando seriamente tocada la credibilidad del partido y del Gobierno.

Ese estado de cosas hace que la continuidad de la legislatura esté en el aire y, lo que es peor: la posibilidad de repetir mandato tras las próximas elecciones generales es lo más parecido a una quimera. Lo que significa: apriétense los cinturones porque la derecha y la derecha extrema están enfilando la recta para llegar a la Moncloa.

Huelga decir que eso equivale a que vienen malos tiempos para el progresismo y los avances sociales. Más vale que estemos preparados.

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 22/12/2025

 

16 de desembre 2025

NUEVO CICLO ELECTORAL


 

El próximo domingo, 21 de diciembre, con las elecciones autonómicas que se celebrarán en Extremadura, iniciaremos, en nuestro país, un nuevo ciclo electoral. Tras los comicios extremeños vendrán, en el mes de febrero, los de Aragón, en marzo serán los de Castilla y León y, luego, en junio, las elecciones andaluzas.

Este ciclo debería cerrase en 2027 con otra serie de autonómicas, municipales y generales, pero esas últimas, nadie sabe cuándo van a ser. Seguramente, en estos momentos, ni el propio presidente del Gobierno tiene idea de cuándo las va a convocar porque, aunque está decidido a agotar la legislatura, con las cuitas internas que está atravesando el PSOE, cada vez se mueve más el suelo bajo sus pies, y la situación puede llegar a ser insostenible.

Si alguna actividad humana es proclive a la especulación, esa es, sin duda, la política. Por eso en los cenáculos políticos se manejan diversas posibilidades de cuando Pedro Sánchez convocará elecciones generales. En ese contexto, una de las teorías que tiene más adeptos es la de que en el próximo mes de junio tengamos un “súper domingo” electoral, es decir, elecciones autonómicas en Andalucía y generales en España. Hay, incluso, quién va más allá y apunta que podría haber también comicios en Cataluña, pero, ante esa hipótesis, me atrevo a afirmar que el Govern de la Generalitat no caerá en esa tentación, entre otras cosas, porque sería tanto como autocalificarse de españolista y eso, ya sabemos que aquí no tiene buena prensa. Aunque ya se sabe: especular, al fin y al cabo, es gratis.

Con todo mi cariño y respeto para los ciudadanos extremeños, la realidad es que Extremadura nunca ha tenido ni tiene un gran peso específico en la política nacional. Sin embargo, en estos momentos, debido a las circunstancias de polarización y crispación que estamos viviendo, estas elecciones adquieren una resonancia especial.

Para empezar, venimos de un pacto en Valencia, donde el PP, tras la vergonzante salida de Carlos Mazón de la presidencia de la Generalitat valenciana, ha doblado la rodilla y agachado la testuz delante de Vox para evitar ir a las urnas. Y eso ha hecho ver a los de Abascal —por si ni lo tenían claro— que tienen más fuerza de la que quizás ellos mismos imaginaban. Por eso, a partir de ahora es fácil prever que apretarán muchos más las tuercas a los populares porque ya no se conforman con un trozo de pastel, quieren el pastel entero. Y la misma táctica que han utilizado en Valencia la continuarán utilizando siempre que el PP necesite sus votos para gobernar.

Los comicios extremeños van a ser un buen banco de pruebas para ver cómo está la puesta a punto de las diversas formaciones políticas. Porque si algún partido los puede abordar con fundadas expectativas, ese es Vox; para los demás el futuro no se plantea muy esperanzador.  Según varios estudios demoscópicos los populares obtendrán unos resultados muy similares los de 2023, que, aun siendo objetivamente buenos, no dan para gobernar en solitario  por lo que tendrán que decidir ente repetir elecciones o volver a cortejar a Vox y ya sabemos lo que eso significa.

El PSOE está en unos de sus momentos anímicos y electorales más bajos y haber apostado por un candidato con una mochila judicial cargada no parece un buen reclamo electoral. Además, no sería de extrañar que el candidato socialista tuviera que empezar a pagar por los pufos que estos días vamos conociendo. Ante esa situación, poco puede hacer el bueno de Juan Carlos Rodríguez Ibarra por más que se empeñe en loar al presidenciable socialista a los cuatro vientos.

Y después está la izquierda que se sitúa a la izquierda de la izquierda. A priori las previsiones no les auguran nada bueno: en Extremadura se espera que reciban un serio varapalo, en Aragón no parece que vayan a ser decisivos para nada, algo similar puede suceder en Castilla y León, mientras que en Andalucía el gran objetivo será evitar que el PP obtenga mayoría absoluta, lo que equivale a que llegue a pactos con Vox para gobernar. Sin duda, un gran aliciente para movilizar al personal.

Este es, a grandes rasgos, el paisaje político que tenderemos a partir del próximo 21 D. En este contexto, hay quien piensa que el previsible ascenso de Vox en toda España, debilitará al PP, y también puede provocar que los ciudadanos reaccionen y se repita el fenómeno de 2023, cuando la llegada de Vox a los gobiernos autonómicos catapultó lo que un poco más tarde sería el Gobierno de coalición.

Mientras tanto, los casos de corrupción y acoso en el partido socialista están emponzoñando aún más la situación y la tensión electoral ya impregna todo el ámbito político. En ese contexto, los partidos están redefiniendo sus estrategias y poniendo a punto su maquinaria electoral más allá de Extremadura por lo que pueda venir, a la vez que no dejan de mirar de reojo las encuestas; y así resulta muy difícil llegar a acuerdos, por lo que hacer política será casi misión imposible.

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 15/12/2025

12 de desembre 2025

ESPEJISMO EN GAZA


 

Hace ahora dos meses, Donald Trump anunciaba, a bombo y platillo, que Israel y Hamás habían llegado a un acuerdo y firmaban la primera fase de un plan de paz para Gaza que se había gestado en la Casa Blanca. 

Desde entonces, el interés informativo por la situación en esa parte del mundo ha ido decreciendo. Gaza ya no ocupa las portadas de los periódicos ni encabeza los titulares de los informativos de las cadenas de televisión. Si queremos saber cómo van las cosas por allí, nos hemos de ir a las páginas interiores de los diarios y, a veces, ni eso. Ahora la atención mediática tiene otras prioridades: un hipotético plan de paz para Ucrania que solo existe en la mente de Trump y en los portafolios de sus acólitos, que más parece un escarnio para el pueblo ucraniano y un desprecio a Europa o la amenaza de invasión a un país soberano para “acabar con esos hijos de perra”, en referencia a supuestos narcotraficantes, según dijo el sheriff de la Casa Blanca, en una indisimulada amenaza a Venezuela. Pero como que Venezuela debe ser poca cosa para el afán imperialista de los halcones norteamericanos, ya han puesto el ojo en Colombia y así invaden dos países por el precio de uno.

Pero en Gaza, han seguido muriendo personas (se calcula que han sido más de 400 los civiles asesinados a manos del ejército durante esos dos meses de supuesta paz), la asistencia sanitaria es muy escasa y la ayuda humanitaria, a todas luces, insuficiente. Las tropas israelíes, con total impunidad, siguen restringiendo el suministro más básico y solo autorizan la entrada a un tercio de los 600 camiones diarios a los que les obliga el acuerdo. Además, nada más han habilitado dos de los seis pasos fronterizos con el enclave, impidiendo el acceso directo hacia el norte de la Franja y manteniendo cerrado el paso de Rafah con Egipto.

Es cierto que los bombardeos son casi inexistentes. Pero no se permite el paso a la prensa y tan solo unas cuantas oenegés pueden hacer, no sin dificultades, su trabajo, estrechamente vigiladas por el ejército israelí. No obstante, aunque con suma lentitud, se va conociendo la dimensión de la catástrofe y las barbaridades que en los dos años de guerra se han cometido, a pesar de la censura y ocultación impuestos por el gobierno israelí y el nihilismo de la comunidad internacional.

Tal vez la guerra haya terminado en Gaza, pero no ha llegado la paz. Media Franja sigue ocupada. Israel ejerce un control absoluto y se ha sacado de la manga una Línea Amarilla y tras ella ha concentrado a dos millones de personas. En realidad Gaza es una cárcel al aire libre en condiciones inhumanas. Durante el conflicto armado murieron más de 70.000 gazatíes, ahora siguen muriendo por ataques indiscriminados del ejército, porque alguien traspasa esa maldita Línea Amarilla o, desesperados por el hambre, protagonizan algún altercado cuando van a recoger algo para comer. Y por si no había bastante con la brutalidad militar, los colonos se han venido arriba y, desde la más absoluta impunidad, acosan a los palestinos sin ningún recato.

Más pronto o más tarde, las partes implicadas deberán afrontar la segunda fase de la hoja de ruta de Trump que, desde la ambigüedad, aborda asuntos tan espinosos como la futura gobernanza del enclave, que prevé que supervise una Junta de la Paz presidida por el propio Trump, además del desarme de Hamás o la retirada de las tropas israelíes. El plan vincula el avance de esas cuestiones con la aparición de una fuerza internacional (ISF, por sus siglas en inglés) que, hasta el momento, carece de integrantes.

A mediados del pasado mes de noviembre, El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobaba una resolución inspirada en el plan de paz para Gaza promovido por Donald Trump, El respaldo de la institución multilateral representa un espaldarazo para el presidente norteamericano para forjarse una imagen de hombre de paz, aunque esté matando, en el mar del Caribe de forma arbitraria a tripulantes de supuestas narcolanchas.

La resolución 2803 (basada en el plan original estadounidense de veinte puntos —incluido en ella como un anexo—), prevé —como ya se ha comentado— el establecimiento de una fuerza internacional de seguridad en la Franja Esa fuerza de paz tendrá como misión asegurar las fronteras de Gaza con Israel y Egipto. También deberá proteger a los civiles y los corredores humanitarios dentro de la Franja, así como capacitar a una futura fuerza de policía palestina. Pero el texto de la resolución no explica si la ISF llevará a cabo uno de los puntos clave del plan de paz: el desarme de la milicia radical palestina Hamás. Y en caso afirmativo, cómo, dado que el grupo islamista rechaza entregar las armas.

La resolución de la ONU, a pesar de sus luces y sombras, es muy loable. Pero la historia nos enseña que esas resoluciones, con demasiada frecuencia, se quedan en una simple declaración de intenciones. Sobre todo de un tiempo para acá en el que la Organización está mostrando su extrema debilidad. 

Está claro que la paz en Gaza es un espejismo porque los israelís siguen matando gazatíes, aunque sea con baja intensidad, y los que logran sobrevivir pasan frío, hambre y carecen de las prestaciones mínimas que debería recibir cualquier ser humano. Esa es la realidad. Pero, seguramente, algunos mamarrachos pensarán que ese es el precio de la paz.

 

 

 

 

Bernardo Fernández

Publicado en Catalunya Press 09/112/2025

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